Archivo de la etiqueta: periodismo

Se declara desierto el Premio Gistau

IMG_0217

En el boxeo.

Pero dejemos la anécdota memorable en el cofre de la intimidad y hablemos de la obra de Gistau, que es lo que ha de quedar. Si el estilo es el hombre y el carácter es el destino, David estaba obligado a llevar al folio su temperamento, que no es fácil de categorizar. Una buena parte de republicanismo afrancesado, una porción de americano vocacional, otra de casticismo de Chamartín y un torrente de sangre jacobina. Gistau no distinguía entre alta cultura y cultura pop, de modo que en la coctelera de sus referencias nadan mezclados Woody Allen, una legión romana, el Maradona previo a su narcodegradación, las camisetas de Motörhead, el madridismo ochentero, las novelas de Salter y los reportajes de Mailer, el Ali que meó sangre de por vida tras vencer a Frazier en Manila, un torero llamado Mazzantini que decía que era su antepasado y todos los clanes mafiosos que caben en la geografía del sur de Italia. Y ahí se alimentaba, más o menos.

Leer más…

Deja un comentario

13 febrero, 2020 · 9:48

Nunca bajarás del ring

94c8627a-8c5c-4fa3-81b4-622ff2de8338

Kiev, 2018.

Yo no tengo corazón para hacer esto. Yo no quiero escribir sobre David como si David no fuera a leerme mañana, porque aquí todos escribimos para alguien. Yo no puedo conjugar los verbos en pasado cuando me refiero a él, porque las palabras crean las noticias y hay palabras que deberían pronunciar siempre los otros y hay noticias que no se deberían dar jamás. Fue David quien me enseñó que un columnista que se precie nunca sonríe en su foto del periódico, pero eso es una cosa y otra distinta es empapar estas teclas que odio como un huérfano torpe al que le han abandonado de pronto las frases, el oficio y la alegría.

David, por supuesto, se avergonzaría. Cuando murió Jorge Berlanga, escribió de su compañero de contraportada el más aséptico de los obituarios porque así se lo pidió Jorge desde la cama terminal del hospital. A diferencia de la nuestra, la suya es una generación que aprendió la insinceridad espantable de la cursilería. Recuerdo un día, en los tiempos en que le daba la tabarra propia del aprendiz, que se rió de mí cuando le propuse que habláramos de poesía, como si los versos fueran un pasatiempo de nenazas. Pero el dominio del lenguaje de Gistau no se aprende en los gimnasios, donde a cambio se aprenden otras cosas.

Leer más…

Deja un comentario

10 febrero, 2020 · 22:40

La paradoja de la celebridad

15801484397872

Persona o leyenda.

En la muerte de Kobe Bryant, bajo el elogio unánime al que nos convoca siempre la tragedia, hemos leído semblanzas contradictorias del finado. Bryant era un hombre amable y cálido, siempre dispuesto a atender a los medios incluso en el idioma materno del reportero, sobre todo si era español o italiano. Pero Bryant era también un atleta frío y arrogante, cuya ambición cegaba a menudo sus miramientos con el prójimo. ¿Quién de los dos era Bryant?

Bryant sería frío y cálido, amable y arrogante, porque más allá de la longitud de onda de cada cual, todos los vivos somos ondulantes. Ocurre que las celebridades están más expuestas que los anónimos al juicio categórico. No se trata solo del viejo mecanismo de la idolatría humana, que disfruta renegando de los mismos dioses que fabricó, ritual antropológico del que se nutre la industria del corazón. Se trata de que una persona célebre, en la sociedad hiperconectada, nunca logrará que el predicado de su personalidad se imponga al predicado de su celebridad. A todo sujeto famoso le faltarán los atributos propios. El famoso es por definición indefinible. Y cuanto más famoso es alguien, menos sabe nadie cómo es en realidad. A esta irritante aporía podríamos llamarla paradoja de la celebridad.

Leer más…

Deja un comentario

28 enero, 2020 · 10:22

El compañero Oliver

15768539321017

Peón nucelar.

