Archivo de la etiqueta: El poder desgasta a quien no lo tiene

Marianismo: el reto final

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«Hay que elevarse, don Jordi. Elevarse».

Esta semana fue hallado el cadáver de un delfín en la Casa de Campo. El CSIC abrió una investigación para determinar su especie pero, de momento, no ha podido confirmar que se trate del delfín del PP. Podría serlo porque Rajoy no deja vivos a sus delfines, del mismo modo que el general Narváez en su lecho de muerte replicó al confesor que le conminaba a perdonar a sus enemigos:

-No puedo. Los he fusilado a todos.

El marianismo es el único movimiento político que no se mueve, no avanza ni retrocede, ni admite por tanto su propia sucesión. Esta cualidad fascinante que algunos llaman resiliencia o tancredismo desespera a los ambiciosos de varias generaciones que desean el cetro del PP. El último delfín en desesperar ha sido Núñez Feijóo, que al anunciar su tercera concurrencia a las urnas gallegas renunciaba lealmente -de ahí las lágrimas- a la sucesión de Rajoy: su amigo, su jefe, su tope.

Si algo nos ha enseñado la Historia es que quien se impacienta contra Rajoy acaba perdiendo. Gallardón fuera, Aguirre sin mando, los aznaristas en el ostracismo, los jóvenes de atrezo, las mujeres al frente de Génova y Moncloa mirándose de reojo… Delfines que don Mariano ha ido disecando, herederos a los que aspira a heredar aun cuando, elección tras elección, el botín de votos vaya menguando. Aun cuando el tratamiento de la corrupción empuje a los Casado o Maroto a romper filas en la cofradía de la Santa Omertá. ¿Autocrítica? En Moncloa reconocen que Rajoy «debería haber sido más simpático. Se encerró aquí. También hay que hacer algo con el voto joven: nos votan sobre todo pensionistas y currantes. Lo de Bárcenas no lo hicimos bien». Y pare usted de contar.

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4 abril, 2016 · 13:16

Antonio Gramsci. Vida de un revolucionario

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Gramsciana.

Cuando Gramsci, ya elegido diputado, volvió a su Cerdeña natal para predicar entre los campesinos la doctrina revolucionaria, uno de ellos le desconcertó con su lógica rústica: “¿Pero por qué después de haberte marchado de Cerdeña por lo pobre que es, te has metido en un partido de pobres?” Es la coherencia radical la clave biográfica del líder histórico del comunismo italiano. En Gramsci la vocación política equivale pronto a misión existencial, se prodiga con la determinación de un San Pablo rojo y culmina con lúgubres tonos de martirio laico.

Legó su brillantez teórica a pesar de una vida corta y cruel hasta la exageración, y uno sospecha que es precisamente el ejemplo de su temple humano ante la adversidad -más allá de su agudeza- lo que amplificó la potencia de su legado. El nombre de Gramsci vuelve a ponerse de moda en España por algunos dirigentes de Podemos que se han puesto bajo su advocación intelectual y su magisterio estratégico, pero cabe matizar que la estatura política del italiano es a la de Iglesias o Errejón lo que la música de Wagner a la de Pablo Alborán.

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22 marzo, 2016 · 20:12

Vendrán elecciones y nos harán más ciegos

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Candidato sin túnica.

El documental rodado en las Cortes ofreció muchas de esas hermosas escenas de supervivencia y acecho en las que el diputado hispánico se revela en toda su crudeza zoológica. Mariano Rajoy, en una virtuosa maniobra de bilocación política que le permitía ejercer de orgulloso presidente del Gobierno y de cruel líder de la oposición, disolvió al aspirante Sánchez bajo el vertido de su ironía más ácida. Fue acaso el canto del cisne de la retórica marianista: esa combinación letal de tautología y sarcasmo que volvió a enmudecer a un Hemiciclo predispuesto a la pataleta. Cuando hubo terminado de hablar, todos dimos por hecho que los servicios sanitarios entrarían a recoger a Sánchez. Pero este hombre ha salido más correoso de lo que Susana y otros enemigos esperaban: sólo por aguantar en pie la paliza por la derecha y por la izquierda que le propinaron Rajoy e Iglesias ayer, ya merecería ser investido.

