Archivo de la etiqueta: Telepantoja e ingeniería social

Por qué votan a don Mariano

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¿La cocina del CIS?

Pocas virtudes españolas como la irreverencia hacia sus gobernantes, que a falta de guillotina padecen la chirigota. Ningún pueblo se burla tan bien de sus jefes como nosotros, lo cual fomenta entre ellos una cierta solidaridad de compañero mártir como la que Rajoy confesó hacia Zapatero en el sofá de Bertín. Y nos mofamos mucho de Zapatero, pero según datos oficiales ningún presidente ha sido peor valorado que Rajoy, quien en el CIS de 2012 dejó el suelo de la popularidad presidencial en 2,78. Ahora bien, ya pedía Suárez que le quisieran menos y le votaran más; al malquerido Rajoy le dieron una absoluta que nunca soñó el hombre del talante, y el CIS de ayer le otorga ocho inopinados puntos de ventaja sobre el mejor de sus opositores.

El PP ha perdido muchos votos pero no los suficientes para todo lo que nos hemos reído de él. Y a mí esta asimetría me escama. Es más, está recuperando apoyo. Los periodistas serios, los tuiteros, los monologuistas, los compañeros de partido, los hipsters de cuello vuelto y las almas sofisticadas en general siguen subestimando a Mariano Rajoy, mientras el pueblo que habla en el CIS y en el audímetro insiste en avalar la vigencia de este anacronismo con barba. Siempre podemos sacar al cuñado de progreso y exclamar desde la cima de la superioridad moral que el pueblo es imbécil, que no hay peor idiota que un obrero de derechas, que por qué tanto tonto de los cojones o tanto hijo de puta vota al PP, por citar a aquel alcalde de Getafe o a aquella columnista perita en menopausias. Pero esta solución no me convence. Ensayaré otra.

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Reivindicación de Eduardo Mendoza en El Parnasillo de COPE

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4 diciembre, 2015 · 11:44

¡Viva la telecracia!

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Atrapado.

Sería interesante estudiar dónde hay más traición a uno mismo: en la genuflexión del burgués Mas ante los anarcas de la CUP, en la centralidad de Iglesias respecto de su extremismo ideológico natural o en la claudicación de don Mariano a los requerimientos televisivos. De las tres traiciones, a mí la que más me sorprende es esta última. Soñaba con que don Mariano llegara virgen de platós a las elecciones, lo que habría deparado la primera campaña rompedora en mucho tiempo -un candidato resueltamente analógico en plena telecracia-, pero al final no ha logrado imponer su vocación cenobita al cálculo de Moragas. Esta semana veremos a ese imposible telegénico que es Mariano Rajoy en La Sexta, en Telecinco por dos veces y en TVE con don Bertín Osborne.

De lo de Rajoy con Bertín sólo me da rabia que lo emita la pública: yo habría pagado por ver semejante espectáculo en Yomvi, a falta de la Champions. Noto a mi alrededor (mi alrededor es una placenta catódica donde nadamos los tertulianos) mucho aspaviento a propósito de la campaña pop que se avecina. Como si el poder y la tele no casaran como el café y la leche desde Leni Riefenstahl. Como si no estuviera muy diagnosticada ya la mutación posmoderna del sujeto político (pueblo) en sujeto mediático (público). Como si la anécdota no hubiera relevado a la categoría, y un debate interesante entre Rivera e Iglesias no hubiese quedado reducido a postureo kantiano en las redes sociales. Como si los políticos no fueran representantes calcados de los ciudadanos, que caminan tropezando entre sí por tener la vista abismada en una pantalla: ¿y cómo sino a través de una pantalla van a colocarles el mensaje los candidatos desesperados por captar su atención? Puede que una persona no se merezca su genética; pero la población de una democracia siempre se merece su política.

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1 diciembre, 2015 · 11:36

«La ironía total lleva al nihilismo»

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El clasicismo aporreando al tertuliano-centauro. Museo de Historia del Arte, Viena.

