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Nuestro Tsipras

"Ya tú sabes".

«Ya tú sabes».

Es sabido que en cualquier noche electoral, como en cualquier estudio general de medios, suelen ganar todos los partidos, que además celebran con unánime júbilo la fiesta de la democracia. Pero nunca antes habían ganado, a la vez que Alexis Tsipras, tantos actores y tan dispares.

A uno, que ha consumido mucha ‘bildungsroman’ y se declara ‘viejoven’ por naturaleza y por ambición, le fascina el proceso de sanchificación de los quijotes antes que el inverso: me gusta sentarme en el porche a contemplar el choque epifánico del revolucionario contra la realidad, llámese deuda. Ha ganado un Tsipras muy distinto del populista desorejado que llegó al poder prometiendo el gran ‘simpa’. La pedagogía intensiva de la ‘realpolitik’ arroja un Tsipras domesticado, europeísta y pragmático, que a cambio de renunciar a la magia -y de hundir a su país un poco más- ha logrado su objetivo: llegar al poder y consolidar en él a su partido, arrebatando la hegemonía de la izquierda aceptada al Pasok. O sea, lo que pretende hacerle al PSOE Iglesias -otro ganador del domingo- con su metamorfosis socialdemócrata. Que Podemos se le ‘syrice’, escindiéndose por Aragón o Andalucía, ya no le preocupa: la facción purista de Syriza ni siquiera ha entrado en el parlamento. Errejón tenía razón y Monedero queda para animar auditorios en el papel de folclórica comunista.

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22 septiembre, 2015 · 12:19

Y si Cataluña rompe España, ¿qué?

Cubierta del libro digital coordinado por Cristian Campos y Paula F. Bobadilla.

Cubierta del libro digital coordinado por Cristian Campos y Paula F. Bobadilla.

[Copio a continuación, respondido, el cuestionario que Cristian Campos y Paula F. Bobadilla me enviaron para confeccionar su inteligente, divertido y urgente libro sobre el proceso independentista que nos atufa, un volumen de entrevistas donde se dice todo lo que hay que saber sobre Cataluña en la hora grave de la enésima charlotada. Imprescindible]

¿España roba a los catalanes más de lo que roba al resto de los españoles? ¿Debe tener límites la solidaridad de los catalanes con el resto de los españoles?

“España roba” ya es un predicado inválido. España existe, y como cualquier Estado europeo existe anudada por una trama histórica de lazos varios, de los afectivos a los futbolísticos, pasando por los fiscales. Los impuestos pagan la comida de las abuelas extremeñas y el techo de los huérfanos andaluces. Un madrileño debería estar orgulloso de contribuir más que un catalán a estos nobles fines. Pagar unos impuestos justos es el orgullo de un ciudadano ilustrado, como la avaricia del rico es una regresión a la barbarie feudal. La solidaridad tiene grados, claro: desde el heroico del santo franciscano al egoísmo del avaro nacionalista. El sensato término medio que negocien los representantes públicos, mandatados por todos los españoles, marcará el límite debido.

¿Es viable social, política, cultural y económicamente una Cataluña independiente?

En demostrar que no, se perderían varias generaciones que acabarían odiando a sus padres por su ruinoso egoísmo.

¿Es viable social, política, cultural y económicamente una España sin Cataluña?

En demostrar que tampoco, se perderían muchos años de revancha centralista cateta y estéril.

¿A usted le importaría que el idioma catalán desapareciera? ¿Por qué?

Boadella y Juaristi, que han tratado bastante bien sus respectivas lenguas vernáculas, han abrazado el darwinismo lingüístico y declarado que si catalán y euskera se diluyen en la koiné global en un futuro, qué se le va a hacer. También el dodo era un animal entrañable. Pero yo no soy tan racionalista. A mí me gustaría hablar todas las lenguas de España. Con todos sus acentos.

¿Y si el que desapareciera fuera el idioma español?

Pues lo mismo a escala amplia. Pero mi destino es la lengua castellana, como escribió el bilingüe Borges. El destino de otros 500 millones.

¿Y por qué no debería permitirse que los catalanes se independizaran si así lo desean mayoritariamente?

