Archivo de la categoría: El Mundo

La caza del hidalgo

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Deseo popular de purificación.

Sabemos que España progresa por la sana evolución que revelan los intereses de nuestro periodismo de investigación. Que empezó por lo más alto, aventando crímenes de Estado, siguió por la coima urbanística, llegó hasta la financiación en B de los partidos y ha terminado en la mentira curricular. Que del asesinato hayamos bajado hasta el maquillaje y del delito a la falta -incluso al error estético- indica la sofisticación del alma española desde que inventó la picaresca: ya ni se mata ni se roba como antes, y ya ni siquiera toleramos que nos mientan. Dinamarca sigue lejos, pero menos.

Se ha abierto la veda del currículum tuneado y andan los sabuesos del oficio quemándose las pestañas sobre las cuentas de LinkedIn de los políticos. La cosecha será transversal, como lo son la coquetería o la ambición: hay reos de titulitis en el PP y en Podemos, y los que faltan. El máster es la nueva recalificación: una pista para malpensados. Como tantas cosas antes, la autoficción ha pasado de la literatura al periodismo para fundar el nuevo subgénero del CV maqueado, que amenaza con justificar proyectos editoriales tan indigestos como aquellas biografías urgentes de los reyes del pelotazo. ¿Quién no tiene en el salón, a juego con el cenicero, un libro sobre Mario Conde? ¿Quién no tendrá un Cifuentes: la ambición rubia?

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El bueno (Pablo Casado), el feo (Roger Torrent) y el malo (CCOO y UGT)

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15 abril, 2018 · 13:45

Y el miedo se quedó blanco

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Alfredo Di Stéfano.

¿Adónde va el miedo cuando se esfuma? Sabemos dónde se esconde mientras dura: en una zona indeterminada entre la garganta y el duodeno. Pero llega el minuto 90, Cristiano marca su penalti y el miedo sale del cuerpo como una exhalación. ¿Adónde irá? ¿Seguirá hospedado en los pechos de los culés? Esa sensación la compartió el madridismo durante una hora, y esa hora de dolor simétrico ante el coraje italiano se recordará como el centímetro más estrecho de empatía registrado entre Madrid y Barcelona desde el pacto del Majestic. Lo único que lamentamos los madridistas es que el penalti no fuera injusto. En cuyo caso, mal está confesarlo, el placer habría sido mayor. En los medios se tratará hoy de probar que no hubo falta sobre Lucas, y son esfuerzos que debemos agradecer porque van encaminados a aumentar nuestro gozo.

Sufrió el Madrid, pero a diferencia del Barça acumuló ocasiones suficientes como para evitarle al hincha esa clase de angustia que al periodista deportivo le obliga a sentenciar, a falta de mayor ingenio: «Qué bonito es el fútbol». Bonito los cojones.

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12 abril, 2018 · 15:35

La legislatura baldía

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Esperando a Godot.

Abril es el mes más cruel, advertía Eliot en La tierra baldía, pero la crueldad solo la reconoce el que la padece: el resto la disfruta. Al menos en política, y al menos en España. A doña Cifuentes la vida le parecerá muy injusta en estos momentos, pero si piensa así es porque a partir de un número determinado de trienios en la administración uno pierde de vista las razones para indignarse de los excluidos del maná público, en este caso los estudiantes que se aplican y no son contratados. En esta legislatura baldía como el poema de Eliot ya no se habla de otra cosa más que de Cifuentes, cuyo espectro aullante recorría ayer los pasillos del Congreso en cada corrillo y en cada canutazo, mientras en el hemiciclo los oradores regaban en vano la tierra estéril de la dialéctica parlamentaria, donde hace demasiados meses que no florece un pacto, una reforma, siquiera un insulto creativo.

Con Rajoy en Argentina, varios ministros de pellas, los líderes de los restantes partidos sumergidos en el iPhone -«¿Habrá dimitido ya?»- y don Catalá en el papel protagonista, muy trepidante no podía ser la sesión. A mí, sin embargo, me gustan estas mañanas anodinas donde lo relevante es relevado por lo revelador. Por ejemplo, el milagro primaveral de oír varias verdades seguidas en boca de un diputado independentista, cual es Carles Campuzano. «No cabe minimizar el varapalo de la justicia alemana» (cierto: siempre es un palo la traición de un socio). «La democracia en España se está deteriorando» (cierto: se ha deteriorado mucho en la zona nordeste de España). «Ha sido la incompetencia la que nos ha llevado hasta aquí» (muy cierto: la del Gobierno central, que no creyó que el nacionalismo cumpliría su promesa de golpe de Estado). Y sobre todo: «Esta legislatura está agotada». Baldía, si nos ponemos poéticos.

