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Montoro: «Hay compañeros míos que se avergüenzan de ser del PP»

Montoro, después de hablar.

Montoro, después de hablar.

El edificio del Ministerio de Hacienda no ha cambiado desde el siglo XVIII, y ya sorprende que nadie lo haya bombardeado aprovechando alguna de nuestras periódicas guerras civiles. Va a resultar que Hacienda, efectivamente, somos todos.

Frescos regionalistas, mesas de madera noble, arañas barrocas que posan destellos sobre los mostachos señoriales de predecesores de Montoro que nos contemplan al óleo desde las paredes. Un silencio atronador. El Ministerio de Hacienda es una biblioteca en junio. ¿Nos estarán espiando al otro lado de esa puerta disimulada en un rectángulo de muro como un trampantojo? «Yo me entero de todo», se le escapa a veces al inquilino de esta Casa. Vestimos nuestro cuerpo para engañar y confiamos el alma a los íntimos, pero nuestros bolsillos son de cristal para Montoro. «¿Economía con alma? ¡Pero qué tontería es esa! ¡Como si hubiera economía sin alma! Economía es el viaje de novios que se regalan hoy quienes no pudieron casarse durante la crisis, por ejemplo».

Cuando por fin nos abren la puerta del despacho -el verdadero puente de mando de la legislatura que agoniza-, constatamos que la figura de don Cristóbal no se corresponde con el ámbito aproximadamente suntuoso que la aloja cada mañana y hasta las nueve de la noche. En el vídeo del telediario parece más agresivo, y en el escaño, no poco amenazante. Pero el susurro con que nos invita a tomar asiento frente a él encierra más agotamiento que intimidación. «Los viernes baja el cansancio de toda la semana. Y el Consejo de Ministros tampoco ayuda…».

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Ampliando en La Sexta cómo surgió y aclarando su santa veracidad

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14 octubre, 2015 · 16:26

Entrevista en Periodista Digital por ‘La granja humana’

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Los molinos de viento de Cospedal

Trabajar. Hacer. Crecer. Manipular.

Trabajar. Hacer. Crecer. Manipular.

Según reciente confesión, María Dolores de Cospedal está leyendo La templanza, de María Dueñas. Es de suponer que la novela metaforiza de algún modo esta virtud cardinal, tan importante en campaña para un político expuesto al vaivén de la demoscopia, razón para elogiar la pertinencia con que la presidenta de Castilla-La Mancha -y secretaria general del Partido Popular- escoge sus lecturas.

Las encuestas sientan al PP manchego en un balancín que oscila entre el cielo de la mayoría absoluta -fijada en 17 escaños por la nueva Ley Electoral- y el infierno del pacto necesario si saca 16 o menos. En este segundo supuesto, Ciudadanos emerge como árbitro merced a una horquilla de entre tres y cuatro diputados; en una correlación de fuerzas tan apretada, y dado el emblemático perfil de Cospedal, no es descabellado calcular que aquí los de Rivera acaben cerrando el paso al PP. Los dos o tres que los sondeos otorgan al otro partido nuevo, Podemos, volverían insuficiente un presumible frente de izquierdas con el PSOE de Emiliano García-Page, que bascula entre los 10 y los 11 asientos. Así que sobre el tablero manchego el bipartidismo puede pese a todo aguantar bastante bien el tipo.

Cospedal se juega el 24 de mayo su carrera política: su sillón en el Palacio de Fuensalida y puede que su despacho en la planta noble de Génova. Si internamente ya ha sido muy cuestionada la compatibilidad de ambos cargos, e incluso se ha atribuido a este pluriempleo la falta de una estrategia política clara a lo largo de la legislatura -por no hablar de la relación Soraya-Cospedal, manifiestamente mejorable-, mantener a una perdedora al frente del partido podría resultar difícil de justificar hasta para Rajoy. Así que en los comicios manchegos se dirime una clave nacional, en tanto que juicio al PP en la efigie de su número dos. No deja de ser la persona que se enfrentó en solitario a Bárcenas, y también la que avaló su finiquito «en diferido».

Consciente de lo que se juega, la presidenta reformó la Ley Electoral al poco de llegar al poder, y volvió a reformarla el verano pasado. La oposición no duda en tildar la medida de cacicada, aunque el Tribunal Constitucional ha salvado su legalidad. El hecho es que también José María Barreda había reformado la Ley Electoral: se conoce que aquí es tradición cambiar las reglas del juego si uno cree que le perjudicarán en las próximas elecciones. «La diferencia es que nosotros lo llevábamos en el programa, mientras que Cospedal primero aumentó de 49 a 53 los diputados un Miércoles Santo de 2012, y cinco meses después anunciaba un nuevo recorte que equiparaba nuestro nivel de representación al de La Rioja. Todo con tal de facilitarse la reválida. Pero le ha salido el tiro por la culata: no contaba con la irrupción de C’ s y Podemos, y la nueva ley pone tan caro el escaño que en cuanto entra una tercera fuerza se vuelve imposible la mayoría absoluta», explican fuentes del entorno de García-Page. Desde el PP justifican la medida por el deseo de adelgazamiento de la Administración manifestado en las encuestas por los ciudadanos.

