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El récord de Ramos

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Recordman.

El capitán del Real Madrid es el jugador más expulsado de la historia de la Liga y los madridistas haríamos bien en celebrarlo, porque no estamos ahora mismo para discriminar motivos de orgullo. Un récord es un récord y el Madrid ha de tenerlos todos, también el de tarjetas rojas. Sergio Ramos es un hombre temperamental pero no se le expulsa por eso, del mismo modo que a los Jordis no se les encarcela por sus ideas: en democracia, tanto a los Jordis como a Ramos se les castiga por sus actos, que suelen guardar alguna relación con la violencia. En ambos casos la reiteración delictiva condiciona decisivamente la decisión arbitral, aunque no es lo mismo saltar con los codos desplegados que desplegar un asalto unilateral a la Constitución. Lo que quiero decir es que la máscara de Ramos ya debería haber sido depositada con cuidado junto a las 12 orejonas en las vitrinas del club. Es carne de selfie japonés.

Dicho lo cual. Reconozco que cuando el árbitro pitó el final del partido contra el Athletic experimenté unos instantes de frustración. ¿Por qué el ataque del Madrid se ha vuelto tan previsible? ¿Por qué lo previsible es que el Madrid no marque un solo gol, materia prima que ya se cotiza en Chamartín a precio de coltán? ¿Por qué las bandas se han vuelto romas y el medio progresa a oscuras? ¿No le sobrará a doña Carmena un concejal de movilidad que alinee al Real Madrid en formación unidireccional, de modo que las rotaciones no obstruyan el camino hacia la portería contraria? Son preguntas pertinentes que parecen prepararnos para una Navidad dickensiana, rica en privaciones y pobre en alegrías.

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5 diciembre, 2017 · 10:32

Muerte de un supremacista

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El fin coherente de un fanático.

No me quito de la cabeza el chupito de la muerte de Slobodan Praljak. Un general anciano recibe en pie la noticia de su condena y decide expresar su rechazo del modo más categórico entre los posibles. Ciertamente, Praljak era un hombre familiarizado con la muerte. La administró sin escrúpulo en Bosnia, de donde trató erradicar la presencia musulmana con instrucciones diáfanas a sus soldados antes de salir de caza: «No mostréis compasión por nadie». No la mostraron. ¿Pero la mostró él consigo mismo ante el tribunal de La Haya? ¿Es su suicidio un acto de cobardía o de valor?

Sobre todo fue un acto de suprema vanidad. O de vanidoso supremacismo. Otros criminales balcánicos se suicidaron discretamente en sus celdas, pero no en vano Praljak había sido cineasta y profesor de filosofía. Quizá pretendía proyectarse a la posteridad como Sócrates posmoderno, tomando la cicuta en televisión, consciente de que no podía torcer la razón legal pero sí obtener una victoria catódica. Que sus cálculos no eran descabellados lo prueba el solemne minuto de silencio que el parlamento croata guardó tras confirmarse el fallecimiento. La alquimia nacionalista solo necesita un drama y una imagen para convertir la abyección en heroísmo.

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Vuelve El bueno (Íñigo de la Serna), el feo (Iceta) y el malo (el frío) en La Linterna de COPE

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5 diciembre, 2017 · 10:29

«En ocasiones veo fascistas»

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Femenino socialista de triunvirato.

Recuerdo la primera vez que oí la palabra fascista. Se la decía un compañero de EGB a otro que no le prestaba un boli, que ni siquiera era un boli rojo. Desde entonces hasta que Adriana Lastra confundió a Albert Rivera con José Antonio, el término ha conocido un imparable proceso de banalización. Ahora bien, sé que aquel compañero mío podría pasar por politólogo danés en sesiones como la de este miércoles en que el PSOE, preocupado por el auge de Arrimadas, se empeña en la húmeda fantasía de presentar a su socio de Gobierno en Andalucía como una troqueladora de yugos y flechas.