La entrevista tuvo que hacerse en tres sesiones, en tres bares de tres hoteles de Madrid, pues coincidió con la publicación en El Mundo de una conversación con Montoro, con firma en un recuadro del entrevistado, y, claro, durante tres días su móvil no paró de echar humo: llamadas de la redacción, llamadas del ministerio, llamadas de las televisiones… Sirva lo anterior no como composición de modo ni de lugar ni de tiempo, en todo caso de personaje: Jorge Bustos, un periodista que lo mismo es capaz de un scoop que hace moverse el suelo del partido en el Gobierno que de llegar al punto final de una columna sin esfuerzo aparente, que de frecuentar las tertulias del prime time sin parecer un tertuliano, que de estrenarse como autor -y aquí va la razón de esta entrevista- con un libro de ensayo. Un libro que huye del recurso facilón del refrito recopilatorio, del manual de autoayuda del que solo se alimenta de galletitas chinas y de frases de almanaque, del comentario a mil fotos en blanco y negro de Steve McQueen y Audrey Herburn, del relato nostálgico de uno que aprendió a escribir en los cuadernos de caligrafía Rubio. La granja humana, en fin, lecciones amenas de Filosofía -y de Política, y de Literatura, y de Sociología…- profunda.

 -Quien llegue a su libro por sus columnas y, al revés, a sus columnas por su libro, ¿se llevará una sorpresa o verá en el trayecto una lógica continuidad?

-No debería llevarse una sorpresa, creo. El libro pretende conectar con el género canónico del ensayo, de más aliento que la columna, y la columna es, a su vez, un subgénero del ensayo. El resultado de esos dos vectores son los ensayitos de tres o cuatro páginas de los que está compuesto el libro, en el que he tratado de huir de cierta tendencia al academicismo aplicando el tono ligero del columnista pegado a la actualidad.

 -¿Cree haberlo logrado?

-En un primera versión del libro no. Porque cuando me llaman para hacerme el encargo, enseguida pienso en Ariel como la gran editorial del mundo académico y fijo en mi cabeza un lector ideal al que me quiero dirigir, un catedrático campanudo cuya aprobación debo merecer. Cuando enseño en Ariel lo que llevo escrito, me dicen que lo rehaga. En su momento, me cabreé bastante. Pero ahora entiendo la labor benéfica del editor.

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18 noviembre, 2015 · 12:15

El fascismo de la frivolidad

El último grito en moda refugiada.

El último grito en moda refugiada.

Un fotógrafo de moda húngaro llamado Norbert Baksa factura un reportaje gráfico en el que una modelo se viste o se desviste a la última frente a las mismas vallas bajo las cuales se arrastran los refugiados sirios en su lucha por la vida. La inocente maniquí, ciertamente inanimada, pariente intelectual de esa miss que extraña una vida bajo la Segunda Guerra Mundial, compone su mejor rictus de compunción, de víctima de la xenofobia precisamente húngara, en aras de la verosimilitud de la sesión. El trabajo es el trabajo. Y por qué no un estilo refugiado, queridas cazatendencias: reparen en la osadía del look antes de rasgarse las vestiduras.

La noticia, como el astuto Baksa pretendía, genera indignación en las redes sociales, allí donde el genuino sentido moral se revuelca con la hipocresía hasta volverse indistinguibles. Y Baksa, atento, completa el círculo sabido del escándalo mercadotécnico corriendo a justificarse en Twitter: resulta que su obra postula un saludable perspectivismo, persigue «dar cuenta de la complejidad de la situación y abordarla desde diferentes ángulos. ¡Ni a favor ni en contra, sensibilización!»

