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Animales de campaña (electoral)

Portada del libro imprescindible que se publicará el 2 de junio.

Portada del libro imprescindible que se publicará el 2 de junio.

Ahora que esta­mos en cam­paña, supongo que se impone hablar de esta­fa­do­res. Se dice que cuando te enga­ñan una vez, el cul­pa­ble es el esta­fa­dor; pero que si ese mismo te engaña otra vez, el cul­pa­ble ya eres tú. A mí siem­pre me ha pare­cido que dos opor­tu­ni­da­des son muy pocas para apren­der si habla­mos de seres huma­nos, esos ani­ma­les de los que tam­bién se ase­gura que son los úni­cos que tro­pie­zan dos veces en la misma pie­dra. O en la misma sigla.

En reali­dad hay otros ani­ma­les tan rein­ci­den­tes como el hom­bre, y no menos leta­les que él, como por ejem­plo el escor­pión. En la cono­cida fábula de Esopo, una rana ayuda a un escor­pión a vadear un río per­mi­tiendo que se enca­rame a su verde espalda, con­fiando en que el ala­crán no le picará por­que se aho­ga­rían los dos. Y sin embargo le pica. Y cuando ambos se están aho­gando, la rana le pide expli­ca­cio­nes y el escor­pión res­ponde com­pun­gido: no lo he podido evi­tar, está en mi natu­ra­leza. Como está la men­tira en la natu­ra­leza de la política.

Los grie­gos eran pro­fun­da­mente deter­mi­nis­tas, algo así como los taxis­tas o cuña­dos de la His­to­ria. Si eres un griego clá­sico tie­nes que acep­tar que las cosas son como son, y que tie­nen poco o nin­gún reme­dio. Todo se reduce enton­ces a sobre­lle­var el pro­pio des­tino inexo­ra­ble con la mayor dig­ni­dad, lo que nos con­ver­tirá en héroes del pue­blo pri­mero y, si por ven­tura hay algún dra­ma­turgo en la sala, en per­so­na­jes inmor­ta­les des­pués.

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Cambia, que algo queda

El cambio inamovible.

El cambio inamovible.

Al lado de mi casa han abierto un local sospechoso que ocupa el inmueble donde estuvo el Cine Bogart. Junto a la puerta, bajo toldo oscuro, un rótulo discreto reza: Asociación de Amantes del Género Teatral de Variedades. Cuando pregunté por tan chandleriano antro a mi portero Frutos, cuyo laconismo sólo es comparable a su eficiencia, musitó: «¿Eso? Un puticlub de alto standing». Quizá lo sea, pero no sé qué excusa poner en el periódico -y en el chat de la familia- para salir de dudas. Avalan la tesis de Frutos las berlinas de lunas tintadas que suelen aparcar en esa acera, el kosovar de pinganillo apostado a la entrada así como la señorita que se entrevé desde la calle, encaramada a un alto taburete desde el que exhibe el vertiginoso recorrido de sus medias. En ocasiones sale una compañera suya de escote himaláyico a quitar el hipo a los obreros de enfrente mientras echa un pitillo fatal. Ahora bien: sobre todas estas pistas el mayor aval a la hipótesis prostibularia lo concede el hecho de que el Congreso se encuentra a 50 metros.

No pretendo insinuar de momento que nuestra partitocracia tenga mucho de compraventa de culos (parlantes), ni que sus señorías frecuenten el oficio más viejo del mundo más allá de la afición púnica a los volquetes de putas. Me interesa el vínculo eufemístico entre ambos gremios: la política es una fábrica de eufemismos como el burdel prefiere llamarse club de alterne o asociación de amantes de las variedades. Y toda campaña electoral arma una seductora pasarela de eufemismos que taconean en los oídos aturdidos del votante.

El eufemismo rey de esta campaña ha sido el cambio. El cambio a mejor, se entiende. Todos tironean del cambio hacia su sigla como los caballos de Levi’s del pantalón. Podemos ha querido patrimonializar el bello concepto asegurando que su cambio es el verdadero y el de los demás un macguffin del Sistema, una revolución comprada en los chinos. A su favor juega la mutación meteórica ya acreditada por su líder: de cultivar el bacilo leninista en la placa de Petri del campus de Somosaguas a descubrir la burbuja universitaria. C’s abandera el cambio sensato, sintagma salomónico que pende de un balancín semántico: si es muy sensato no será cambio, y si trae mucho cambio ya no será sensato. El cambio propugnado por el PSOE -el de Sánchez, no el de Díaz, que es hija de una siesta de 36 años- es el del autonomismo por el federalismo, que es como el del pan por las tortas, y el de la socialdemocracia por un índice onomástico: Juana, Valeria, Verónica.

