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Berlín, o la dura conquista de la armonía

El bloguero ante el Muro. East Side Gallery, Berlín oriental.

El bloguero ante el Muro. East Side Gallery, Berlín oriental.

Se regresa de descubrir Berlín con las categorías temblando, sin una comprensión clara de lo que significa esta ciudad-trauma; esta ciudad-fénix, también. La medida de la barbarie es tan desproporcionada allí como la de su resurrección. Ante el exceso ininteligible de lo alemán uno debería enmudecer, experimentando el temor y el temblor por las calles donde la Historia desfiló con la bota más pesada que holló sitio alguno del planeta. Qué huellas más hondas ha dejado y qué bien han florecido las hojas de hierba, una y otra vez, sobre ellas.

Por su rara, sibarítica afición a las guerras mundiales, Berlín es una ciudad amputada y sin embargo colosal. Es, disolviendo la paradoja, un monumento a la ausencia. Cada enorme avenida y cada edificio de modernísima factura le evoca por contraste al viajero el rasero geológico que marcaron las bombas, medio millón de toneladas arrojadas durante la II Guerra Mundial. Calculen ustedes eso. No es extraño que cada mes se encuentre otro artefacto aliado sin explosionar, que por eso los alemanes prefieran construir el metro en paso elevado y que una berlinesa vieja, cuando ve salir de una estación cualquiera del suburbano a una partida de turistas que contrató el tour de los refugios nucleares, le cuente con toda naturalidad al nieto que detrás de esas paredes nació su abuelo, en alguna de las 365 noches que durante tres años de bombardeos los berlineses pasaban en el búnker cuando ululaba la sirena al atardecer.

Recorriendo atónito Berlín por unos días he creído sin embargo intuir el oxímoron fundamental que la define. La vieja capital de Prusia es una ciudad que ama el orden por razones genéticas y que al mismo tiempo protege hoy la libertad de sus residentes por traumático imperativo de la experiencia. ¿Tiene reparación el Holocausto? Yo no me atrevo a responder a esa pregunta que ha mareado a los mayores filósofos y poetas del siglo XX, pero digo que el Berlín contemporáneo asumió la culpa sin excusarse, y eso no está al alcance de otras culturas precipitadas por el sumidero del horror. Durante décadas, desde el fondo de su arrasador sentimiento de culpa, los berlineses han ido erigiendo el mayor búnker de todos contra las bombas del negacionismo, el relativismo, el olvido, el sutil pretexto historicista o económico y la mera ignorancia de las nuevas generaciones. El Monumento al Holocausto cerca de la Puerta de Brandeburgo es lo más parecido a la expiación religiosa que pueda lograr un Estado laico, una ética universal, una moral democrática, si eso existe. Y es solo uno de tantos recordatorios urbanos con los que el alemán enseña penitencialmente la cicatriz de su alma culpable al turista. Todo berlinés registra la noción más extrema de la responsabilidad colectiva con el despertar de su uso de razón, y parte de ahí para fundar el único concepto válido –trabajoso, vigilante, exigente– de ciudadanía.

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22 mayo, 2014 · 17:39

De ratones y hombres

Soraya acusa. La Zola del PSOE.

Soraya acusa. La Zola del PSOE.

“La sesión de hoy ha sido interesantísima. Yo no pude hacerme cargo de nada, pero esto no desvirtúa el alto interés de la sesión. Si únicamente fuese interesante aquello que uno comprende, el decir de alguna cosa que tiene interés sería un acto de pedantería. Yo no sé nada de Marina, de Administración local, de reforma electoral, ni de reorganización económica; apenas si sé lo que es una elipsis, un participio y una sinécdoque. Y sin embargo sería quimérico sostener que una sinécdoque interesa más al país que la cuestión de las cédulas personales, sobre las que han disertado hoy los señores Nougués, Corominas y Osma”.

Así empezaba una crónica parlamentaria de 1907 un Julio Camba de 22 años, recogida en el imprescindible volumen que acaba de publicar la editorial Pepitas de Calabaza. Desde entonces hasta hoy no han cobrado mucho más interés las sesiones de control que las sinécdoques, y ambas desde luego le ocupan al país bastante menos que las finales de Champions y las reediciones de Puerto Hurraco pasadas por los Panero. Por cierto que cuanto más averiguas sobre el crimen de León, menos te impresiona el tenebrismo de la novelística sueca.

