El sarampión ha vuelto

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Joven curándose el nacionalismo.

No puede extrañarnos el retorno del sarampión a Europa, enfermedad que creíamos tan derrotada como el nacionalismo. El sarampión, o el nacionalismo, es una infección respiratoria sumamente contagiosa que cursa con erupción cutánea, tos seca, secreción nasal, fiebre alta y ojos rojos, incluso inyectados en sangre. Basta respirar los miasmas aéreos de un ambiente contaminado -por ejemplo allí donde haya tosido previamente un nacionalista- para infectarse. Suele hacer presa preferiblemente en niños, o en adultos infantilizados por la ignorancia o el resentimiento que no han recibido a tiempo la vacuna sufragada por la sanidad pública, es decir, por la educación pública, lo que constituye un claro caso de dejación de funciones por parte del Estado. Científicos y politólogos explican que el sarampión arraiga más fácilmente en sistemas inmunológicos deficitarios; la diferencia es que la enfermedad, cuando es contraída por adultos -adultos de aspecto, porque en realidad no han dejado de ser niños-, cursa con mayor virulencia que en los bebés, llegando a provocar graves alteraciones e incluso la muerte, según quedó suficientemente acreditado en las cuajadas trincheras del siglo XX, por no remontarse más.

Al niño que contrae el sarampión se le prescribe tomar mucho líquido, guardar reposo y abstenerse de relaciones con personas vulnerables. Ayuda mucho que el paciente aproveche la convalecencia para leer, pues el sarampión, como el nacionalismo, se cura leyendo sin que uno se dé cuenta: solamente hay que dar una oportunidad al sosiego mientras los anticuerpos de la razón hacen su trabajo. En caso contrario, la afección emocional avanzará nutriéndose del ruido y de la furia, devastando el tejido sano de la sociedad, porque el sarampión puede ser una premisa de la muerte como el nacionalismo lo es siempre del fascismo.

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30 agosto, 2018 · 9:09

El orfeón de Lopetegui

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Un valiente.

Al vasco Lopetegui el juego se le presuponía, por lo visto en su Selección, pero lo que está demostrando en el Madrid es valor. Al fin y al cabo, de un guipuzcoano se espera celo de independencia. Enfriar en el banquillo el debut de Courtois con su precinto y todo, exiliar a la Segunda B a Vinicius Cuarenta y Cinco por estimarlo prematuro, censurar el caos defensivo de Marcelo con una sonora sustitución o escalonar la vuelta del caudillo Modric a la titularidad son decisiones que sólo puede avalar un resultado contundente. La autonomía de criterio se le consentía a Zidane porque era Zidane, pero el entrenador del Real Madrid nunca puede perder de vista que dirige una delicada industria de fantasía cotidiana, títulos sin tregua y orden mundial.

Por suerte para Lopetegui -aunque no se trata de suerte, sino de método-, el Madrid goleó al Girona con una fluidez lujosa que reveló complicidades desconocidas entre Bale, Benzema y Asensio. «Jugamos como equipo», reflexionó Casemiro, como si hasta la fecha hubiera corrido sobre el césped una junta de accionistas. El brasileño reveló una charla del míster en el descanso que al parecer obró el mágico efecto de diluir la espesa caraja con que arrancaron el partido, y volvieron el campo como niños del coro. Alegre y coral fue la reacción que propició la victoria del Madrid, alabado sea.

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28 agosto, 2018 · 11:21

Pedro Páramo llega al Valle

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Las manos del demiurgo.

El realismo mágico lo inventó Juan Rulfo, García Márquez lo popularizó e Iván Redondo lo metió en La Moncloa, desde donde cada día nos cuentan el cuento del hombre de tuits legendarios y manos milagrosas que comparte con el cacique Pedro Páramo el nombre de pila y la obsesión por los muertos, Franco sobre todo. La legislatura avanza como una novela picaresca, género generoso que permite al protagonista cabalgar toda contradicción con tal de satisfacer su afán de medro. Nuestro personaje no viene de Comala sino de Pozuelo, pero sus hazañas ya nutren el canon de la literatura fantástica. Encarna el cambio pero gobierna con los presupuestos de PP y Cs; trae a voces el Aquarius pero improvisa calladamente centros de internamiento en Algeciras; apoyó el 155 pero corteja a Torra; invoca el consenso parlamentario pero fomenta un presidencialismo de nuevo rico; formuló en La Sexta el ataque a Prisa más crudo que se recuerda pero hoy recibe el solícito calor de ambos grupos; cargaba en la oposición contra la afición marianista al decretazo antes de redoblarla en el poder; cultiva el desenfado indumentario pero no se priva de ninguna residencia de rancio abolengo -de Doñana a Quintos de Mora-; y se presenta como la regeneración mientras propaga el clientelismo de sigla y ampara sus escapadas a conciertos en el secreto de Estado. Lleva camino de convertir a Lázaro de Tormes en Bernarda Alba.

