Archivo de la etiqueta: el tabarrón catalán

Un elefante en el hemiciclo

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En los escaños vacíos se sienta el 155.

Sabemos que el compromiso en nuestro tiempo se expresa a través de lacitos. Los diputados indepes han elegido el amarillo porque el resto de la paleta ya está pillada, de modo que han de poner mucho cuidado al elegir por la mañana el lacito adecuado, no vaya a ser que pretendan exigir la libertad de los Jordis y acaben protestando contra el cáncer de mama. Si los androides sueñan con ovejas eléctricas, los cronistas ya soñamos con diputados cromáticos que no tengan que hablar, sino solo exhibir camisetas o blandir símbolos en cámaras perfectamente demudadas. Es cierto que ya no lo podremos llamar democracia parlamentaria, pero a cambio bajarán los niveles de contaminación acústica y alargaremos la vida de las sufridas taquígrafas, cuyo puesto ocuparán señaleros aeroportuarios. A los daltónicos se les negará el derecho al sufragio pasivo para prevenir el transfuguismo.

Ahora bien: ni siquiera entonces auguro sesiones pacíficas. El caso candente de la camiseta de Adidas demuestra que los españoles, a falta de palabras, somos muy capaces de discutir en colores. Nadie negará, por ejemplo, que al lazo de Rufián le conviene el amarillo chillón.

Hay un elefante blanco en el hemiciclo marcado como una res con el número 155. Sus señorías no evitan referirse a él, de hecho lo hacen continuamente, pero más bien habituadas a su imponente presencia, pues tampoco llegan noticias de que el polémico paquidermo haya entrado en Cataluña como en una cacharrería sino con un tacto felino. Tanto, que Albert Rivera no comprendía cómo una huelga sin seguimiento reseñable consiguió bloquear los accesos al área metropolitana de Barcelona por la sencilla razón de que el Gobierno interventor de Cataluña no quiere fabricar más ganadores de concursos de fotografía bélica de andar por casa como fabricó el 1 de octubre. Así que nuestro elefante es más retórico que verdaderamente agresivo. La pregunta iba dirigida a la vicepresidenta, pero tuvo que hacérsela a Montoro porque Soraya selecciona muy bien las batallas que libra: aquellas que puede ganar con comodidad, normalmente contra portavoces de Podemos. Ayer abusó de un Domènech presa de las contradicciones que el CIS delata, con las maletas ya hechas para unirse a Colau.

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8 noviembre, 2017 · 17:55

Ruth Beitia y la teoría del centímetro

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Ruth Beitia, atleta española.

Mi tío, que es golfista y propende al lenguaje sentencioso, ha desarrollado una teoría del centímetro cuyo alcance extiende a todos los ámbitos de la vida. Uno nace bien o mal por un centímetro. Uno accede o no a la carrera que desea por centímetros de nota de corte. Uno se enamora por centímetros de distancia, una se desenamora porque el centímetro importa. El éxito en determinadas fiestas depende de unos centímetros de cuenta corriente. Y podríamos seguir.

Mi tío ya pensaba así antes de que Woody Allen rodase la escena final de Match Point, cuyo mismo título avala la teoría del centímetro. «Un centímetro lo es todo», resume Ruth Beitia, que comparte desde luego este centimetrismo existencial. Por estirarse hasta superar el centímetro que marca la gloria o el fracaso, Beitia ha hecho cosas atroces a lo largo de 27 años de una carrera fundida en oro, plata y bronce. Se levanta dolorida cada mañana sin saber por qué, y es porque lleva 27 años ahormando su cuerpo a las exigencias de la alta competición. Solo que Beitia, a diferencia de los atletas cuya excelencia fue puramente mecánica, ha trabajado al mismo tiempo esa horma de la conciencia que se llama compromiso. Por eso se metió en política sin esperar a retirarse primero, arriesgándose a diezmar las adhesiones de la afición en un país ideológicamente binario, donde la fidelidad expresa a unas siglas granjea el odio automático de los abanderados opuestos. De ahí el ahínco que ponen los cobardes en separar la política del deporte.

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7 noviembre, 2017 · 10:19

La campaña Python

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Próxima lista de Juntos por el Sí.

Hubo un tiempo en que los procesionarios ofrecían orgullosamente las muñecas a las cámaras. ¡Podéis encarcelarnos, no tenemos miedo! Y en grupo llevaban razón, porque individualmente sabían que su orgullo corría a cargo de la libertad y hacienda de sus representantes. De ahí las lágrimas vertidas en el parque de la Audiencia y los cafés sorbidos de incógnito en Bruselas. En un furgón no cabe la voluntad de un pueblo, pero hay espacio de sobra para varios consejeros.

