Archivo de la etiqueta: voces de mucho progreso

Misioneros en Voxilandia

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Indígenas, según la iglesias progresista.

Me ha divertido mucho la polémica suscitada por el reportaje sobre los votantes de Vox en El País. Por un fin de semana hemos vuelto a la Valladolid del siglo XVI durante la controversia que enfrentó a Bartolomé de Las Casas con Ginés de Sepúlveda a propósito de una cuestión delicada: ¿Tienen alma los indios? ¿Son entrevistables los voxeros? ¿Les asiste el derecho de ver sus razones representadas en el órgano del Progreso sin haber renunciado a la ingesta de vacuno y al sexo heternormativo?

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18 febrero, 2020 · 10:16

El energúmeno

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Enemigo del régimen.

A un señor con boina que invocaba su derecho constitucional a expresarse libremente lo han arrancado cuatro policías de la puerta de Ferraz. Era previsible: a quién se le ocurre amar a España ante la sede del PSOE. Es como si dos lesbianas empiezan a comerse la boca delante de una mesa de Vox, con la diferencia de que a las dos lesbianas no les pasará absolutamente nada. El nuevo guardián del nuevo Estado, Monedero, ha sancionado lo que en 2015 habría tildado de represión policial al amparo de la Ley Mordaza con este canto al orden y la ley: «Ahora hay Estado de derecho. A ese energúmeno le han detenido por resistencia a la autoridad. Por ponerse violento con la policía». Fraga lloraría de alegría en su tumba por la conversión de este hijo descarriado si no fuera porque Monedero nunca descreyó de la razón de la fuerza mientras la empleara el bando adecuado contra el enemigo eterno. A la izquierda ahora hegemónica lo que le jode de Franco no es que se saltara la ley -¡esa obsesión de quienes judicializan los conflictos!- sino que ganara la guerra.

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6 enero, 2020 · 11:50

Greto Sánchez

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Greto.

Las semejanzas entre Greta Sánchez y Pedro Thunberg son tan evidentes que no merecen mucho comentario. Ambos son líderes de innegable proyección internacional y gusto viajero. Se saben depositarios de un dogma conservacionista al que debe supeditarse cualquier otra consideración, si bien una trata de conservar la vida en el planeta y el otro la vida en un palacio. Cabalgan a diario contradicciones entre sus dichos y sus hechos, porque ni siquiera se puede respirar sin verter CO2 a la atmósfera y porque tampoco se puede gobernar la España constitucional con los enemigos de la Constitución española. A los dos les gusta colocar propaganda los viernes, aunque a una se la hacen activistas de secundaria y al otro Isabel Celaá, que adolecerá de muchas cosas pero no se puede afirmar ya que sea una adolescente. Ambos se presentan como víctimas progresistas de la maldad reaccionaria encarnada por todos los demás: las gretas lloran de rabia porque un mundo sin alma les secuestra la niñez y amenaza con carbonizar su futuro; las pedrettes gimotean porque el Parlamento les negó cuatro veces la investidura -«Nos han robado las elecciones», lastraba Lastra– y amenaza con arrebatarles también la quinta. Ambos gozan de reverente foco en medios y cosechan mofa desatada en redes. Comparten esa mirada de extraviada determinación que suple sus dificultades comunicativas, mecanismo de compensación que traduce la manía persecutoria en redoblada huida hacia delante. Por último, el madrileño también parece sueco cuando se le pregunta por sus propias promesas.

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3 diciembre, 2019 · 16:34

Noticias de Equidistonia

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Así ve el mundo el equidistante.

Ansiamos la equidistancia porque concede la superioridad moral entre dos cazurros notorios. El equidistante es ese cráneo privilegiado que se asoma al cuadro de la riña a garrotazos -nacionalista español contra nacionalista catalán-, esboza un mohín de olímpico disgusto y se pone de parte de… Goya. Ignora el equidistante que, desde Einstein, su posición en el cosmos ideológico es relativa, y por tanto no la decide él en absoluto sino también la mirada de los demás, incluidos los del garrote. A menudo un equidistante solo es el tonto útil de una causa a la que ni siquiera sospecha que sirve.

El equidistante es lo bastante inteligente para marcar distancias con la estelada, pero no reúne el valor necesario para reconocer su españolía sin el atenuante de la desafección. País de pandereta, vergüenza, quién pudiera no ser español, masculla en Twitter mientras apura su gintonic de enebro en una coqueta terraza de capital de provincia de la cuarta economía del euro. Su mente borgiana traza implacables simetrías sobre los demás -nunca sobre sí mismo- y reparte porciones salomónicas de culpa entre fachas e indepes, centrípetos y centrífugos, Madrid y Cataluña. Luego se sube en su nave espacial y regresa a su blanquísimo planeta, Equidistonia, lejos de este mundo banderizo donde el resto braceamos en la oscuridad.

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El bueno (Regino Hernández), el feo (Andoni Ortuzar) y el malo (Antonio Baños)

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19 febrero, 2018 · 11:55

Pene y vulva en Beirut

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Mezquita reconstruida en Beirut.

A Líbano, desde donde transmitimos este cable, llega con urgencia la última polémica española. Según los datos de que disponemos, un juzgado de Madrid habría prohibido la circulación de un autobús rotulado con esta advertencia: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen». Sospechamos que semejante autobús circularía por Beirut cosechando la más perfecta indiferencia, pues los árabes son desde Averroes muy aficionados a la lógica y no encontrarían en la tradicional descripción de los atributos sexuales de nuestra especie otro argumento que el de la más tediosa tautología. Sin embargo en España, donde la presencia árabe queda cada vez más lejana en el tiempo, el autobús ha levantado una polvareda considerable, a caballo entre el delito de odio y la lección de anatomía.