La diatriba marianista sirvió para que su bancada pudiera al fin sacudirse la vergüenza del acordonado. Aplaudieron al suyo con la rabia que sólo da la autoestima perdida y hallada en el templo del parlamentarismo, allí donde Rajoy despacha todavía algún milagro dialéctico. Sánchez se defendía recordándole su renuncia ante el Rey, pero prefirió encajar porque comprendía que su rol más airoso en ese drama le aconsejaba componer un Zurbarán con rictus de mártir de la obscena pinza.

En un ecosistema tetrapartidista no hay caza para todos, y cuando eso pasa lo más urgente es expulsar de tu territorio a los depredadores que se alimentan de la misma especie que tú. PP y Ciudadanos se nutren del votante de centroderecha, y eso explica los murmullos de rencor que recorrían la bancada pepera cada vez que Rivera tomaba la palabra. Simétricamente, el fuego que incendia la retórica bolchevique de Iglesias -este hombre lamenta tanto haber llegado tarde a la Transición que, en vez de adaptarse él al siglo XXI, trata de que todos los demás volvamos a los 60- no lo prende el PP sino el PSOE, partido traidor y aburguesado al que reserva la cal viva de sus odios más puros. Los dos grandes predadores del actual ecosistema, uno viejo y otro nuevo, uno con barba y traje y otro coletudo y en camisa, salieron ayer de cacería en nombre de una sola ley: la de la selva.

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Comentario en Cope (de noche, en un pasillo del Congreso) sobre la rebatiña de investidura

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3 marzo, 2016 · 12:38

Cameron de su Isla

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Keep calm and Britannia rules.

La Unión Europea es la única utopía que nos gusta, precisamente porque sus cautelosos fundadores no partían del adanismo sino del escarmiento. De la guerra, que es otro de los nombres del nacionalismo. La construcción europea avanzó con lentitud, como la ciencia lo hizo en medio de la superstición, pero la historia no es lineal y sirve recaídas oscuras: Grexit, Brexit, radicalismos al norte, populismos al sur.

-La UE no funciona porque sus ciudadanos no nos sentimos europeos -se dice.

Y quizá el sentimiento nacional no sea tan elástico como para apiadarse del destino de un ucraniano o alegrarse por la pacificación balcánica. Kissinger advierte que el orden salido de Wetsfalia, que acuñó la medida natural del Estado-nación soberano, se resiste al universalismo democrático con que soñó Kant, siempre tan optimista. El europeo es primero francés, primero alemán, primerísimamente inglés. Y el español mira a Europa para pedir su subvención. Todo el capital unificador que acopiaron Schumann y Adenauer hoy lo distribuyen apenas la Champions y Eurovisión.

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22 febrero, 2016 · 12:15

El péndulo de Fulano

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Instrumento para medir la alternancia política en España.

Una implacable ley del péndulo parece regir la alternancia psicológica de los liderazgos políticos en la España reciente. Al carisma solar de Felipe González le siguió la adustez hidalga de Aznar, al que Zapatero opuso su sonrisa automática, depuesta por el retraimiento celta de Rajoy. Cuya contestación más radical la ejerce el prestidigitador de masas Pablo Iglesias.

No pretendo decir que Iglesias vaya a presidir el Gobierno inmediatamente después que Rajoy, aunque del talento político de don Sánchez cabría esperar ese y prodigios aún mayores, sino que la opinión pública española sigue dominada por su vieja afición al fulanismo. Al hombre aproximadamente providencial que borre el rastro del mandamás anterior, calcinado en el ejercicio del poder, al que ansiamos perder de vista sin preguntarnos si tardaremos menos en reprobar a su sustituto. En lo que va de democracia todavía no se ha marchado de La Moncloa un solo inquilino con el prestigio en pie, más allá de que el tiempo termine redimensionando sus legados. Así vemos cómo todas las virtudes que hicieron a Rajoy deseable hasta la mayoría absoluta -la previsibilidad, la seriedad, la sensatez del gestor frente a la liquidez zapateril- son las mismas que hoy lo vuelven aborrecible, y que a su vez hacen atractivo al pirotécnico Iglesias, tan fecundo en ardides como vacío de experiencia.

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Comentario en COPE sobre este olor entrañable a corrupción

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19 febrero, 2016 · 10:42

Pactos Zika

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Pacto de progreso PSOE-Podemos.

