Pedro I de Estocolmo

Cuentan que fue un pueblo ardiente que corría delante de los toros o los mataba con un trapo, una espada y dos cojones. Pero se odió tanto a sí mismo que hoy es un pueblo gélido, silente, sueco, que solo se permite un paréntesis de alborozo norcoreano cuando su presidente esboza un mohín de disgusto hacia su vicepresidente.

-¿Lo habéis visto, españoles? Ha torcido el gesto. Lo ha torcido, yo lo he visto. ¡La ruptura con Iglesias está más cerca!

Y en este comentario de comadrona maltratada que ama a su maltratador se resume la opinión publicada del país. El sanchismo es un patriarcado tan subliminalmente asumido que ya todos nos conducimos como víctimas marcadas a cintazos, suspirando por la leve caricia del humo de otra bomba de Iván Ivánovich para correr a los brazos nervudos de nuestro galán. De acuerdo, nos miente a la cara, nos chulea el bolsillo, hemos muerto de covid como muy pocos, nos arruinamos mejor que nadie. ¡Pero su progresismo es tan apuesto! Qué astucia, qué manejo del puñal, nada le altera, ni centenares de muertos al día ni un ERE en El Corte Inglés ni los pelos del moño en el Código Penal ni la calle en llamas. ¡Qué hombre! Y que no se queje la oposición: nuestro presidente afirma que en España los conservadores también tienen cabida. ¡Si incluso al tercer día condenó la violencia! ¿Qué más se puede pedir?

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1 marzo, 2021 · 9:59

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