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Papá, cuéntalo otra vez

Sócrates en Sol.

Sócrates en Sol.

Sería una pena que el simpático Karl Marx que luce al dorso el móvil de Alberto Garzón -según el modestísimo crédito de red social- resultara un fake. Porque no puede haber mejor imagen para casar comunismo y consumismo en un indisoluble matrimonio de posmodernidad. Lo posmoderno, según Lipovetsky, es una aleación de contracultura y sociedad de consumo que eclosiona en los 60 y que conoce en el mayo francés su clímax emblemático, aparte de un paroxismo de cursilería en el que todavía chapotea la publicidad. La imaginación al poder, prohibido prohibir y otros lemas sonrojantes, ya saben. Aquella revolución de burgueses bohemios se exportó con tanta profesionalidad que no pocos retenes de barricada acabaron de eurodiputados, y todos los hijos de la progresía europea crecieron marcados cruelmente por su iconografía sentimental. Ismael Serrano ha sido su mejor bardo: papá, cuéntame otra vez esa historia tan bonita, parece decir Garzón.

Y vaya si la historia se repite como farsa que no tardó en aparecer por allí Leo Bassi fidelizando clientela. No faltaron el vino (Don Simón) ni las rosas, bien que marchitadas de zapaterismo terminal; y tampoco esas entrañables cargas policiales que fabrican héroes de barriada y brindan al becariato un excitante vislumbre de corresponsalía en Gaza. Entre las jaimas asamblearias de Sol la quinta de la nostalgia reconocía una sucursal de aquel París abierta por algún ministerio del tiempo en el centro neurálgico de Madrid.

Era hermoso, sí, con la belleza que solo comportan los esfuerzos inútiles. Con el calor de la tribu recién formada y su ideario intransitivo y su tiempo estacionado. Con la deliciosa ingenuidad de las primeras citas. Con el arrebato naïf del inocente a fuerza de ignorante. Con la justificación irrebatible de una desesperante tasa de paro juvenil. Y del otro.

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Si duele es bueno, Albert

Rivera bajo el foco.

Rivera bajo el foco.

Era cuestión de tiempo que Albert Rivera metiera la gamba. Su grado de exposición mediática desde que comenzó el año ha sido tan disparatado que por pura coherencia tenía que acabar diciendo disparates. Si las cámaras fueran el sol y la faz de Rivera un panel que almacenara la potencia de foco absorbida en los últimos cuatro meses, podríamos iluminar con ella durante siete días cuatro aeropuertos como el de Castellón, e incluso hacer aterrizar en ellos el avión de Al Gore alimentándolo en exclusiva con energías renovables. Todo lo cual se vería desde el espacio, parpadeando junto a la Muralla China.

Perder la virginidad no es pactar con Susana, como dicen los tertulianos, sino anunciar tu primera gran sandez y que sea reconocida como tal por los medios que hasta el momento te miraban con simpatía. Incluso por los intelectuales que te fundaron. Eso acaba de ocurrirle al doncel que lidera Ciudadanos, cuyo himen de sensatez ha sangrado aparatosamente sobre el catre gitano que a veces reviste la forma de columna de opinión.

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Anglofilia ya no es hispanofobia

El pu... amo del siglo XX.

El pu… amo del siglo XX.

Confesaré que uno, como anglófilo, ha crecido en la costumbre de pensar que los ingleses son más listos que nosotros. Un hábito algo papanatas, si quieren ustedes, pero fundamentado en hechos aproximadamente irrefutables como el imperio de su idioma, la manía de ganar todas las guerras y la patente del parlamentarismo, con permiso de León. Por eso nos desconcierta comprobar cómo también a los ingleses se les desmorona el bipartidismo centenario, se les rebela el nacionalismo segregador y se les inflama el populismo xenófobo.

Uno pensaba que la Isla se encontraba precisamente aislada de estas circunstancias epocales, de estas decadencias europeas, así como el continente queda incomunicado cada vez que cae la niebla sobre el Canal de la Mancha. Que tan desagradables fenómenos sucedan ya bajo el pabellón de la Union Jack contribuye a rebajar mi admiración; pero que incluso se alcen voces allí, tan amantes de la estabilidad como uno mismo, que empiecen a mirar con simpatía nuestra denostada Ley D’Hondt es algo que deja mis afectos políticos en posición de franco desaire.