La estrategia es tan impúdica que convendría emitirla codificada. Aunque el pleno está pensado para controlar al Gobierno, de las seis preguntas que el grupo socialista dirigió a los ministros cuatro estaban formuladas contra Ciudadanos, abusando del calzador. Quien mejor entendió que aquello no iba con él fue el propio Gobierno, hasta el punto de que Rajoy ni siquiera compareció y la vicepresidenta se personó en salto de cama. Está bien, era un quimono. Se lo puso para aleccionar al pequeño saltamontes Domènech en la diferencia entre el yin constitucional y el yang independentista; pero este contraste resulta demasiado nítido para los comunes, que afrontan cada día la ardua misión de conciliar el nacionalismo de sus líderes con la indiferencia terruñera de sus votantes, pendientes todavía de las añejas promesas que auparon a Colau, como los desahucios. Que, como es natural, se siguen produciendo. En Cataluña y en la China popular.

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29 noviembre, 2017 · 17:53

Mesías sin sacrificio

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Renovando, que es gerundio.

Una renovación de Messi, como un título de Marc Márquez o la pervivencia del cupo vasco, es siempre una noticia relativa. Una de esas cosas que todos damos por descontadas pero que, cuando se confirman, nos agitan siempre con el alborozo un poco tonto de la obviedad. ¿No reconocía José Luis Cuerda, y defienden los poetas de muro y gatito, que conformarse con que amanezca no es poco?

La renovación de Messi es un fenómeno cósmico y sucede como sucede la rotación de la tierra, sólo que los movimientos interplanetarios salen más baratos que los del argentino. La tierra gira alrededor del sol y el Barça gira alrededor de Messi, con la diferencia de que nuestro planeta rodea el sol a lo largo de un año y Messi firma nueve contratos a lo largo de 12. Todos rotan pero Messi permanece, y de esta inmutabilidad del astro dependen la música de las esferas, la armonía del cosmos e incluso el equilibrio fiscal.

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28 noviembre, 2017 · 12:08

Odiar a Ciudadanos

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El centro.

Hay buenas razones para odiar a Ciudadanos y esta semana han aflorado algunas de ellas. A medida que el partido de Albert Rivera se va aproximando a la idea que se propuso defender en el congreso refundacional de Coslada del pasado febrero, cuando renunció a la socialdemocracia para abrazar el liberalismo, la inquina transversal de la partidocracia española irá confluyendo en un mismo y ancho cauce de resentimiento. Quienes conocemos un poco a los spin doctors de los partidos establecidos -y a sus clientes- nos explicamos muy bien que anden todos afanándose en dibujar sobre la foto de Rivera un bigote hitleriano, o en señalar su lampiño amateurismo, pero eso no se debe solo a las encuestas. Se debe a la odiosa disonancia cognitiva que la consolidación del centro crea en los detentadores del discurso político, sean de izquierdas o de derechas, nacionalistas o populistas. Hay por tanto razones profundas para odiar a Cs, pero todas las que hay se pueden resumir en dos: la libertad y la igualdad.

Libertad es una palabra que suena bien pero cuyo significado casi nadie comparte porque entraña dolorosas renuncias. Desear ser libre significa primero atribuirse la capacidad de responder por las propias decisiones, lo cual te exilia para siempre del confortable país de la queja, y significa después asumir que cada decisión tomada excluye todas las alternativas. Decidir es renunciar. Solo cuando eres niño lo quieres todo, pero la vida te enseña -a menudo demasiado tarde- que lo primero que debes elegir son los descartes, lo que no quieres ser, de modo que un día puedas vivir reconciliado con el hombre del espejo con el que finalmente te quedaste. La libertad a menudo depara soledad, intemperie sentimental, mediática o parlamentaria. La compañía da calor pero enajena la voluntad, a veces a inquilinos indeseables. Solo amamos lo que elegimos tener. Por eso la propiedad privada vence siempre al colectivismo: porque a la larga nadie quiere vivir sin amor. Lenin nunca amó y de ahí su réplica: libertad, para qué.

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Vuelve El bueno (Joan Baldoví), el feo (Aitor Esteban) y la mala (Nuria de Gispert) a La Linterna de COPE

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25 noviembre, 2017 · 11:25

Bajo el peso de la gran boina

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Baldoví, un valenciano desesperado por Montoro.