Porque el 90% de los catalanes constituyen un porcentaje todavía minoritario de españoles. A ver si nos enteramos: la Historia y la Ley dicen que yo soy copropietario, cosoberano de Barcelona como uno de Reus es copropietario del Barrio de Salamanca. Jurídicamente es así. Y es natural que todo español reaccione cuando pretenden expropiarle y segregarle. Que el sistema autonómico haya incurrido en deformaciones asimétricas es lo que hay que corregir en la Constitución, no acentuar aún más los privilegios de los españoles de primera que son por ejemplos los vascos y navarros gracias al cupo. La construcción europea debería aplastar todas estas zarandajas decimonónicas. De todos modos si 40 años de adoctrinamiento subvencionado no han podido cosechar más de un 40% de indepes, es que ese el techo de la estulticia, o de la mera codicia con coartada patriotera. Así que el paleto mezquino de Mas, si fuera en serio, perdería la guerra civil catalana que alienta simbólicamente contra los catalanes españolistas por puro número.

¿A usted le gusta España? Suponiendo que se le permitiera vivir con su mismo nivel de vida actual en cualquier país del mundo, ¿escogería España?

España le gusta a todo el mundo, desde un etarra a un hincha del West Ham. Por eso hay que decir que no nos gusta, del mismo modo que uno pasa 15 días en Nueva York y vuelve loando sus maravillas aunque haya vivido como un refugiado. El turismo no es ciego, y el papanatismo acomplejado del español es oceánico como la estupidez y el universo.

¿Por qué debería creerme que en una Cataluña independiente se respetarían los derechos de los españoles si en la Cataluña dependiente se ha multado a comerciantes por rotular su negocio en español?

Si es que no va a pasar nada, hombre. ¡Hablamos de Cataluña, la tierra del diseño, del postureo! Todo es una farsa para tocar a menos bocas y blindar el caciquismo local. Pero en fin, la respuesta histórica a la hipótesis es que quien pierde el respeto a la ley de instancias superiores, acaba perdiendo el respeto a los derechos de sus gobernados.

¿Es España algo más que un ente administrativo puramente instrumental? ¿Qué, en concreto? ¿Lo es Cataluña?

Todavía lo es, pero acarrea más complejos de culpa por su confortable sometimiento a Franco y su Una-Grande-Libre que cualquier otra nación moderna con parecidos traumas y errores históricos, como ha probado Raymond Carr. El patriotismo constitucional es un ente demasiado sofisticado para las entendederas nativas, que sin embargo tienen extraordinariamente desarrollado el terruñismo. En la España de la taifa eterna el patriotismo lo acapara mi pueblo. Por su pueblo el español mata. Por su Estado, psché. Cataluña, como taifa española, es lo mismo: ahí está el nacionalismo del Valle de Arán.

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21 septiembre, 2015 · 10:50

Sócrates debe morir

Un ensayo de filosofía. De verdad.

Un ensayo de filosofía. De verdad.

Sócrates no puede pasar de moda mientras nos empeñemos en vivir en democracia. E incluso los súbditos de todas las tiranías –más exitosas históricamente que las democracias, sin comparación- han consolado durante 2.500 años su falta de libertad en los diálogos platónicos que construyeron la figura perenne de un titán, y sin embargo ciudadano ateniense. “He de confesar que me siento tan cerca de Sócrates que casi siempre estoy en lucha con él”, escribió Nietzsche, uno de los padres de la posmodernidad en que vivimos. Que no hace falta ser un atrabiliario filósofo alemán para sentirse interpelado por la vida, las ideas y el método revolucionario de Sócrates viene a probarlo Gregorio Luri (Navarra, 1955) en este ensayo de lectura tan magnética como enjundiosa. Pues Luri, que no en vano ha combinado la docencia con la filosofía, logra una escritura plena de rigor y pedagogía, demostrativa de que no hay pasión tan absorbente como el debate de ideas.

Este libro no es otra biografía intelectual del fundador de nuestra tradición filosófica, sino una suerte de thriller filosófico-judicial: el autor, que tiene metabolizada la obra platónica y segrega su jugo con toda naturalidad, nos sienta en el tribunal que ha de juzgar a Sócrates junto a Platón y Jenofonte, Alcibíades o Meleto, de quien parte la acusación terrible: Sócrates ha de ser ejecutado porque no cree en los dioses atenienses y corrompe a la juventud.