Ni a favor ni en contra: he ahí, en esa Hungría tan alejada de Cataluña, otro apóstol de la equidistancia. Pero antes de que podamos emitir un juicio moral, lo primero es constatar por enésima vez la bulimia mecánica con que la cultura de masas deglute cualquier esfuerzo contracultural. Que se lo digan a la CUP, un partido antisistema desvelándose hoy por apuntalar al sistema. El altermundismo tan solo ocupa un pasillo más silencioso dentro del supermercado del capitalismo: un lujo moral por el que se paga. No son precisamente baratos los establecimientos de comida orgánica. Para la voracidad del bucle pop, poco importan la camiseta del Che o los botines de la modelo en funciones de falsa refugiada: qué más da. Todo es bueno para el ancho convento de la sociedad de consumo. Si Chiapas ejerció en los noventa de disneylandia comunista para los turistas del ideal rojo, Auschwitz camina inexorable y dramáticamente hacia su conversión en parque temático del dolor: pero de un dolor ya caducado, aséptico, desactivado por el selfie ligero del turista. El pasado 15 de diciembre un terrorista islámico tomó rehenes en un café de Sidney, y en lo que duró el secuestro los viandantes se acercaban con el palo de autofoto en ristre y una sonrisa inmortal en la boca. Cada día se incorporan a Twitter decenas de españoles para los que ETA no es más que un término de comparación con el que ejercitar el más venial de los ingenios: El otoño es ETA, Arbeloa es peor que ETA. Y en este plan.

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El Parnasillo de hoy en COPE: reivindicando a Pemán

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8 octubre, 2015 · 16:11

Payos por el Sí

Juan José Moreno Cuenca, 'El Vaquilla'.

Juan José Moreno Cuenca, ‘El Vaquilla’.

Cuando a los clanes gitanos del gueto de Gerona les preguntas por la hoja de ruta de Artur Mas, te vienen a responder lo mismo que don Mariano respondió a Herrera en Cope ayer:

-Mira que es pesao. Dale que te pego con la independencia. Si no lo va a conseguir.

Así habló Antonio, pastor evangélico de la Font de la Pólvora, el barrio más conflictivo de la capital gerundense. La Pólvora, de justificado nombre parlante, es a Gerona lo que el ‘Hamsterdam de The Wire’ es a Baltimore. Hace un mes cogieron allí a 26 camellos en una redada, aunque ya andan sueltos y puntualmente operativos de nuevo en sus esquinas. A la Pólvora no quieren llevarte los taxistas, pero no hay otra manera de ir porque sus bloques desastrados se levantan a una higiénica distancia del primoroso casco medieval, donde unos señores bastante más pálidos que Antonio ruedan estos días la sexta temporada de ‘Juego de Tronos’. El pastor remata, lacónico:

-¿Y el bajito? Veintitrés años de presidente y robando.

El bajito es Jordi Pujol, claro. Los gitanos tienen buena memoria para los ladrones, y no digamos ya para hacer las cuentas del botín. No veo el momento de sustituir la tabarra insufrible de payos Juntos por el Sí o Revueltos por el No (a España, a los pobres, a la ley, a la decencia) que escupen a todas horas las emisoras autóctonas por la prédica de Antonio: me ha invitado al culto que oficia junto al cementerio viejo de la ciudad, donde yace el ‘Vaquilla’, mito del lumpen nacional, autonómico y local. Si es que sigue en el ataúd, porque el panteón familiar fue profanado el año pasado cuando corrió la voz de que la madre había sido enterrada con sus joyas. El ‘Vaquilla’ lo disculpará.

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5 septiembre, 2015 · 12:51

La gran decepción

Y de repente, Rajoy.

Y de repente, Rajoy.

Yo no sé si este país está preparado para ver a don Mariano renovando mandato. Desde luego no lo están nuestros platós, donde se oficia el entierro del bipartidismo ya no con alegría, sino casi con el fastidio burocrático con que despachamos el spam cada mañana. ¿Cómo reaccionarían los televidentes que contemplaran al mismísimo PP en las instituciones? ¿Han pensado los programadores en habilitar un teléfono de aludidos y defraudados, como cualquier espacio decente del corazón? ¿Es posible que la democracia, pensarán los regeneradores, resulte en la práctica tan decepcionante?