Todo en el sanchismo es de plástico, salvo la ambición, pero su liderazgo siliconado es hijo de la época. Muchos bautizaron este consejo de ministros como un brillante escaparate, cuando se trata de un espejo favorecedor: un reflejo perfecto para la vanidad moral del votante contemporáneo. ¿Quién no quiere luchar contra Franco, salvar a un náufrago, esquilar al empresario obeso para socorrer al niño pobre, ayudar a bien morir al próximo Ramón SampedroSánchez, o quien escribe su relato, ha entendido que para ganar elecciones hay que estimular la glándula del narcisismo, masajear el mejor concepto que el elector tiene de sí y ahorrarle a toda costa la retrógrada deferencia de tratarle como adulto. Si votas Sánchez votarás a tu mejor yo, tu yo feminista, solidario, ecológico, guapo. De las cosas de comer ya se encargan en Bruselas, donde prefieren la prosa naturalista.

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23 agosto, 2018 · 10:04

El madridismo según Paulo Coelho

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La sabiduría del guerrero de La Luz.

El Real Madrid posterior a Cristiano y a Zidane es todavía un enigma para el cual solo Paulo Coelho tiene la respuesta. Pero si le preguntamos nos contestará que nosotros no encontramos las respuestas sino que las respuestas nos encuentran a nosotros, o una mierda sonrosada por el estilo, con lo que seguiremos como estábamos, o peor.

Quienes saben de fútbol afirman que Lopetegui está empezando a conferir al Madrid un patrón reconocible de juego, basado en la presión alta, el control del balón y las asociaciones rápidas y móviles. Pero los que saben de madridismo, que es una ciencia arcana y tan relacionada con el fútbol como con el cincado electrolítico, andan rezongando por ahí su aburrimiento crónico y su orfandad no reparada en el mercado. Yo ya escribí antes del verano que ningún fichaje podrá sustituir al portugués, pero el personal no perdona que no se fracase intentándolo, porque tras un desembolso fastuoso y estéril uno se indigna muchísimo mejor, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

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21 agosto, 2018 · 12:21

En el Palacio de la Pena

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Palacio dela Pena, en Sintra.

Los portugueses sienten tanta alegría al contacto con la tristeza que su música nacional es una forma refinada de lamento llamada fado y su mayor atracción turística se llama Palacio de la Pena. Ellos han hecho de la languidez un pujante negocio al modo inverso en que el capitalismo anglo nace del optimismo de la voluntad protestante, ese espíritu de emprendimiento con que los catequistas de máster evangelizan a las tiernas camadas de animal de cuello blanco. No es que los portugueses no sean emprendedores, que lo son cada vez más, sino que tienen la elegancia de disimularlo con todo el pesimismo que aún son capaces de extraer del alma nacional, que es un alma en pena que no deja nunca de sonreír.

Este nudo de paradojas encuentra en Sintra su colorida apoteosis. El rey Fernando II, que venía de Sajonia calado de romanticismo, se inventó en la montaña alzada sobre la nariz de Iberia una fantasía medieval, entre gótica, mora y manuelina, que convierte a Gaudí en un discreto minimalista. Aprovechó para ello no solo la estructura del abandonado monasterio de Nuestra Señora de la Pena sino también su nombre, y a nadie le pareció incoherente que tuvieran que referirse con pena al más desenfadado estallido de imaginación del sur de Europa. Esa ambigüedad define un carácter. El carácter que elige como mitos nacionales a una novia cadáver como Inés de Castro y a un rey que nunca llega a ser coronado como Sebastián.

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31 julio, 2018 · 12:33

Pablo Casado: el parto de un líder

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El relevo.

La victoria de Pablo Casado no debería sorprender a nadie. Si la fortuna ayuda a los audaces y si la política occidental está recorrida por el rechazo al elitismo inercial de las estructuras tradicionales de poder, cabía esperar que Soraya Sáenz de Santamaría fuera apeada del puente de mando en cuanto se le permitiera elegir a la militancia. Es lo malo de dejar votar a la gente, que acaba votando lo que le da la gana. Lo que mejor le llega.

