Archivo de la etiqueta: Cristiano Ronaldo

El cabrón de CR

Lo logrado.

Lo logrado.

Esta semana Cristiano Ronaldo volvió a cruzar el umbral de la historia madridista, que es uno de sus movimientos favoritos junto con la diagonal hacia dentro. Esta vez lo hizo como máximo goleador del Real Madrid a los seis años y meses de su llegada. A fuerza de cruzar umbrales de gloria se podría temer que Cristiano terminara devorado por la eternidad, pero ni siquiera Stephen Hawking se explica por qué ese fenómeno astrofísico, tan natural, no rige para el luso: un miércoles se lo traga el panteón de inmortales y un domingo reaparece por el túnel de vestuarios, dispuesto a seguir alimentando el bucle enloquecido de la superación.

Asistí este viernes en el Bernabéu al homenaje que el club le tributó. Me gustó el acto porque difícilmente la duración de un protocolo volverá a resultar tan inversamente proporcional al tamaño de la gesta celebrada. Ronaldo demostró madurez no solo en la elegancia indumentaria sino en la gratitud que dominó su alocución. Siempre supo que sin sus compañeros, presidente, entrenadores, utilleros, fisios y aun periodistas deportivos -y eso es mucho saber-, él no habría pisado el Himalaya del planeta fútbol, desde donde mira de frente a un puñado de elegidos y por encima a todos los demás; pero es que ahora, además, lo dice. Y eso está bien. Jubilemos al Tarzán interior; saludemos la gravedad del David de Miguel Ángel.

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4 octubre, 2015 · 11:38

Neoliberalismo y CR

Capital.

Capital.

Cuando marcó el octavo gol en dos partidos, tuiteé que lo suyo empezaba a ser ya neoliberalismo. Esa voracidad de tiburón, esa renuncia casi insidiosa a conformarse, esa fe insolente en su propia capacidad. Esa manía analógica de limitarse a hablar en el campo, privándose de buscar simpatías en la zona mixta, que es el último eslabón en la cadena de montaje del mercado fútbol: donde te ponen las etiquetas. Lo paradójico es que CR, siendo millonario, practica un fútbol industrial, que manufactura goles como Henry Ford montaba coches. Ronaldo es proletario del triplete y lobo de Wall Street. Baluarte a la vez de un individualismo anglo y un estajanovismo soviético, funda por sí solo un nuevo paradigma que merece culto, pero que demasiadas veces solo causa escándalo, frialdad, distancia reverencial cuando no odio mal disimulado. ¿Por qué?

El apetito de Cristiano es contracultural. En España está mal visto ganar mucho dinero, pero lo está aún más ganarlo trabajando. Disculpamos al pícaro que pega el pelotazo quizá porque su éxito se labra sobre contactos u oportunidades que nos quedan lejos, que no nos interpelan. Pero alguien que prospera machacándose nos envía un mensaje poco confortable: «¿Y tú qué es lo que haces?» Y eso molesta, porque normalmente no hacemos gran cosa. Estamos más cómodos compadeciéndonos que peleando el ascenso.

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Un manifiesto juvenil que no pude negarme a firmar: mantengan la compostura, niños y mayores.

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19 septiembre, 2015 · 9:44

Al basket lo que es del basket

La Novena.

La Novena.

-Oye, ¿y el Madrid de basket también genera antimadridismo?

La disciplina impenitente de la tertulia lo tiene a uno habituado a repentizar contestaciones, pero esta vez no supe qué responder. Por un lado pienso que el equipo de baloncesto, pese a su gloria equiparable -la Novena soplando en la nuca de la Décima-, se hace más simpático, sus hazañas resultan más ecuménicas, sus títulos siembran más adhesiones sinceras que semillas de resentimiento. Pero pienso también que entre el monoteísmo del fútbol y las confesiones menores de la idolatría deportiva media una distancia insalvable por cuyo camino se van atemperando los odios como las euforias. Y esta es la causa de que hoy tenga tanta razón el antimadridista que empatiza con el título impoluto de los chicos de Laso como el madridista que no termina de consolarse con la Euroliga en el día en que el Barça canta el alirón.

El madridismo circunscribe al parquet la posibilidad de la alegría esta primavera, dejando al margen el pichichi de Cristiano, que alegra lo que alegra y nada más. Y repetir que no basta no deja de enmascarar alguna forma de desprecio al trabajo ejemplar de los Chacho, Rudy, Nocioni, Carroll, Llull y compañía: han tenido que pasar ¡20 años! y perderse dos finales seguidas para asir esta copa.

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A Berlín por Omaha

Colombia rindió Camas.

Colombia rindió Camas.

