Archivo del Autor: jorgebustos1

Esperando a Demóstenes

Matinal desangelada en Cortes, simétrica del frío como de concertina que bate los soportales y entumece a los pobres mendigos velazqueños. El presidente Posada inauguró la sesión dando la bienvenida al presidente de Macedonia, guest star en la tribuna de invitados, que se levantó muy ceremonioso para agradecer la mención. La sesión se preparaba así más propiamente que nunca para la pronunciación de filípicas, pero estamos a mil jodidas millas de tener a un Demóstenes en el Congreso.

De hecho abrió fuego Errekondo (Amaiur), y dejemos la expresión en metafórica. Errekondo es un jugador de balonmano, y se nota. Le exigió a Rajoy un balance de su gestión en el País Vasco con esa dicción silabeante y atropellada, ansiosa de acabar cuanto antes el enunciado que le pasan desde la mafia del norte, que incluía la alusión a las ansias infinitas de paz vasca de cantamañanas tan conspicuos como Tony Blair, Kofi Annan o Jimmy Carter. Amárrame los pavos. Incluso pegó un papelito a su botella de agua que aludía a una presunta situación guantanamera de los presos etarras en una cárcel de Sevilla. Pero lo hacía todo como con cierto bochorno de recadero servil, de becario de la cejijuntez criminal. Yo creo que en el subconsciente de esta gente pugna por salir un confuso sueño de respetabilidad institucional que no tienen manera de merecer. Rajoy le respondió con la retahíla previsible y pendiente: condena de la historia de ETA, demanda de disolución incondicional, petición de perdón a las víctimas. Sobre el medio centenar de asesinos que ya brindan con fino o txacolí no dijo nada porque no tiene nada que decir o porque no puede.

Estaba Duran en su escaño, presencia que siempre celebramos. No adivinan ustedes lo que hizo: ¡quejarse del poco dinero que el Estado invierte en Cataluña! Unos su paz, otros su pasta: la matinal no podía discurrir por cauces más canónicos. El presidente del Gobierno recordó a Duran que el Gobierno ya ha pagado 934.097 facturas a los catalanes, y que estaba mirando juegos de sábanas para poner además la cama. De todos modos detecto una rebaja declarativa del tabarrón independentista, suflé a la baja aplastado por las taumatúrgicas apelaciones a la pela de Linde entre otros. Me contestó el otro día en la tertulia de RNE el director de La Vanguardia, Josep Antich, que esas advertencias monetarias calan solo en los menos soñadores, pero yo sospecho que el volkgeist fenicio acabará imponiéndose. Ya entreveíamos todos, los primeros nuestros pragmáticos amigos catalanes, que todas las fiestas se terminan enseñando la cuenta.

Seguir leyendo…

Deja un comentario

27 noviembre, 2013 · 16:19

Los juegos del hambre… de gol

Una película que estos días se proyecta en los cines, con gran éxito de taquilla, nos presenta a un selecto ramillete de jóvenes superdotados que luchan a muerte por su supervivencia. En la película no queda del todo claro por qué llaman a su lucha los juegos del hambre, ni por qué a los contendientes se les llama tributos, aunque suponemos que todo tiene que ver con la crisis, la económica o la de guionistas, vaya usted a saber.

El sábado vimos otra película en el Estadio de los Juegos del Mediterráneo y se nos ocurren algunos paralelismos. El Madrid de Ancelotti también es un equipo de jóvenes más o menos superdotados que compite con todo por sobrevivir en el once titular. Su batalla también es un juego, y su hambre está perfectamente definida: se trata de hambre de gol. Seas canterano o extranjero, seas centrocampista o delantero, al Madrid se viene a atacar. En el árbol de navidad de Carletto algunas bolas pueden ser intercambiables, pero todas tienen que emitir su brillo. Y no hay mejor forma de brillar que el gol.

Jóvenes tributos abriendo la boca de hambre.

Jóvenes tributos con hambre.