¿Matar o no a Sócrates? Esa es la cuestión. Y Luri sabe que, con la ley democrática en la mano, Sócrates debe morir. Su predilección por lo bueno o lo verdadero sobre lo propio o lo nuestro –la identidad comunitaria– actúa como un disolvente sobre los lazos que tejen la convivencia en la polis griega. Si todo hombre se para a cuestionar la justicia o bondad de las leyes, se abona el terreno para la subversión. Porque la idea clave del pensamiento socrático (y de todo pensamiento) es la autonomía intelectual y moral del individuo frente a la comunidad. Y la autonomía resulta tan peligrosa en el siglo de Pericles como en el de Merkel.

“El Sócrates histórico fracasó porque Atenas necesitó protegerse de su presencia. El Sócrates platónico ha triunfado porque siguió habiendo jóvenes deseosos de rememorar su palabra, y porque Platón consiguió convencer a los atenienses de que la filosofía es el mayor bien para el ciudadano y para la ciudad”, concluye Luri. El admirable martirio de Sócrates –que renuncia a una defensa persuasiva ante el jurado porque prefiere la coherencia–, no desprovisto de temple irónico y en guardia crítica hasta el fin, depara más de una lección al hombre emocional de nuestra sociedad terapéutica, donde Sócrates sigue muriendo.

(Revista Leer, número 265, Septiembre 2015)

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16 septiembre, 2015 · 11:50

Estimado don Mariano:

«Estimado amigo…»

He leído el libro que me regaló: ‘Fuego y cenizas’, de Michael Ignatieff. Lo encontré en un paquete a mi nombre una mañana en la redacción de EL MUNDO, junto con una nota manuscrita en la que usted me revelaba que estaba dedicando su asueto galaico, entre otras cosas, a leer mi libro: ‘La granja humana’ (Ariel). En la nota además emitía un juicio de valor, no desprovisto de laconismo: «Me gusta. Está bien». No voy a decir que me conmovió, pero valoré especialmente su gesto, tanto más por cuanto se trata de un libro cuya portada lo representa a usted caricaturizado con facciones de cerdo. Yo no la diseñé, debo puntualizar, pero ahora corroboro esa mítica capacidad de encaje de la que hablan todos; la correosa pasta de resistente que lo vuelve a usted tan inmune a la prensa como a sus compañeros de partido.

En todo caso no todos los días un ciudadano europeo intercambia libros con su presidente, y le reconozco que su nota -con ese elegante membrete institucional- orla el corcho de mi habitación, bien que tampoco juraría que su puja en Sotheby’s convocara un entusiasmo equiparable al que el otro día alcanzó una letra de los Beatles.

Si mi ensayo encierra críticas creo que razonadas a su mandato, el que usted me envió abunda en la naturaleza caníbal de la política a través de la experiencia de un brillante intelectual pero un político fracasado. Ignatieff es un politólogo de Harvard que, como Vargas Llosa en Perú o Norman Mailer en Nueva York, fracasó con estrépito cuando pretendió llevar su pulida teoría a la siempre fangosa realidad, en su caso aspirando al puesto de primer ministro de Canadá por el Partido Liberal, equivalente a la socialdemocracia europea. Según avanzaba en la lectura empecé a sospechar que usted quería hacerme llegar este mensaje por autor interpuesto: «Es fácil dar consejos desde la barrera, amigo, como hacéis sin parar los columnistas; pero esto de la política es un pifostio incalculable en el que ninguno de vosotros duraría una semana». Más o menos. Y la verdad es que estoy de acuerdo con la apreciación.

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Reseña en Aceprensa de La granja humana

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11 septiembre, 2015 · 11:41

La legislatura cuaresmal de Cristóbal Montoro

"Pero qué me está contando, majadero".

«Pero qué me está contando, majadero».

El día en que don Cristóbal Montoro terminó de defender los que -dicen- serán sus últimos Presupuestos Generales del Estado, después de haber confeccionado nueve, vino a coincidir caprichosamente no solo con la Tomatina de Buñol, sino también con el aniversario de Puerto Hurraco. La primera es una cita señalada en rojo en el calendario de la jarana nacional; el segundo, una efeméride negra en la mejor tradición del tremendismo goyesco. Sin embargo, el color que corresponde a la clase de batalla que ha librado Montoro es el gris. El gris ceniza.