Se sabe que estamos en mayo porque Carletto masca sensiblemente más rápido y la mirada de Hierro en el banquillo se torna vidriosa. Tras la tercera pérdida de balón de Ramos en el medio, el locutor sentenció la temeridad del dibujo blanco con una tautología: «Ramos es un gran defensa central…». También Casillas es un gran portero, tanto que las previas se empeñaban en equipararlo a Buffon, pero el italiano paró un dron de Kroos mientras que, a la primera que pudo, Iker se exhibió tembloroso como teta de novicia. Marcelo completaba la generosidad en el dislate con su alegre anarquía Motown, Pepe y Varane se disfrazaban puntualmente de bruja Befana para hacer regalos a los delanteros bianconeros y Carvajal concedía un penalti tan previsible que estaba contado ya por Hermida. Para redondear el guión marcó Morata, a quien en la grada del Bernabéu están reivindicando a toda prisa erigiéndole un pedestal sobre cáscaras de pipa.

Podríamos extendernos sobre la debilidad defensiva del Madrid si su aturdimiento ofensivo no reclamara igualmente nuestra atención. Cuando Cristiano abusa de la finta retórica está delatando la advertencia de Blake: el que desea y no actúa, engendra la peste. Su gol incalculable fue un invento del niño macondiano que es James, cuya zurda es un machete para desbrozar catenaccios y su mente un perpetuo estado de gracia. Pero necesita reparto para montar su obra. Bale tenía bastante con mantener sujeto el gemelo a la pierna mientras corría, y acabó sustituido por Jesé. Y en ausencia del añorado deshollinador francés, Ancelotti se encomendó a Chicharito. No soy capaz de recordar una ocasión, aunque el equipo mantuvo la fe y trabajó la presión en circunstancias francamente hostiles. Ya lo de chutar a puerta es como salir investido en primera votación: no está la cosa para esos lujos.

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El austericidio de Mayweather

No es tirar, sino dar.

No es tirar, sino dar.

Yo no sé qué esperaba la gente. Seguramente un tabique roto, una ceja partida, qué menos que salpicar un poco el escote de Beyoncé. El tacticismo extremo de la pelea deja un rastro de decepción, cuando no un manifiesto enojo con los jueces, y sin embargo ocurrió lo que el aficionado medio sabía que ocurriría. Si algo ha demostrado el Mayweather-Pacquiao es que el boxeo no es la salvajada que, inconfesablemente, cierto espectador desea de dos hombres semidesnudos desafiándose sobre un ring. Confío en que esta victoria de la prudencia sobre la testosterona contribuya a mejorar la imagen del boxeo en los medios.

Fue, sí, un combate cicatero en que ninguno de los dos púgiles se entregó a fondo ni frisó siquiera la altura de su nombre. También lo sabíamos, pues ambos superaron hace años la edad romántica del suicidio. Más abnegación vimos en el Pizjuán, con esos cabezazos tercos de Cristiano que sujetan la esperanza de la Liga. Sabíamos que en Floyd Mayweather cabe toda modalidad de lo hortera pero ninguna expectativa de brutalidad. El campeón es un boxeador maquiavélico, glacial, austericida incluso: no derrocha muchos más golpes de los que ingresa. Y por eso venció. Las tarjetas no mienten: Pacquiao conectó 81 de 429 golpes, mientras que Money el Invencible acertó 148 de 435 intentos. Superioridad negra en números redondos.

¿Por qué entonces invadió Twitter un clamor de tongo al conocerse el veredicto? Hay un pipero del boxeo que valora ante todo la modestia y la actitud, como aplaudía las carreritas en la presión de un Raúl decadente, y no se puede negar que la iniciativa la llevó Pacman, cuyo combo enloquecido del cuarto asalto actualizó aquel título de demonio tagalo. Floyd lo encajó en las cuerdas, recurrió al paso lateral y siguió a lo suyo, consciente de que cuenta el impacto y no la vistosidad. Incluso arriesgó demasiado a fuerza de no arriesgar, escatimando contras para fastidio del YouTube, y tuvo que aplicarse a partir del séptimo asalto para restablecer la jerarquía. Su estilo arroja así una lección ética de autodominio, una estética de sencillez y hasta una económica de control del déficit. «El plan de todos es venir hacia mí y tirar muchos golpes. No ha funcionado en 19 años», había declarado la víspera. Ahora puede repetirlo con el cinturón de esmeraldas ciñendo su intacta cintura. Una vez más.

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Nueve aleluyas

Resurrecto.

Resurrecto.

De buena mañana las mocitas madrileñas acudieron al sepulcro de puntos en el que los comentarios postclásico habían depositado a su equipo, pero se encontraron con que la piedra que lo sellaba había sido removida. Y un ángel con la cara de James les anunció: «No busquéis entre los muertos al que vive: hay Liga. Id y predicadlo a la afición».

