Archivo de la etiqueta: ETA

Autonomías Confederadas

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Aliado del PSOE.

Nada más melancólico que un jacobino español. Heredero de la Revolución francesa, el jacobino defiende el centralismo republicano: un Estado fuerte e igualitario edificado sobre las ruinas de las privilegios históricos que ostentan las élites territoriales de toda vieja nación. Desde que en Francia esa utopía se hizo realidad a un precio nada módico en litros de sangre, la izquierda es jacobina y la derecha es tradicionalista. Hoy diríamos nacionalista.

Pero en España las ideas no evolucionaron de forma tan académica. La CEDA cumplía con la norma regionalista del conservadurismo convencional, pero el franquismo embutió a la derecha en el uniforme imperial del falangismo: una, grande y libre. Así que a medida que la derecha se hacía centralista a la fuerza, la izquierda se enajenaba con el narcisismo de la diferencia. Y hoy, en nuestra turulata opinión pública la filiación ideológica ya no depende de la conciencia de clase o los intereses materiales, sino de la identidad territorial y su folclore simbólico. En España ahora eres de izquierdas si empatizas con la autodeterminación fiscal de los burgueses de periferia y eres de derechas si celebras el mestizo libertinaje de Madrid. La izquierda española realmente existente, la de Sánchez e Iglesias, no es un proyecto nacional sino una amalgama de recelos identitarios que erosiona más y más el basamento de la democracia moderna, que es la igualdad entre ciudadanos racionales. Tanto mendigaron PSOE y Podemos la bendición nacionalista para aislar a la derecha que los nacionalistas, viéndoles de hinojos, hicieron lo que saben: robarles los votos después de la cartera. La nación, aunque sea ficticia, ha engullido a la clase, aunque sea trabajadora.

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14 julio, 2020 · 10:16

Riña de seis

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Mintiendo.

Iba a volver el bipartidismo, aseguraban los tertulianos del bipartidismo -qué bien se vivía, suspiran-, y en esas parió Errejón. De modo que tenemos seis partidos nacionales dispuestos en formación de combate de tres contra tres que a la vez se aprestan al fratricidio intrabloque con españolísima fruición. Los viejos (PP y PSOE) contra los nuevos (Podemos y Cs) y los novísimos (Vox y Errejón) también contra los nuevos y alineados con los intereses de los viejos. Con semejante riña hexapartita usted lo primero que debe hacer es no fiarse de ningún tertuliano, empezando por mí, y mucho menos de encuesta alguna, todas impotentes y efímeras como los amores de barra. La situación es estrictamente impredecible, los españoles desprecian a los políticos solo un poco menos que a los periodistas y el cuento lleno de ruido y furia que no significa nada no tiene final porque únicamente un idiota puede escribirlo, aunque entre los propagandistas de Moncloa hay algún adicto a la farsa convencido de ser Shakespeare.

Pero como detesto el cacareo populista de los cobardes que socializan la culpa entre todos los políticos, iré por partes. El relato de Iglesias vende izquierda genuina, recupera la épica de la derrota de los humillados por los socialtraidores de siempre y hasta incorporó en el último momento algún giro vistoso como una coalición temporal revisable. Lo hizo, sabiendo que Sánchez se burlaría, por lo mismo que Rivera ofreció su abstención a cambio de marginar al partido de ETA, a quién se le ocurre pedirle eso a Sánchez. Iglesias y Rivera buscaban empezar la campaña desnudando la soberbia de un carácter vengativo que entiende el poder como destrucción del adversario después de purgar al compañero, única razón de que haya forzado el 10-N. Vox va de quitarse los últimos complejos -¡quedaba alguno!-, fotografiarse con Salvini y que sea lo que Dios quiera, literalmente. Errejón va de izquierda hospitalaria y sensible, venid a mí los que huís de la berrea de los dos machos alfa. Casado ha descubierto el poder de la elipsis, ese silencio que administra el buen narrador, pero no puede llegar a noviembre sin pronunciar palabra y las dos que más pronuncia, España Suma, suenan a abrazo del oso, a cierre de filas bipartidista, a reloj parado en 2015.

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24 septiembre, 2019 · 11:41

Ahora vas y lo invistes

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Maestro y discípulo.

Todos los estudiosos del sanchismo sabemos que el sanchismo no es una categoría fija. Puesto que Sánchez es un significante vacío, un donut de ambición -la nada contorneada por el azúcar-, sus movimientos se acomodan a la mudanza de las circunstancias; lo único importante es que el maniquí se almacene cada noche en La Moncloa. En estos momentos, por ejemplo, el sanchismo es una mezcla de la abulia de Rajoy y el cinismo de Zapatero.