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La reseña de «Vidas cipotudas» de Bernabé Sarabia en El Cultural

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12 abril, 2018 · 15:25

La pasión según Cifuentes

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Un político representando.

La pasión de Cristina Cifuentes es idónea para considerarla en frío, imparcialmente, porque ilustra la peripecia triste del político que adopta el verso suelto y acaba por no rimar en estrofa alguna. Desde su llegada al poder, consciente de la ciénaga sobre la que apenas emergía su partido, la todavía presidenta madrileña se esforzó por cultivar un perfil propio, inmune a herencias indeseables, nimbado por un carisma autosuficiente. Como la única manera de hacer eso en España es tomando el carril izquierdo, doña Cristina, que venía nada menos que de domar el 15-M a golpe de carga policial, puso todo su empeño en hacerse perdonar la pertenencia a esa estirpe condenada a cien años de soledad mediática llamada PP. Había salvado la vida de milagro pero ella se declaraba agnóstica -amén de republicana-, y sobre estas coquetas herejías ingenió una identidad proteica que aparcaba en todas partes y a nadie pertenecía. Ella era la nueva derecha a base de ocupar el centro por el lado zurdo, y el efecto final despistaba mucho al periodismo, cuyo nivel de nostalgia en sangre dobla el del simple civil. El periodista hispano necesita un orden de combate, a poder ser el de toda la vida, y si no existe se lo inventa, de ahí que la prensa zurda atizara a Cifuentes como si encarnara la derecha clásica, y como si ese sintagma existiera fuera de la fantasía del antifranquismo milenial. Y sin embargo su caída será celebrada con sinceridad por la izquierda, que propone a don Ángel Gabilondo sin reparar en que pretende sustituir a una progresista del PP por un conservador -casi un escolástico- del PSOE. Porque la divisa importa más que las hechuras.

Lo que quiero decir y a ver si lo digo es que la imparable superación de las ideologías no se traduce en un reposicionamiento correlativo de dianas y baterías. Los mismos siguen disparando contra los mismos pese a que nosotros, los de entonces, ya no seamos los mismos. Pese a que todos sospechemos que entre PP, PSOE y Cs no existen mayores discrepancias que la cuantía y el destino de las partidas de gasto, y pese a que entre esas tres siglas y Podemos apenas medie una cierta experiencia de la vida. Y está bien que así sea.

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El bueno (Felipe VI), el feo (Cifuentes) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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7 abril, 2018 · 21:24

Normas para la chilena perfecta

15227913002198Todos hemos soñado con marcar un gol de chilena. Me refiero a una chilena perfecta, una chilena rara como una gema, como el oro de los buscadores febriles. La chilena es el último ochomil de los remates, el himalaya del gol. El cabezazo imperial, la falta ajustada, el disparo por la escuadra e incluso el taconazo burlón son golazos de ley. Pero la chilena es lo máximo, todos los niños sueñan con ella, y cuando dejan de ser niños alargan la infancia figurándose que aún tienen edad para marcarla si les llegara el balón adecuado.

Los niños que crecimos con la chilena de Hugo Sánchez al Logroñés siempre la reputamos la chilena perfecta. Por la altura alcanzada en el escorzo, por la plasticidad del movimiento, por la parábola implacable del balón. Recordamos también aquella de Ezquerro. Pero la de Hugo cuajó un modelo, era la chilena platónica materializada en el mundo. Ese molde ideal saltó anoche en mil pedazos en el minuto 64 de un Juventus-Real Madrid.

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4 abril, 2018 · 9:24

El hombre y la cruz

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Intuición popular.

Hay muchas maneras de entender el cristianismo, pero muchas más de no entenderlo. La manera marxista de desfigurar a Jesucristo en realidad ya la practicaron Pedro o Juan, que esperaban de su mesías el mando de la revolución pendiente contra los romanos, que eran los neoliberales de la época. Cristo respondía con metáforas íntimas a las ansias de acción de su pupilaje, pero hasta Pablo nadie supo muy bien cómo interpretarlas. Dado que la reforma interior no entretiene tanto como derrocar gobiernos ajenos, la política volvió pronto a parasitar la fe y las confundió durante siglos, hasta que la revolución burguesa separó la iglesia del Estado.