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Pactarás con Susana

A veces hay que bailar con la más... votada.

A veces hay que bailar con la más… votada.

Si Dios existe más vale que tenga una buena excusa, razonó Woody Allen. Confiamos en que también la tenga el tipo que inventó la democracia, arcana divinidad de nuestro tiempo. Yo no he sido, así que no me miren, pero conozco al menos su funcionamiento teórico: democracia es el gobierno de la representación de la mayoría. Por eso no dejan de sorprenderme esos gruesos titulares que alarman a la población con la terrible posibilidad de «que gobierne la lista más votada». ¡Hasta ahí podíamos llegar!, parecen clamar a cinco columnas. Pero si merece tal énfasis la noticia es porque en España no siempre la democracia ha deparado el gobierno del más votado, escrúpulo aritmético que vino a aliviar la doctrina parda del cordón sanitario, cuya bandera pirata acaba de ondear Garzón el Joven ante Esther Esteban. El cordón sanitario es a la política lo que el tanga a la costura: un argumento nacido a pachas de la desidia y el impudor que persuade a la mente progresista de que el pueblo siempre tiene razón… salvo cuando vota a los fachas del PP, en cuyo caso se equivoca, su mandato no rige y se declara abierta la veda de los frentes, es decir, del chalaneo hasta el paroxismo hexapartito.

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Un corderito para Rajoy

Comandante del ejército más poderoso de Europa, y quinto del mundo.

Comandante del ejército más poderoso de Europa, y quinto del mundo.

Ese corderito huérfano al que David Cameron sienta en su regazo tory para darle el biberón. Para besarle en el hociquillo, incluso, una vez alcanzado un punto insoportable de ternura sobre las pajas de este belén laico donde solo falta una urna en funciones de pesebre. Luego el World Press Photo se lo llevará cualquier drama bélico de innegable lacrimogenia, pero el día que al fotoperiodismo le interese el retrato visceral de la política primermundista deberá premiar cosas como este navideño retozo de Norit en los brazos de un premier británico. Porque uno puede relanzar la economía de su país, y crear empleo, y superar un referéndum secesionista; pero tarde o temprano deberá posar amamantando a un cordero blanco para optar a mantenerse en el poder. Son las premisas de la democracia Facebook, qué le vamos a hacer, don Mariano. Usted se niega a acatarlas, pero luego no pregunte por qué no le votan esos ingratos de ahí fuera.

Si yo fuera Arriola u otro rasputín orgánico cualquiera imprimiría la foto del pastorcillo Cameron y la llevaría hoy a la Junta Directiva del PP para dejársela a Rajoy encima de la mesa. Señor presidente. A ver cómo le explico. Cameron no es más progresista que usted, ni menos conservador. Reivindica para sí la condición de «razonable» como usted la de «previsible», no se le conocen aficiones estrafalarias como el veganismo o la teodicea e incluso sale a correr por Hyde Park como usted practica el senderismo en Pontevedra. Ahora bien. Sabe que no ganará si no se muestra medianamente humano. Consiente debates abiertos y entrevistas duras. Y si tiene que hacerse una foto con un corderito huérfano, se calza las botas de aparcero y se reboza en esencia de establo hasta arrancarle una lágrima a la mujer de un estibador de Liverpool.

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Conventos y democracia

Convento de las Trinitarias, donde reposa Cervantes.

Convento de las Trinitarias, donde reposa Cervantes.

La abadesa del convento de las Trinitarias, Sor Amada de Jesús, no ha querido revelar cuántas de sus 13 monjas votaron contra la búsqueda de los huesos de Cervantes en su cripta, pues el monacato no es incompatible con la democracia; ni por qué razones, pues las sesiones capitulares son tan secretas como los consejos de ministros. El caso es que ganó el sí, y es gracias a este inmaculado ejercicio de clausura electoral que hoy podría anunciarse el hallazgo del autor del ‘Quijote’.

Las constituciones de Santa Teresa, cuyo año celebramos, prevén incluso la moción de censura fulminante, disponiendo que la priora que demostrare incapacidad para el mando al cabo de su primer año sea relevada para evitar el deterioro de la vida conventual «con hacerse de imperfecciones costumbre». Redescubrir que ni la democracia ni la regeneración son inventos de la modernidad ni patrimonio laico invita primero a la burla de nuestro adanismo analfabeto, que cree fundar la historia en cada mitin, y aboca después a la melancolía a quienes sopesábamos la toma de hábitos para huir de la ruidajera electoral de 2015: ahora ya sabemos, ay, que en Silos también votan.

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