Los patriotas, como los borrachos, siempre dicen la verdad, aunque luego no quieren responsabilizarse de lo dicho y de lo hecho. La patria es un alcohol que hay que consumir con moderación. Cuando la perdemos, empezamos a sentir que para nosotros no rigen las leyes, la de gravedad en primer lugar. Y a la gravedad le da igual que creamos en ella o no. El borracho se proclamará independiente de ella, pero ella nunca se independiza del borracho, y cuenta con maneras dolorosas de recordarle su tenaz soberanía.

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Vuelve El bueno (Lamela y Llarena), el feo (Santi Vila) y el malo (Dante Fachin) en La Linterna de Cope

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4 noviembre, 2017 · 11:07

No temas, di crisis

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Diván de oro.

Uno toma verdadera conciencia de lo que está pasando en Cataluña cuando el Real Madrid se pone a ocho puntos del Barça y no ocurre gran cosa. Nadie pide la cabeza del entrenador, ni unas elecciones anticipadas, ni la exhumación de Juanito. Las críticas resultan más bien convencionales: el físico, el gol, el hambre, el quilombo táctico de Marcelo. Hasta Morata, que nunca fue un soberano delantero completamente independizado de la cantera, se entrega a previsibles accesos de melancolía que sólo confirman el acierto de su traspaso. Todo esto significa que la crisis de juego y resultados por la que atraviesa el Madrid está discurriendo con sordina; y el silencio, lejos de beneficiar a un club acostumbrado a existir entre la hegemonía o el apocalipsis, perjudica seriamente su recuperación.

Así que quizá el Real Madrid, como las pensiones o las novedades en el caso Lezo, no es más que otra víctima de la sobrerrepresentación procesista en los medios. A sus aficionados se les está escamoteando la familiar trompetería del fin del mundo que acompaña a cada derrota, precisamente por tratarse de un hecho excepcional. No digo que no se haya incurrido con puntualidad en el tópico del matagigantes -¿alguien duda que el rey David era catalán?-, pero la máquina de señalar culpables tampoco parece funcionar a pleno rendimiento y así será muy difícil recobrar la tensión competitiva. Yo no creo que la Liga esté perdida, pero pronto lo estará si nadie le recuerda al equipo que lo siguen mirando.

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31 octubre, 2017 · 11:15

Cuando el humo se disipe

15091224181931.jpgCuando el humo se disipe deberían quedar en pie algunas certezas distinguibles, de contornos nítidos, recortadas contra el polvo retórico que nos asfixia. Debería quedar en pie la diferencia entre el Gobierno y el Estado, y entre la formalidad democrática y la innegable emoción del nacionalpopulismo. Deberíamos también haber atisbado los límites de la política, que son tan anchos como los del amor, pues sólo limitan con lo penal. Cuando el humo se disipe habremos recordado por qué se representa a la diosa no con una balanza y una zanahoria, sino con una balanza y una espada, porque sin fuerza no hay justicia. Y habremos aprendido a desconfiar de la soberana voluntad de los niños, que desconocen la amargura por las plegarias atendidas, para reclamar los tratos entre hombres, a quienes las frustraciones enseñaron que la vida va en serio sin necesidad de tachar rayas en la pared de una celda.

Pero sobre todo deberíamos aprender a separar a los pueblos de los mesías que creen acaudillarlos, porque no hemos asistido a la caída de Cataluña sino a la de algunos catalanes demasiado decisivos. Los pueblos, queridos niños, no se independizan. Los pueblos no tienen derechos. Ellos no deciden pasar a sus plurales habitantes por la horma de una lengua o una etnia. Los pueblos no luchan, no desafían las leyes, no obedecen mandatos populares, no son el juguete de una dialéctica cósmica. Los pueblos no van a la cárcel, porque el derecho no contempla responsabilidades abstractas y colectivas sino concretas e individuales. Los pueblos no son libres, ni esclavos. Los pueblos, como mucho, figuran en los mapas, y porque hay cartógrafos que los dibujan. Es el hombre solo, empujado por móviles febriles, el que se revela en este histórico drama, que en el mejor de los casos es la obra de actores conscientes de sus actos e inconscientes de su destino, como escribió Raymond Aron a propósito de la guerra.

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30 octubre, 2017 · 10:10

Cómo disuadir a tu lunático

Carles Puigdemont

Lunático contemporáneo.

A algún federalista con humor se le ocurrió diseñar los pasillos del Senado al estilo náutico, de modo que los despachos semejan camarotes y los senadores soportan la sensación de trabajar en el Titanic. Sin embargo, no es el Senado el que se hunde, y menos ahora que ha encontrado su drástica utilidad, sino la autonomía de Cataluña que el 78 restauró, que el separatismo ha arruinado y que el 78 ha de volver a restaurar ahora. Cuenta con una potente bomba de agua que lleva un número de serie: 155. Y un precinto intacto. Nadie sabe manejar esa bomba. Nadie quería aprender. Mienten -o desconocen el marianismo- quienes imputan al PP unas ganas locas de someter a Cataluña. No imaginé el discurso de Sáenz de Santamaría en boca de Cromwell, y no por la ronca ejecución sino por el tono funeral: una mezcla palpable de fatalidad histórica, pereza infinita y ese pánico a lo desconocido característico de los altos funcionarios del Estado.

