El vídeo completo de nuestra charla, cortesía de la Fundación Manuel Alcántara y moderada por Rafa Porras, en el marco incomparable de Málaga:
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Cuando marcó el octavo gol en dos partidos, tuiteé que lo suyo empezaba a ser ya neoliberalismo. Esa voracidad de tiburón, esa renuncia casi insidiosa a conformarse, esa fe insolente en su propia capacidad. Esa manía analógica de limitarse a hablar en el campo, privándose de buscar simpatías en la zona mixta, que es el último eslabón en la cadena de montaje del mercado fútbol: donde te ponen las etiquetas. Lo paradójico es que CR, siendo millonario, practica un fútbol industrial, que manufactura goles como Henry Ford montaba coches. Ronaldo es proletario del triplete y lobo de Wall Street. Baluarte a la vez de un individualismo anglo y un estajanovismo soviético, funda por sí solo un nuevo paradigma que merece culto, pero que demasiadas veces solo causa escándalo, frialdad, distancia reverencial cuando no odio mal disimulado. ¿Por qué?
El apetito de Cristiano es contracultural. En España está mal visto ganar mucho dinero, pero lo está aún más ganarlo trabajando. Disculpamos al pícaro que pega el pelotazo quizá porque su éxito se labra sobre contactos u oportunidades que nos quedan lejos, que no nos interpelan. Pero alguien que prospera machacándose nos envía un mensaje poco confortable: «¿Y tú qué es lo que haces?» Y eso molesta, porque normalmente no hacemos gran cosa. Estamos más cómodos compadeciéndonos que peleando el ascenso.
Un manifiesto juvenil que no pude negarme a firmar: mantengan la compostura, niños y mayores.
Un madridista sabe que ha llegado el verano porque los varones de la especie se sienten legitimados para mostrar los pies y porque Florentino trae un fichaje gordo; incluso caro. Que este agosto solo hayamos visto lo primero, más allá del drama estético que comporta, debe hacernos reflexionar. En el Madrid no hay variaciones pequeñas sino cambios de paradigma, así que el verano de 2015 marcará el hito en que la noticia dejó de ser el jugador que viene y pasó a serlo el jugador que se fue o no llegó. Una galaxia de supernovas cede a una de agujeros negros. ¡Lo que habría hecho Galileo con una rotación de Benítez!
El mayor agujero negro del mercado estival lo ocasionó Iker, cuya salida ha sido la más cacareada de nuestro tiempo junto con la de Grecia. La comparación no es gratuita: de los poetas elegíacos de Casillas como de Grecia subía un mismo lamento: «¡Con lo que nos ha dado!» El Ikexit finalmente sí se consumó, aunque termina quedándose en la UE gracias a Lopetegui primero y a don Vicente después, que está determinado a seguir alineándolo como portero titular de la Selección siguiendo un mandato constitucional no escrito, como ese de que a La Moncloa va el candidato de la lista más votada. Antes se rompe el segundo que el primero.
Adoro esa foto en la que Usain Bolt posa con su camiseta blanca junto a Karim Benzema. Es la fábula de la liebre y la tortuga, y en la fábula ya sabemos quién gana.
En el debut liguero contra el Sporting al Madrid le faltó el último pase, que es la especialidad de la casa: la ratatouille del chef Karim. Pero para aprender a cocinar se necesita tiempo, lentitud, afecto y el descomunal don que atesora el ídolo tranquilo de Usain. Isco es un pinche meritorio, pero demasiado a menudo le sucede lo que a aquellas pijas que calientan pero no cocinan, y Modric no puede estar en todo. Bienvenidas las efusivas declaraciones de madridismo en red social, pero lo que necesitamos de ti, monsieur, es el último pase, el juego entre líneas, la apertura a un toque, la visión inverosímil, el tobillo de seda. Incluso el gol si el sábado se pone vulgar.
El recalcitrante piperío (casticismo merengue) vuelve a entonar la elegía del nueve, como si el fútbol no hubiera evolucionado. Eso del nueve puro, el artillero, el matador, es un anacronismo como esos mesones que todavía se resisten a renombrarse como gastrobares. No digo que no resulte útil en equipos modestos -ahí está el buen Aduriz, y sé que es temerario llamar modesto al equipo de Bilbao-, pero la figura camina a la extinción en los candidatos a ganar la Champions. Afortunadamente para el Madrid, Benzema no es un nueve. Dice Benítez, con su mejor intención, que le falta continuidad; pero quizá un día Benzema mire al banquillo, descubra ahí sentado a un señor venido de Alemania y concluya que a quien le ha faltado continuidad es a Benítez.
