Archivo de la etiqueta: derechos humanos de los animales

Animales legislativos

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Niño entre gallo y rata: mural vegano.

Llamar legislatura a este bucle marianista de vetos y decretos quizá sea exagerar. Legislar se legisla poco, a la espera de que el PSOE se alce del lecho en que convalece para caminar hacia la luz socialdemócrata o bien para tirarse por la ventana populista. Mientras se decide, los diputados no redactan leyes que incumban a otros hombres, pero a cambio se han entregado a la ampliación de los derechos de los animales, que ya empiezan a gozar de un estatus desconocido en ciertos barrios de la India.

Poseídas de un celo franciscano, sus señorías no están dispuestas a transigir con los melindres del especismo, vestigio ideológico que venía atribuyendo a los animales racionales alguna superioridad sobre los irracionales. Dado que en la actualidad (y en la animal farm de Instagram) resultan indistinguibles unos de otros, no hay excusa para no reivindicar directamente los derechos humanos de los animales, revolución jurídica que terminará extendiendo el sufragio universal a los grandes simios, siguiendo por las aves y los reptiles y terminando por las escolopendras y otros invertebrados. ¿No propone Bill Gates que los robots empiecen a pagar impuestos? ¿Se imaginan ustedes la excitación de Montoro cuando pise Media Markt?

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17 marzo, 2017 · 11:40

Disney al Valle de los Caídos

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No da para más.

Se cumplieron ayer 50 años de la muerte de Walt Disney sin que nadie se manifestara en el Valle de los Caídos Criogenizados en protesta por la vigencia de su paternalismo. ¿La pluma de Mises, la política de Reagan, el cardado de Thatcher? Quia: las cuentas por el consumismo desorejado y el dogma del crecimiento perpetuo -pero sin dejar de ser un niño- hay que pedírselas al lapicero de Disney. Medio siglo después no ha aparecido otro tan decisivo en el modelado de la psique primermundista. Hoy nadie discute su atroz responsabilidad en la infantilización de Occidente, pero entre nosotros la señaló el primero Ferlosio, con su lucidez escasamente diplomática: «Disney, ese gran corruptor de menores nunca bastante execrado, el mayor cáncer cerebral del siglo XX». Considerando en frío, imparcialmente, la vehemencia de don Rafael, concluimos que está justificada.

Walt de Chicago debió beber la cicuta como la bebió su más famoso antecesor en el delito de la corrupción de menores, Sócrates de Atenas. Porque si la inteligencia crítica de Sócrates amenazaba la cohesión de la comunidad, el ternurismo cremoso de Disney rebaja al electorado y lo convierte en tribunal de niños que ha de elegir entre absolver a un médico o a un pastelero, por recuperar la metáfora de Platón, más partidario del despotismo ilustrado. Los niños siempre absolverán a quien les garantice el azúcar de la demagogia, contra el que en este diario se ha alzado Robe Iniesta: «Lo malo de la democracia es que todo el mundo pueda votar. Y no digo que yo esté capacitado, pero habría que pasar varios exámenes. La Historia nos tiene que servir para algo. Pero ¿cómo puede votar un tío que no sabe quién fue Napoleón? Esa gente que piensa nada más que en comer donuts y ponerse más gorda de lo que está, ¿va a votar?» Quién nos iba a decir que la defensa de la epistocracia vendría de Extremoduro.

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El bueno (Rajoy), el feo (Pedro Saura) y el malo (Monedero) de esta semana en La Linterna de COPE

Participé en El Debate de TVE de esta semana: conciliación laboral y otros asuntos de rabiosísimo interés como una disputa con la representante de Podemos

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16 diciembre, 2016 · 10:54

Raquel Sanz, viuda

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De la ironía a la tragedia.

La víspera del día en que el toro mató a Víctor Barrio, su esposa retuiteó mi artículo del viernes, que casualmente versaba sobre el avance del animalismo. Raquel Sanz, a quien no conozco, coincidía conmigo en que sólo la ironía puede dar ya cuenta de las derivas disparatadas que toma nuestra sociedad. Pero la ironía es una piel fina que el ácido de la tragedia disuelve pronto. Trece horas después de ese retuit, Lorenzo partía el pecho del torero, su marido, y Raquel sentía que la vida le abandonaba a ella también, dejándole el aliento justo para agradecer como una sonámbula las muestras de apoyo de una mayoría bien nacida.

