Archivo de la etiqueta: La España que ora y que bosteza

El ofendido autonómico

Folclor patrio.

Folclor patrio, en Buñol.

Si Leopoldo María Panero se autodestruía para saber que era él y no todos los demás, el español sabe que es español y no birmano o danés porque discute su propia identidad, cuando no la niega directamente. De ahí la españolidad profunda del nacionalista: solo el que es de la familia aspira a irse de casa. Aquí nunca se terminó de cuajar o coser un sentimiento de unidad nacional como pongamos el de Francia, y la fuente de este particularismo ha distraído mucho a los historiadores: Américo Castro la ubicó en la pugna religiosa de la Reconquista, Sánchez-Albornoz en la romanidad visigoda, otros en la energía centrífuga que absorbió el Imperio; pero todos vienen a compartir el diagnostico invertebrado de Ortega.

A falta de un patriotismo nacional, y dado que el desarraigo absoluto tampoco es humano, el español ha desarrollado un amor hipersensible a su patria chica. El CIS dice que solo el 16% de los españoles estaría dispuesto a defender su país con las armas, pero yo veo al 90% perfectamente capaz de matarse con el pueblo vecino si entiende agraviado su folclore. El fútbol es la épica de nuestro tiempo pero, más que cohesionar, la Liga yuxtapone municipios enfrentados.

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Guipúzcoa, capital Estocolmo

En el bar La Cepa de la calle 31 de Agosto, en San Sebastián, fue asesinado Gregorio Ordóñez.

En el bar La Cepa de la calle 31 de Agosto, en San Sebastián, fue asesinado Gregorio Ordóñez.

A la paradoja de que un callejero atestado de nombres monárquicos sea gobernado desde hace cuatro años por la izquierda abertzale no se acostumbra el visitante, pero quizá ya sí el donostiarra, según todas las encuestas. San Sebastián, gloria del urbanismo burgués, recreo estival borbónico y republicano antes que franquista, cayó en manos de Bildu en 2011 gracias a una escueta mayoría de ocho concejales con la que ha gobernado mediante pactos, con el PNV de socio preferente y su angosto marco identitario como programa. La marcial disciplina de su base y el efecto propagandístico de la reciente legalización hicieron posible el primer Gobierno abertzale en la historia de Donosti, por cuyas hermosas calles no puede uno caminar mucho trecho sin pisar la sangre borrada de 102 asesinados. La ciudad más castigada por ETA junto con Madrid, empezando por Begoña Urroz: el bebé de 22 meses al que una bomba reventó en 1960.

En cumplimiento de una moción municipal en la que su partido se abstuvo, Izagirre concedió el pasado 8 de abril la Medalla de Oro de la ciudad a la familia de la niña asesinada, aunque no permitió el acceso de los medios al homenaje. Así se dan aquí los pasos hacia la reconciliación: con lentitud y cálculo. La equidistancia entre el requisito de la ley (y la moral) y la ortodoxia de los fanáticos. No hay que premiar a ETA por dejar de matar, se enfatiza a menudo, incluso por boca del ministro del Interior. Pero el hecho es que dejar de matar tiene premio. Por ejemplo en los sondeos, que mantienen intactas las posibilidades de Izagirre de revalidar el cargo, más allá del ascenso de Eneko Goia (PNV) por la caída de PSE y PP, cuyo respaldo a Goia se antoja probable para lograr el desalojo de Bildu a cambio del mal menor jeltzale. Podemos no se presenta: Pablo Iglesias entendió que aquí el cupo antisistema lo cubre Bildu. Y con eficacia, porque ocupa las principales instituciones del sistema: la Alcaldía de la capital y la Diputación de Martín Garitano.

Más allá de que Bildu logre o no retener Donostia finalmente, el hecho es que no recibe voto de castigo pese a los fracasos de su gestión. Y éste no es el único premio con que el síndrome de Estocolmo parece distinguir el silencio de las pistolas.

