Archivo de la etiqueta: cosas de la democracia

Nostalgia del soberano

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Historia de la pasión de mandar.

Es conocida la sentencia con que el psicoanalista Jacques Lacan despachó las revueltas estudiantiles de 1968: “La aspiración revolucionaria no tiene otra oportunidad que desembocar, siempre, en el discurso del amo. La experiencia ha dado pruebas de ello. Ustedes, como revolucionarios, aspiran a un amo. Lo tendrán”. A la luz del diagnóstico lacaniano se explica bien la indudable pertinencia de esta indagación de Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) en la naturaleza filosófica de la ola populista que recorre el mundo. Que no sería más que una añoranza de soberanía, epílogo de una utopía sesentayochista donde, tras los sucesivos desencantos de la posmodernidad, la ilusión hubiera dejado paso a la rabia. Buscaba su amo el 15-M –y la figura que lo capitalizó hoy es un vicepresidente de vocación iliberal poco disimulada– y buscaba el suyo el 1-O en Cataluña, y si no lo encontró fue porque los jueces lo impidieron.

Arias Maldonado no ha tenido tiempo de considerar el impacto de la pandemia del coronavirus en su libro, pero las derivas autoritarias en aras de la seguridad que está favoreciendo el Covid-19 no vienen sino a corroborar su tesis: el Estado hobbesiano vuelve a estar de moda, así sea retóricamente, ante el pánico desatado por la enfermedad.

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18 mayo, 2020 · 10:53

Lágrimas de políticos

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Dolorosa.

La política siempre ha cribado a los sinceros. Siempre ha exigido del aspirante algún talento para la corrupción. No ya la corrupción banal del dinero sino principalmente la de los sentimientos: los propios y los del pueblo al que se dirige. El político guarda una relación poco escrupulosa con la verdad porque la verdad es un poliedro hecho de matices y los matices segmentan al público. Nuestras sociedades cada vez más complejas demandan del político una simpleza creciente. La simpleza es uno de los rostros de la mentira. Y no hay nada más simple que la imagen de una emoción. «El votante primero se emociona y luego piensa», por decirlo con Iván Redondo.

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28 abril, 2020 · 11:00

Tregua poética con Leonor y sin Rufián

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Instituciones.

En el mismo instante en que las Cortes declaraban solemnemente abierta la XIV Legislatura, el tráfico aéreo se cerraba en el aeropuerto Adolfo Suárez por culpa de un dron. Sabemos que la coincidencia temporal no supone causalidad, pero convendremos en que favorece la metáfora. Ausente el separatismo por propia voluntad, la liturgia regresó tímida y fugazmente al Hemiciclo para acoger el discurso de la primera y de la tercera autoridad del Estado, esto es, de Felipe VI y de Meritxell Batet. Y si por una mañana nuestra democracia pareció capaz de honrarse a sí misma en el delicado ritual de su forma, quizá solo fue posible porque ni estaban los informales ni le tocaba hablar a su socio, segunda autoridad del Reino empeñada en eclipsar a todas las demás.

Sí estaban, en cambio, los parlamentarios de Podemos. Alberto Garzón, impecablemente encorbatado, mostraba al mundo el apasionante viaje que conduce del escrache antisistema al aplauso monárquico con solo sentarse en el Consejo de Ministros. Ah, la legendaria generosidad del Sistema. También aplaudían borbónicos perdidos Pablo Iglesias e Irene Montero: desde Carrillo no tributaba el comunismo español un reconocimiento así a la Monarquía. Bien está, aunque la mayoría de sus correligionarios mantuviera las manos pegadas a las piernas por lo que pudieran decir en Bolivia, suponemos. Manuel Castells ha vuelto de sus novillos. Echenique en primera fila de apuntador automático. La Reina Letizia apareció perfecta como suele, y sus dos hijas permanecieron quietas y atentas en sus butacas rojas, muy imbuidas de su misión. El hieratismo infantil siempre tiene algo antinatural, pero es que la propia democracia parlamentaria es un artificio civilizatorio: lo natural es matarse. En la tribuna de invitados descubrimos a los dos únicos padres de la Constitución que permanecen entre los vivos, Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca, como dos vips de palco contemplando quizá los minutos de la prórroga de su criatura. Sonó el himno, y en ese trance ninguno rivaliza con la apostura castrense de Abascal, la barbilla fuera, los puños cerrados.