Marcaron cinco como pudieron marcar diez, y eso que hubo que achicar el tamaño antirreglamentario de las porterías. El primero fue de Cristiano, claro, porque lo suyo no es apetito de gol sino verdadera hambruna, glotonería de gloria, como un Obélix delgado que se hubiera caído de niño en la marmita del fútbol total. Otro día aplicaremos la lupa sobre el coloso portugués para tratar de explicar las causas sobrenaturales de su voracidad. El sábado se retiró prudentemente a mitad de encuentro, pero yo creo que la sobrecarga era una excusa caballeresca, un gesto elegante del jefe de la manada que se aparta de la presa, sin haber saciado su hambre, para que la sacien también los cachorros.

Y así nos tributaron sus goles Isco y Morata, aparte de Bale y de Benzema, y pudieron marcar también Carvajal y Casemiro entre otros. Ancelotti soltó a sus tributos ávidos a la arena, y la inocente defensa del Almería acabó pagando el pato. Ya digo aquí que el récord de los 121 goles de la épica temporada de Mourinho está a tiro. Se siguen oyendo críticas al juego del Madrid, algunas porque no juega el suyo, y otras, las de los hegelianos de la pizarra, porque no ven claro el sistema. Que se sigan oyendo mientras caigan de cinco en cinco los chicharros a domicilio.

Damas y caballeros: los juegos del hambre de gol han quedado inaugurados. Los tributos más salvajes juegan en el Madrid, y de ahí el éxito de taquilla.

(La Lupa, Real Madrid TV, martes 26 de noviembre de 2013)

La locución aquí, a partir del 14:35.

Deja un comentario

Archivado bajo Real Madrid TV

Carletto y la fábrica de chocolate

Este Madrid fabrica ocasiones de gol como Willy Wonka chocolate, y en su mundo de fantasía y derroche disfrutaron ayer los canteranos como los niños del libro de Roal Dahl, que no se llamaban Charlie, sino Morata o Jesé, Carvajal o Isco, y su Wonka no se llama Willy sino Carlo, que ya es casi diciembre y ha montado para ellos su árbol de navidad.

El éxtasis canterano o canteránida llegaría en la segunda parte. En la primera me enfadé con Cristiano por esa impaciencia goleadora que no te permite llegar ni un minuto tarde al bar; cuando llegué ya estaba celebrando, desplegando su torso como un tablón de anuncios para que el planeta fútbol entero clave sus quejas contra Blatter, y al principio pensé que se trataba de un reportaje del Plus sobre el Balón de Oro. Pero no: es que había marcado el primero filtrándose entre los centrales almerienses como el cuchillo entre la mantequilla. A Cristiano le buscan sus compañeros con el descaro con que se buscaba a Maradona cuando apremian las ganas de gol como el capricho femenino de chocolate, y a veces Cristiano se para en un ángulo frente a un defensa y se pone a andar, como Cruyff, antes de explotar otra vez en su loca carrera hacia la integración de todos los talentos históricos del fútbol en uno solo. Se retiró en el 51 con un golpe en el muslo de esos que en la ruta escolar llamábamos fresones, y fue eso lo que luego abriría el patio a los escolares. Salió Jesé para remedar esa misma zancada de comandante. Pero Jesé sería más que la Cecilia de Ronaldo, en la acepción de Cecilia que Ruiz Quintano ha instituido para los imitadores artísticos que acaban haciendo afición. Jesé dio dos asistencias de gol y es un jugador caliente llamado a derretir algunas semifinales.

Leer más…

Deja un comentario

25 noviembre, 2013 · 13:39

Hannah Arendt o la banalidad de la opinión pública

Arendt, pensando.

Arendt, pensando.

 Consuela pensar que también se metieron con Hannah Arendt. ¿Quiénes? ¿Por qué? La respuesta a ambas preguntas consuela ya definitivamente: la castigó la opinión pública, y la castigó por pensar.

Es bastante importante que todos ustedes vean o pongan a sus alumnos cuando puedan el biopic de la pensadora judía que el año pasado estrenó Margarethe von Trotta. Estamos ante una película audaz y sutil, porque se centra en una peripecia exclusivamente intelectual mientras desecha la sentimental o la aventurera (que también las hubo en la biografía de Arendt); pero es también una narración clara y amena que estimulará a cualquier espectador capaz de trascender las funciones básicas de nutrición, relación y reproducción. Se trata de llevar al extremo el papel del intelectual en una sociedad desarrollada, que es aquella que se felicita por vivir en un régimen de libertad de expresión hasta el momento exacto en que alguien decide hacer uso resuelto e inteligente de esa libertad.