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Venciste, Galileo

La Pasión según Podemos.

La Pasión según Podemos.

«La religión es el suspiro de las criaturas oprimidas, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de las situaciones desalmadas». No lo escribió Santa Teresa sino Karl Marx, a renglón seguido de lo del opio del pueblo. Steiner afirma que sólo una sensibilidad judía como la de Marx podía articular el sistema comunista sobre una plantilla bíblica: el edén como estadio previo a la explotación capitalista, el proletariado como pueblo elegido, los intelectuales como nuevos clérigos y la sociedad sin clases como paraíso prometido. Por eso no me sorprende que Begoña Gutiérrez, diputada electa de Podemos, asistiera a la salida de la hermandad de los Estudiantes de Sevilla. Solo hay que leer al Guareschi de Don Camilo, el cura que siempre tiene al alcalde comunista en primera fila los domingos. Por no aludir al morado penitencial que viste el logo ni a la efigie nazarena de su líder, que para colmo se apellida Iglesias.

Que el comunismo es un cristianismo despojado de trascendencia está dicho hace tiempo, pero quizá haya que repetirlo. Precisamente Álvaro Pombo, generoso lector de esta columna, reedita ahora en Ariel su biografía del Santo de Asís, a la que ha añadido un prólogo político que me recomienda. Allí tiende Pombo el puente del franciscanismo entre política y fe, entre Podemos y el Papa. Ante los aplaudidos gestos de Francisco, como ante el olor a fratría y catacumba de los círculos ‘podemitas’, «inclinamos sombríamente las cabezas, pensando: revolucionará la retórica política y religiosa, triunfará al principio estrepitosamente, nos deslumbrará, pero fracasará», augura Pombo. Como, a ojos de la política romana, fracasa hoy Cristo en la cruz.

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Susana ha dicho cambio

Séneca custodiando la muralla de Córdoba.

Séneca custodiando la muralla de Córdoba.

«¡Un tiempo nuevo!», proclama Susana Díaz sobre el cerro de votos naftalínicos que edifican su triunfo. Como si los andaluces hubieran votado cambio, señores, y no precisamente la más estricta, anacrónica, endogámica continuidad. Como si, movidos por un miedo antropológico, no hubieran optado mayoritariamente por levantar el enésimo dique frente a una doble amenaza: por un lado la austeridad del PP, que podría podar la sombra hospitalaria de la parra pública; por el otro, la incertidumbre de Podemos, pues aunque se declaran igualmente estatalistas, siempre que cambia el patrón se pierden clientes por el camino. Como si Andalucía no llevase a gala un conservadurismo ancestral, hecho de sol y rito, que se remonta a Séneca, primer andaluz en articular una filosofía de la resignación. Y como si la llamada del emprendimiento, con sus riesgos legendarios, pudiese hallar eco en las partidas de tute de la sobremesa olivarera, con sus emociones modestas.

Susana dice cambio no ya porque el adanismo rige la moda retórica del 2015, sino porque el propio deseo de novedad es el principio activo de toda estrategia publicitaria, así en hombres como en grandes primates e incluso ciertos perros. También porque tiene 40 años y un bebé por venir. Y por último porque la proyecta a la pugna por La Moncloa. Pero que la candidata victoriosa del PSOE-A presuma de novedad equivale a que José Luis Moreno recale en TVE prometiendo un espectáculo nunca visto.

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La Andalucía que aprendió a pescar

Málaga iluminada.

Málaga iluminada.

Es fácil hablar de una Andalucía ramplona que vive del subsidio, la peonada fingida y el trapicheo. Es fácil tender una comparación entre esa Andalucía y los hambrientos del proverbio chino a los que Albert Rivera reclamó no que se les diera pescado, o sea subvenciones, sino que se les enseñara a pescar: a explotar una economía productiva. Pero pescar no es tan fácil, y hablar de buenos pescadores, tampoco, porque ellos están tan ocupados en el rendimiento de sus piscifactorías que no tienen tiempo para promocionarse y contribuir así a cambiar la imagen tópica de una Andalucía postrada, mantenida por la caridad laica salida de las arcas de la Junta.