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3 febrero, 2020 · 17:33

El esfínter de la Constitución

Rueda de prensa del residente del Gobierno de España en funciones, Pedro Sánchez en la OTAN

Proctólogo.

¿Cuánto dará de sí el esfínter de la Constitución? No lo sabemos, pero Pedro Sánchez es el practicante que nos ayudará a averiguarlo. El riesgo de que el esfínter nacional se parta en la mesa de operaciones de su investidura es alto, y más alto aún de que se quiebre en el esfuerzo cotidiano de la gobernabilidad, pero qué es el culo de España comparado con un día más en La Moncloa, damas y caballeros.

La elasticidad de nuestras costuras institucionales ha sido puesta a prueba a lo largo de cuatro décadas sin terminar nunca de romperse; el sanchismo no es nada más que la prueba definitiva, el último apretón, la embestida concluyente de la que saldremos transformados en legendarios robinsones o reducidos a papilla plurinacional. Los constitucionalistas orgánicos de Sánchez imaginan a los ciudadanos como los muñecos ovoides de la DGT que pilotan coches destinados a estrellarse contra un muro y acaban saliendo por el parabrisas. Su propósito no es otro que encauzar el conflicto, nos sosiega el doctor Ábalos. Pero nos preguntamos si es completamente necesario testar la integridad del habitáculo mediante una colisión frontal con el artículo 2, básicamente porque los derechos de todos los españoles viajan en ese coche.

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15 diciembre, 2019 · 18:55

La legislatura Gollum echa a andar

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Estado clínico del 78.

Muchos quisieron ver en el tropiezo de Adriana Lastra una metáfora de la legislatura, que ha nacido de un esguince. «Estoy cojo como el resto del Parlamento, unos inválidos y otros cojos», diagnosticó desde la presidencia de la mesa de edad Agustín Zamarrón, a quien se le ha subido definitivamente el personaje a la cabeza. Desde que España sale a un par de elecciones por año ya no causan la misma sensación ni su barba valleinclanesca ni sus afanes retóricos. Ahora bien, hizo algo valioso al abrir la sesión constitutiva de las Cortes, ese aborto parido por el 10-N: pedir perdón con la cabeza gacha a todos los españoles por la incapacidad de sus señorías para alumbrar una investidura. No es improbable que esta contrita sonata de otoño vuelva a sonar en primavera, si así lo desea el caudillo de España por la gracia de Sánchez: don Oriol Junqueras.

El circo parlamentario ya cansa, la verdad. Tenemos el esfínter del asombro completamente dado de sí. Que el voto de ERC sea nulo por meter un lazo amarillo en la urna no merece un titular. El rastafari de Podemos se nos antoja un burócrata veterano. Echenique en silla de ruedas tiene que aguantar que otra silla de ruedas habilitada para Lastra compita con la suya. Los de la CUP acuden el primer día de cole pero se pasarán la legislatura de pellas, gritando independencia y espero que fumando porros, que para eso les pagamos. Aquel vistoso peronismo de Errejón palidece en la última fila del gallinero. No encontramos ya diferencia entre jurar por las 13 Rosas o por la España de Blas de Lezo; la sorpresa hoy la depara un sobrio «sí, prometo». Rufián y Aitor Esteban departen sobre la moqueta como dos nobles patricios del invento plurinacional. Adolfo Suárez Illana se echa unas risas con Espinosa y Abascal. Tan solo la gresca entre Marcos de Quinto y los voxos nois por pillar sitio al amanecer aportó nuevos matices narrativos al desgastado esperpento en que consiste la política española desde 2015. Quizá es que en la sociedad del espectáculo al populismo no hay que combatirlo, sino esperar a que sus numeritos pierdan gracia como la perdieron los chistes de Arévalo. Dos años más de circo y bloqueo y todos echaremos de menos a los registradores de la propiedad y a los abogados del Estado.

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3 diciembre, 2019 · 16:47

Catalanes que sueñan tiranos

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Ensoñaciones.