–El intelectual muchas veces ha de resultar incómodo –nos repiten; pero ay cuando lo es.

Cuando Hannah Arendt, superviviente de un campo de prisioneros nazi en la Francia ocupada, se enteró de que Adolf Eichmann, apresado en Buenos Aires por el Mossad, iba a ser deportado y juzgado en Jerusalén, cursó una petición al New Yorker para cubrir el juicio como reportera. A Arendt, por entonces autora de prestigio internacional tras el éxito de Los orígenes del totalitarismo y catedrática en el Brooklyn College, todavía le quiso poner pegas una parte de la dirección de la revista que sentenciaba, con ese típico desdén del periodista matalón: “Los filósofos no producen titulares”.

Finalmente The New Yorker la mandó a Jerusalén y allí, sobre la jaula de cristal desde la que Eichmann pretextaba su escrupuloso sentido del deber, comenzó a operar la implacable inteligencia de Hannah Arendt. Comprometida con el sionismo en sus duros inicios, con el tiempo se había ido apartando de todo compromiso ideológico o étnico que hipotecase el puro ejercicio de la razón libre. Ver a una mente prodigiosa en funcionamiento, sobrevolando con majestad las praderas del sentimentalismo o los pantanos del prejuicio, es un espectáculo de la naturaleza que sin embargo suele sacudir con temblores de suspicacia las entendederas del hombre común, habituado a conducirse en la vida por intuiciones, afectos y sobre todo intereses.

Pero Arendt era alemana en la mejor expresión de la nacionalidad alemana: discípula aventajada –tanto que acabó en su cama– de Martin Heidegger, alumna de Husserl, discutidora de Karl Jaspers y Theodor Adorno, compañera de Walter Benjamin. Como esos grandes lúcidos del siglo XX –Camus, Aron, Chaves Nogales–, Arendt era incapaz de mentirse a sí misma, operación tan recomendable para sobrevivir. Rompió con Heidegger cuando este (que le había soltado a Thomas Mann aquello: “Sí, puede que Hitler sea un bárbaro, ¿pero has visto qué manos más viriles tiene?”) se sacó el carné de la esvástica. Pero tampoco quiso hacer fácil carrera a lomos de la revancha intelectual sionista. Ahora se hallaba frente a Eichmann en Jerusalén, y no había estudiado y pensado tanto para acabar escribiendo la crónica que se esperaba de ella: la de la escritora judía que con su celebrada pluma vengaba a la raza afrentada en la figura monstruosa, totémica y sumaria de Eichmann, el teniente coronel de las SS encargado literalmente de llenar los trenes con los hijos y las hijas de Abraham rumbo a Auschwitz. No: Arendt estudió a aquel alemán calvo y anguloso en su jaula, escuchó sus alegatos de burócrata desapasionado, verificó la absoluta falta de convicción e ideología de aquel ordenanza del terror, constató el abismo filosófico que se abría entre la magnitud del mal causado y la mediocridad del autor necesario, y decidió escribir sobre todo ello.

El resultado fue la conocida tesis de la banalidad del mal, que como titular no está nada mal, y que los columnistas de tertulia citan sin haber leído a Arendt. En todo caso se trata de una tesis hoy comúnmente aceptada, casi un lugar común del pensamiento del siglo XX, pues el tópico suele ser el tributo que el paso del tiempo rinde a las ideas audaces. El mal industrializado, la desconocida dimensión de terror aportada por el hombre totalitario solo requiere burócratas obedientes que prescindan de una única cosa: de la facultad de pensar. Pensar nos hace personas; renunciar al pensamiento propio nos coloca en el disparadero de la animalidad, aunque vistamos con decoro, besemos a nuestros hijos al acostarnos y nunca falte leche en el plato de nuestro gatito.