Coinciden en Málaga algunos de los más brillantes pescadores metafóricos de esta otra Andalucía productiva y orgullosa, innovadora y cosmopolita, tecnológica y rigurosamente privada.

Luis Hernández Garrido empezó a desarrollar su start-up hace 10 años en la Universidad de Málaga junto a su amigo Pepe Domínguez; su criatura -un portal de descargas de aplicaciones antes de que las apps invadieran nuestra rutina- creció tan rápido que ni Luis ni Pepe pudieron terminar la carrera, haciendo bueno el aforismo de Mark Twain: «Siempre consideré demasiado importante mi educación como para dejarla en manos de la escuela». O de la universidad, anacrónicamente divorciada de la práctica empresarial. «En Harvard es distinto: allí los alumnos de los últimos cursos ya pueden montar sus propias empresas», cuenta Luis, que tuvo ocasión de ampliar su formación autodidacta en el mítico campus bostoniano. Hoy Uptodown es un gigante tecnológico que con 70 millones de visitas al mes compite directamente con Google y Apple. Y lo hace desde el centro histórico de Málaga, en un palacete clásico a cuya oficina luminosa y diáfana acude cada mañana en bicicleta su patrón de 35 años. En su pizarra se leen palabras como branding o engagement, y al fondo hay una máquina recreativa para desestresarse.

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Miguel de Cervantes cuenta su hallazgo

El Manco de Lepanto, visto por Ulises.

El Manco de Lepanto, visto por Ulises.

Este periódico ha obtenido en exclusiva la opinión del manco de Lepanto sobre su propio hallazgo, la cual reproducimos a continuación:

«Sin juramento me podrás creer, desocupado lector, que este que tiene ante vuesa merced es el primer sorprendido de su propio descubrimiento. Bien sabe el cielo que me gustaría comparecer en más airosa manera que bajo la apariencia de «reducción de esquirlas óseas» con que han tenido a bien presentarme mis temerarios indagadores, pero cada cual es hijo del tiempo y a tal desmejoramiento me veo reducido.

Ni el riguroso trance en que se halla España -que algunos llaman crisis y otros recuperación-, ni el escaso contento que a mi modestia concede tan desaforada atención me privarán de tomar una vez más la pluma para dar mi opinión sobre el asunto, que con no ser tan premioso como las malhadadas economías digo yo que algún interés reviste, siendo el muerto quien opina y siendo España quien a menudo no atiende.

Me encuentro convertido en motivo de disputa entre quienes acusan de necrófilo el intento de ubicarme, quienes sospechan engaños y afeites para lustre de poderosos y quienes advierten tan solo una porfía mercantil emboscada de cultura. No veo en cambio a mis sedicentes lectores alegrándose del hallazgo, que para tal cortedad de júbilo habría preferido que nadie me moviera de mi sitio. No se me oculta que es patrimonio de nuestra triste raza -acaso ya decadente cuando entre hermanas trinitarias dispuse mi enterramiento- el discutirlo todo y debatirlo todo y no hallar paz en escrutinio ninguno, donoso las menos veces, así en banalidades deportivas como en urgencias que debieran serlo de Estado. Pero paisanos, por Dios y su Madre Santa, ¿es que nadie va a celebrar la sede de mi destino? ¿Es que nunca se ha de coincidir para el legítimo festejo en este pobre país donde toda suspicacia tiene su asiento y todo negro augurio hace su habitación?

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Sinceraos, ‘Lomanas’

Jardiel, obrero de la pluma.

Jardiel, obrero de la pluma.