Pero esta mañana en las Cortes no se hablaba del asesinato de Isabel Carrasco sino en los pasillos, pues en la tribuna de oradores estaba Rosa Díez reprochando a Rajoy que coarte la libertad de prensa en este país, para lo cual tiró de un informe que nos coloca en el puesto 52 del asunto, ligeramente mejor que la Italia de don Silvio. Era una interpelación tribunera, cierto, dirigida a masajear el lomo molido de los medios, donde Díez tiene más aliados que entre la clase política. El problema de UPyD se llama bipartidismo y su mala salud de hierro, y se llama industria periodística y sus tambaleantes pies de barro. Rajoy conoce perfectamente –no diré que celebra– el proceso de mascotización de la prensa, empujada por su ruina a la adulación mendicante, pero opta por la reducción a Perogrullo, una de sus estrategias favoritas:

–Es usted muy injusta con España. Aquí hay libertad de expresión recogida por la Constitución. En España hay más canales, medios y radios que en ningún sitio. Le recomiendo que sea usted más ecuánime.
–Yo más ecuánime, y usted más sincero. No confunda cantidad con calidad ni con libertad. Aquí hay prensa pública y prensa concertada. Así no hay democracia –ha replicado Díez, que buena es ella como para no replicar.

Exagera usted, ha zanjado al final Rajoy: solo tiene que ver cómo aquí todo el mundo dice lo que quiere sobre los temas más diversos. (Y eso es verdad; otra cosa, es que se cobre por ello.) No puedo compartir su juicio a toda luz hiperbólico, señoría. Y se ha sentado con calma, sin necesidad de mirar antes el asiento del escaño por si había alguna cabeza de director de periódico. El problema no es que el Gobierno censure, sino que no ayude como antaño, dejando a los medios terriblemente solos ante su esquivo público de pícaros y piratas. Este espinoso debate lo recuperaría más tarde un diputado del PSOE que acusó al ministro Soria de restringir la oferta televisiva a voluntad en virtud del cierre de nueve canales de la TDT. Soria vio bajar la bola lentamente, subió trotando a la red y ejecutó la volea previsible:

–En 2010 se hizo una adjudicación sin concurso previo. Una empresa recurrió. Y el Supremo sentenció.

Y este gabinete no llorará por ello, le faltó apostillar.

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14 mayo, 2014 · 15:27

El fastidio de ganar la Liga

Intensidad vs. tranquilidad.

Intensidad vs. equilibrio.

Hacia 1934 corría por Berlín un chiste –aún corrían chistes– que imaginaba el Purgatorio del verborreico Goebbels como una habitación llena de altavoces pero sin micrófono, y el Purgatorio del vanidoso Goering como una habitación llena de armarios con flamantes uniformes… pero sin espejo. El Purgatorio del Real Madrid es el final de una Liga que el propio castigado se empeñó en tirar por la borda y que luego la marea le devolvía tentadoramente a la línea de boyas cercana a la orilla, invitándole a que nadara a su encuentro; pero el Madrid, en este desenlace bufo, siempre se ha metido en el agua a nadar y a guardar la ropa, hasta que en Vigo se le acabaron definitivamente las ganas de seguir braceando. El resultado es que la Liga menos cotizada de la última década, la que menos trabajo le habría costado ganar, se la ha entregado al Barça o al Atleti con arbitrariedad feudal.

Todos los hilos argumentales de Juego de Tronos se anudan en la ambición por el trono de hierro: se da por supuesto que los jefes tribales desean tanto sentarse en él que se prestarán al incesto, el asesinato, la guerra, el empalamiento, el lenguaje ditirámbico y otros sucesos execrables y vistosos que tan bien le sientan al drama. Lo shakespeariano presupone la querencia de poder: ahí no cabe el lujo intelectual del euroescéptico. ¿Qué pasaría si de pronto los clanes fueran seducidos por el ensimismamiento narciso, por la poesía erótica, por los dulces trabajos del campo y las indiscutibles ventajas del comercio? A tomar por el culo el drama, claro. Ya no habría necesidad de pelear, ni tampoco de piratear series de la HBO o partidos de fútbol.

Esta Liga no ha tenido drama ninguno porque ha sido escasamente deseada. La han tirado sucesivamente el Barça, el Atleti y el Madrid. El problema es que no la tiraron suficientemente lejos y además que, al tirarla también los competidores, el título acababa refluyendo mansamente al alcance de las manos, lo que ante la afición comportaba la tediosa obligación de disputarlo.

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11 mayo, 2014 · 23:55

A buen juez, mejor testigo

El hombre tras su utopía.

El hombre tras su utopía.

