Archivo de la etiqueta: partitocracia y gracias

Correcalles y ruedines

El bipartidismo cabalgando hacia el cuatripartidismo.

El bipartidismo cabalgando hacia el cuatripartidismo.

El fútbol se pone divertido cuando el crono apremia y el resultado no satisface a ningún equipo: es entonces cuando la emoción desordena la pizarra, los jugadores olvidan lo entrenado, el centro del campo degenera en correcalles y el entrenador crepita en la banda. La política se pone interesante cuando la fecha electoral se acerca y los sondeos no contentan a los partidos: entonces la pública discrepancia quiebra la disciplina de partido, los candidatos se desmarcan de su sigla, la polarización desmiente el centrismo y el aparato no da abasto para sofocar fuegos internos e impostar sonrisas externas.

Nuestra partitocracia es hoy un correcalles donde la traición y la rajada conviven con el brindis al sol y la trola de gabinete, y por eso está tan entretenida. Por una viñeta de Idígoras y Pachi reparo en tres emocionantes disidencias que están ofreciendo las cuadrigas de PP, PSOE y UPyD visto lo visto en Andalucía: más que con otras todas riñen entre sí, si bien cada una por un motivo diferente.

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La Andalucía que aprendió a pescar

Málaga iluminada.

Málaga iluminada.

Es fácil hablar de una Andalucía ramplona que vive del subsidio, la peonada fingida y el trapicheo. Es fácil tender una comparación entre esa Andalucía y los hambrientos del proverbio chino a los que Albert Rivera reclamó no que se les diera pescado, o sea subvenciones, sino que se les enseñara a pescar: a explotar una economía productiva. Pero pescar no es tan fácil, y hablar de buenos pescadores, tampoco, porque ellos están tan ocupados en el rendimiento de sus piscifactorías que no tienen tiempo para promocionarse y contribuir así a cambiar la imagen tópica de una Andalucía postrada, mantenida por la caridad laica salida de las arcas de la Junta.

Coinciden en Málaga algunos de los más brillantes pescadores metafóricos de esta otra Andalucía productiva y orgullosa, innovadora y cosmopolita, tecnológica y rigurosamente privada.

Luis Hernández Garrido empezó a desarrollar su start-up hace 10 años en la Universidad de Málaga junto a su amigo Pepe Domínguez; su criatura -un portal de descargas de aplicaciones antes de que las apps invadieran nuestra rutina- creció tan rápido que ni Luis ni Pepe pudieron terminar la carrera, haciendo bueno el aforismo de Mark Twain: «Siempre consideré demasiado importante mi educación como para dejarla en manos de la escuela». O de la universidad, anacrónicamente divorciada de la práctica empresarial. «En Harvard es distinto: allí los alumnos de los últimos cursos ya pueden montar sus propias empresas», cuenta Luis, que tuvo ocasión de ampliar su formación autodidacta en el mítico campus bostoniano. Hoy Uptodown es un gigante tecnológico que con 70 millones de visitas al mes compite directamente con Google y Apple. Y lo hace desde el centro histórico de Málaga, en un palacete clásico a cuya oficina luminosa y diáfana acude cada mañana en bicicleta su patrón de 35 años. En su pizarra se leen palabras como branding o engagement, y al fondo hay una máquina recreativa para desestresarse.

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El ruido sordo de la endogamia

La comandante Zaida en la tribuna de invitados del Congreso.

La comandante Zaida en la tribuna de invitados del Congreso.

Abrió la sesión un atronador minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del 11-M: fue la parte más elocuente de la matinal parlamentaria, zambullida ya en el barro electoral. Por unos instantes todos nos pusimos de pie para pasar íntimamente el dedo por aquella cicatriz nacional aún tibia, acariciándola enmudecidos, y sólo se oyó el tableteo de los fotógrafos disparando. Hasta la pantalla del iPad de doña Celia exhibía la sombra del luto. El responso laico concluyó con un aplauso como futbolero y a partir de ahí todo fue a peor.

El señor Bosch tomó la palabra y preguntó por la pobreza infantil. Más tarde, Pere Macias, tras «solidarizarse con el pueblo de Madrid», inquirió por el fomento de la innovación industrial. Se hace escandaloso, si no imperdonable, que ERC y CiU olviden así sea por un día la identidad oprimida de su tierra. Si el tabarrón catalán continúa amortiguándose, nos tememos que cualquier miércoles se alce Tardà clamando que le duele España.