Sin embargo, sobre el fondo de dolor en que ella yace, una minoría de enfermos morales descargó en las redes esa catadura de júbilo degradante que creíamos desaparecida de Europa con la última quema pública de una pobre epiléptica confundida con una bruja. Un semoviente que celebra la cogida mortal de un torero perpetúa la misma chusma que reía desdentada en los autos de fe, que madrugaba para pillar sitio en primera línea de hoguera o de cadalso. El animalismo va convirtiéndose en la mayor amenaza del humanismo. Mentes estragadas por la incultura y la emocionalidad más primaria proyectan su abyección sobre los aficionados, como si el tendido no ofreciera una escuela de criterio para el que sepa sentarse en uno sin prejuicios. Se puede ser antitaurino cabal, como Pla o Wenceslao, y se puede ser la clase de abogado corrompido que avergonzaría a su cliente, en este caso el propio toro. Que la militancia en el PP de la viuda contribuyera a avivar la llama diabólica de Twitter, según me informó mi compadre Rubén Amón, es algo que produce arcadas en cualquier conciencia aún no podrida.

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De animales y hombres

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Dos ciudadanos.

Sigo con científica pasión el proceso de convergencia entre hombres y animales que patrocina nuestra vibrante era de la igualdad. No parece lejano el día edénico en que se derrumbe la última diferencia entre unos y otros. De momento los madrileños ya podemos viajar en metro con nuestro perro, o con nuestra perra, aunque la ordenanza municipal no explicita aún si los ciudadanos bien educados debemos ceder el asiento a las perritas embarazadas en caso de que así nos lo solicite con una caída de ojos o un ladrido aclaratorio, ya que no todas las razas de cánidos evidencian su gravidez a simple vista.

Cualquier cliente de Inditex ya puede acceder con su mascota a cualquier establecimiento de la compañía siempre y cuando ‘no impida que el resto de clientes se sienta cómodo en nuestras tiendas’, informa el departamento de comunicación con franciscana permisividad. ¿Pero a qué clase de humano desaprensivo puede incomodarle la irrupción de un mastín en el probador? ¿No mejorará decisivamente la mecánica experiencia del consumo con la presencia en el local de exóticas boas, atentos azores e inquietantes iguanas, de modo que uno se sienta como Noé con solo probarse unos gayumbos? Se anuncian, en fin, hoteles con servicios específicos, desde spa hasta psicólogo de mentes caninas, cuya titulación incluye el mismo número de asignaturas que la de mentes humanas, si no más.

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8 julio, 2016 · 10:57

Vacas indias en Castilla

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El atavismo ritualizado también es cultura.

El día en que se anunció la prohibición de matar al Toro de la Vega asistimos a un espectáculo fuenteovejuno de perfecta armonía democrática: los vecinos y sus representantes salieron todos a una a defender su tradición. Eso es unidad popular y no lo de Anguita. Si aceptamos que la voluntad general es fuente sin más de derecho, como reivindican el populismo pubescente y el independentismo emocional, entonces el alanceamiento del toro castellano no puede prohibirse sin incurrir en arbitrismo, incluso en fascismo. De hecho, Franco prohibió en 1966 matar al toro; cuatro años después, la presión de los aficionados obró la rectificación. Hoy la opinión pública ha dejado solos a los tordesillanos en su lucha, que juzga bárbara.

El Toro de la Vega es una mina analítica. Como toda manifestación genuinamente popular se puede abordar desde la política, el Derecho, la Etnografía, la estética y hasta desde el psicoanálisis. A mí no me interesa el festejo en sí, aunque opino que no puede asimilarse a la tauromaquia porque en ésta se entabla un duelo minuciosamente codificado ausente de la fiesta de Tordesillas, que más que un coso es un acoso. Me interesa la prohibición como síntoma, por lo que tiene de victoria -otra más- de las sensaciones sobre el raciocinio. Parece que ha ganado la civilización y hasta la democracia, cuando quien se ha impuesto aquí es el iusnaturalismo sobre el iuspositivismo. El mito edénico sobre la técnica del progreso, que nace precisamente con el dominio del animal por el hombre.

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29 mayo, 2016 · 13:11

‘Homo lupo homo’

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Lobo aullando por salir de la Puerta del Sol.