Y es verdad que si una palabra ha guiado la primera ejecutoria del PP en Castilla-La Mancha, esa ha sido austeridad. A Cospedal no le ha temblado la mano que empuña la tijera -el PSOE cifra el tajo en 26.000 empleados públicos-, pero esgrime razones tan poco originales como imperiosas para hacerlo: una herencia ruinosa, que les habría obligado a gestionar la miseria y a embridar un déficit galopante (7,8%: la autonomía más deficitaria de España) como primera medida. El desempleo, pese a la última mejoría, se dispara hasta el 28,7%. Cospedal llegó a replantear el método de registro de paro para afinar su tipología, según el PP; para maquillar el dato, según la oposición.

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El otro Principado de Lampedusa

De aquellos Cascos vienen estos lodos.

De aquellos Cascos vienen estos lodos.

Asturias es cuna de muchas cosas. Para empezar de España, don Pelayo mediante. Fue chispa de la revolución. Su Principado es la fuente heráldica del trono. Y su Parlamento fue el primero que vio caer al bipartidismo por el empuje personalísimo de Francisco Álvarez-Cascos y de su criatura Foro, escisión del PP que ganó las elecciones de mayo de 2011. En su liderazgo carismático, Foro ya prefiguraba el partido de Pablo Iglesias y el de Albert Rivera. Pero un año después Cascos tuvo que convocar elecciones porque nadie le apoyaba los Presupuestos. Perdió cuatro diputados y la nueva correlación de fuerzas permitió al socialista Javier Fernández alzarse con la investidura gracias a IU y al único voto de UPyD: el del diputado Prendes, que concurre a los comicios del 24 de mayo por Ciudadanos, al que el CIS concede cuatro diputados. Para redondear la policromía de la tarta astur Podemos irrumpe con fuerza -10 escaños según el CIS, a uno del PP-, debatiéndose con C’s por recoger el voto descontento y transversal de Foro, que se quedaría en cinco, y disputándole a la vez el espacio por la izquierda al hegemónico FSA-PSOE, que con 13 es el último bastión con el andaluz que parpadea en el oscurecido mapa de poder territorial de Ferraz. Un pacto de izquierdas con Podemos e IU mantendría a Fernández en el poder.

Asturias es mina de añejas esencias que no permiten un análisis unitario: poco tiene que ver el tradicional obrerismo de Gijón con el modelo burgués, clariniano, que Gabino de Lorenzo (PP) ha fomentado durante décadas en Oviedo. En la ciudad de La Regenta el PP es inexpugnable. Su mayor oposición la desempeña otra Ana, de apellido Taboada, candidata a la Alcaldía por Somos Oviedo, marca local del partido de otro Iglesias. En la céntrica sede de Podemos Oviedo cierran a contrarreloj un programa de unidad popular. Y se trabaja por amor al arte de lo posible; o sea, a la política. «Somos un equipo de 10 o 15 pero cobrar, cobran tres», cuenta entre risas Daniel Ripa, secretario general de Podemos Asturias.

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Papá, cuéntalo otra vez

Sócrates en Sol.

Sócrates en Sol.

Sería una pena que el simpático Karl Marx que luce al dorso el móvil de Alberto Garzón -según el modestísimo crédito de red social- resultara un fake. Porque no puede haber mejor imagen para casar comunismo y consumismo en un indisoluble matrimonio de posmodernidad. Lo posmoderno, según Lipovetsky, es una aleación de contracultura y sociedad de consumo que eclosiona en los 60 y que conoce en el mayo francés su clímax emblemático, aparte de un paroxismo de cursilería en el que todavía chapotea la publicidad. La imaginación al poder, prohibido prohibir y otros lemas sonrojantes, ya saben. Aquella revolución de burgueses bohemios se exportó con tanta profesionalidad que no pocos retenes de barricada acabaron de eurodiputados, y todos los hijos de la progresía europea crecieron marcados cruelmente por su iconografía sentimental. Ismael Serrano ha sido su mejor bardo: papá, cuéntame otra vez esa historia tan bonita, parece decir Garzón.

Y vaya si la historia se repite como farsa que no tardó en aparecer por allí Leo Bassi fidelizando clientela. No faltaron el vino (Don Simón) ni las rosas, bien que marchitadas de zapaterismo terminal; y tampoco esas entrañables cargas policiales que fabrican héroes de barriada y brindan al becariato un excitante vislumbre de corresponsalía en Gaza. Entre las jaimas asamblearias de Sol la quinta de la nostalgia reconocía una sucursal de aquel París abierta por algún ministerio del tiempo en el centro neurálgico de Madrid.

Era hermoso, sí, con la belleza que solo comportan los esfuerzos inútiles. Con el calor de la tribu recién formada y su ideario intransitivo y su tiempo estacionado. Con la deliciosa ingenuidad de las primeras citas. Con el arrebato naïf del inocente a fuerza de ignorante. Con la justificación irrebatible de una desesperante tasa de paro juvenil. Y del otro.