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Los ciudadanos reclaman

Y el dedo y sus consecuencias.

El dedo y sus consecuencias.

Los ciudadanos demandan mayor democracia interna en los partidos, se asegura. Pero no está uno tan seguro. Más democracia interna en los partidos reclaman colectivos humanos muy específicos tales como los militantes de esos partidos, los periodistas al cabo de la calle y los tertulianos en sentido lato, los abogados referentes de la sociedad civil, los presidentes de patronatos artísticos que firman artículos de fondo y los confeccionadores de escaletas televisivas de sábado noche. ¿Es que los militantes, los patronos y los confeccionadores de escaletas no son ciudadanos? Es muy posible que lo sean, pero ahora nos referimos a esos grandes olvidados de la sociedad que son los emisores mudos de voto: personas que no sacan -porque no pueden- tajada retórica ni laboral de la urgente y transparente implantación del sistema de primarias. Ciudadanos que no tienen tiempo para testar la salud democrática de Génova o Ferraz más que un par de veces al día. Ciudadanos abnegados que acuden a las urnas con deseos modestos: que la fiscalidad no degenere en vasallaje, que sus representantes roben lo menos posible y que la burocracia que articula el Estado de Bienestar se conduzca con parecida agilidad cuando se trata de citarte con el dermatólogo y cuando se trata de sustraerte los 200 machacantes en que la espesa rapacidad municipal cifra el castigo por un aparcamiento heterodoxo.

El interés ciudadano, en cuyo inocente nombre se cometen todo tipo de atrocidades, da por descontadas operaciones tan deliciosamente sicilianas comola prejubilación de Tomás Gómez o Ignacio González; y más que preguntarse si se han producido con arreglo a los estatutos internos del partido y a los exigibles estándares de participación orgánica, se preguntan qué habrán hecho para merecerlo, por qué clase de gilipollas los toman voceros como Hernando o Luena y qué pinta tiene la orina de los nuevos. Al ciudadano del común, mientras gestione con alguna eficacia lo de todos, le importa un carajo si un partido se conduce internamente como una empresa jerárquica, como una teocracia salafista o como una asamblea con perro, flauta y diábolo: le importa que sus políticos -señalados a dedo o votados con arrobo hare krishna– velen por la democracia que nace en el umbral donde muere su sede.

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Territorio Zarrías: la maldición del olivo

Albanchez de Mágina, pueblo de Juan Lanzas.

Albanchez de Mágina, pueblo de Juan Lanzas.

Apenas han transcurrido 24 horas desde que el juez Alberto Jorge Barreiro citara a declarar, entre otros, a Gaspar Zarrías como imputado en el mayor caso de corrupción de la historia de España, pero en su Cazalilla originaria sólo parece haberse enterado Juan Balbín, que cumple aquí dos décadas como alcalde socialista.

Cazalilla, corazón de Jaén, se alza sobre una suave loma enmarcada por olivares y bendecida por el trazo feraz del Guadalquivir. No llega al millar de habitantes -«novecientos veintialgo», precisa Balbín- esta pequeña localidad de la Andalucía interior cuya economía depende del olivo, se dice, aunque debiera decirse del subsidio agrario, y cuya identidad política se confunde con el socialismo que ha gobernado la Junta de Andalucía desde que hay democracia. Tras una victoria de UCD en los primeros comicios democráticos, el municipio no ha conocido otro gobierno que el socialista, como tantos de la Andalucía rural. Allí donde el color del voto parece tan eterno como el de su paisaje. Allí donde reside la fortaleza de Susana Díaz, su pie en pared electoral desde el que proyectarse hasta San Telmo, y de ahí a Ferraz, y de ahí -quién sabe- a La Moncloa. Allí donde los pocos vecinos que se ofrecen a la vista del reportero se enteran por él de la imputación de su hijo más ilustre, a quien incluso el marciano votante del PP (un 26% frente al 71% que cosechó el PSOE en las municipales de 2011) respeta demasiado como para desearle una condena.

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¿Y esto cómo lo vendemos?

Tsipras pensando eslóganes.

Tsipras pensando eslóganes.

Al reportero que accede por primera vez a los santuarios del poder -es decir, al off the record- le sorprende la vigencia de una ley no escrita, amurallada por una escrupulosa omertà. Esta primera ley de la política, suscrita por izquierdas, derechas o mitólogos de aldea se enuncia con sencillez: nunca olvides que la gente es imbécil. La gente es carne ambulante que emite votos cada cuatro años. El pueblo al que se dice defender y representar tragará lo que le eches mientras le rindas el tributo de empatía retórica que impone la telecracia emocional de nuestro tiempo.