Los domingos, al objeto de mantener mi apolínea silueta, suelo acudir al gimnasio para correr en la cinta, manipular cosas pesadas y entregarme a villanías por el estilo. Con el fin de elevarme de la condición de hámster a la que tan ingratos ejercicios me reducen, me pongo los auriculares y escucho documentales de filosofía a modo de compensación espiritual. Yo preferiría no tener que reservarme para mí las teorías de los grandes genios del pensamiento, sino que éstas fueran difundidas a través del hilo musical del gym, lamentablemente copado por los gorgoritos de Taylor Swift y las guturalidades de Pitbull; pero los atléticos muchachos que regentan el local no comparten mi punzante curiosidad por la síntesis entre materialismo y platonismo de Santayana o la estructura del control social en Foucault.

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14 marzo, 2016 · 11:42

Disney o el fin de la razón

¿Y esto es todo...?

¿Y esto es todo…?

La última de Pixar es la menos inocente de todas las suyas. La premisa es brillante, el desarrollo coherente y el final sostenido, por lo que la crítica la ha aplaudido como la obra de arte que es. Hay obras de arte, sin embargo, que transportan ideas funestas. Si en la Europa romántica no hubo mejor propaganda del suicidio que el Werther, en la era global no ha habido apostolado del animalismo como el de Disney. Y no me refiero a la pena que nos da la madre de Bambi, sino a la pena que nos da la opinión que el ser humano le merece al creador de Del revés, don Pete Docter, asesorado en esta cinta por dos psicólogos de Berkeley. Se confirma que la psicología guarda una relación más estrecha con el arte que con la ciencia.

Premisa argumental: cinco emociones básicas -Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco- dominan la mente de una niña de 11 años enfrentada a esos primeros traumas que comparecen en el quicio entre infancia y adolescencia. Uno esperó inútilmente al muñequito que encarnara el juicio incipiente, pero quia: cuando sale el tren del pensamiento, carece de maquinista. Y la capacidad de abstracción es presentada como un ámbito grotesco del que conviene desconfiar. Docter aducirá que a los 11 años no se tiene aún uso de razón; pero es que también reduce las conductas de los adultos al mecanismo estímulo-respuesta. No sorprende, en fin, que hasta perros y gatos se guíen por las cinco mismas emociones de la niña. Disney cierra el círculo: antes humanizaba a los bichos y ahora animaliza a los hombres, como ha visto Juaristi.

No hay lugar en Disney para la inteligencia. De ahí el éxito de la película, supongo. Que en una sociedad que sorbe lágrimas por Cecil triunfe el irracionalismo es lógico: ya hay activistas por el DNI canino (va a llegar antes que el catalán, con perdón) y los perros están a punto de ser permitidos en el AVE. Lo paradójico es que un templo de la razón como Berkeley expenda el conductismo animalista más grosero. Ya imagino a Monedero chillando ante una clase de monas gramscianas con derecho a voto.

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17 agosto, 2015 · 18:19

La grulla atómica

La mano del hombre enturbiando el esplendor del girasol manchego.

La mano del hombre enturbiando el esplendor del campo de girasol manchego.

Todo el mundo sabe que la energía nuclear es de derechas, como los toros, el petróleo y los ministerios de defensa. Así que a nadie le puede extrañar que la ola de ternurismo roussoniano que bate España se proponga devolver al contribuyente al estado de naturaleza, edén previo a la explotación capitalista en la teología de Marx. Y aunque don Page no da la cara de un Rousseau, sino más bien de Sancho Panza en su Barataria, ha decidido ampliar el paraíso de la grulla en 24.000 hectáreas, con la correspondiente sorpresa de los vecinos, quienes no sospechaban que llevaban toda la vida habitando semejante vergel. Mediaset ya se plantea rodar el próximo Supervivientes en Villar de Cañas.

Se ventila aquí una derivada graciosamente literal del adanismo de la izquierda, que ya no sólo cree haber venido a estrenar una democracia sino un ecosistema completo.

– ¡Pero si todo el pueblo quiere el ATC!, se desespera el alcalde, que sería el primer mutante en caso de accidente.

Calle, hombre, no se ponga escrupuloso. ¿Qué puede importar la democracia cuando se trata de salvar el planeta? La democracia es fetén cuando se ejerce en la plaza Sintagma, pero cuando se ejerce en Villar de Cañas es un puto engorro. Vas a comparar un poblachón manchego -éste sí- con el romántico glamour de la Acrópolis.

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31 julio, 2015 · 13:09