Don Cristóbal no es un hombre de negro como los de la troika, porque estos no dan razón pública de sus actos sibilinos pero vinculantes, mientras que la locuacidad del ministro normalmente desata el pánico primero en sus asesores de comunicación, y solo después en el resto de contribuyentes. Fue Wert el que a lo bardo de Orihuela declaró que se crecía en el castigo como el toro -ahora sabemos que se asemeja más al tórtolo-, pero el que ha llevado de verdad al toro en el apellido y la conducta ha sido don Cristóbal. Morlaco cárdeno, con resabios, de derrota imprevisible y no apto para torear a menos que se pague pronto la paralela (Messi) o forme uno parte del clan Pujol… hasta que Pujol dejó de ser el estadista del Majestic y rompió en padrino investigable por lo fiscal y por lo territorial.

En las sesiones de control de esta legislatura Montoro solía ser el ministro más interpelado junto con el propio Wert o Gallardón; de los tres no solo es el único que permanece, sino también el más temido por el resto de colegas de gabinete. Su mejor aliada allí es Soraya Sáenz de Santamaría, y con eso está todo dicho; su crítico más afilado: Margallo, que no pierde ocasión de menospreciarle en la intimidad del Consejo de Ministros, o de airear entre periodistas que Montoro le está investigando. A él. Al ministro de Exteriores. «Eso es porque quería la cartera de Hacienda», aseguran desde el Ministerio. Pero a don Cristóbal las críticas de los enemigos (los compañeros de partido) o de los meros adversarios (como ese emisor de «mandangas» que a su juicio es Pedro Sánchez) le rebotan como chinas sobre el amianto. Este jienense de 65 años hizo una oposición aproximadamente liberal al socialismo, pero al ocupar su despacho en diciembre de 2011 recibió un sobre lacrado que decía: «Sabemos lo que vas predicando. Ahora harás lo contrario. Ajustarás lo nunca ajustado y subirás impuestos que no sabías que existían. Creerás en un solo dios llamado techo de déficit. Y serás salvo. Firmado, Angela«.

Y don Cristóbal asumió su ardua encomienda con fervor de neófito. Se convirtió en una mezcla original de recaudador transilvano, podador ultraortodoxo y parlamentario sanguíneo con ribetes de matonismo. Es en la tribuna o el escaño donde Montoro ahoga al dócil tecnócrata y deja que emerja el castizo espontáneo con muchas cuentas pendientes. Y es entonces cuando los periodistas deben aparcar sus juicios sumarísimos por discrecionalidad tributaria, injerencia política o vocación orwelliana y concederle la gratitud que merece todo pintoresco surtidor de titulares. ¡No habrá salvado Montoro tertulias plúmbeas de monotema económico en virtud de un exabrupto jubiloso! «A priori no parece el hombre con el carácter adecuado para llevar a cabo la misión que se le encomendó. Sus intervenciones públicas a menudo complican más el ya impopular mensaje del ajuste. Pero tiene una ventaja: no le importa caer antipático. Nunca se imaginó su cara en un cartel electoral. Y eso en política da mucha libertad», cuenta un ex alto cargo del Gobierno. Una libertad suicida, si se quiere. Pero de lo más práctica.

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Cortesías

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27 agosto, 2015 · 11:41

La gran decepción

Y de repente, Rajoy.

Y de repente, Rajoy.

Yo no sé si este país está preparado para ver a don Mariano renovando mandato. Desde luego no lo están nuestros platós, donde se oficia el entierro del bipartidismo ya no con alegría, sino casi con el fastidio burocrático con que despachamos el spam cada mañana. ¿Cómo reaccionarían los televidentes que contemplaran al mismísimo PP en las instituciones? ¿Han pensado los programadores en habilitar un teléfono de aludidos y defraudados, como cualquier espacio decente del corazón? ¿Es posible que la democracia, pensarán los regeneradores, resulte en la práctica tan decepcionante?