La santa pegada que agonizó en el Camp Nou resucitó en todo su esplendor frente al Granada un Domingo de Resurrección según el calendario litúrgico, que al Madrid empieza a coincidirle con el calendario liguero, como debe ser. Al Granada los locutores lo llaman conjunto nazarí, pero mejor sería decir nazareno penitente, pues le tocó recorrer un vía crucis de nueve goles como nueve estaciones. Y deberíamos sujetar ya esta hemorragia metafórica. O no.

Lo cierto es que el visitante se plantó en el Bernabéu con defensa adelantada y filas prietas, negando al Madrid la bendición del espacio. Fueron minutos ilusorios en que Kroos o Ramos probaban con cambios de juego a desordenar la hermandad costalera de Abel, que terminó pasando las de Caín. La disciplina duró lo que tardó Bale en echarle fe y trazar una escora cubista para inaugurar la pascua. Luego metió Cristiano un hat-trick en ocho minutos mientras las campanas de la capital repicaban a vivo, a vivísimo. CR volvió a poner a currar a los mineros de la estadística con un repóquer insensato que lo distancia otra vez de Messi y restaura su fútbol predatorio, ese don de la ubicuidad que es privativo de los cuerpos milagrosos. «La mejor manera de hacer vivir a un dios es pintar a un hombre», escribió un crítico al ver el retrato que Bonnat le había hecho a Victor Hugo. A Cristiano lo coge Antonio López ahora y hay que criogenizarle como a Walt Disney antes de que abocete la suela de las botas.

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El año del despiste

Karim, decisivo en un visto y no visto.

Karim, decisivo en un visto y no visto.

La magnanimidad del Estado, más allá del FROB, quedó acreditada en la primera parte por mediación de la clemencia blanca, que tuvo al Barça arrodillado y en lugar de desnucarlo le tendió la mano y pidió que continuara este clásico que nos hemos dado todos los españoles. El suflé va a la baja y la consigna es mantener cerrada la fábrica de independentistas.

Modric y Kroos, con la solidaridad franciscana de Isco y Marcelo, violaron el espacio sacral del mediocampismo culé. Durante media hora el estadio asistió a una oportunidad histórica para ahondar en la sofisticación de su victimismo, pero se quedó en eso: en oportunidad. Porque Luis Enrique es un pragmático y ha despenalizado el pelotazo y el contraataque, extintos anatemas del pope Pep. Así llegaron los goles locales: el segundo dañó especialmente la fe reencontrada de los de Ancelotti, que entregaron la segunda mitad a las incursiones dentadas de Suárez, Neymar y Messi. Quienes perdonaron, en exquisita correspondencia con la primera mitad, todo lo que estipulaba la Constitución y el Estatut. Pero tuvieron que ganar o habrían sido descorteses con el público.

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‘Modridismo’

Luka o la visión.

Luka o la visión.

Cuando a Bernabéu le preguntaron por qué no había fichado a Cruyff, el gran visionario zanjó cualquier suspicacia: «No me gustaba su jeta». Se ha criticado a Florentino por empeñarse en fichar caras bonitas que principalmente vendiesen y camisetas y que luego, a poder ser, tocaran con algún criterio la pelota. Pero hay un poderoso argumento que refuta esta acusación: se llama Luka Modric, es hoy el mejor jugador libra por libra del Real Madrid -Real Modrid– y uno no juraría que los One Direction le admitieran en el grupo ni que su rostro forre carpetas adolescentes, si eso aún se hace. Y sin embargo Modric se parece a Cruyff no solo curiosamente en su jeta sino también en su capacidad de despliegue de un fútbol total, que defiende atacando y penetra combinando y controla arriesgando.

La cinética tiene pendiente explicar el modo en que un centrocampista tan pequeño logra ocupar tanto espacio; la lingüística, cómo un croata puede entenderse tan bien con acentos de Francia, Portugal, Gales o Málaga; y la historia, por qué un balcánico teje alianzas de civilizaciones hasta hace poco tan separadas como la delantera y la defensa del Madrid. Con su retorno ha confirmado lo que todos sospechábamos: que el bajón de juego del equipo no se debía al 4-3-3, ni a la diadema de Bale, ni siquiera al Instagram de Irina; sino sencillamente a la lesión de Modric. Suya es la claridad del último pase a Benzema que culmina en la chilena fallida de Cristiano y el primer gol de Bale; suya es la presteza con que saca la falta para Carvajal y concluye en el segundo de Bale a tiro de CR; suyo es el péndulo del mediocampo con el que hipnotiza a sus marcadores cambiando de ritmo o encuentra agua para llevarla al molino de la BBC, zahorí profundo en la zona de tres cuartos.

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