
No entiendo que la derecha se mofe de la decisión de Pablo Iglesias de abrir un bar en Lavapiés. Entiendo que lo critique la izquierda peterpán, porque el ingreso de Iglesias en el floreciente gremio de la hostelería madrileña corona el proceso de reconciliación con la realidad que caracteriza a las personas maduras, aquellas en las que la biología derrota por fin a la ideología. La fundación de la Taberna Garibaldi expresa la superación del dogmatismo anticapi: la izquierda pierde un demagogo y Madrid gana un empresario. Por eso yerra la derecha si censura el despertar liberal de Iglesias Turrión. Padre de familia numerosa, propietario de chalé con piscina y hombre de negocios. ¿Qué más se le puede pedir? Quizá que matricule a Leo, Manuel y Aitana en un concertado del Opus Dei, pero poco más.













