Archivo mensual: enero 2018

Esperando a Moisés

15154453948689

Genio o villano y viceversa.

El Real Madrid es un equipo que no te prepara para la decepción. Hay otros que sí lo hacen, incluso con derramamiento poético. La épica del derrotado arraiga en zonas húmedas, pero el Madrid es de clima seco y se ha pasado toda la vida prometiendo secamente una sola cosa: la victoria. Ni juego bonito ni identidad castiza ni política narcisista: promete títulos. El año pasado cumplió con creces su promesa, pero nada hace pensar que 2018 vaya a parecerse mucho a 2017.

El madridismo mira a Zidane, se rasca la coronilla y al final prorrumpe en una opinión. El pipero irreformable, de natural amnésico, ya lo tiene claro: pregunta a voces quién es ese calvo afásico que se sienta en el banquillo del Real Madrid. El madridista oficial tiene su opinión, pero también tiene dudas y mira a los lados antes de pronunciar sentencia.

Leer más…

Deja un comentario

9 enero, 2018 · 11:14

Los Reyes son los niños

15151812570183

Ilusión.

Cuando uno es niño y llegan los Reyes, se pregunta por qué no pueden ser todos los días igual de maravillosos. Cuando uno es adulto y llegan los Reyes, se pregunta por qué no pueden ser todos los días igual de maravillosos. En el primer caso, uno es el inocente destinatario de la maravilla y no se plantea cómo ha sido posible. En el segundo, uno es el estratega de esa ilusión y no deja de maravillarse de la bendita ingenuidad de los niños ni de la excepcional cooperación de los adultos, capaces de urdir con minucioso celo un monumental engaño colectivo por un día. Cada 6 de enero celebramos la madre de todas las operaciones posverdaderas, una enorme mentira piadosa que contamos a los niños para recabar su alegría, del mismo modo que el político populista cuenta su trola al votante en la esperanza de recabar su voto.

Yo, que soy un empedernido buscador de transversalidad, he detectado en la infancia el gran valor transversal de nuestro tiempo. Todo el mundo está de acuerdo -cineastas, diputados, pedagogos, penalistas, locutores y monjas- en que la ilusión de un niño es sagrada. El propio Jesucristo pensaba así y, no siendo amigo de condenar a nadie, pormenorizó la pena apropiada a aquel que contamine el alma de un niño: «Más le valdría que le colgaran una piedra al cuello y lo arrojaran al mar». La sacralidad de la infancia atraviesa siglos. Y hoy, cuando presumimos de laicidad, el dogma no sólo no ha remitido, sino que se extiende a la adolescencia e invade la mayoría de edad. Pixelamos sus rostros. Vigilamos a sus profesores. Anticipamos sus traumas. Les privamos de sus tareas. Multamos a las televisiones que no observan el horario infantil. Y ampliamos la feliz irresponsabilidad del infante hasta que cada ciudadano se convence de que los derechos preexisten a los deberes.

Leer más…

El bueno (Juan Carlos I), el feo (Junqueras) y el malo (‘El Chicle’)

 

2 comentarios

6 enero, 2018 · 10:31