Esta idea deshace un escándalo falaz muy cacareado todavía incluso entre nuestros blogueros de referencia: ¿cómo es posible que el país más culto de la tierra, la cuna de la música y la filosofía modernas, se entregase en masa y con entusiasmo digno de mejor causa al macroproyecto criminal de un lunático evidente como Adolf Hitler? Algunos se preguntan esto con la aviesa intención de desmerecer la figura del intelectual contemporáneo, que sería alguien vendido sistemáticamente al poderoso de turno con la mira laboral puesta en una remunerada comisaría política. Bien, yo a esos desalmados logreros con estudios o a esos fanáticos de la idea que tanto proliferaron durante la centuria pasada no los quiero confundir con el intelectual digno de ese nombre, el que ahora reivindico en la figura de Hannah Arendt y que estos días se ha celebrado en la efigie ya canonizada de Camus. Es que casi parece que ser un analfabeto o un periodista deportivo te evita la pertenencia a una nómina de genocidas, y que al oír la palabra cultura hay que llevarse la mano a la pistola, que decía aquel. Pues no. Es mentira eso de que Alemania era la nación más culta. Porque no hay naciones cultas: cultos son solo los individuos, y hay muy pocos porque cuesta muchísimo hacerse una verdadera cultura, una cultura hondamente sentida y masticada, conectada con nuestra ética y confrontada a nuestros prejuicios, vigilante insomne del proceder diario, capaz de romper nuestros vínculos económicos, políticos, familiares, amorosos, patrióticos y étnicos. Todos esos vínculos rompió Arendt para defender su verdad, porque creía que tenía razón. Y lo cierto es que la tenía y que se equivocaban todos los demás.

Los alemanes se entregaron a Hitler pese a la aptitud nacional para el solfeo porque Hitler les decía lo que querían oír: que iban a ser superhombres en un reich que duraría mil años. Es en ese momento cuando deben elevarse las voces críticas que pregunten el precio que va a costar eso. Y los consejos judíos de Europa, dice valientemente la judía Arendt, durante ese tiempo clave en que aún se puede evitar la catástrofe mediante la denuncia, callaron; cuando Hitler comenzó a expandirse y a pisotear los derechos de otros pueblos, siguieron callados; y cuando finalmente fueron a buscarlos a ellos ya no quedaban resistentes con voz audible. Arendt no quiere ahorrar ninguna responsabilidad en el desastre, pero eso era demasiado para los lectores del New Yorker, la revista de la intelectualidad americana de extracción mayoritariamente hebrea.

Arendt se atrevió a escribir desde las inhóspitas afueras del sentimiento y de la tribu y lo pagó con el ostracismo. Sus amigos judíos (o los que ella creía que eran sus amigos) le dieron la espalda y tuvo problemas económicos por la sombra de sospecha que se extendió sobre su firma. La acusaban nada menos que de defender a Eichmann por la sencilla razón de no haberle pintado cuernos y rabo; de no proporcionarles un objeto de odio concreto contra el que realizar la catarsis de todo un pueblo. Le daban lecciones los judíos neoyorquinos que jamás habían visto a un nazi de cerca. No sientes nada por tu pueblo, le reprochaban. Y ella, como liberal congruente, contestaba que no tenía por qué sentir nada por su pueblo, sino por las personas, por sus amigos, por los que creía sus amigos.

A Norman Mailer le he leído la mejor crítica a la tesis de la banalidad del mal: “Eichmann, superficialmente hablando, era un hombrecito, un hombre de aspecto común, vulgar y opaco, pero suponer por lo tanto que el mal mismo es banal me impresiona como exhibir una pobreza de imaginación prodigiosa. (…) A los liberales no les gusta creer en el vasto poder del inconsciente o la auténtica capacidad asesina de la mayoría de la gente común. Aceptar la superficie por la realidad es ejecutar el reflejo liberal fundamental”. Y a continuación incurre en la antecitada referencia a la nación más cumplidora de la ley, cuyo inconsciente “era realmente un lugar de espantosas emboscadas y horrores”. Se trata del reparo obvio que le pondría cualquier novelista experto a un filósofo demasiado seguro de sí, al que supera en capacidad para fabular el submundo interior del personaje más aparentemente rutinario. Lo que ocurre es que la ficción solo puede aspirar a construir mundos verosímiles, no balances empíricos y mucho menos procesos judiciales. Desde luego, de los miles de folios que ocupan los interrogatorios a Eichmann y que Arendt leyó con cuidado, la filósofa no pudo extraer una sola pista que delatase los abismos interiores del psicópata o el plan maquiavélico del criminal consciente. Así que lo más probable es que Adolf Eichmann fuera en efecto el burócrata banal y cumplidor que retrató la reportera de The New Yorker.