Veamos. El CIS marca una tendencia al alza del partido en el Gobierno que los analistas no han dudado en calificar de remontada. Si la remontada alcanzará cotas de altitud suficientes para mantener al PP en el poder, es pronto para decirlo. No es pronto, sin embargo, para concluir que necesitará el apoyo de Ciudadanos, de quienes las malas lenguas aseguran que ya han puesto precio a tan lúbrico servicio: la cabeza de Rajoy y la investidura de Soraya. Es solo un rumor, pero yo no le prestaría mucho crédito: los meigos gallegos son difíciles de sumergir, y en cualquier caso poseen un número indeterminado de cabezas. Otro rumor apunta a que el PSOE de don Sánchez anhela el abrazo de Rivera antes que el de Iglesias, pero me temo que la experiencia suele vencer sobre la esperanza y que don Sánchez empastará el bajo continuo de su celebrada voz en la polifonía que más sume, como hizo en mayo, con tal de salir de opositor. Cómo suene luego el orfeón, una vez ocupado el coro, es lo de menos.

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7 agosto, 2015 · 16:59

La grulla atómica

La mano del hombre enturbiando el esplendor del girasol manchego.

La mano del hombre enturbiando el esplendor del campo de girasol manchego.

Todo el mundo sabe que la energía nuclear es de derechas, como los toros, el petróleo y los ministerios de defensa. Así que a nadie le puede extrañar que la ola de ternurismo roussoniano que bate España se proponga devolver al contribuyente al estado de naturaleza, edén previo a la explotación capitalista en la teología de Marx. Y aunque don Page no da la cara de un Rousseau, sino más bien de Sancho Panza en su Barataria, ha decidido ampliar el paraíso de la grulla en 24.000 hectáreas, con la correspondiente sorpresa de los vecinos, quienes no sospechaban que llevaban toda la vida habitando semejante vergel. Mediaset ya se plantea rodar el próximo Supervivientes en Villar de Cañas.

Se ventila aquí una derivada graciosamente literal del adanismo de la izquierda, que ya no sólo cree haber venido a estrenar una democracia sino un ecosistema completo.

– ¡Pero si todo el pueblo quiere el ATC!, se desespera el alcalde, que sería el primer mutante en caso de accidente.

Calle, hombre, no se ponga escrupuloso. ¿Qué puede importar la democracia cuando se trata de salvar el planeta? La democracia es fetén cuando se ejerce en la plaza Sintagma, pero cuando se ejerce en Villar de Cañas es un puto engorro. Vas a comparar un poblachón manchego -éste sí- con el romántico glamour de la Acrópolis.

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31 julio, 2015 · 13:09

De la pata de Filipo

Filipo, un Millán-Astray con más astucia.

Filipo, un Millán-Astray con más astucia.

Todos los veranos, con la terca frecuencia con que gotea una estalactita, don Arsuaga y sus sabuesos encuentran un fragmento de rótula o una esquirla de omoplato o un escafoides simiesco que nos sirve, ya que no para salar la sopa, al menos para animar el debate sobre nuestros orígenes. Pero el descubrimiento de este año ha sido francamente fenomenal: nada menos que la rodilla alanceada de Filipo de Macedonia. A uno le parece que esta noticia no ha gozado del eco que merece, y sobre todo que no ha ocupado la sección adecuada, que no es la de Cultura sino la de Política. Quizá el público esté ya tan habituado al éxito rastreador de don Arsuaga que no repara en las lecciones politológicas que pueden extraerse de este hallazgo.

Filipo fue el hombre providencial que liquidó la democracia ateniense, sistema de gobierno que no reaparecería sobre la faz de la tierra hasta veinte siglos después cuando Jefferson, Tocqueville y Washington, todos ellos ídolos intelectuales de Artur Mas. Para liquidar la democracia el caudillo macedonio contó con la inestimable colaboración de las propias polis griegas, sumidas en luchas de clase y pugnas coloniales para desesperación de Demóstenes, que se desgañitaba avisando de que si Filipo no les encontraba unidos cuando sus temibles falanges (una muralla de infantería formada por 16 filas de soldados y flanqueada por escuadrones de caballería, que aplanaba literalmente al adversario) entraran por la puerta, su preciada libertad saldría por la ventana.

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Reseña de La granja humana para el boletín de Liberías Troa

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