Nació entonces la manera liberal de despreciar la única fe sobre la que fue posible su democrático triunfo. Adam Smith no era un ejemplo de devoción pero sabía que el egoísmo del mercado encontraba un saludable contrapeso en la moral cristiana. Hoy sus seguidores menos lúcidos o más fatuos creen que los vuelve más liberales rasgarse las vestiduras por una bandera a media asta en Jueves Santo, o pedir la retirada de los crucifijos de las aulas concertadas, sin reparar en que de ese símbolo cuelga el que dijo que la verdad nos haría libres y que todos nacemos iguales. O sea, el puro credo liberal.

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1 abril, 2018 · 21:08

El Llarena solitario

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La ley.

A la imparable decadencia de Occidente creía Spengler que solo se podía oponer un pelotón de soldados. Pero eso lo escribió en 1918, cuando la carne de Europa aún se descomponía en las trincheras. Hoy el campo donde se combate a la democracia es incruento, virtual incluso, y no alinea a soldados contra soldados sino a emociones colectivas contra derechos individuales. Las primeras alimentan el mar sin orillas de Facebook, que en ocasiones inunda los paseos marítimos y causa destrozos en la civilización; los segundos dependen de la razón y el coraje de un puñado de intérpretes del código penal, llamados jueces. Su misión es levantar diques y fijar en ellos la marca de la vergüenza para que las generaciones futuras sepan hasta dónde llegó esta vez la riada.

A la degradación de Cataluña se ha opuesto un hombre sobre todos, un español de Burgos, formado en Valladolid y curtido en Barcelona, impermeable al victimismo porno de los unos y a la componenda proxeneta de los otros. Pablo Llarena Conde (55 años, hijo de abogados, padre de dos hijos, número uno de su promoción, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo) podrá contar en las cenas familiares que a principios de siglo una parte de España retrocedió al salvaje Oeste, y que todo aquello a él le pilló en la oficina del sheriff. «En aquel tiempo, queridos nietos, yo fui la ley. Y la ley se cumplió». Podrá decirlo, porque habrá dicho la verdad.

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28 marzo, 2018 · 21:03

La primavera es otro bulo

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¿Es perenne Rajoy?

La mañana parlamentaria estuvo dedicada al tema de nuestro tiempo, que son las fake news. Su influencia escala del país al continente, del continente al hemisferio y del hemisferio al planeta: en lugar de conspirar contra un gobierno ya aspiran a alterar el orden cósmico, y en vez de limitarse a acortar legislaturas se proponen alargar el invierno. Y no sólo el de nuestro descontento, sea este feminista, permanente revisable, pensionista o mediopensionista. La gélida Rusia tiene que estar detrás de esta primavera que ha sido anunciada oficialmente pero no ha querido presentarse.

Todos en el hemiciclo se tiran los bulos a la cabeza. Irene Montero rescató algunos ya clásicos, como los hilillos del Prestige o las armas de Irak, y Soraya Sáenz de Santamaría respondió con uno bien reciente: la muerte del mantero Mbaye a manos del capitalismo y no de la cardiopatía. Rivera recordó el arriesgado optimismo de Montoro, que nos tiene prometido que no hemos pagado de nuestros bolsillos «ni un euro» del aquelarre de los golpistas, cuando no su pensión completa en Ginebra o Waterloo; optimismo cuyo fundamento hoy está bajo la lupa del juzgado número 13 de Barcelona, donde se malician que quizá no sea un euro sin dos millones. La vicepresidenta le reprochó a Rivera su «cintura» con el independentismo, que mira que exhibe elasticidad la cintura de Rivera en muchas cosas, pero hombre, ni el ancho monte de orégano de la trola parece capaz de dar cobijo a una presunta connivencia de Ciudadanos con los indepes. En cuanto a Rufián, que ha perdido la inspiración al mismo ritmo que la república perdía candidatos viables y hoy nos tiene a dieta de esposas o impresoras, fue enfrentado por Zoido al espejo de sus contradicciones: está en contra de la policía pero a favor de los mossos, clama contra la politización de la justicia a no ser que te politices -como Vidal– hacia el bando correcto y aplaza cada día aquella esperanzadora promesa de dejar el escaño en el plazo ya vencido de 18 meses. El escaño español de Rufián es su prisión permanente revisable.

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21 marzo, 2018 · 21:04