Es posible de todos modos que Arendt contrajera en Jerusalén un síndrome muy común a todo reportero obligado a realizar una cobertura prolongada, y que podríamos bautizar, parafraseando, como síndrome de la banalidad del reportero. Nos pasa a cualquier cronista parlamentario, que semana a semana perdemos el respeto a la sede de la soberanía etcétera. Un día acudí a la Audiencia Nacional para escribir sobre el juicio a Txapote, el tipo que había descargado su nueve milímetros Parabellum sobre la nuca de Miguel Ángel Blanco; a mí, que era nuevo, me impresionaba la presencia del reo, no podía despegar la mirada de aquel hombre tranquilo, incluso apuesto, que jugueteaba con las manos a cinco metros de mi libreta. Pero mientras yo me maravillaba de la rutinaria compostura del asesino, mis colegas especializados en información de tribunales encerraban mentalmente todo aquello en 30 segundos para el boletín de mediodía, y ni siquiera les daba para una pieza especialmente noticiosa. Quiero decir que Arendt el primer día no podría quitar ojo a Eichmann, pero a la séptima jornada de tomar apuntes repetitivos en la sala de prensa una sensación de fraude empezaría a tomar cuerpo en su cabeza, preparando la exploración del concepto de banalidad. Puedo imaginarme muy bien que fue así como ocurrió (lo cual subraya la productividad periodística de la cobertura in situ). La reportera defraudada, una enorme expectativa escamoteada por la vulgaridad, un giro novedoso en la consideración de aquel histórico proceso. Solo muchos meses más tarde, cuando granizaba sobre su trabajo la indignación del público general y de la comunidad judía –la suya– en particular, acertaría a distanciarse un poco de su revolucionario concepto, matizándose a sí misma en una sentencia con resonancia cristiana: “El mal no puede ser banal y radical a la vez; el mal puede ser extremo y banal, pero consciente y radical solo puede ser el bien”. En el Calvario, Cristo sería el artífice del bien radical y consciente, que es la redención del género humano, mientras que Pilato sería Eichmann. El burócrata necesario.

Para qué sirve la literatura, le preguntaron una vez al Nobel judío Joseph Brodsky. “Una persona que ha leído a Dickens jamás disparará contra alguien”, fue la respuesta del poeta. Teniendo en cuenta que David Copperfield es lectura obligatoria en la niñez anglosajona, muchos asesinos habrán leído a Dickens. Pero una cosa es leer y otra muy distinta es leer, como saben ustedes. Brodsky, Arendt, se refieren a leer pensando. Se refieren a individuos cultivados de verdad, a la cultura como agua incombinable con el aceite del mal.

El tiempo ha premiado con sólido prestigio el coraje intelectual de Arendt ejercido contra su propio sentido de pertenencia, traducido en la hostilidad de una opinión pública que, esta sí, se probó banal. “Intentar comprender no significa justificar”, dice su intérprete en la película. Piénselo el hombre-masa, el que se considera alfabetizado por leer dominicales y bajarse series, antes de decretar su próxima fatwa.

(Publicado en Suma Cultural, 23 de noviembre de 2013)

Deja un comentario

Archivado bajo Suma Cultural - Revista Unir

Carta abierta a Sami Khedira

[Reproduzco a continuación, por petición popular que agradezco sentidamente, la carta abierta a Sami Khedira que se ha leído hoy, miércoles 20 de noviembre, en la tertulia de Real Madrid TV. Puedo avanzar a los espectadores de Real Madrid TV que andamos trabajando en una nueva sección que han tenido la irresponsabilidad de encargarme a mí, y de la cual esta carta a Khedira ha sido la primera muestra. Habrá más, y si contra todo pronóstico la idea os gusta y la sección cuaja, me tendréis escribiéndola con regularidad bajo el nombre de «La Lupa». Serán piezas sobre la actualidad del Real Madrid desde un ángulo más literario que informativo, en la convicción de que literatura y madridismo maridan tan bien como las uvas y el queso. Iré subiendo aquí los textos de momento. Gracias a todos de veras por vuestro interés lector y espectador]

Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.

Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.

Admirado Sami:

Cuando viniste a Madrid quizá te dieron algunas nociones básicas sobre la cultura y la geografía locales. Te dirían por ejemplo que Madrid se levanta sobre una meseta, y sin embargo yo creo que se parece más bien a una sabana. A una sabana africana donde si no eres león, corres el peligro de ser cebra, y que te devoren los leones, y luego te rematen las hienas, y por último te apuren los buitres.

En el ecosistema extremo que forma el tristemente famoso entorno del Real Madrid tú nunca has contado con muchos apoyos. Y eso que te apuntaste enseguida a clases de español para aprender pronto el idioma, porque si algo te sobra es aplicación, y diligencia, y esfuerzo de buena cuna alemana. Esa aplicación que los carroñeros del ecosistema no valoran, pero que te vuelve imprescindible en la mejor selección alemana de los últimos tiempos y en el mejor Real Madrid del último lustro. Ancelotti ya había encontrado el equilibrio anhelado sobre la base de tu generoso derroche y la compañía inteligente y creadora de Xabi y Modric. Pero esa presencia tuya tan imponente, a los ojos del entorno carroñero, se convierte paradójicamente en ausencia. Y así vemos cómo todos se entusiasman ahora buscándote sustituto en el medio campo, conjeturando cambios tácticos, reivindicando a sus cromos favoritos que no juegan todo lo que les gustaría quizá porque no hay otro que se sacrifique como tú.

Has venido a romperte los ligamentos en uno de esos bolos estúpidos que patrocina la FIFA del gran bufón, pero en los medios apenas se te ha concedido un duelo rácano. No diré que se alegraran de la noticia, pero yo los he visto volar ya en círculo sobre tu cuerpo doblado. Tú también los viste hace tiempo, y por eso te desahogaste en aquella entrevista que clamaba por un respeto imposible en esta selva.

Alemania te espera para el Mundial: allí no tienen dudas. Aquí tampoco las tiene el míster, que te había otorgado la importancia que mereces. Pero ahora pasarás seis meses fuera de la pradera, donde luchas y te reivindicas silenciosamente, y es posible que te asalte de nuevo la amargura. Por si te pasa eso, recuerda que también vive en la sabana un madridismo bien nacido que te querría escribir una carta de apoyo sin plazos ni preguntas, sin alternativas ni olvidos. Eres el guerrero masái de nuestro centro del campo. Y esperamos el retorno del guerrero.

Y ahora descansa, lee mejor un libro que la prensa y déjate cuidar por tu señora. Pronto te pondrás en pie y volverás a espantar a los buitres.

(La Lupa, Real Madrid TV, miércoles 20 de noviembre de 2013)

La locución aquí a partir del 23:15.

3 comentarios

Archivado bajo Real Madrid TV

Habla, memoria, que es 20-N

Se concluyó a tiempo el remozado del Congreso para conmemorar el ecuador exacto de legislatura, con los leones limpios rugiendo de frío bajo el dosel corintio de los capiteles sin andamios. Gobierno y oposición hicieron de la efeméride el eje de su defensa o de su ataque, lo cual ha de celebrarse como un avance histórico del parlamentarismo español, que en días como hoy, 20-N, habría podido entregarse a la retórica chicle del franquismo residual, donde toda impostura biográfica tiene su asiento y todo triste pretexto hace su habitación.

