Archivo mensual: junio 2016

Catalonia way

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Urna ¿funeraria?

Cuando Wert habló de españolizar a los niños catalanes no sospechaba que acabaría pasando lo contrario. Que España, representada en el Congreso, devenido guardería, se catalanizaría hasta lo ingobernable. Porque el 26-J Podemos será segundo, forzando la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy, quien tras leoninas negociaciones logrará el apoyo de C’s. Leeremos entonces admirativas glosas a la inteligencia paciente de don Mariano, que ganó resistiendo y venció dividiendo. Sin embargo, al cabo de pocas semanas la legislatura se revelará inviable, porque la mayoría parlamentaria de izquierdas bloqueará cualquier proyecto de ley de cuño popular, al margen de su pertinencia y a mayor gloria del sectarismo carpetovetónico. Y entonces Rajoy, como antaño Mas y pronto Puigdemont, se verá obligado a convocar elecciones. Y se convocarán varias más porque nadie consentirá que la razón se imponga a la ambición.

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7 junio, 2016 · 11:35

Mucho corazón

Alberto-Garzon

Nueva política.

Hay que ponerse en la piel de Alberto Garzón. El tipo que te llevaba en coche a los debates funda su propia movida y acaba sacando 69 escaños en las elecciones; 67 más que tú. Se ha ciscado en el honor de tus siglas pero ahora necesita tus votos, y se los vas a dar, y lo sabes. Así que oficias el casamiento por lo civil, de penalti y sin invitar a los suegros Cayo y Gaspar, que no aprueban al pretendiente, pero a cambio te traes de Córdoba al yayo Julio, que está hecho un chaval porque de pronto ha regresado a 1977. Ahora bien, según avanza el magreo y cuando ya tienes la liga por bufanda haces un alto, te recolocas la faja y exiges una última señal de respeto a tu famosa virginidad ideológica: IU tendrá margen para su propia campaña. Que aquí descendemos de la santa pata de la Pasionaria y se va a notar.

Banderas tricolores, hoces y martillos cantan en los mítines del cambio transversal como una tarántula en un trozo de bizcocho. Y luego esos mensajes de desacomplejado comunismo, como si supieran lo que fue.

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6 junio, 2016 · 12:06

El Prometeo negro

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Un hombre siempre se levanta.

Hace ya mucho que la muerte besó la lona, noqueado por el mito. Y hace menos que su memoria personal, destruida por el Parkinson, fue fiada a la memoria colectiva, la que alza monumentos a sus inmortales. ¿De quién es Muhammad Ali? ¿A quién pertenece su leyenda? ¿A los negros, al boxeo, al pop, a las voces de la contracultura? No hay identidad que pueda reclamarlo en exclusiva porque Ali es orgullo de una raza más amplia: la de los hombres libres.

Nunca supo el ladrón que le robó la bicicleta a los 12 años el inmenso favor que nos hizo. El fuego ya ardía en él, una rabia indefinida y cósmica que el policía que atendió su denuncia supo encauzar por el aliviadero reglamentario: un gimnasio de boxeo. Allí aprendió Clay no ya a defenderse, sino a ofender de palabra y de obra. Creció guapo e ingenioso, ordenando con criterios apolíneos cien kilos de músculo y varias toneladas de egolatría que sólo unas piernas hechas para el claqué podían desplazar con tanta gracia. Golpear y ser golpeado le parecía una ordinariez, así que perfeccionó su propio estilo: el baile ingrávido, la esquiva elástica y ese jab larguísimo que ejecutaba girando sutilmente el guante al impactar, para cortar la piel de su adversario. La lengua de la serpiente. El picotazo de la abeja cuando deja de zumbar.

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5 junio, 2016 · 13:58

Tecnócratas y telécratas

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Tecnócrata sobre paisaje.

UN ministro de Hacienda me dijo una vez una frase que todavía no había difundido:

-La vida me ha enseñado que cuando los números salen, la política lo estropea todo.

Esta línea de mármol de Cristóbal Montoro resume una concepción del poder a la que llamamos tecnocracia. El tecnócrata es un político resabiado y de ciencias que ocupa el cargo sabiendo que no manda en absoluto, sino que se debe a instancias superiores, no necesariamente humanas, cuyas órdenes vienen cifradas en tablas de Excel y cuya utopía se mide por décimas de distancia al objetivo de déficit. El tecnócrata lleva fama de austero y concede escaso crédito al papel político de la oratoria, pues no entiende que un plató o un mitin puedan alcanzar nunca el grado de persuasión logrado por una llamada de Bruselas. El tecnócrata atraviesa por episodios de humanidad en los que se figura niños risueños o esposas esperanzadas: los seres reales que sostienen las cifras de empleo. Y cuando el tecnócrata empezaba a emocionarse, recuerda de súbito la sanción que pende sobre su último balance. Entonces el tecnócrata, que sabe que solo la eficiencia le justifica ante un pueblo sentimental y exasperado, recuerda el relajamiento contable aconsejado por un año electoral y repite entre dientes: «Cuando las cuentas comienzan a cuadrar, llega la política y lo jode todo».

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3 junio, 2016 · 12:53

Entrevista para Nido de ratones

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Lector ya con barba.

La editoria y sin embargo amiga Paula F. Bobadilla me hace esta entrevista de original ángulo: cómo era el niño lector que yo fui. Ha sido un placer recordar aquellas horas de solitaria felicidad pueril que ahora me roba una adultez de tertuliano:

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Uno de ellos recuerdo que era El ponche de los deseos, de Michael Ende. Que contenía la famosa fórmula y la palabra más larga que aprendí de niño: “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”. También los de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro, junto con los de Fray Perico y el Pirata Garrapata.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Me gustaban los álbumes de tapas duras con historias medio góticas, recuerdo uno de dinosaurios que desgasté. Una Biblia juvenil ilustrada que pintaba unas caras de odio egipcio o cainita impresionantes. Y Mortadelo: de Mortadelo acumulamos mis hermanos y yo una colección de metro y pico puestos de canto, y me los memorizaba.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Yo era un niño estajanovista de la lectura. Cogía la colección de Barco de Vapor, serie blanca, naranja, azul y roja, y todos en fila, para adentro. O la de El roble centenario. O Gran Angular. O Alfaguara. Los cinco, algunas de Guillermo, los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Pasaba horas y horas en la biblioteca de mi pueblo y en la del colegio. Una cosa bastante repelente, supongo.

¿Leía a escondidas? 

Leía en mi cuarto, en el recreo, en la piscina. Básicamente comía y leía. Luego aprendí a jugar al fútbol y equilibré algo mi carrerón de sociópata pedantuelo. En el cole empezaba a ser una leyenda.

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Esta semana, al hilo de la Undécima, fútbol y literatura en el Parnasillo de COPE

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2 junio, 2016 · 11:20