Del primero ha adoptado la renuncia al trabajoso deber de gobernar, que se ha puesto imposible desde que hay tanto partido pidiendo cosas, así que se conforma con durar en funciones y prorrogar el último presupuesto de Montoro, a quien tengo pendiente preguntar qué se siente gobernando España después de muerto. De Zapatero hereda Sánchez el desprecio a la concordia del 78 camuflado de diálogo sonriente. Hace falta tener un estómago de hierro para sonreír como sonríe Zapatero tragando lo que traga Zapatero. El mismo que se reunió con Otegi en septiembre para recordar con nostalgia aquellas negociaciones de caserío; el mismo que aceptó incluir en ellas la baza de Navarra; el mismo que arruinó el país, después arruinó su credibilidad y ahora está terminando de arruinar Venezuela, todo sin dejar de sonreír. Uno escruta los ojos de Zapatero, esa glauca fijeza almohadillada de insomnio, y recuerda la sentencia en bronce de Pla: «Cuando les das el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre».

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26 junio, 2019 · 11:08

Las nueces de Arzalluz

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El árbol y las nueces.

Si a Monedero le fluyó un Orinoco por los lagrimales cuando Chávez palmó, Iglesias se ha licuado en condolencias por la marcha de «un dirigente de estatura política gigantesca» llamado Arzalluz. La fascinación del neomarxismo mesetario por el PNV es uno de los engendros más vistosos de nuestro zoo de malformaciones ideológicas. Uno se hace de izquierdas para luchar contra el privilegio de los ricos sostenido por la explotación de las clases trabajadoras y la excepción fiscal, que es exactamente lo que gracias al cupo viene haciendo el PNV desde la Transición. Privilegio que Arzalluz arrancó a los constituyentes con la preciosa cooperación de ETA. ¿Dices, Bustos, que la actual prosperidad de Euskadi, envidiable como una Dinamarca cantábrica, se debe en alguna medida a niños destripados por bombas, hombres desnucados a balazos y mujeres enviudadas tras el giro de una llave en el contacto del coche familiar? Sí: digo justo eso. Porque la violencia no solo es eficaz en política: es muy eficaz. Por eso Arzalluz les dijo a los polimilis que no se les ocurriera disolverse, que él negociaba mejor el Estatuto de Guernica con determinadas fotografías encima de la mesa. Eso es el PNV, queridos niños.

Hoy, colonizado hasta el último caserío, los tentáculos de la criatura del padre Xabier abrazan la imaginación de los leninistas amables que no confiesan su embeleso, salvo aquella vez en que a Iglesias le grabaron loando la perspicacia de ETA por rebelarse contra la continuación camuflada del franquismo que sería el régimen del 78. En la fantasía de un mitómano acneico de póster del Che, un rojo sin violencia no es más que un socialdemócrata chupatintas. La voladura de Carrero marca el clímax de esa libido criminal que palpita en la entrepierna del buen comunista. Pero Iglesias y los politólogos afines no admiran al PNV por su Dios y sus leyes viejas, por el racismo ridículo o el historicismo de boina calada, sino por la implacable retícula de su poder. El PNV ha establecido la identidad partido-patria propia de las sociedades totalitarias sin dejar de respetar formalmente las garantías democráticas. ¿Alguien concibe que la gaviota pepera fuera asumida por todos los madrileños? Así ocurrió con la ikurriña diseñada por Arana. La hegemonía se ha cumplido. Gramsci era vasco y no lo sabía.

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3 marzo, 2019 · 22:26

Los chopos de Dachau

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La gratitud del ‘pueblo’.

Que nada se seca tan rápido como la sangre ya lo sabía De Gaulle cuando accedió a la independencia de Argelia, indiscutible colonia. En las aceras de la historia se seca la sangre enseguida y en las venas se hiela cuando pensamos que ETA quizá un día cobre sentido. El día en que, con la euforia que sigue al año de la victoria, el nacionalismo hegemónico alcance sus últimos objetivos democráticos. De momento el PNV tiene 1.018 concejales; Bildu, 894; el PSE, 196; y el PP, 79. Los dos partidos menos votados son los que pusieron los muertos.

Quizá España solo pueda mantenerse unida contra el acecho de una mafia violenta, cuya indefendible fealdad desacreditaba una causa que hoy resurge con alivio, higienizada, lista para condicionar el próximo estatuto. Quizá, perdonadme, la paz acelere el desmembramiento del Estado. ¿Habría podido lanzarse el procés con una banda nacionalista en activo? ¿Y no habría sido el País Vasco la primera comunidad en celebrar un referéndum de autodeterminación en ausencia de ETA?