Tan solo Amaiur quiso traer al debate el sesgo siniestro de su particular memoria, preguntando al ministro de Justicia por la reparación de “todas” las víctimas, en concreto de Josu Muguruza y otros muertos suyos, con ese determinante tan insidioso que emboza una inmoralidad sangrante bien desmontada por Gallardón:

–Ustedes tratan de introducir una mentira en el debate: la equiparación de dos violencias. Son ustedes los que deben explicar por qué han amparado y disculpado medio siglo de terror perverso. No agravien más a las víctimas y pidan la disolución de esa bestia totalitaria que es ETA.

Bien es cierto que el diputado amaiurense explicitó un retórico respeto a los familiares de asesinados por ETA como Ernest Lluch, algo es algo aunque muy poco comparado con exigir de una vez la disolución del residuo mafioso del norte y colaborar con la Justicia en los muchos crímenes etarras aún por resolver. Y más cierto aún es que las víctimas de la banda tienen razones dolorosamente cotidianas para clamar contra un Gobierno bajo cuyo mando se está produciendo la suelta de terroristas más escalofriante de nuestra historia. Ahora que Fernández Díaz patrocina una nueva ley de orden público, debiera aplicarse la mordaza el primero antes de proferir boberías como esa asimilación de etarras a violadores que a su juicio prueba la derrota de ETA. Son las peras y las manzanas del cesto de Parot, y el ministro del Interior ejerce de Caperucita.

Leer más…

Deja un comentario

20 noviembre, 2013 · 18:14

El bolo evangélico de La Roja

Quizá se estén apresurando los medios occidentales al censurar la visita de La Roja, que te quiero roja, a Guinea Ecuatorial, donde mora un señor feudal negro llamado Teodoro Obiang. Cierto que a Guinea de Obiang no es precisamente la América de Kennedy, pero quizá la situación manifiestamente mejorable de los derechos humanos guineanos justifique mejor que cualquier tierra de libertades el viaje evangélico de la ‘Roja’.

Sabemos que el fútbol hoy es en primer lugar un depósito de valores educativos para niños ávidos de ejemplo y solo en segundo lugar un deporte de masas. Ya que la ‘Roja’ debe hacer bolos por el mundo para pasear su estrella mundialista y engordar las arcas del tinglado de Villar, digo yo que mejor que gire precisamente por los lugares más necesitados de su mensaje de ecumenismo y solidaridad. Villar no ingresará gran cosa de estas miserables tierras de misión, pero a cambio ganará un incalculable tesoro en el cielo.

Leer más…

Deja un comentario

18 noviembre, 2013 · 16:33

Madrid, rompeolas de todas las basuras

La Justicia en España no es ningún cachondeo sino un salón victoriano de caballeros que ponderan las virtudes del garantismo entre chupada y chupada a la pipa de ébano. Solo así se explica la premura exquisita en la aplicación del enjuague estrasburgués a los Dexter de la boina o la generosidad franciscana con el jefe de máquinas y el capitán del Prestige, que no en vano atiende por Apostolos. Tanto gritar nunca mais para acabar así y con Rajoy remontando en las encuestas. A veces, por debilidad, se deja uno llevar por esas gotas de sangre jacobina, pero en la calle y en el Twitter te engordan tanto la expectativa que la decepción termina resultando indefectible.

De todos modos, ahora que parecen sellados del todo los hilillos del caso Prestige en Galicia podría ser buen momento para retomar la protesta higiénica en Madrid, que no tendrá mar pero nada en chapapote. La mierda empieza a superar tal nivel que en National Geographic ya se plantean redimensionar la Meseta Central y elevarla a la categoría de cordillera. Entretanto, Ana Botella culpa a los líos privados que se traen concesionarias y sindicalistas, que han hecho de Madrid el teatro público de su agria polémica salarial. Botella, por lo menos, no se ha ido a Lisboa, algo es algo, pero modestamente opinamos que podría hacer más. Incluso podría aprovechar para irse a su casa.

Si usted quiere un aumento o pretende contener la rebaja salarial decretada por su jefe no se va a la Cibeles y defeca en la corona de la diosa. Pero eso es porque usted no tiene la suerte de pertenecer al gremio de los barrenderos sindicados, los cuales configuran el verdadero pilar de la democracia y no el periodismo, que de hecho esparce más que recoge.

Leer más…

Deja un comentario

14 noviembre, 2013 · 11:55