Selectividad y fascismo

Armas cargadas de futuro, mientras el futuro les respete.

Armas cargadas de futuro, mientras el futuro les respete.

La Selectividad era la Semana Santa del alumno: un rito de paso al que accedía un adolescente angustiado en el Getsemaní de la biblioteca y del que al tercer día, Dios mediante, salía un universitario con un verano de gloria por estrenar. Uno observa melancólico a nuestra chavalada acneica, con la ternura del puro futurible, de la potencia sin acto, y se pregunta cuántos años le quedan a la Selectividad: concepto fascista que no puede durar mucho.

Sabemos que la prueba no es lo que era, y que toda criba resulta superflua en un país donde prácticamente hay tantas universidades como alumnos (lo que falta son profesores: están todos en el psicólogo o en Podemos). Pero la mera idea de seleccionar estudiantes en función de su desigual aptitud, en un mundo que empieza a comercializar cerveza con limón en lata muy por encima de lo prudente, se antoja un vestigio reaccionario que no sé cómo no han detectado aún los drones de la corrección política. ¿Cuánto tardará una monja mediática cualquiera en denunciar la Selectividad como una continuación del bullying por medios académicos?

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Urdaci recomienda La granja humana en el telediario de 13TV.

Entrevista en Las mañanas de RNE por La granja humana, a partir del 32:25.

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