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El bueno (las víctimas de ETA), el feo (los cómplices de ETA) y el malo (los etarras)

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6 mayo, 2018 · 19:29

Luz en Rentería

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El alcalde Mendoza entre Juani, viuda de José Luis Caso, y Naiara, hija de Manuel Zamarreño.

Jamás pensé que escribiría una columna para enaltecer a un miembro de Bildu. Pero ese día ha llegado y yo debo escribirla. Julen Mendoza Pérez, alcalde de Rentería, se convirtió el miércoles en el primer abertzale que homenajea de verdad a tres víctimas de ETA asesinadas en su municipio. A tres víctimas de ETA y punto. Sin equidistancias nauseabundas. Sin mendigar la disculpa de los suyos amparándose retóricamente en «las víctimas de todas las violencias». Tres vecinos del pueblo, tres hombres a los que ETA les arrebató todo lo que tenían y todo lo que podrían haber tenido. Porque eso es matar.

Vicente Gajate, policía municipal, militante socialista y afiliado a la UGT. Pegó con orgullo carteles electorales de Felipe González por San Sebastián. Su mujer, Purificación, se enamoró de él a los 15 años en un baile. No le abandonan las cinco detonaciones que oyó una tarde de octubre de 1984. Su Vicente, que volvía del tajo, yacía acribillado en la acera. Tenía 34 años.

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El bueno (Julen Mendoza), el feo (Alfonsín) y el malo (Montoro) en La Linterna de COPE

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30 junio, 2017 · 12:06

Lo que queda de ETA

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Intelectuales no parecen.

De su arsenal más mortífero nunca se desprenderá ETA por dos razones. La primera porque no se trata de armamento material sino espiritual, es decir, de las ideas que inspiraron sus series de asesinatos. Unas ideas -el nacionalismo y el comunismo- que se han revelado demasiado eficaces para fomentar el crimen masivo -y después justificarlo- como para que sigamos creyendo que no son intrínsecamente perversas. El nacionalismo es la guerra, sentenció Mitterrand, y el terrorismo tan sólo es la modalidad cobarde y low cost de la guerra. El comunismo, por su parte, santifica el robo, pero como la gente se resiste a que le roben lo que es suyo, al final hay que matarla para quitárselo, como tiene muy bien explicado Federico Jiménez Losantos.

ETA hacía muy bien lo propio del nacionalismo y del comunismo. Pero no puede entregar su ideología por una segunda razón: porque nadie se lo ha pedido. Y no se lo piden porque la suya es, con coquetas gradaciones, la misma necrófila ideología que aún profesan demasiados. Si la derrota de ETA no sirve para echar una gruesa palada de tierra sobre sus pretextos teóricos, que se resisten a morir, habremos perdido una oportunidad histórica para secar la fuente profunda y recurrente del terror.

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11 abril, 2017 · 19:52

ETA y Daesh: terror comparado

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Dos terrorismos.

La casualidad, concepto desprestigiado en la era de la conspiranoia, ha cosido dos terrorismos distintos al boletín informativo: el etarra, que es noticia porque reivindica que se desarma, y el yihadista, que es noticia porque reivindica que le basta armarse con un coche y un cuchillo. Pero las diferencias entre ambas factorías de terror no se limitan a su vigencia -una muere, otra renace- o a su metodología. El asesino de txapela no es menos fanático que el de turbante, y ambos se figuran soldados al servicio de una comunidad imaginaria; pero entre uno y otro se abre una brecha filosófica de siglos que marca el paso civilizatorio de la teocracia a la laicidad, de la tribu a individuo, del más allá al más acá.

Todo fanatismo postula una teoría unívoca de la salvación: una soteriología. Así como el yihadista aspira al califato universal, el etarra mataba para instaurar su propio paraíso: una Euskal Herria étnicamente pura e ideológicamente comunista. Pero el etarra -y en general el terrorista occidental de inspiración nacionalista o anarquista- planeaba sus atentados para salir de ellos con vida, al grito de gudari huido sirve para otra guerra. Sus asesinatos siempre incluían plan de fuga. Y si era detenido, se meaba encima en cuanto notaba la mano de un guardia civil esposándole. Ese pis es el fluido de una desesperación laica, porque el etarra anhela vivir en su edén terrenal de caseríos blancos y verdes colinas, no en un dudoso jardín de huríes abstractas.

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24 marzo, 2017 · 10:59