Amaneció el Congreso de los Diputados bajo una boina gigantesca, pero no era atmosférica sino foral. Era la gran txapela del Cupo vasco, que sigue cubriendo los cráneos privilegiados del septentrión peninsular exactamente como en tiempos de Cánovas. La boina de polución que tizna el cielo de Madrid es más reciente, pero me temo que los madrileños respiraremos oxígeno hiperbárico, como Raúl en aquella cabina donde dormía para estirar su carrera, antes de que los vascos o los navarros renuncien a su derecho a ser superiores. Porque, efectivamente, el privilegio vasco-navarro es el único supremacismo consagrado expresamente por la Constitución. Qué le vamos a hacer, dirán los padres patrios, si en aquellos años ETA ponía cien muertos al año encima de la mesa de negociación.

Amenábar estará lamentando que Aitor Esteban haya destripado el suspense de la lotería de este año: ya sabemos todos que el gordo -1.400 millones de euros- ha caído íntegro en Euskadi. Las cámaras habrá que mandarlas a los batzokis, donde ya están festejando que podrán tapar agujeros del tamaño de una galaxia, que por otra parte es la medida común en el mismo Bilbao. Sin embargo, Esteban se cuidó de mentar el asunto y preguntó por la ley de secretos oficiales a cuenta del Piolín. A Rajoy le faltaron reflejos para contestar: «Pero Aitor, qué secretos vamos a tener entre nosotros, ladrón».

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22 noviembre, 2017 · 20:19

Un Madrid bajo anestesia

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El hambre sin las ganas de comer.

Nunca me he sentido tan identificado con Sergio Ramos como cuando lo vi chorreando sangre por la nariz el sábado. Y no por una noción camachista del pundonor que ya no se lleva ni en la Brigada Paracaidista, sino porque la semana pasada a mí también me partieron el tabique, solo que no fue el central Lucas Hernández en el Wanda Metropolitano, sino el otorrino González en la Fundación Jiménez Díaz. Digamos que me aplicaron el 155 a un cartílago que nació desviado como la conciencia de un supremacista.

Se me aducirá que el parangón es inmerecido, porque lo de Ramos cursó sin anestesia. Pero he aprendido que quizá la anestesia no sea un invento tan ventajoso como nos lo pintan los narcotraficantes y las multinacionales farmacéuticas. Hoy mantengo que la anestesia agrava el dolor posterior a la intervención, porque este sobreviene en forma traicionera, justo cuando creemos que vamos a seguir sin sentir nada el resto de nuestra vida. Uno puede afrontar el dolor con lucidez, pero no puede preparar ninguna estrategia frente a la anestesia, que primero te engaña, luego te aturde y por último te abandona en el momento más cruel.

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21 noviembre, 2017 · 11:04

El deber del Derecho

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Animales con presunción de inocencia.

Cuando yo era adolescente, elegir carrera consistía en hallar razones para descartar la matrícula en Derecho. Todos los de letras terminaban estudiando Derecho de un modo indefectible -«Tiene muchas salidas»-, y resistirse a aquel determinismo jurídico obligaba a un acopio de personalidad impropio de la edad. Se ofertaba en todos lados y pedían un cinco como nota de corte. Sus legendarias cafeterías cautivaban la imaginación. Derecho estudiaron españoles tan distintos como Mario Conde y Pablo Iglesias, aunque ni la conducta del primero ni el discurso del segundo delatan un escrúpulo legal precisamente calvinista. Pero no son casos aislados.

Para ser un país petado de juristas, el título no cunde. España sigue siendo un país de moralistas intuitivos donde el rigor de la ley causa tanto escándalo como el sol en Noruega o la sobriedad en Rusia. No es que los españoles no queramos juzgar; al contrario, lo juzgamos todo compulsivamente. Lo que ocurre es que juzgar, para nosotros, constituye un acto tan natural que no entendemos que requiera una formación específica. Por eso nos hacemos tertulianos. Por eso criticamos a los tertulianos. Por eso, ante cualquier problema, sentimos nacer en la incubadora caliente de nuestras meninges el cigoto de un juicio que en la mente de un alemán exigiría semanas de gestación, mientras que nosotros lo parimos perfectamente formado en décimas de segundo. Quizá porque no se trata de un juicio, sino de un prejuicio. Por eso cuando llegamos a la universidad ya es tarde: ya no hay nada que puedan enseñarnos.

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La buena (Susana Díaz), la fea (tesorera del PP) y la mala (Marta Rovira)

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19 noviembre, 2017 · 22:33