Al secretario de Estado de Comunicación de Sánchez le parece «enfermiza» la tendencia de los periodistas a hacer preguntas. El propio Oliver fue periodista pero ahora se dedica a barrer pedazos de grafito con Ábalos y Redondo en el Chernóbil de Sánchez, y ahí abajo uno se expone a mutaciones monstruosas. Si la Abogacía del Estado se puede poner al servicio del golpismo, a ver por qué la Secretaría de Comunicación no va a entregarse a la defensa de la opacidad.

Pensábamos que el compañero Oliver había dejado el periodismo para pasarse a la política, pero hoy sabemos que se dedica a la justicia creativa. Y así como Luxemburgo ha redefinido el criterio de inmunidad europarlamentaria, el compañero Oliver reinterpreta el derecho constitucional a la información. De hecho proclama su caducidad, como la libertad para Lenin: «No debe haber un derecho a obtener respuestas». Y el que se pase de listo se queda sin copa de navidad. O sin cuchara en el puchero de Rosa María.

Leer más…

Deja un comentario

23 diciembre, 2019 · 9:39

El calentador roto

15750578128982.jpg

Xenofobia.

Viví en un piso minúsculo cercano a las Cortes propiedad de una señora de pelo blanco y acento gallego. No tenía calefacción ni aire acondicionado, así que pasaba los inviernos cubierto de lana como una oveja merina y los veranos exponiéndome en calzoncillos a las rachas cruzadas de dos ventiladores. Era un lugar fantástico para iniciarse en el periodismo, que ayer fue y será mañana aquella menestralía de la baja intelectualidad advertida por Gaziel: un oficio excluido de toda participación en el decoro de las vidas razonables.

La propietaria había nacido para ser propietaria, eso se descubría la primera vez que te retrasabas en el alquiler o en la factura de la luz. Era una casera arquetípica, la clase de conciencia formada en la sospecha preventiva que exigiría una resolución de la ONU antes de que un inquilino se aventurase a colgar un cuadro de una de las cuatro paredes estrictas de que constaba su guarida. Un día se estropeó el calentador. Encontré en internet una empresa de reparación de tarifa asequible y apalabré un presupuesto. Luego informé a la casera. Decidió que pagase yo y descontase el importe de la mensualidad. Ella vivía en Galicia pero quería hablar con el operario cuando se presentase en casa. El operario llegó, examinó la avería, yo marqué el número de la propietaria y le pasé el teléfono a él para que le explicase los detalles de la reparación. Hablaron. Todo iba bien. Mi casera le pidió que me pasara el teléfono. Entonces oí la melodiosa voz de aquella formalísima anciana preguntándome si, como parecía, el operario era extranjero. Con él delante resultó muy violento tener que confirmárselo. Pero más violento fue tener que escuchar a continuación que no se fiaba, que lo despidiera sin compromiso, que ya enviaría ella a alguien de confianza. Alguien nacional.

Leer más…

Deja un comentario

30 noviembre, 2019 · 10:22

La tumba recobrada de Chaves Nogales

15736737668960

En el cementerio de North Sheen, Londres.

Él era eso que los sociólogos llamarían un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Ganaba su pan y su libertad confeccionando periódicos y escribiendo artículos, y con ellos se hacía la ilusión de animar el espíritu de sus compatriotas. Nunca creyó en la virtud salutífera de las grandes conmociones y sentía un odio insuperable a la estupidez y la crueldad, porque sabía que el único pecado que no tiene perdón es el pecado contra la inteligencia. Hoy reposa en una tumba sin lápida y sin fecha, bajo el negro graznido de los cuervos y el rutinario rugir de los aviones que surcan el cielo sobre el cementerio de North Sheen, Londres, lejos de la patria que mantuvo su nombre en el olvido durante medio siglo porque a nadie convenía su memoria.

Se llamaba Manuel Chaves Nogales, y se presentaba como un simple periodista cuando un simple periodista podía custodiar a solas la herencia siempre amenazada de la civilización. Ese «peso moral» que destacó Ignacio Peyró, artífice desde el Instituto Cervantes de Londres de un homenaje tan necesario que no entendemos cómo no se había hecho hasta ahora. A Chaves le tocó atestiguar la epidemia de cainismo que enfebreció al pobre celtíbero, cuya sangre y cuyo fuego testimonió como nadie durando aún la contienda con la inverosímil lucidez de un historiador. Sus palabras, hoy canónicas, para serlo debieron primero ser rescatadas por Abelardo Linares y Andrés Trapiello, quien ayer al pie de su tumba confesó el secreto de la memoria histórica bien entendida: recordar que hay que olvidar para ganar la paz. «Llamé a Abelardo y le dije que en Chaves había encontrado la clave de bóveda de mi libro». Ese libro era y es Las armas y las letras, que es la obra que Abel escribiría sobre su hermano con una mirada de paz, de piedad y de perdón, pero jamás de olvido.

