El guiñol es nueva política

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‘Dress code’ del humorismo catalán.

Cuando Rufián lleva pregunta en el orden del día uno madruga de otra manera. Casi dan ganas de llegar silbando al Congreso como la molinera de un cuento de Grimm. Preguntó en segundo lugar, después de que Antonio Hernando le exigiera a Rajoy que pusiera firme a Trump en la próxima llamada, lo cual es como pedirle a un gaitero que detenga una estampida de bisontes tocando una muñeira. Don Mariano no le contestó eso, sino que los socialistas habrían hecho lo mismo estando en su posición –Zapatero no lo hizo con Bush, la verdad, y así le fue-, y recordó que su tarea en este mundo es llevarse bien con la buena gente y no andar enredando con escrúpulos de chisgarabís, más o menos.

Pero donde brilló la retranca mariana fue en la réplica a don Gabriel, quien de pie, la mano en el bolsillo, todo de negro según manda el dress code de la comedia catalana desde Eugenio, recreándose en la pausa teatral con la que sabe demudar al auditorio, despachó una macedonia que incluía autodeterminación, neonazis, espionaje, Rato, pelotas de goma y hasta el Conde-Duque de Olivares. El presidente sólo pudo musitar: «Francamente, señor Rufián, sus intervenciones me recuerdan al que dijo que en política no hay absurdo imposible».

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16 febrero, 2017 · 17:28

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