Rajoy logra revertir el cambio climático

Pocas horas después de que Rajoy abandonara París, unos meteorólogos franceses van y afirman que no va a haber verano. Todo lo que toca Rajoy o es tocado por él se enfría irremisiblemente, incluyendo el hemisferio norte o el entrañable cainismo español, según pudo uno atestiguar para este medio en la última sesión de control al Gobierno, cuando fue el presidente el que controló de tal forma a la oposición que se fundió con ella en amoroso abrazo, y en cualquier momento sale de ahí un Pacto de La Moncloa rubiasco y sonrosado. Claro que para que se consume ese clima de “gran acuerdo” que deshoja Rubalcaba ha de contarse con el visto bueno de Ana Mato, quien seguramente encuentre la relación no del todo consentida y en todo caso excesivamente prematura.

El clima está frío y no hay modo de que lo calienten las noticias críticas con el Gobierno, que se airean en la prensa y se maceran en las tertulias mediante la enfebrecida gimnasia de la diatriba, y es que a don Mariano no parece quererle nadie excepto Soraya y yo, que no le voté pero admiro la manera mecánica en que disgusta a todo el mundo sin ganar un kilo ni criar una cana. El entusiasmo me durará hasta que una epifánica mañana me salude en el Congreso y compruebe con decepción que su frialdad se derrite en la cercanía.

Lo que quiero decir es que no se les puede reprochar a los medios que no estén poniendo toda la leña de la detracción en la estufa del descontento, sin que en La Moncloa suba un solo grado la temperatura y, ya puestos, tampoco en el mapa del tiempo. La culpa científica de este frío extemporáneo y escasamente primaveral la ha tenido el anticiclón de las Azores según dicen los colegas de Roberto Brasero, poético hombre del tiempo que con los partes meteorológicos arma verdaderos dramas shakesperianos y que viene a ser el reverso luminoso y vocacional de José Antonio Maldonado, a quien siempre imaginamos embaulándose un chupito de Jägermeister y carraspeando segundos antes de entrar en directo. Ahora bien, no hay que confundir el anticiclón de las Azores con el trío de las Azores, aunque lo cierto es que en ambos casos se trata de contravenir por aire o por tierra el orden mundial, o al menos el atlántico.

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3 junio, 2013 · 14:45

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