Para retratar de una vez el fariseísmo de la opinión pública suele recordar Ruiz Quintano una confesión de Dumas: «Yo tengo dos opiniones de la Virgen: una para los periódicos y otra para los amigos». En España siempre fue tendencia presumir de cristiano viejo y vivir como pagano, o bien blasonar de rojo sensible y vivir como señorito facha; el truco es que nunca coincida la opinión privada con la mediática, y cuando el juego se descubre sentimos un bochorno como el del malabarista cuando se le caen los platillos en mitad de la función. Bajo la vigilancia insomne de la corrección política la cosa no ha hecho más que empeorar, y ya en campaña la hipocresía nacional se extrema hasta el delirio.

Así tenemos a Esperanza Aguirre -que sabemos que concita el voto más tradicional del PP- descargando su imagen conservadora sobre la chepa de Cristina Cifuentes, quien sí milita en el PP más por azar que por doctrina. Aguirre blasona de liberal pero un liberal es aquel que no necesita repetir a cada paso que lo es, porque sus obras cantan. Pablo Iglesias viaja a la socialdemocracia desde su puerto ideológico (y financiero) en el marxismo tropical, pero no puede decirlo muy alto para que no se le cabree el patrón bolivariano ni pierda por un calculado centro los votos de la izquierda radical en que militó siempre. Y luego está Albert Rivera, a quien acusan de indefinición ideológica porque su programa no es enteramente socialdemócrata ni tampoco liberal, sino un poco de los dos. Pero Rivera no es un hipócrita, porque lleva a gala desde el principio la disolución de las dos Españas en un eclecticismo enriquecedor, más por razones generacionales que teóricas. Pretender destruirle por no ser rojo ni azul es como descartar a un mediocentro por saber atacar y defender a la vez. «Jamás he sido hombre de derechas o de izquierdas. Me gustaron siempre ideas inherentes a los dos bandos: el sentido reverencial de la tradición de las derechas y el sentido porvernirista del progreso y la libertad genuino de las izquierdas», escribió Jardiel Poncela en 1947. Cuando en el Madrid del 36 un escritor comunista amigo suyo le advirtió de la conveniencia de alinearse así fuera retóricamente con el comunismo, Jardiel contestó: «Si no creo en Dios, ¿cómo voy a creer en Lenin?».

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Territorio Zarrías: la maldición del olivo

Albanchez de Mágina, pueblo de Juan Lanzas.

Albanchez de Mágina, pueblo de Juan Lanzas.

Apenas han transcurrido 24 horas desde que el juez Alberto Jorge Barreiro citara a declarar, entre otros, a Gaspar Zarrías como imputado en el mayor caso de corrupción de la historia de España, pero en su Cazalilla originaria sólo parece haberse enterado Juan Balbín, que cumple aquí dos décadas como alcalde socialista.

Cazalilla, corazón de Jaén, se alza sobre una suave loma enmarcada por olivares y bendecida por el trazo feraz del Guadalquivir. No llega al millar de habitantes -«novecientos veintialgo», precisa Balbín- esta pequeña localidad de la Andalucía interior cuya economía depende del olivo, se dice, aunque debiera decirse del subsidio agrario, y cuya identidad política se confunde con el socialismo que ha gobernado la Junta de Andalucía desde que hay democracia. Tras una victoria de UCD en los primeros comicios democráticos, el municipio no ha conocido otro gobierno que el socialista, como tantos de la Andalucía rural. Allí donde el color del voto parece tan eterno como el de su paisaje. Allí donde reside la fortaleza de Susana Díaz, su pie en pared electoral desde el que proyectarse hasta San Telmo, y de ahí a Ferraz, y de ahí -quién sabe- a La Moncloa. Allí donde los pocos vecinos que se ofrecen a la vista del reportero se enteran por él de la imputación de su hijo más ilustre, a quien incluso el marciano votante del PP (un 26% frente al 71% que cosechó el PSOE en las municipales de 2011) respeta demasiado como para desearle una condena.

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