Cuando supe de la unánime apuesta del Supremo por el poder de las ficciones, recordé la descripción que hace Hannah Arendt del súbdito ideal de un régimen totalitario: «No es el nazi convencido o el comunista convencido, sino personas para quienes la distinción entre hecho y ficción, entre lo verdadero y lo falso, ya no existe». Sujetos banales, ebrios de emociones y capados de razón cuya propia inconsciencia es el aceite que engrasa la maquinaria del mal. Son operarios robotizados en la cadena de montaje de su república en conserva, y no pueden levantar la cabeza de la mercancía que manipulan y con la que comercian desde hace años. Pero cuando la maquinaria de las mentiras se detiene, pongamos que al topar con la ley, los súbditos más ingenuos -que son siempre los más violentos- acusan el golpe contra el principio de realidad. Toda herida sirve para cobrar conciencia, en este caso la de haber sido engañados. Y entonces se ponen a buscar culpables, incapaces por su propia banalidad de reconocerse a sí mismos como los estúpidos necesarios para el éxito de cualquier timo. Y ahí los tenemos, tomando conciencia en las calles a su manera, que es la manera primitiva de la especie recién separada del mono: descubriendo el fuego.

Por eso es infame comparar los disturbios de Cataluña con los de Hong Kong. En esta esquina democrática del Mediterráneo unos sujetos totalitarios que ignoran que lo son luchan por destruir un sistema pluralista para instaurar un monocultivo identitario. En aquella esquina autoritaria del Pacífico unos sujetos celosos de sus libertades luchan por conservarlas contra el avance de un régimen de partido único. Pero siendo esto así, la sucursal catalana del PSOE aún funambulea entre pluralismo y nacionalismo, entre libertad e identidad, entre España y China. Es el mismo partido que llamaría montapollos a los demócratas hongkoneses como hace con Ciudadanos, que tuvo que fundarse para amparar el derecho a la existencia en Cataluña de catalanes españoles traicionados por el PSC.

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17 octubre, 2019 · 17:36
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Golpistas posmodernos.

Y el fallo confirmó las filtraciones, porque para eso son las filtraciones. Quien filtra persigue un efecto, generalmente político; en este caso, amortiguar la reacción del separatismo en víspera de unas elecciones inciertas. ¿Hasta dónde llegará la reacción? Serán jornadas de airadas protestas porque el Movimiento -la única mayúscula que se merece una ideología en España desde 1975- no puede reconocer que la sentencia es infinitamente menos dura de lo que podría haber sido. Y porque a ese tugurio aún no ha llegado el aguafiestas que encienda la luz y mande a los borrachos a casa antes de ponerse a barrer el suelo de la autonomía de serpentinas fascistoides. Aún puede estirarse la épica ebria de los irresponsables unos días más. Luego vendrá la resaca, pero que nadie se preocupe: será el mismo Estado que pretendieron quebrar el que garantice el ibuprofeno para todos.

Se llevarán los titulares los 13 años para Junqueras por un delito de sedición con malversación; los 12 de Romeva, Bassa y Turull; los 11 de Forcadell, los 10 de Forn y Rull o los nueve de los Jordis. Suenan contundentes y desde luego lo serían si los cumplieran. Pero -y aquí viene la clave de la sentencia- el Supremo ha desestimado la petición de la Fiscalía de que los condenados cumplieran al menos la mitad de su pena antes de poder beneficiarse del tercer grado.

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14 octubre, 2019 · 21:22

Nuestro Areta

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Carlos Santos como Germán Areta.

Por la calle oscura de una gran ciudad de un país en transición baja un hombre que no es oscuro ni grande ni mudable. Se llama Germán Areta. Parece un hombre común, ciudadano de una dictadura que agoniza, pero no se hace ilusiones respecto del futuro: conoce la maldad y se opone a ella por instinto, y entiende que la vigencia de ese enfrentamiento no depende de la forma del Estado sino del corazón podrido de los hombres; y por cierto, de no pocas mujeres. Hace tiempo que no duerme bien pero eso no merma la vigilia de sus sentidos, que son la materia prima de su negocio: detective privado.

Se gana la vida lidiando por dinero con la declarada miseria del prójimo, pero no acepta cualquier encargo aunque le sirviera para empezar una nueva vida en un buen piso a la vera del Retiro. Le sobra valentía para castigar a un maltratador que le dobla en tamaño tanto como para desafiar a un plutócrata vicioso, y le falta el sentimentalismo preciso para disculpar a una mujer que se niega a salvarse a sí misma. Se las arregla para averiguar la verdad sin tender más trampas que las justas, porque su mirada fija accede al alma de su interlocutor como una sonda infalible. Llega, observa y comprende. Pero no juzga.

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5 octubre, 2019 · 17:06