Archivo de la etiqueta: populismo y otras hierbas

La democracia sentimental

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Stuart Mill. Un liberal leyendo es el colmo de la subversión.

Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) no es un politólogo sino un filósofo político. La diferencia entre ambos oficios es la misma que separa al interiorista del arquitecto. Arias es un académico cuya kantiana ambición es toda la que quepa en la consideración científica de la política. Su trabajo trasciende el corral patrio para dialogar con homólogos extranjeros sobre desafíos estructurales de la democracia occidental. Cabe resumirlos en uno: el giro afectivo que alienta en la emergencia de populismos, identitarismos y otros ismos primiseculares. Este libro es el acta más exhaustiva que se ha levantado sobre la sentimentalización de la política, y no solo porque conste de 71 páginas de aparato crítico.

El optimismo ilustrado ha sido desmentido por los últimos descubrimientos de la neurociencia (por si hiciera falta alguna prueba añadida al mar de sangre del siglo XX). No somos lo que los ilustrados creyeron que seríamos. En realidad nunca fuimos racionales. Somos sujetos postsoberanos en quienes la emoción suplanta sistemáticamente a la razón en la toma de decisiones. Cuando el establishment amenazado por el populismo de izquierdas o de derechas parece refugiarse en el despotismo ilustrado o cuestiona el sufragio universal, el autor propone partir de la aceptación de nuestra condición para mejorar la democracia sin sustituirla ni por el elitismo ni por la revolución.

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6 marzo, 2017 · 14:39

Trump, el superniño

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Trumpismo a partir de 5 años.

Trump dejará de ser noticia cuando empiece a comportarse como un adulto. Cuando se convierta en el perro que muerde niños y supere el niño grande y platino que muerde perros tan reputados como la CIA, el FBI o la prensa. No será la justicia federal la que acabe con Trump, sino la justicia poética: la televisión lo construyó y la televisión lo destruirá el día que se comporte como un presidente de EEUU. Entonces llamará la atención de los medios por haberse normalizado, y el ciclo de la vida, en su caso tan remolón, se habrá cumplido.

Pero mientras forcejea con la adolescencia, Trump sirve como rutilante escaparate del infantilismo que hoy define la sociedad occidental. Si Nietzsche pronosticó el advenimiento del superhombre en el siglo XX, al XXI solo podría diagnosticarle la hegemonía del superniño. Así, el superniño Donnie anuncia que por primera vez desde 1921 el presidente no acudirá a la cena de corresponsales porque en una edición anterior se metieron con él, le hicieron pupa. El pretexto oficial no es más elaborado: no va porque la prensa es el «enemigo del pueblo»; de un pueblo que él encarna perfectamente. Pero he aquí que la flauta del burro tuitero emite el sonido casual de una verdad. Porque si por pueblo entendemos el populoso orgullo de la ignorancia y la red victoriosa del prejuicio sobre el hecho, entonces la prensa debe ser su enemigo jurado, por supuesto. Y si se queda sin lectores, habrá muerto con ilustrada dignidad.

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27 febrero, 2017 · 12:53

El fracaso de los gatos

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¡Al patíbulo!

Si como afirma Borges a su estilo el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de «rosa» está la rosa y todo el Nilo en la palabra «Nilo». Con el nombre, por tanto, ha de bastarnos para entender la esencia de una idea, pero no somos pueblo que renuncie al bullicioso bar del adjetivo. Por eso a la justicia, como a la democracia, le crecen los apodos. Conocíamos la democracia ateniense de Pericles, la democracia orgánica de Franco, la democracia popular de China, la democracia directa de Ahora Madrid y la democracia representativa de Hamilton, que es la única digna de ese nombre. Ahora que llueven sentencias sobre nombres notorios nos apresuramos a apellidar a la justicia.

Está la justicia del talión, de una proporcionalidad imbatible. La justicia proletaria, que un día invocó don Iglesias para epatar a los burgueses de Segovia. La justicia poética, que castigó a doña Botella por destapar un féretro en las Trinitarias donde se leía «M. C.», sin sospechar que esas siglas no anunciaban tanto el hallazgo de «Miguel de Cervantes» como el relevo de «Manuela Carmena«. La justicia redistributiva, que tanto subleva al que la paga. La justicia del fútbol, que no existe. Y en estos días de black y de Nóos, la justicia «políticamente insuficiente», que para mayor calificación añade un adverbio al apellido.