Veamos. El CIS marca una tendencia al alza del partido en el Gobierno que los analistas no han dudado en calificar de remontada. Si la remontada alcanzará cotas de altitud suficientes para mantener al PP en el poder, es pronto para decirlo. No es pronto, sin embargo, para concluir que necesitará el apoyo de Ciudadanos, de quienes las malas lenguas aseguran que ya han puesto precio a tan lúbrico servicio: la cabeza de Rajoy y la investidura de Soraya. Es solo un rumor, pero yo no le prestaría mucho crédito: los meigos gallegos son difíciles de sumergir, y en cualquier caso poseen un número indeterminado de cabezas. Otro rumor apunta a que el PSOE de don Sánchez anhela el abrazo de Rivera antes que el de Iglesias, pero me temo que la experiencia suele vencer sobre la esperanza y que don Sánchez empastará el bajo continuo de su celebrada voz en la polifonía que más sume, como hizo en mayo, con tal de salir de opositor. Cómo suene luego el orfeón, una vez ocupado el coro, es lo de menos.

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7 agosto, 2015 · 16:59

La Pantoja según Hegel

Dientes, dientes.

Dientes, dientes.

Ningún caso tan instructivo para el estudio político y social de España como el de la reclusa Isabel Pantoja. El Sanedrín de la Deontología Periodística y sus insomnes monaguillos, entrañable colectivo que prefiere purgar el periodismo a practicarlo, arruga el morro cuando lee el nombre Pantoja en periódicos considerados serios. Pero a uno le falta pureza de origen para militar en esa guardia de la noche que defiende el muro de Woodward y Bernstein -mal símil, porque en esa guardia de hecho suelen acabar los bastardos-, así que he analizado el asunto pantojil con toda seriedad. Hasta el punto de destilar en cinco puntos el comportamiento histórico del español medio, según la dialéctica hegeliana.

1) Fulanismo. España es -o era- un país de toreros y flamencas por razones de pura excelencia: el culto al individuo sobresaliente. Esta reverencia es tan antigua como la Ilíada, donde no luchan ejércitos anónimos sino héroes con nombre y habilidades singulares. La cultura mediterránea, que atestiguó la milagrosa excepción de la democracia ateniense -tan efímera-, propende más bien a la búsqueda de suprimus inter pares, sea un espadón decimonónico, sea un padrino de Sicilia. Sea, en el ámbito cuché, una figura del toreo o «la más grande» tonadillera. Sea, y aquí me confieso español, el carisma avasallador de un Mourinho. Algunos sociólogos han bautizado esta pulsión fulanista como psicología nacional del acaudillado, rasgo que explicaría la considerable placidez con que Fernando VII restauró el absolutismo o la envidiable longevidad que permitió a Franco morir en su cama. Por eso Rajoy no conecta con sus gobernados: porque su crédito como caudillo equivale al de Iglesias como gestor equilibrado. Si según Borges el nombre es arquetipo de la cosa, Isabel Pantoja ocupa ella sola todo un encaste de la raza, y sus rendidos admiradores morirán con ella.

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Cortesías: (atinada) reseña de La granja humana en Letras Libres

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Selectividad y fascismo

Armas cargadas de futuro, mientras el futuro les respete.

Armas cargadas de futuro, mientras el futuro les respete.

La Selectividad era la Semana Santa del alumno: un rito de paso al que accedía un adolescente angustiado en el Getsemaní de la biblioteca y del que al tercer día, Dios mediante, salía un universitario con un verano de gloria por estrenar. Uno observa melancólico a nuestra chavalada acneica, con la ternura del puro futurible, de la potencia sin acto, y se pregunta cuántos años le quedan a la Selectividad: concepto fascista que no puede durar mucho.

Sabemos que la prueba no es lo que era, y que toda criba resulta superflua en un país donde prácticamente hay tantas universidades como alumnos (lo que falta son profesores: están todos en el psicólogo o en Podemos). Pero la mera idea de seleccionar estudiantes en función de su desigual aptitud, en un mundo que empieza a comercializar cerveza con limón en lata muy por encima de lo prudente, se antoja un vestigio reaccionario que no sé cómo no han detectado aún los drones de la corrección política. ¿Cuánto tardará una monja mediática cualquiera en denunciar la Selectividad como una continuación del bullying por medios académicos?

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Urdaci recomienda La granja humana en el telediario de 13TV.

Entrevista en Las mañanas de RNE por La granja humana, a partir del 32:25.

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