Hemos descartado muy rápido que don Sánchez, que viajó a Lisboa convencido de que peregrinaba a la meca del pacto de progreso, no fuera alcanzado allí por el aguijón ponzoñoso de un Aedes aegypti proveniente de las antiguas colonias. Esto explicaría no sólo que hubiera contraído el Zika, sino también que lo hubiera portado hasta la Carrera de San Jerónimo, por donde se habría extendido infectando a portavoces parlamentarios, estrategas del partidismo y diputados en stand by.

Aventuro este diagnóstico a la vista de los síntomas de microcefalia política que presenta la España postelectoral. El espectáculo de filibusterismo, cuquería y grosero instinto de supervivencia que ofrecen nuestros representantes desde el 20-D sólo podría disculparlo una epidemia. Si el pacto es el parto de los políticos, más nos vale que vayamos poniéndole velas a la Bicha de Balazote, símbolo íbero de fecundidad.

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Comentario en COPE sobre el audaz Sánchez

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4 febrero, 2016 · 11:41

Sánchez, líder básico

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«Ya mismo estamos en Moncloa, amor».

Después de todo, Sánchez es un líder elegido por las bases, y a ellas vuelve acorralado como el líder básico que es. La maniobra de don Pedro ‘el Prorrogado’ -tres meses más de agonía- resulta coherente con su estatura política. Tan básica que olvida la primera ley del darwinismo partidocrático, según la cual uno se hace militante con la vaga esperanza de sentarse un día en el comité, y una vez sentado no quiere saber nada de sus tiempos novicios de pegador de carteles. Pero si Sánchez ya ha partido el partido entre podemófobos y podemófilos, qué más le da ampliar el desgarro entre Dirección y bases.

A don Pedro no se le puede discutir la coherencia cristalina del desesperado. Cada uno de sus movimientos rompe un jarrón chino de la venerable casa socialista, pero se comprenden como los manoteos del náufrago. Si está rompiendo el PSOE, poco le dolerá parcelar España cediendo referendos como lindes a sus caseros de La Moncloa, para quienes el derecho de autodeterminación es un contrato de arrendamiento. Sánchez o el entreguismo: primero el partido, después el Consejo de Ministros y por último el Estado. Y Granada para el ISIS, como dice Gistau.

Con tal de evitar unas elecciones que lo desalojarían del cartel, don Sánchez va a acogerse a la militancia, aunque sólo un poquito, pues la consulta no es vinculante: lo justo para escenificar la división y envenenarle la campaña a su sucesora. «¡Los ciudadanos demandan democracia interna!», pretextará don Luena. No: antes que eso los ciudadanos castigan la discordia. Un Pablo Iglesias lo fundó, otro lo heredó: más coherencia sanchista.

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1 febrero, 2016 · 11:38

Democracia con acné

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Predicador de ‘Deadwood’ clamando contra la casta.

Hasta Cospedal habla ya de una segunda transición cuando lo urgente sería repetir la primera, a ser posible corregida, no empeorada. La inmadurez de la democracia española se manifiesta en esta ansia retórica de novedades combinada con una intransigencia pomposa, ridícula. Si un adolescente es un ser inconcluso que divide el mundo entre cofrades de una determinada idolatría pop y herejes comercialones, nuestros acneicos partidos acreditan una incapacidad cargante para persuadir o para ser persuadido, en la estúpida creencia de que ceder es de débiles y de que la sigla prima sobre el país. En todos los parlamentos de Europa, excepto Malta, se han dado ya gobiernos de coalición. Pero aquí queremos ser halcones malteses y no palomas de Alberti.

Del ansia de novedad política que padecemos no encuentro mejor prueba que la fascinación, incluso excitación, que las circenses evoluciones de Pablo Iglesias despiertan en el oficio. Lo advertía Jabois el día después del numerito del vicepresidente zumbón y sus ministros mágicos, más propio de una banda de rock de camerino caprichoso que de un partido coherente con sus principios, los que les queden. Ni los tertulianos de derechas disimularon cierto estupor admirativo ante el espectáculo, y ya la prensa militante no tiró sostenes al atril de puro milagro. Yo, que siento por Iglesias la misma admiración que por el predicador de Deadwood, sólo me explico estos desmayos por la aridez informativa a que la tecnocracia marianista ha sometido sus crónicas durante cuatro larguísimos años. El brusco contraste predispone a divertirse un poco, así como a agradecer al bufón sus andanzas e industrias.

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25 enero, 2016 · 12:02