La vigorexia otoñal del aznarismo

El aznarismo es un ismo correoso que se resiste a morir. No hay imagen más elocuente del aznarismo que aquellos abdominales extemporáneos de su fundador en la playa, musculado contra natura en un anacronismo pectoral que lo es también político. No era aquella una musculatura juvenil sino casi atemporal, como la de un elfo maduro. Aquel tegumento de piel se atirantaba no sobre el músculo sino sobre la determinación implacable de un espíritu. La vigorexia de Aznar –y esto creo que no se ha entendido bien, y por eso se le buscaban francesas a lo Hollande o becarias a lo Clinton– era de naturaleza espiritual, lo cual le ha obligado no a mantenerse en forma durante su mandato, que también, sino sobre todo a seguir entrenándose después como conciencia de la nación, ejercicio mucho más exigente que el mero gobierno.

El aznarismo que hoy se revuelve contra el PP de Rajoy invoca principios traicionados como los había invocado Fraga contra el pragmatismo de la UCD, pero al final Fraga se reveló como un político Dorian Gray que dejaba al franquista pudriéndose en el desván pero que en la escena achicaba espacio ideológico al BNG. Si Fraga crecía en progresismo a medida que no podía andar, Aznar se ha medievalizado a golpe de abdominales. Quiero decir que en política los principios no se invocan para reformar a la sociedad sino para desprestigiar a tus rivales, preferiblemente a tus compañeros de partido. Se invocan para pisar moqueta y una vez allí levantar una esquinita y meter debajo la voz de la conciencia. Luego se va o se le echa a uno de la moqueta y los principios reaparecen como por ensalmo, y uno acaba dando lecciones de vigorexia espiritual en platós y en presentaciones de libros.

Pero Aznar no siempre fue su propia caricatura derechista. Aznar llegó a ser liberal, llegó a ser centrista y a la vez periférico de catalán en la intimidad. Ni derogó la ley del aborto socialista ni recentralizó las competencias autonómicas: antes bien las llevó más lejos que nadie con tal de gobernar. Aznar sacrificó a Vidal-Quadras, aunque ahora los meten en el mismo saco antimarianista. Aznar desechó a Mayor porque no quería un PP democristiano y desechó a Rato porque no quería un PP pijo. Aznar purgó a toda figura heredada de Alianza Popular en mucho menos tiempo del que ha tardado Rajoy en hacer lo propio con el aznarismo, en aplicación escrupulosa del ciclo de la vida y la santa ley de la selva política. Así que menos fascismo, caperucita.

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1 comentario

30 enero, 2014 · 13:15

Una respuesta a “La vigorexia otoñal del aznarismo

  1. Ruiz Capilla

    Estimado:

    “Aznar llegó a ser liberal”. Cinco “W” Una “H”.

    Sí es cierto que con Aznar fuimos Márquez; batuta de Dudamel. ¿Y ahora? ¿Qué somos ahora?

    Abrazos.

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