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Perfil de Ignacio Prendes: «UPyD fue mi primera novia, con la que cometes todos los errores»

Lo que nos unía.

Lo que nos unía.

Un día estaba Winston Churchill pronunciando un discurso en la cámara de Westminster cuando vio cómo uno de sus diputados, en señal de desacuerdo con lo que estaba oyendo, se levantaba de la bancada tory y se sentaba con la oposición. Entonces el legendario premier interrumpió su perorata y murmuró: «Es la primera vez en mi vida que veo a una rata nadando hacia el barco que se hunde». El barco de UPyD hace aguas por todas partes, pero ni Rosa es Churchill ni son ratas los militantes que cambian el distintivo magenta por el tono naranja ante la derrota -en su doble acepción- impuesta por la gran timonel. ¿Que es el instinto de supervivencia y no el idealismo lo que mueve a quienes rechazan el papel de violinistas en el Titanic de Díez? Puede, pero es que el primer deber de un político es sobrevivir. Si no existes no pueden votarte, y si no te votan no puedes llevar tu querido programa a la práctica.

Cabe recordar, con el calendario en la mano, que primero fue Ciudadanos (junio de 2006), y que su novedoso molde -reformismo, patrocinio de intelectuales, transversalidad- sirvió de inspiración a Díez para fundar UPyD en septiembre de 2007. Esta misma secuencia de siglas se produjo en la biografía política de Ignacio Prendes (Gijón, 1965): tras un temprano desencanto del socialismo, militó brevemente en C’s para acabar incorporándose a UPyD, concurriendo como su cabeza de lista por Asturias en las generales de 2008. Por entonces su alma era inequívocamente fucsia y su voz sonaba al compás de la de Rosa, quien en atención a su lealtad y formación de abogado le encargó la redacción de la ponencia de Organización y Estatutos aprobada en el primer congreso del partido. Formó parte del Consejo de Dirección entre abril de 2008 y el negro día del diciembre pasado en que se citó con Díez en su despacho de la sede nacional de Cedaceros, junto al Congreso: sentados en unas butacas de piel roja le vino a decir que él no se estrellaría con ella y que dejaba los cargos, pero (aún) no el partido. Rosa aceptó sin mucho ruego.

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Pactarás con Susana

A veces hay que bailar con la más... votada.

A veces hay que bailar con la más… votada.

Si Dios existe más vale que tenga una buena excusa, razonó Woody Allen. Confiamos en que también la tenga el tipo que inventó la democracia, arcana divinidad de nuestro tiempo. Yo no he sido, así que no me miren, pero conozco al menos su funcionamiento teórico: democracia es el gobierno de la representación de la mayoría. Por eso no dejan de sorprenderme esos gruesos titulares que alarman a la población con la terrible posibilidad de «que gobierne la lista más votada». ¡Hasta ahí podíamos llegar!, parecen clamar a cinco columnas. Pero si merece tal énfasis la noticia es porque en España no siempre la democracia ha deparado el gobierno del más votado, escrúpulo aritmético que vino a aliviar la doctrina parda del cordón sanitario, cuya bandera pirata acaba de ondear Garzón el Joven ante Esther Esteban. El cordón sanitario es a la política lo que el tanga a la costura: un argumento nacido a pachas de la desidia y el impudor que persuade a la mente progresista de que el pueblo siempre tiene razón… salvo cuando vota a los fachas del PP, en cuyo caso se equivoca, su mandato no rige y se declara abierta la veda de los frentes, es decir, del chalaneo hasta el paroxismo hexapartito.

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Ignacio González y el último corrillo

Últimas mañanas con González.

Últimas mañanas con González.

La palabra más importante en la vida de un político se conjuga en imperativo, y dice: «Asúmelo». Eso ha hecho Ignacio González, que presidió ayer sus últimos corrillos, por los que distribuyó el resignado alivio del saliente, conjuntado con las sonrisas de despreocupación de Ana Botella. Ya no va con ellos la película del hundimiento, que toca desmentir al tándem rubio formado y mal avenido por Cifuentes y Aguirre.

Las encuestas matutinas sonaban a violines del Titanic invitando al consumo compulsivo de canapés como si no hubiera un mañana. Porque, de hecho, quizá no lo haya. Cifuentes aún puede convertirse en la primera presidenta de la Comunidad de Madrid con una estrella de cinco puntas tatuada en la pantorrilla izquierda, pero lo tiene complicado. Mejor parece tenerlo doña Esperanza, que se hacía fotos con todos pero se casará con Begoña Villacís (Ciudadanos), encaramada a dos tacones como dos acantilados morenos. Pacta o muere, que diría Susana.

En el patio el cronista topa primero, claro, con Antonio Miguel Carmona: un candidato tan ubicuo que le disputa a Chuck Norris la facultad de encestar un triple haciendo un mate. Carmona disimula su tribulación: «El 80% de las encuestas me dan gobierno, pactos mediante; ¿por qué prestar atención a la de El País?». Pero no nos convence.

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