Archivo del Autor: jorgebustos1

Lobo y Pablo

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El arte de lo posible.

El día exacto del pasado enero en que estrenaba despacho, un diputado de Ciudadanos encendió su ordenador, abrió el correo y leyó el mail que le remitía un padre angustiado de Ceuta. A su hijo Pablo de cinco años, diagnosticado de autismo, la ley no le permitía repetir el último curso de infantil en su escuela antes de pasar a primaria, sino que lo obligaba a ingresar en un centro de educación especial. Lo mismo aducían los profesores: no se hace la norma para el caso particular, y pocas particularidades hay tan clamorosas como un niño con capacidad de seguir aprendiendo en una clase digamos regular pero no la suficiente como para cambiar de ciclo con los demás chicos de su edad. El padre de Pablo no se engañaba respecto de las facultades de su hijo: sabe que acabará formándose entre chavales con Asperger; pero ganar un año se le antojaba determinante para su desarrollo cognitivo; tan determinante como someterlo al régimen general y truncarlo definitivamente. Libraba una batalla legítima contra el tiempo y contra la ley, que no son los adversarios más fáciles del mundo, y desesperó lo bastante como para ignorar los celtíberos cacareos de la ideología y exponer su caso a representantes de todos los partidos. Fue el diputado de C’s el que reaccionó. Estrenó función al tiempo que despacho.

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5 agosto, 2016 · 13:53

La eternidad de un día

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Peter Altenberg en su Café Central de Viena.

Auguramos a este libro un exitoso recorrido por las bibliotecas de los periodistas patrios, algunos de los cuales ya han saludado su publicación como un pequeño acontecimiento editorial. No deja de tratarse de una antología de artículos de periódico, pero la nómina de los autores abruma por su categoría, y los nombres menos conocidos en absoluto desmerecen la compañía de los más canónicos. Hablamos de las plumas alemanas más conspicuas de finales del XIX y principios del XX: Heinrich Heine, Karl Kraus, Joseph Roth, Stefan Zweig, Thomas Mann, Hermann Hesse, Robert Musil, Alfred Döblin o Walter Benjamin. Pero también de Alfred Polgar, Peter Altenberg o Egon Erwin Kisch: escritores que elevaron el género del folletín a una condición plenamente literaria, reuniendo la filosofía con la amenidad, el costumbrismo con la denuncia, el yo con el nosotros. La eternidad y el día: deshacer en el folio cotidiano este bello oxímoron debería ser la tarea del articulista ideal.

El género francés del feuilleton (“hojita”, “suplemento”) lo inventa el Journal des Débats cuando el 19 de febrero de 1800 adjunta a su edición un cuadernillo con noticias ligeras y críticas de espectáculos. La buena acogida de los lectores acabó provocando que los contenidos del suplemento se incorporaran a la propia edición del periódico, bien que separados por una línea en portada que marcaba la diferencia tipográfica entre el rigor de la información y las licencias del entretenimiento (siglos después internet vendría a desbaratar para siempre esta noble distinción). Desde Francia el folletín se extendió por todo el periodismo europeo, recalando con especial éxito en Alemania y en la propia España. Aquí los llamamos columnistas, pero Larra no era más que un folletinista a la francesa, y la estirpe de opinadores con vocación de estilo que de él arranca resulta, a la vista de este volumen, menos endémica de lo que pensábamos.

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2 agosto, 2016 · 20:23

El muro de Tamerlán

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Tamerlán.

Hoy hace 80 años los españoles entregamos a la Historia la más coqueta realización de una especialidad de la casa: la contienda fratricida. Nadie la despachaba como nosotros. Padres, hijos y hermanos llenos de buenas razones trincharon la carne palpitante de padres, hijos y hermanos llenos de buenas razones que excluían las demás. Dicen aún que fue la última guerra romántica, pues al parecer hay más poesía en la metralla si se reparte en nombre de la Cruz o del Pueblo que si se necesita el petróleo o el trigo del vecino. Lo cierto es que la escabechina del 36 al 39 solo fue romántica en la retórica de los propagandistas, que robaron el alma a los mejores poetas. No a todos: Cernuda se alistó en el frente de Guadarrama henchido de ardor miliciano, pero acabó refugiándose en la lectura de Leopardi, sin pegar un solo tiro, y preguntándose en verso por qué el odio impulsa a los hombres a ofrecer su alma a la patria más profunda, que es la muerte.