No perdió la Liga el Real contra el Valladolid sino contra el Sevilla, y la esperanza numérica facilitada por la derrota del Atleti ante el Levante se reveló finalmente el espejismo romántico del que Pucela solo fue buen juez y mejor testigo, en título de su José Zorrilla. El triplete deberá esperar a otra glaciación más blanca, pero el reto siempre fue la Décima y ahí no queremos ver un partido tan ruinoso como el que se vio en la ciudad de Soraya, khaleesi de España.

Debutaba Iker en Liga pero su flor no da como para abrirse al sol de mayo en tres competiciones. Bastará con la floración copera y la lisboeta, y aun sobrará. El mal fario se reveló pronto con la lesión de Cristiano (temor y temblor) y el concurso clown de Morata, que dirigió todas sus ocasiones al muñeco –cuando no se tropezaba– con entrañable, científica frecuencia. Ver a Cristiano desesperarse en la caseta es como calibrar la mirada de un eunuco al paso de Eva Mendes. Cuánta impotencia del Madrid y qué otra imagen esperamos en Lisboa.

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8 mayo, 2014 · 12:30

¿Cuándo se recuperó el Perú?

Soledad de corredor de fondo... o de sprinter prematuro.

Soledad de corredor de fondo… o de sprinter prematuro.

En los pasillos del Congreso ya no se habla de otra cosa que de fútbol. En la redacción de Radio Nacional, por citar otro lugar noble que piso con alguna frecuencia, tampoco. En el Carrefour circulan las apuestas deportivas entre los esforzados reponedores. Incluso en mi comunidad de vecinos la conversación futbolera ha dejado de ser una coartada de ascensor para convertirse en objetivo deliberado y punto de orden del día. Se rumorea incluso que se habla de fútbol en el despacho de Florentino Pérez, donde pensábamos que solo se ponían y quitaban fiscales. Los periodistas parlamentarios, los jefes de gabinete, hasta los diputados de CiU hablaban esta mañana del partido de Lisboa, donde no se les ha perdido nada desde cuartos de final.

Uno se preparaba hoy para reconocer fervores electorales bullendo por la oratoria de los portavoces, pero la sesión no pudo cursar con mayor atonía y puntuales picos de decibelios populistas o contestatarios. Cuando llegamos a la tribuna de prensa, Rajoy le estaba recordando a Coscubiela que él no ha congelado las pensiones como otros. Es un recordatorio tan recurrente en el repertorio de Rajoy –van cuatro erres por cuatro sustantivos: aliteración– que se diría que no las congeló exclusivamente para poder recordarlo luego. Añadió en tono catequético, satisfecho sin euforia, que Europa nos vaticina un crecimiento del 1,1% este año y del 2,1% el que viene, que será más de lo que crezca la mismísima Alemania. Y aseguró que terminará este mandato con menos parados de los que encontró. Veremos, pero don Mariano no es hombre que aventure pronósticos con la ligereza Champions League de su antecesor. De hecho las previsiones del Gobierno son peores que las de la euroburocracia, pues si hay una estrategia eficaz para sacarles burbujas a los mercados es la del cenizo impostado, de cuyo casandrismo venga luego a rescatarte, jubiloso, el sanedrín de Bruselas.

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7 mayo, 2014 · 18:37

Es la intensidad, estúpidos

CR inventando un nuevo género en el gol.

CR inventando un nuevo género en el gol.

Por puro automatismo, como suele tras una ardua temporada laboral, se puso Madrid en carretera metafórica hacia el litoral más cercano para bañarse pensando que podía a la vez guardar la ropa. Pero es sabido que no se puede. Atleti contra Levante y Real contra Valencia padecieron la descompresión inoportuna del esfuerzo europeo y quizá también pensaron que la playa era suya, máxime cuando el Barça había desistido hasta oficialmente ante el Getafe, su entrenador mostrando el billete para Buenos Aires en rueda de prensa. Es la intensidad, estúpidos. Quedó una jornada como para que analice sus causas el olfato esotérico de Iker Jiménez y sus consecuencias el genio ajedrecista de Magnus Carlsen.

Ahora parece que el Valencia hizo un partidazo, pero la pura verdad es que el Madrid no salió como contra el Bayern, precisamente. Todo comenzó, con gran sentido anticipatorio, con un minuto de silencio muy llorado por Carvajal, de los pocos que se salvan en el partido del Madrid. El minuto de silencio va siendo ya tan reglamentario como la comprobación arbitral de las redes, y no nos parece mal añadir alguna gravedad a un juego a veces tan tonto. En la alineación brilló también Varane, devolviéndonos esa inteligencia atrás, esa sobria eficacia que nos enamoró, hasta que estropeó el amor en el primer gol. El famoso equilibrio encontró serios contrapesos en Marcelo, Illarra, Isco y Di María. Cuatro jugadores, cuatro –salvo el vasquito, del que todavía se espera la justificación de su fichaje y al que desde ayer ya se piensa acaso en colocar al Eíbar; como para ser titular de la Décima–, ya testados dermatológicamente que sin embargo anoche resultaron tóxicos al contacto con el sueño del triplete, que se ponía a tiro. Arriba, la BBC; en principio nada podía salir mal en el Bernabéu.