La vicepresidenta prescindió de toda vibración, refirió sobriamente los hitos de la revuelta e insistió en lo obvio con un punto de cansancio: no se trata de instaurar un centralismo secretamente codiciado, sino de que la peña cumpla la ley en todas partes, tanto si habla catalán como si aspira las eses. Recordó una verdad jurídica esencial que agoniza bajo la catarata de catequesis catalanista: las competencias de la Generalitat no emanan de la sangre de Wilfredo el Velloso sino de la Constitución. No hay una legalidad medieval ininterrumpida y previa al hecho fundacional de nuestra democracia, que es el referéndum constituyente que convocó a todos los españoles, incluidos los catalanes, hace 40 años. El poder de Puigdemont no proviene de los cojones peludos de un remoto señor feudal en cota de malla, sino de un contrato social contemporáneo. Pero la gente solo escucha al abogado cuando llega una multa a casa o cuando planea el divorcio. Y Soraya debería saberlo. De don Carles no esperaríamos ni que saliera de la cárcel habiéndose aprendido las provincias de Andalucía.

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27 octubre, 2017 · 18:25

Carlismo de cacerola

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Nacionalistas de ayer y de siempre.

Si Foxá nunca les perdonó a los comunistas haber tenido que hacerse falangista, don Mariano nunca les perdonará a los indepes haber tenido que hacer política. Porque el 155 está a mil millas de la inercia funcionarial en que Rajoy de ordinario mece su poder: el 155 impone el desenvolvimiento puro de la facultad ejecutiva. Se comprende su vértigo bartlebyano ante la llamada de la acción y por eso sujeta fuerte el brazo del PSOE, para compartir responsabilidades y de paso vengarse de las urgencias de Rivera, a quien sin embargo ha acabado dándole la razón a regañadientes.

El restablecimiento del orden constitucional en Cataluña será arduo, porque allí vive gente tan española que sabe de buena tinta que la juez Lamela es Rajoy con peluca, de quien dependerían en el fondo todos los poderes del Estado, a exacta semejanza de la Cataluña unívoca y compacta que anhelan construir. El latino entiende mal la separación de poderes más o menos desde Julio César. Sufre menos disonancias cognitivas si vive persuadido de que hay un hombre en España que lo hace todo, de modo que Rajoy prende los bosques y entrulla a los Jordis. Esta granítica sospecha revela un alma de súbdito resabiado cuyo pánico a que lo tomen por idiota no hace sino confirmar que lo es. Su recelo preventivo opera menos por interés malicioso que por química estupidez: jamás le perdonaremos a la gran industria de la necedad que ha sido el Proceso que nos haya robado la fe en la maldad humana. Tan literaria.

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El bueno (Cantó), el feo (Ábalos) y el malo (Soto del Real) en La Linterna de COPE

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23 octubre, 2017 · 13:30

Más chutes no

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Nacionalismo en vena.

La reforma constitucional (RC) es un plato de setas holandesas que customiza las alucinaciones en función del perfil ideológico del consumidor. En el conservador la RC desata temores infantiles, en el socialista obra un placebo federal, en el liberal dispara fantasías igualitarias y en el nacionalista agita directamente la libido del Estado propio. Es la misma mierda, pero a cada cual le sugiere una movida mental diferente de acuerdo con su trauma particular. La RC es muy adictiva -se vende muy bien por las esquinas de las tertulias-, y por eso mismo debe ser administrada con responsabilidad y siempre a resguardo de la policía, o al menos con la mayoría de los magistrados del Tribunal Constitucional a tu favor.

La RC está especialmente contraindicada para el español porque el español es un pozo de traumas históricos, la mitad de ellos fabricados en casa y la otra mitad comprados al extranjero. Su identidad atraviesa una adolescencia perpetua, y ya sabemos lo que hace la droga con los chicos sin autoestima. Pero a cambio el español se apasiona con facilidad por la semántica, a veces hasta el punto de alimentarse de ella cuando falta el pan. Usted dice en España reforma constitucional o endurecimiento del código penal y es probable que gane unas elecciones sin que nadie le pregunte por qué no empezamos por cumplir las leyes existentes. «¡Yo no voté esta Constitución!», aúllan los caminantes blancos del adanismo. En España se puede ser gilipollas, pero lo que no se tolera es ser un gilipollas pasado de moda.

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El bueno (Aybar), el feo (Iglesias) y el malo (los Jordis) en La Linterna de COPE

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16 octubre, 2017 · 11:08