Juan de Ávalos y los malos tiempos para la épica

Franco le pagó 300.000 pesetas por su trabajo escultórico en el Valle de los Caídos, y aunque Juan de Ávalos era republicano y socialista de carné –el número 7 de la agrupación de Mérida, en concreto–, aceptando este encargo engrosaba sin saberlo el panteón simbólico de tantos abeles ejecutados en la desmemoria de esta España machadiana por donde cruza errante la sombra de Caín; y cuando ha terminado de cruzar en un sentido, da media vuelta y cruza en sentido contrario. Y así pasamos los siglos.

Confiaría Ávalos –como cualquier artista español que eligió no exiliarse entre 1939 y 1975– en que la posteridad le juzgara exclusivamente por el talento demostrado en su obra y menos por el más célebre de sus clientes, pero aún es muy pronto para que se le haga esa justicia. Hoy, a los ojos astigmáticos del establishment cultural sigue siendo el escultor del mausoleo franquista cuya notable Piedad se derrumba grano a grano merced al pánico rector del político contemporáneo, de uno u otro signo: el pánico a que le llamen fascista si acuerda una partida presupuestaria para restaurar la obra que corona la fachada de la Basílica del Valle de los Caídos.

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21 mayo, 2013 · 14:22

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