Quizá ya se haya dado cuenta Pablo Casado de que disparar a tu mejor soldado es como hacerlo sobre tu propia sien. En política el muerto equivale al cornudo -suele ser el último en enterarse-, pero ni siquiera las gruesas paredes de Génova, compactadas por la mediocridad e insonorizadas por la cobardía, pueden aislar ya al difunto de la clamorosa plegaria que se eleva en su nombre desde las calles de Madrid, rompeolas de todas las Españas.
Se guardó un minuto de perfecto silencio por el desastre del pesquero gallego en Terranova. Que lo único que una ya a nuestros políticos sea un naufragio resulta suficientemente elocuente como para insistir en la metáfora. En cuanto sus señorías recuperaron la voz se reanudó la partida infinita de los tahúres que tratan de salvar sus apuestas desesperadamente.
Bastaron tres carreras sincronizadas para presionar el saque inicial del Madrid y el Parque de los Príncipes se convirtió en el suburbio de los mendigos, condenados los de blanco a sobrevivir en un entorno hostil del primer al último minuto. El minuto exacto en que cayó herido, que no muerto. Quién sino Mbappé iba a honrar la noble tradición del madridista vocacional que daña al club que tanto le espera. Recortaba al francés a Carvajal y de paso la respiración, con una superioridad que volvía insultante cualquier comparación física, técnica, antropológica. Messi merece hoy el Goya al actor revelación al lado de la superestrella gala.
El votante de derechas random, pongamos que se llama Paco, hace tres años que asume, aprueba, desea y hoy hasta suspira -en este orden cronológico- por un entendimiento natural entrePP y Vox, porque al nivel de la calle solo se percibe una semejanza fundamental entre ambos: no son sanchistas. Paco no trata con políticos ni tiene por qué conocer el hábitat caníbal en que se desarrolla la vida cotidiana de un partido, de un Parlamento, no digamos ya de un gobierno de coalición. Si se asomara por una mirilla -como hacemos a diario los periodistas- y les oyera hablar como hablan cuando saben que sus votantes no les ven, Paco no saldría ya nunca de la abstención, como tampoco Manolo, el votante de izquierdas random. Estafarsa estructural es el gran secreto de las democracias representativas, pero en latitudes menos defectuosas está paliada por una cuota vocacional de servidores públicos decentes.
La violencia se ha apoderado de las calles de Madrid, nos aseguran en vísperas electorales, y a juicio de Vox la razón es tan evidente como el color de la piel. Estamos con una votante de ese partido para que nos explique la relación causal entre inmigración y violencia. Se llama Pilar Cortés Pizarro.
-Un nombre indudablemente patriótico el suyo.
-Así es. La Patrona y la Conquista. Soy un testimonio andante de la grandeza de España.
-Una grandeza basada en el mestizaje.
-Por supuesto. No como los ingleses y los holandeses. ¿Dónde están los indios norteamericanos? Muertos o en reservas. Nosotros nos mezclamos.
Hace años escribimos que Sánchez es un significante vacío en el que todo es mentira salvo la ambición. Si le palmeas le espalda suena como una caja de flamenco o como un ninot de Valencia: hueco, acartonado y fungible. La mejor expresión de esa impostura estructural nace de su voz de barítono de parque temático. Pero para localizar su verdad hay que fijarse en la mandíbula, allí donde el bruxismo concentra la voluntad de poder. Es como si estuviera masticando a sus enemigos. No solo enemigos: también hay restos de sus socios entre los dientes.
Un par de tránsfugas infames o dos héroes del voto en conciencia. Desobediencia al partido que los colocó en sus listas o respeto al acta personal que la Constitución les confía. Cobardes por haber ocultado sus intenciones o valientes por exponerse a la purga orgánica. Cómplices de los oscuros manejos de Teodoro, célebre alcahuete de opas, o víctimas de los oscuros manejos de Esparza con Bolaños, que blandió un fajo de fondos con una mano y el palo de una reprobación con la otra. Fatuos en busca del aplauso de tertulianos derechistas o insomnes en vela por el rostro ceñudo de sus vecinos pamploneses. Qué son Sergio Sayas y Carlos García Adanero, aparte de navarros. Que no es poco.
Hubo un tiempo en que el nombre de Castilla evocaba un imperio, pero esta campaña lo ha reducido a un sembrado. La región más extensa de España, la segunda de Europa si me acordara de la primera, la única rival de la Toscana en patrimonio mundial hoy no es más que un puñado de vacas mirando pasar el tren de los fondos europeos y un abuelo con garrota que aguarda el fin de semana a su nieto emigrado para que le enseñe a hacer un bizum. Los trazos gruesos de este lugar común los repasan cada día los políticos, unos para explotar el victimismo rural y otros para hacerse las víctimas de los que explotan el victimismo rural. El voto del señor Cayo está en disputa, como aquellos significantes de Errejón, y la disputa ha llegado al Congreso.