Casado ha podido levantar en mes y medio un liderazgo propio porque tenía un líder dentro, largamente gestado, que el tapón marianista impedía salir. Durante su energizante discurso -una pieza notable de oratoria, directa al corazón del compromisario y a las piernas del público, que no pudo evitar ponerse en pie hasta cinco veces-, el orador sudaba no porque Soraya tuviera secuestrados a sus hijos, como apuntó un malvado tuitero, sino porque estaba de parto: estaba alumbrando al próximo presidente del partido.

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Un resumen de mi largo diálogo con Gistau en COPE

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22 julio, 2018 · 12:23

Electrolatino feminista

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Ana Guerra.

Era cuestión de tiempo -cinco meses- que el 8-M alcanzara también a la canción del verano, género durante demasiado tiempo dominado por convencionales estallidos de hedonismo solar, tu piel morena, machito de yate, cinturas locas y cópulas de playa, con lo incómoda que es la arena al contacto de tejidos íntimos. Pero al éxito dionisiaco de Despacito le está relevando este año el moralismo naif de Ana Guerra y Juan Magán, cuyo tema Ni la hora funda, si no me equivoco, la vanguardia pop del electrolatino feminista.

En efecto, si hasta ahora a la estrella del mainstream estival le pedíamos una voz aceptable pero sobre todo un cuerpo contundentemente normativo, a la estrella del futuro ya no le bastará el atractivo físico sino que debe acompañarlo del moral. Hoy la moral pública está en manos del feminismo, que fija los pecados -del mortal al micromachista-, gradúa las penitencias, pone coto a los instintos y prescribe la redención del aliado previo sacramento de la confesión en redes. En el caso de Ana Guerra, que ronda la edad media de la tuitera militante, el capitalismo vuelve a demostrar su diabólica inteligencia casando el eterno ánimo de lucro con la obediencia a los nuevos mandamientos. Me gusta ser una zorra, de las Vulpes, difícilmente sonaría hoy en una barbacoa de sensitivos mileniales. En cambio, las adolescentes tararean unos versos -«Hola, mira qué bien me va sola / Nadie a mí me controla / Y aunque me lo pidas, ya no te doy ni la hora»- que ya formuló Olé Olé con mayor beligerancia, mejor humor y mucho menos puritanismo.

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22 julio, 2018 · 12:15

De la urnofobia al emoticono

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Urnófobo.

Mes y medio después de la moción donde debió hacerlo, Pedro Sánchez presentó en el Congreso su programa de Gobierno, o su programa electoral. Eligió para ello el Día Mundial del Emoticono, y en eso nadie va a discutirle la coherencia: el emoticono es un invento de los ingenieros de Silicon Valley para ahorrarnos el esfuerzo del lenguaje articulado y el sanchismo es un invento de los spin doctors de Moncloa para ahorrarse el trámite de gobernar con escaños. ¿Estamos ante un Gobierno corto o ante un spot largo? ¿Vale la pena indignarse por las amenazas a la enseñanza concertada o a la industria del diésel? ¿Cuántas de las reformas anunciadas se llevarán finalmente a término? Es la pregunta que en estos momentos se están haciendo la momia de Franco en la huesa de Cuelgamuros y los defraudadores acogidos a la amnistía fiscal en el confortable anonimato del que Sánchez ya no quiere sacarles.

El presidente del Gobierno es un hombre audaz, pues hace falta audacia para llegar a presidente como ha llegado, pero a cambio padece dos miedos paralizantes: a los periodistas y a los votantes. De los primeros teme las preguntas, y para eso envía a las ruedas de prensa a sus ministras, y de los segundos teme la intención de voto, y para eso coloca en los fogones del CIS a don Tezanos, que llega con el mandil puesto y el carné en la boca. A este síndrome sanchista del pánico electoral lo ha bautizado Hughes como urnofobia, contra la cual solo se conoce un tratamiento: el dinero público, que ya se sabe que no es de nadie. El plan es comprar en el mínimo tiempo posible el máximo número de voluntades con cargo al bolsillo del contribuyente. Puede intentarlo porque recibe una España que crece al 3% y porque Calviño ha rogado a sus colegas bruselenses que hagan la vista gorda mientras engrasa con más déficit la campaña de las autonómicas. Y así es como, Sánchez, gobernando con los Presupuestos del centro-derecha, rinde tributo a la sentencia de Josep Pla, que advirtió que el socialismo es un lujo pagado por el capitalismo.

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17 julio, 2018 · 18:15