Partiendo del tenor literal de la publicidad busera, el escrito del juez no infiere racionalmente el público fomento de odio, discriminación, hostilidad o violencia alguna, ni en forma directa ni indirecta, pero en cambio sí aprecia menosprecio de las personas transexuales, razón que justifica sobradamente su veto. Técnicamente se trata por tanto de un autobús transfóbico, si esto no es llevar muy lejos la figura retórica de la personificación o prosopopeya.

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3 marzo, 2017 · 12:06

La mirada griega

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Hacia una desnudez sin moralismo.

Ya presentíamos que las deportistas traerían problemas a los ojos birojos de la devoción feminista como del fervor coránico. La pinza definitiva para colgar los tangas del tendedero del infierno o de la incorrección, valga la redundancia. Podemos mirar a una jugadora de voley playa en bikini como una provocación, como hacen los de la pinza, o descubrir el fruto de una exótica elección cultural si va en hiyab, como hace la simplonería multiculti. Los griegos, ya que hablamos de olimpiadas, resolvieron esto en una misma mirada admirativa hacia la atlética desnudez de mujer y hombre. O es que los jugadores de voley playa no resultan igualmente estimulantes a las retinas golosas del cuerpo masculino. En la mirada del que sobreprotege a la mujer hay un machismo inconfesado casi tan culpable como en la del primate manifiesto.

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12 agosto, 2016 · 20:42

Papá, cuéntalo otra vez

Sócrates en Sol.

Sócrates en Sol.

Sería una pena que el simpático Karl Marx que luce al dorso el móvil de Alberto Garzón -según el modestísimo crédito de red social- resultara un fake. Porque no puede haber mejor imagen para casar comunismo y consumismo en un indisoluble matrimonio de posmodernidad. Lo posmoderno, según Lipovetsky, es una aleación de contracultura y sociedad de consumo que eclosiona en los 60 y que conoce en el mayo francés su clímax emblemático, aparte de un paroxismo de cursilería en el que todavía chapotea la publicidad. La imaginación al poder, prohibido prohibir y otros lemas sonrojantes, ya saben. Aquella revolución de burgueses bohemios se exportó con tanta profesionalidad que no pocos retenes de barricada acabaron de eurodiputados, y todos los hijos de la progresía europea crecieron marcados cruelmente por su iconografía sentimental. Ismael Serrano ha sido su mejor bardo: papá, cuéntame otra vez esa historia tan bonita, parece decir Garzón.

Y vaya si la historia se repite como farsa que no tardó en aparecer por allí Leo Bassi fidelizando clientela. No faltaron el vino (Don Simón) ni las rosas, bien que marchitadas de zapaterismo terminal; y tampoco esas entrañables cargas policiales que fabrican héroes de barriada y brindan al becariato un excitante vislumbre de corresponsalía en Gaza. Entre las jaimas asamblearias de Sol la quinta de la nostalgia reconocía una sucursal de aquel París abierta por algún ministerio del tiempo en el centro neurálgico de Madrid.

Era hermoso, sí, con la belleza que solo comportan los esfuerzos inútiles. Con el calor de la tribu recién formada y su ideario intransitivo y su tiempo estacionado. Con la deliciosa ingenuidad de las primeras citas. Con el arrebato naïf del inocente a fuerza de ignorante. Con la justificación irrebatible de una desesperante tasa de paro juvenil. Y del otro.

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El Sísifo de Parla

He sido yo.

He sido yo.

El periodismo es contar que Pedro Sánchez ha expulsado del PSOE a Tomás Gómez a personas que se preguntaban por qué Tomás Gómez seguía aspirando a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Con este tajo gallardo logra Sánchez su primera credibilidad en el papel de regenerador político, porque la voluntad de limpieza se demuestra con los trapos sucios de casa, no con los del vecino.

Gómez tenía la cabeza sobre la vía del tren de la imputación, con estación de partida en Parla, donde el purgado fue alcalde entre 1999 y 2008. Ahora sabemos que la Fiscalía y la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal -¿qué coño es la UDEF?- advierten «hecho criminoso» en el sobrecoste de 41 millones de euros por los trabajos de construcción de aquella infraestructura que el munificente Gómez, por entonces el regidor socialista más votado de España, consideró indispensable para la movilidad de los parleños. Esta mañana Tomás Gómez se convirtió en el candidato más botado.

En octubre de 2008, el hombre que fantaseó con remedar al invictus Mandela frente a la rubia Aguirre me confesó en una entrevista que dormía cinco horas diarias porque su cuerpo no necesitaba más, y que se levantaba pensando qué haría si fuera presidente, «porque tengo cabeza de gobierno, no de oposición: he gobernado siempre». Le daba un aire exótico su nacimiento en los Países Bajos y su pasión por el gimnasio y la decoración minimalista. Se presentaba como un pragmático, un economista pulcro que quería llevar al viejo PSM a los umbrales modernos de la socialdemocracia nórdica frente al peculiar liberalismo castizo de Esperanza. Pero tras cada derrota electoral se levantaba de la lona un poco más escorado a la izquierda, con frecuentes excursiones en la demagogia más empinada, y ya últimamente veía una grabadora y se desataba el nudo de la corbata para estar más cómodo. Su acusación al ministro Alonso, a cuenta de la hepatitis C, de querer discriminar al que vive o al que muere en función de la cartera no figurará en la antología universal del matiz.

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