
Como emergió el Renacimiento de los siglos oscuros, así Benzema alzó la cabeza y voleó a la red cuando la tiniebla cubría las ideas y agarrotaba las piernas de todos sus compañeros. Sufría el Madrid sobrepasado por el Chelsea con insultante superioridad, aún más insultante teniendo en cuenta la traición en la Superliga de los modestos proletarios de Abramovich. Kanté y sus sicarios habían tendido alambre de espino por el centro del campo, anulando al trío más laureado del fútbol europeo como quien le recuerda al oído su verdadera edad a un galán maduro. Obligaban a Courtois a milagros que en Bélgica solo se ven en las cumbres del Eurogrupo cuando las peores recesiones.