Si usted ha trabajado alguna vez en un gabinete o tiene un cuñado que fue jefe de prensa de un diputado, sabrá que la primera pregunta que hace un político después de tomar la típica decisión contraria a su compromiso es: ¿y esto cómo lo vendemos? ¿Cómo vende Tsipras su epifánico encontronazo con la realidad, su peculiar paso del mito soberano al logos de la deuda? Pues invoca la ley de la imbecilidad general y Europa acude en su ayuda: donde había odiosa troika dígase asépticas «instituciones europeas», lo que permite vender en Atenas como victoria nacional un zafio birlibirloque nominalista. La variable Ockham o la ecuación Lampedusa, cabría titular este eterno best-seller: para que todo siga como está, es preciso que el nombre cambie.

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National Geographic

Rivera, rival a batir.

Rivera, rival a batir.

Para los que amamos la naturaleza hay pocos espectáculos tan conmovedores como la inteligencia letal de la hiena o el cainismo de un partido español cuando se aproximan elecciones. Hay quien está enganchado a un reality y por un rubor anacrónico todavía declara que ve documentales de La 2; a mí me pasa al contrario, perdonadme, y me fascina la humanidad de los animales como a otros la animalidad de los humanos. Bien es verdad que me aburren los procesos de celo y cópula, demasiado similares a una noche estándar en la calle Huertas como para despertar mi interés, pero me excitan inconfesablemente las cacerías protagonizadas por grandes mamíferos o por insidiosos reptiles, de cuya sofisticación Ferraz o Génova, pese a sus progresos, aún tienen mucho que aprender.

El hecho de que el PP haya puesto en circulación un argumentario para tratar de destruir la imagen ascendente de Albert Rivera me recuerda a cierta especie de araña que segrega al nacer una droga destinada a atontar a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias crías recién nacidas. La naturaleza regala por millones estos ejemplos de atrocidad ilimitada que deberían hacer recapacitar no ya a los veganos, sino a todos los que añoran purezas roussonianas desde el confort de la urbe; pero hay que reconocer que un documental ofrece pautas muy útiles al análisis político. En cierto modo, el auge de Ciudadanos nace del marianismo como el de Podemos del rubalcabismo: fenómenos que eclosionan en las telarañas de la vieja alternancia por pura reacción social. ¿Habrán alcanzado ya las nuevas criaturas un desarrollo autónomo suficiente como para evitar que el sistema los engulla? Todo apunta a que sí, y de ahí el argumentario segregado desde el nido a modo de ácido reputacional.

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Cortesía de David Gistau, pregunta 27.

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Moreno Bonilla tiene gripe

El padrino y el novio.

El padrino y el novio.

A la hora en que Telecinco prestaba foco a Susana Díaz, el hotel Ritz ponía de largo a Juan Manuel Moreno Bonilla ante 700 invitados, no necesariamente andaluces. En estos desayunos informativos siempre comparece un misterioso grupo de elegantes que solo se conocen entre ellos pero que toman asiento con el seguro ademán del patricio. Han recorrido la democracia saltando de desayuno en desayuno postinero sin perder su prestancia de ardilla engominada. No son banqueros, no son tertulianos, ni siquiera pobres diputados: son el mismísimo Poder descendido sobre cuerpos mortales. Y el resto son sus escoltas.

Moreno Bonilla no los saludó a todos por no pegarles la gripe -habría gripado el Sistema: ¡la fantasía podemista!-, pero compuso un sufrido papel de novio al pie de la escalera del hall para recibir el desfile de los notables orgánicos, estos ya bien conocidos: María Dolores de Cospedal, Alfonso Alonso, Fátima Báñez, Rafael Hernando, Don Cristóbal. Besamanos de partido: le iban abrazando, le palmeaban el hombro, le susurraban algo al oído que nos gusta imaginar en siciliano: «¡Porca Susana!». Rajoy, que debía presentar al candidato nacido del áureo dedo, tardaba en aparecer; se llegó a temer que se hubiera decidido al final por acudir a Telecinco. Qué quieren, son tiempos de lealtades raras. Y si no que se lo digan a Pedro Sánchez.

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29 enero, 2015 · 12:45