
Habrá que hablar del varón, y España es buen sitio para comenzar. Esos muecines priápicos de colegio mayor, por ejemplo. Al oír su provocador llamamiento a la yihad genital podemos reaccionar con el escándalo de rigor, competir en desgarro vestimentario, reclamar castigos ejemplares. Pero si de veras nos importa la salud de la igualdad deberíamos entender que esos muchachos no estaban exhibiendo su poder sino su fragilidad, cuando no su súplica. Que fuera una novatada no modifica el diagnóstico: una novatada es un rito de paso extraoficial por el que se regula el ingreso de un candidato en una comunidad organizada. La pregunta entonces es por qué los jóvenes sapiens exigen hoy una credencial de machismo aparatoso, contracultural, para ser aceptados en la tribu. La respuesta es la misma que explica el alboroto por la mano de Federer en la mano de Nadal: solo al adanismo le parece noticia, solo los inseguros expresan su rechazo, solo los fuertes se perdonan una lágrima.