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24 febrero, 2017 · 11:51

Huerta murciana y pampa argentina

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El atento cronista en tribuna, tercer espacio entre columnas.

Podemos ya tiene su propio Valle de los Caídos. Tal era el nombre autoparódico que daban a sus escaños los diputados del PP relegados a las últimas filas del Hemiciclo por discrepancia con el líder. Del Cuelgamuros morado cuelgan los descolgados del pablismo: Sergio Pascual, Alberto Montero, Tania Sánchez o Juan Pedro Yllanes, aunque este se afana ahora por hacerse perdonar su herejía errejonista elevando el tono contra Ciudadanos, que es la mejor manera de complacer a Alfa y a Beta (Pablo e Irene). Quienes por cierto saben complacerse solos, si hemos de creer que la escena de caramelo difundida ayer por La Vanguardia no es un falso robado. Almíbar comunista aparte, el castigo para Errejón resulta más sutil: aparece encajonado entre Garzón y Mayoral en la tercera fila, por aquello de tener más cerca a tus enemigos. Iglesias recitó la letanía de la cleptocracia nacional para gozo de platós justicieros e indiferencia de don Mariano, que musitó: «Menos mal que usted no es Robespierre».

Dastis va cobrando protagonismo en estas sesiones, sin duda contra su voluntad. El PSOE le preguntó por los refugiados; Dastis leyó un papel. Errejón se travistió de Evita retórica para afearle su connivencia con Macri; Dastis leyó un papel. Garzón retrocedió a los 70 -todo un avance en su caso, porque él parte de 1917- y le preguntó cómo pretende evitar que el imperialismo torture doncellas en Rota y en Morón; Dastis leyó un papel. Dastis es el hombre ideal para una escalada de la prima de riesgo, para contener el desastre de Chernobyl o para resistir el blitz alemán: basta leer el papel adecuado. Don Mariano puede estar satisfecho de su elección. Otro ministro muy interpelado fue Catalá, a quien le reprocharon su afición a testar la docilidad de los fiscales; el titular de Justicia vino a lamentar que no le hicieran tanto caso, que ya le gustaría.

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23 febrero, 2017 · 11:35

Machirulos: tolerancia cero

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Meritocracia.

Queda mucho por hacer en materia de igualdad. El feminismo está en pañales, y más en un país como el nuestro, dominado por el oscurantismo y la superstición durante siglos. Contra el machismo sólo cabe una actitud, que nos compete a todas y a todos: tolerancia cero. Puede que cada vez se dediquen más recursos públicos y privados a financiar observatorios, campañas de concienciación y hasta fiscalías especializadas. Pero no es suficiente. No hay más que ver las estadísticas de crímenes por violencia de género, consecuencia directa de la superestructura patriarcal que culmina en el asesinato. Es cierto que naciones culturalmente más progresistas como Dinamarca o Suecia o Finlandia -cuyo sistema educativo, por otra parte, ha de ponerse como ejemplo- presentan cifras de criminalidad machista proporcionalmente superiores a las de España. Pero hay que empezar por nuestro país, donde por mucho que hayan crecido en la última década las partidas presupuestarias destinadas a combatir el terror macho, el número anual de atentados se mantiene constante.

Porque ya es hora de que los llamemos por su nombre: atentados terroristas. Fue Pedro Sánchez, cuyo compromiso con la mujer nunca admitió dudas, quien propuso despedir a cada nueva víctima con funerales de Estado. Porque toda víctima muere por ser mujer, independientemente del estado psicológico de su agresor o las peculiaridades de cada caso. Ojalá todas las fuerzas políticas alcancen un pacto de Estado transversal contra la violencia de género que desatasque de una vez el caudal de dinero público que tanto le cuesta aflojar a la derecha cuando hablamos de igualdad.

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17 febrero, 2017 · 10:48

El guiñol es nueva política

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‘Dress code’ del humorismo catalán.

