Contra Franco morimos mejor

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Bar para necrófilos.

La necrofilia española es un desorden colectivo de la afectividad que no tiene cura. El necrófilo se alimenta de muertos, del mismo modo que el Minotauro exigía carne paritaria -siete mozos y siete doncellas- para entretener el hambre en el laberinto. De la heroína hay quien ha salido, pero de la necrofilia aquí no sale nadie y la única solución es conllevarla, como el independentismo. Si cualquier toxicómano recurre a la metadona, el necrófilo debe acostumbrarse a tolerar excentricidades como la vida, el presente y el futuro en pequeñas dosis. Pero siempre está expuesto a una recaída majestuosa, la de ese dipsómano que atraca el minibar a la vuelta de una reunión de alcohólicos anónimos. El Valle de los Caídos es el gran minibar del más reincidente necrófilo ibérico, que es el antifranquista.

El necrófilo antifranquista es una criatura maravillosa, es decir, no opera con la realidad actual sino con el símbolo antiguo, la magia negra y el postureo tertuliano. No llegó a tiempo para luchar con éxito y algún valor contra el Franco vivo, culpa que lo atormenta y que trata de expiar luchando con denuedo contra el Franco muerto, para lo cual debe primero resucitarlo, siquiera en efigie. O en calcio seco, que es todo lo que debe de quedar en la fosa de Cuelgamuros. No se trata de exhumar a Franco, disparate que a nadie se le ocurre, sino de votar una proposición no de ley sin efectos vinculantes que inste a la conveniencia de la posibilidad de la hipótesis aconsejable de exhumar a Franco, que es distinto.

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El bueno (Patxi), el feo (Maza) y el malo (Franco) en La Linterna de COPE

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1 comentario

12 mayo, 2017 · 10:34

Una respuesta a “Contra Franco morimos mejor

  1. a donde voy tú no vendrás

    En el año 46 Evelyn Waugh consiguió escapar un rato del agobio laborista con motivo de un congreso que en éste país convocó Sor Intrépida. En ‘Scott Kings Modern Europe’ el protagonista contempla/goza de/con Simona -se admiten identificaciones- y deja su veredicto sobre el memorial que construía el ‘mariscal’: ‘una mastaba estatista que sólo se libraba de la insignificancia por su tamaño’. Cito de memoria, con lo que no garantizo el contenido, excepto, eso sí, lo de la insignficancia. Por cierto, el nombre del teólogo honrado era Bellorius, justamente el jurista consejero paduano de Porcia en ‘el mercader de Venecia’ , que inspirará el discurso de ésta con la referencia a la justicia que se alzará abrazando a la misericordia: ¿salmo 80? Waugh tenía visión

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