Mitologías aparte, España es un país bicéfalo en números redondos. Madrid y Barcelona acaparan el poder económico, demográfico, turístico, mediático, cultural, político. A nadie puede extrañar que acaparen también el futbolístico. Lo raro es lo de Berlín, ciudad que gobierna el continente y tiene un equipo que ni siquiera voy a pararme a mirar cómo se deletrea.
Según el CIS, el 38% de los españoles se declara madridista y el 25% culé. Después vienen Atleti (6%), Valencia, Athletic y Betis. Luego están los que son de su equipo y además del Madrid o del Barça. Siguen los antimadridistas, que no se pierden un solo partido del Madrid. Por último, la aldea global paga por ver al portugués y al argentino: no aprecia las delicadezas tácticas de Paco Jémez.
Madrid y Barça recaudaron 1.103,5 millones según la última memoria económica de la Liga (2013-2014), la mitad de los ingresos totales de Primera y Segunda División: 2.328 millones. A uno esto le parece perfectamente coherente con los afectos e intereses de la población española (y mundial), por más que tan armónica simetría cabree a los aficionados de los equipos pequeños.
Hay un profundo sentido democrático en la desigualdad que encabezan Madrid y Barça. Es la democracia decantada por la meritocracia del tiempo: hubo una época en que Benfica o Nottingham Forest dominaron Europa, y ahora se conforman con disputar el título doméstico, si pueden. La hegemonía sostenida de Madrid y Barça, pese a errores estratégicos, fichajes absurdos e imputaciones por evasión, se debe a que acertaron más veces de las que erraron. Y es a través de sus éxitos sobre el césped como se mantiene y crece la afición, y por tanto el interés publicitario, y por tanto el merecido privilegio en el reparto televisivo. La gracia de ser del Atleti por su manera de palmar, más allá de la lírica bohemia, no colma los anhelos de ningún corazón indio, que preferiría ganar. Como todos. Si Atleti o Valencia acumularan cinco Champions cada uno -no digamos ya diez-, hoy su pedazo de tarta sería más suculento.
La pasada campaña no se recordará por el fútbol primoroso que desplegó el Madrid de James hasta enero, ni menos por el pecado de chulería y contraataque que madrugó la condena de Lucho; se recordará por el triplete del Barça. El fútbol está concebido por empiristas, y aunque los argentinos le añadieran la lírica y el barrio sabemos cómo acabó lo de las Malvinas. Porque lo sabe, Florentino ha fichado a Benítez, un hombre de la casa pero graduado en el extranjero con una fórmula anticastiza, eficiente, compacta: escasamente madridista. Pero los madridistas necesitamos un título como los diabéticos insulina y los títulos, empezando por el Mundial de España, se logran tapiando tu portería.
Para eso se ha despedido a Casillas -mal, como compete a las leyendas-, se ha encomendado la puerta a brazos ágiles y se ha blindado el compromiso de la zaga, capitaneada por Ramos y enriquecida con Danilo. Y se apuntala el medio con Kovacic, quien solo por ser paisano y alumno de Lukita esperanza nuestros corazones. «Yo haría un equipo completo de mercenarios yugoslavos, obedientes y letales», me confesó el otro día un hombre del presidente. Raza criada en el plomo.
Benítez es un táctico, justo lo que no era Ancelotti. ¿Significa eso que corremos el riesgo de acabar presentando los partidos del Madrid al festival de Sundance en la categoría de habla no inglesa? No creo, por dos razones: porque la BBC gozará de libertad creativa arriba y porque tampoco estamos seguros de que la koiné en que se entienden no sea el inglés. Si el Bernabéu está mal acostumbrado a valorar solo las goleadas épicas y las remontadas agónicas, habrá que educarle el gusto en la defensa zonal, el control de los tiempos, la basculación en línea, la puñetera defensa del balón parado y demás farmacopea de pizarrín. Que luego bien que se hacen selfies con la copa.
GAZPACHO CON TABASCO
blog personal de un cierto jarroson
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
you are so cute when you are frustrated, dear
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
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