Cuando Rufián lleva pregunta en el orden del día uno madruga de otra manera. Casi dan ganas de llegar silbando al Congreso como la molinera de un cuento de Grimm. Preguntó en segundo lugar, después de que Antonio Hernando le exigiera a Rajoy que pusiera firme a Trump en la próxima llamada, lo cual es como pedirle a un gaitero que detenga una estampida de bisontes tocando una muñeira. Don Mariano no le contestó eso, sino que los socialistas habrían hecho lo mismo estando en su posición –Zapatero no lo hizo con Bush, la verdad, y así le fue-, y recordó que su tarea en este mundo es llevarse bien con la buena gente y no andar enredando con escrúpulos de chisgarabís, más o menos.

Pero donde brilló la retranca mariana fue en la réplica a don Gabriel, quien de pie, la mano en el bolsillo, todo de negro según manda el dress code de la comedia catalana desde Eugenio, recreándose en la pausa teatral con la que sabe demudar al auditorio, despachó una macedonia que incluía autodeterminación, neonazis, espionaje, Rato, pelotas de goma y hasta el Conde-Duque de Olivares. El presidente sólo pudo musitar: «Francamente, señor Rufián, sus intervenciones me recuerdan al que dijo que en política no hay absurdo imposible».

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16 febrero, 2017 · 17:28

Vida de este chico

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Cuesta mirar a los ojos a quien se ha sentenciado.

Me adelantó el guion un oráculo errejonista. Nada más conocerse los resultados, abrazo de Iglesias para no contradecir la ilusión de unidad de la militancia. Después, puesta del cargo a disposición del líder apoteósicamente empoderado. Transcurrido un tiempo prudencial, ejecución eufemística de la purga con el argumento de un Podemos más eficaz que reme unido en la misma dirección, mientras el discrepante o náufrago queda abandonado en su isla. La cronología es tan vieja como la nueva política y su aplicación tan indefectible como la ley de hierro de la oligarquía que formuló Michels.

Falta saber qué será de don Íñigo una vez que sea apartado de la portavocía parlamentaria y de la Secretaría Política. En la sala de prensa del congreso del PP, desde donde se cubría en realidad la rebatiña de Vistalegre, un compañero propuso la salida más razonable: «Hay tiempo para presentar a Errejón a las primarias del PSOE. Allí no vendría mal algo de materia gris». La otra posibilidad pasaba por conceder crédito al rumor de que una avioneta esperaba ya en Torrejón con el motor encendido, lista para sacar al pequeño Trotsky del país y depositarlo en Bolivia antes de que sus camaradas terminen de afilar el piolet.

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13 febrero, 2017 · 12:49

Podemos vuelve al singular

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«¿Seré yo?»

Una bella paradoja de nuestra lengua ha decidido que los sustantivos colectivos concuerden en singular con el verbo. Los angloparlantes dicen people are, pero los castellanoparlantes decimos la gente es. La gente, la muchedumbre, el grupo, el partido o la pareja: nuestra gramática obliga a tan plurales sujetos a pasar por el modesto embudo del singular. En el caso de Podemos, una primera persona del plural dirigida hasta ahora por una pareja, se predicará más en singular que nunca a partir del lunes: sólo puede quedar uno. Muchos prefieren que sea Pablo Iglesias, el primero de su nombre. Los de Errejón, en cambio, propalan un argumento similar al ingenioso calambur que murmuraban los madrileños cansados de guerras en los años finales de Felipe II: «Si el rey no acaba, el reino acaba». Donde el rey gasta coleta y el reino, claro, es el partido.

El genio de nuestra lengua refuta así la primera falacia del populismo: esa arrogante pretensión de representar a un pueblo entero. Gramsci les enseñó el uso performativo del lenguaje, el juego con significantes vacíos que quiebra sin remordimiento el correlato moral entre discurso y realidad con tal de forjar la hegemonía política. No es que mientan: es que nunca les interesó la verdad. Sólo el poder. Pero es la propia lengua la que parece resistirse a sus magreos, la que susurra que Podemos no es el espíritu del pueblo encarnado sino la obra de autores singulares. Representa cabalmente a una parte de España, sin duda, que se llama facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón.

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10 febrero, 2017 · 11:42