Leer más…

Deja un comentario

14 noviembre, 2019 · 15:05

Nos están suicidando

blanca-fernandez-ochoa-poses-for-a-portrait-during-juegos-news-photo-166205369-1567666686.jpg

Blanca Fernández Ochoa.

El 19 de julio de 2017 un hombre célebre que se encontraba de cacería en una finca cordobesa apoyó en el suelo la culata de un rifle del calibre 270, inclinó el tórax sobre la boca del cañón y apretó el gatillo. Bastaron horas para que todos los titulares contemplasen el suicidio, y bastó un solo día para que dos digitales de izquierda -depositaria oficial de la compasión- titularan: «Miguel Blesa, otra muerte sospechosa relacionada con la corrupción» y «La muerte de Blesa pone a salvo su botín». A nadie le preocupó entonces ni su esposa ni su hija. Se trataba de un banquero corrupto de derechas. El eslabón más débil en la cadena antropológica de la empatía.

La cobertura de la desaparición de Blanca Fernández Ochoa ha acusado un terror secular al tabú del suicidio, paliado once días después por eufemismos del tipo «muerte no violenta no accidental». Pero aquel terror lo inspiraba el juicio inquisitorial de la profesión y el corazón palpitante del público, unidos ambos, emisor y receptor, en la hipocresía colectiva que toca la entraña de nuestra nación católica y sentimental, donde durante siglos se excluyó a los suicidas de los cementerios decentes. Ese estigma dura. La santa indignación tuitera contra el morbo nace de un compartido hondón religioso que exige los paños calientes de la fe -sigamos creyendo que vive, y si no que fue un accidente, y si no que está en el cielo- para amordazar las implacables conclusiones de la razón. Y sí, el periodismo siempre ha trabajado con las emociones, pero se supone que no debe consentir que las emociones trabajen por él. Con Blesa era fácil, porque aquel hombre no emocionaba a nadie.

Leer más…

Deja un comentario

8 septiembre, 2019 · 22:12

La conjura de los lectores

987636-406-304.jpg

Alguien le votó.

El miércoles publiqué una columna por la que no recibí un solo insulto en los comentarios digitales. No daba crédito. Se trataba de un texto poco complaciente con Sánchez, y aún menos con Zapatero, y uno confiaba en la habitual movilización de zombis en pijama a la caza del fascismo. Pero la jornada avanzaba, yo me metía en la página y al pie del artículo no comparecía una sola descalificación. Empecé a preocuparme. Para alguien consciente de que en España ningún columnista triunfa sin el tributo invertido de sus odiadores, tanta higiene resultaba degradante. Sabemos que desde que existe internet las puertas de los baños públicos están impolutas. Y ay de nosotros el día que vuelvan a pintar pollas en esas puertas y no en nuestras webs, porque ese día el periodismo habrá muerto. ¡Qué es el periodismo sino la posibilidad de seguir ofreciendo al lector la ocasión de rebajarse libremente!

Estaba a punto de llamar al informático del periódico cuando reparé en que la columna aparecía sin firma. Se me había olvidado rellenar la caja de autoría en el editor. Para cuando lo hice era tarde: los zombis habían pasado de largo sobre mi pieza y se encontrarían ya vomitando sobre un opinador más afortunado que yo. Apenas se presentaron cuatro comentaristas favorables, y la vergüenza de la unanimidad me enrojeció la cara. Pero después entendí que aquello encerraba una metáfora del mecanismo tribal de la política, en la que importa el quién y no el qué, el socio y no el programa, el argumento ad hominem y jamás el razonamiento complejo. Porque la identidad se define antes por negar lo ajeno que por afirmar lo propio.

Leer más…

Deja un comentario

7 julio, 2019 · 22:56