De pronto, casi sin quererlo, Cristiano hizo una pared cantada con Bale y se plantó solo ante Diego Alves: tiró al muñeco. Aquella jugada resumió el partido. Cristiano tirando y Alves repeliendo con una indefectibilidad como de videojuego de los noventa. Fue el día de dos guardametas que no necesitan el título de mejor-portero-de-nada para serlo con descaro: Keylor Navas y Diego Alves. Vio el Madrid de todos modos que llegaba con parsimoniosa facilidad al área y decidió que el gol vendría por añadidura, como el diezmo del señor. Llegaba la BBC ante Alves como las olas blandas de la Malvarrosa, sin furia y sin sorpresa, y allí no mojaba nadie. Solo Bale parecía realmente interesado en abrir el marcador; hubo un momento en que se obsesionó con el tacón y se puso a regatear de tacón como si lo fueran a prohibir. Provocó primero un córner que Ramos remató alto, avisando de lo que llegaría, y después desde la pura línea lanzó una pedrada a la frente de Karim, que tampoco es Goliath. A los 8 minutos Cristiano había gozado de tres ocasiones. El partido parecía de pretemporada, que es lo más parecido a la postemporada esta de relajo prematuro y pescao vendido.

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5 mayo, 2014 · 11:55

Diario de un estudiante. París 1914

Gaziel: estilo y mirada.

Gaziel: estilo y mirada.

La feliz recuperación editorial de la obra periodística que dejó Agustí Calvet “Gaziel” (Gerona,1887-Barcelona, 1964) nos persuade de incorporarlo de pleno derecho al panteón de los inmortales del oficio a la vera de Camba, Chaves Nogales o Pla, quien confesó la influencia que sobre su vocación y estilo ejerció el primero de los libros que reseñamos aquí. Al estudiante Calvet, 26 años, doctor en Filosofía y promesa del noucentisme -movimiento pródigo en talentos de un moderado catalanismo, sensibilidad clásica y exquisita cultura- la Gran Guerra le pilla en París ampliando estudios en una pensión balzaquiana y cosmopolita, cuyo pathos microcósmico funciona como reflejo fidelísimo del desconcierto mundial. Sin propósito definido pero consciente de la gravedad histórica tanto como de su don excepcional para la observación, el futuro periodista Gaziel comienza a registrar en un cuaderno íntimo la primera reacción del pueblo parisino a la declaración de guerra: su vertiginoso paso de la incertidumbre al miedo, de la hospitalidad a la xenofobia, del pacifismo sincero al heroísmo marcial, del rancio clasismo a la emocionante solidaridad frente al enemigo prusiano común que avanza salvajemente hacia París. Todo ello sostenido escrupulosamente por hechos que no necesitan de la cercanía al frente para condensar una dramática elocuencia.

El Diario abarca solo el primer mes de guerra, aquel agosto del 14, pero por su intensidad narrativa, por su capacidad nabokoviana para el detalle, por la grandeza ética de su tono humanista, por el fraseo pulcro y rico de su prosa, por todo esto aquel inopinado debut constituyó no solo la obra maestra de su autor sino también uno de los grandes libros de la historia del periodismo español. El entonces director de La Vanguardia, Miquel dels Sants Oliver, demostró buen ojo cuando el estudiante se repatrió a Barcelona y le mostró aquellas notas; Oliver le pidió que las reelaborara para su publicación por entregas en el periódico y el éxito fue fulminante, decidiendo para los restos la vocación de Calvet, que iba más bien para otro Eugenio d’Ors. Lo cual prueba una vez más que el gran periodismo no requiere tanto una titulación como una mirada y un estilo.

La escritura de Gaziel es un venero de seny mediterráneo -de sentimiento inequívocamente español, por cierto- que reivindica la racionalidad y el orden siempre amenazados por la fragilidad de “esta capa tan tenue, convencional y quebradiza que llamamos civilización cristiana”. Conmueve su diario de guerra porque, sin llegar a la visceralidad de una Anna Frank, cada entrada combina el rigor del intelectual, capaz de cuestionar por ejemplo la propaganda triunfalista de la prensa francesa, con una estampa moral de hidalgo, llevándonos del franco humor a la tragedia pasando siempre por la piedad, erigida en alegato contra la locura fratricida de Europa. Gaziel no fabula jamás, y busca fuentes directas o indirectas con intrepidez, pero asimismo selecciona muy bien lo que quiere contar, calibra la potencia simbólica de la anécdota adecuadamente presentada y tampoco se priva de la conjetura política, la nota lírica o la reflexión filosófica; eso es lo que le convierte en un gigante de la crónica personal.

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1 mayo, 2014 · 9:07

Roma vincit

El centauro de Camas.

El centauro de Camas.

En el año 2767 desde la fundación de Roma, que equivale al 2014 del calendario gregoriano, el capricho de los dioses encomendó al Real Madrid la ardua misión de arrasar Germania. Debía vencer donde la historia le había humillado. Eliminar a los esquivos mineros del Schalke, a los jóvenes orgullosos de Dortmund. Y en una noche primaveral del mes cuarto, con todos los elementos en contra, la horda bárbara perfectamente alineada, la mofa de los conspiradores ya secándose en amarillento pergamino a la espera de ser difundida, el equipo blanco llevó a término su misión reduciendo a escombros los cimientos de Baviera, con ayuda de Marte, guiado por la cegadora astucia de Carlo Ancelotti, fecundo en ardides, y los poderosos muslos de un hispano y un lusitano, de tremolantes penachos, queridos por los dioses.

No hay palabras en la ancha paleta de las musas para describir la gloria de los vencedores ni el pesar de los vencidos, en especial el pesar de su primus inter pares: Pep Guardiola, de torva mirada y lengua silbante. La batalla comenzó como se esperaba, pero terminó antes de tiempo. El esquema de Ancelotti era tan previsible como eficaz: 4-4-2 en defensa que se desplegaba en fulminante 4-3-3 cuando el Madrid robaba y lanzaba el ataque. La principal novedad la representaba el trabajo defensivo de Bale, que corría hacia atrás sin reparo para ayudar a Carvajal a secar a Ribery, interpretando a la perfección el plan del mando: los atacantes defienden, los defensores atacan. Nada más y nada menos bordó el Madrid en una primera parte homérica que obró el milagro de un ninguneo histórico al Bayern en su campo.

Sabemos que, llegados hasta aquí, sin Décima no habrá paraíso ni memoria. Pero valdría la pena recordar siempre el modo en que el Real Madrid de Carlo Ancelotti se ensañó con la potencia muniquesa del filósofo Guardiola, cuyo dogma de la santa posesión queda tan seriamente revisado en Europa como el geocentrismo. Veremos si no es Beckenbauer el primero en prender la tea del sacrificio expiatorio, la quema del heresiarca.

El Bayern no tejió su rondo como en la ida. El partido nació a brincos, a cabezazos, a desconexiones nerviosas. Carlo y Pep ya estaban de pie en el minuto dos para tratar de atajar semejante espectáculo, tan indigno de una legión romana como de una horda bárbara con estudios. Enseguida Di María quiso emular la de Coentrao en el Bernabéu y sacó un centro desde la banda al que esta vez no llegó Karim. Bale voleó luego muy alto un rechace de Neuer que anunciaba cosas raras, inversiones de hegemonía, fallas paradigmáticas: un gol en Múnich. Y el gol no tardó, pasados unos rifirrafes pueriles entre Ribery, Carvajal y Pepe que evidenciaban tanta ansiedad alemana como picaresca madridista. Recupera el Madrid, Cristiano toca de espuela, Benzema controla en la frontal, se la roban y es córner. Modric al lanzamiento. Coloca el balón en la curva fantasmal donde se aparecen los muertos. Y ahí estaba Ramos, agazapado. Se elevó con toda su raza, aplicando lo ensayado ante Osasuna, y la puso tan lejos de Neuer que todo pareció hecho. El sagitario de Camas inauguraba su noche colonial, insomnio de los niños bávaros que soñarán con la criatura mitológica que hundía imperios a cabezazos.

Los alemanes acusaron el golpe. Empezaron a pegar. Plantillazo escalofriante a Cristiano de Dante (faltaban Virgilio y Beatriz), signo elocuente de frustración. Ni siquiera tuvieron tiempo de hacer muchas más faltas. Di María cuelga otra falta al área y Ramos avanza el rostro con determinación caníbal. Segundo gol. El relincho del centauro apaga las gargantas. ¿No era este el que tiró aquel penalti hace dos años? Sí era, sí.

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30 abril, 2014 · 1:47