En España seguimos odiándonos, pero afortunadamente ya no estamos dispuestos a matarnos por abstracciones y nos limitamos a envidiar la casa, el coche o la talla de cintura del prójimo en la intimidad; si la afección es aguda, entonces votamos a Podemos o desaguamos rencor anónimo en las redes sociales, poco más. Hay mucha casandra a la derecha o a la izquierda que madruga el estallido social o llora la muerte de las clases medias, pero ambas cofradías fúnebres podrían ahorrarse los pucheros: una cosa es que la crisis haya mermado poder adquisitivo y otra compararnos con la España en mantilla y alpargatas de los años 30 que marchaba siempre detrás de un cura, bien con un cirio, bien con un garrote.

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Me entrevista Ángel Expósito en COPE por El hígado de Prometeo

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2 agosto, 2016 · 20:07

El bucle esperpéntico

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En los cursos de verano de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Ayer en Valladolid, camino del restaurante, Arcadi Espada formuló en el coche la más terrible de sus sentencias terribles: ‘Lo que más miedo me da de las terceras elecciones son las cuartas’. En efecto. Del mismo modo que reconocer el derecho de autodeterminación de un territorio del Estado extiende de suyo ese pretendido derecho a las comarcas incómodas en ese mismo territorio -el Valle de Arán respecto de Cataluña, por ejemplo, o Escocia en un Reino Unido autoexiliado-, la posibilidad misma de las terceras elecciones, que como su nombre indica sucederían a las segundas, que como su nombre indica sucedieron a las primeras, amenaza con retrotraer a España al entrañable bucle tragicómico del siglo XIX, solo que con urnas frenéticas en el papel de espadones a caballo hollando el Parlamento cada dos años.

Demasiados articulistas han sobado ya la repetición marxiana de la tragedia como farsa, pero ¿qué pasa cuando es la propia farsa la que se repite? Tan solo que el género avanza un estadio más y se precipita hacia el esperpento. Nada tan español, hay que reconocer Valle mediante, ni menos civilizado. El grotesco espectáculo que la partidocracia española está dando al mundo solo podría encontrar redención por el arte, en las novelas de sátira política que no tenemos tiempo de escribir, o por el turismo, en los recorridos para guiris procedentes de democracias asentadas a los que se mostraría el plató rotundo del No, el sagrado despacho del y el inverosímil restaurante de la Abstención. Spain is different otra vez. Y una tapita de jamón.

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Último Parnasillo de la temporada en COPE: grandes clásicos sobre el verano

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Raquel Sanz, viuda

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De la ironía a la tragedia.

La víspera del día en que el toro mató a Víctor Barrio, su esposa retuiteó mi artículo del viernes, que casualmente versaba sobre el avance del animalismo. Raquel Sanz, a quien no conozco, coincidía conmigo en que sólo la ironía puede dar ya cuenta de las derivas disparatadas que toma nuestra sociedad. Pero la ironía es una piel fina que el ácido de la tragedia disuelve pronto. Trece horas después de ese retuit, Lorenzo partía el pecho del torero, su marido, y Raquel sentía que la vida le abandonaba a ella también, dejándole el aliento justo para agradecer como una sonámbula las muestras de apoyo de una mayoría bien nacida.

Sin embargo, sobre el fondo de dolor en que ella yace, una minoría de enfermos morales descargó en las redes esa catadura de júbilo degradante que creíamos desaparecida de Europa con la última quema pública de una pobre epiléptica confundida con una bruja. Un semoviente que celebra la cogida mortal de un torero perpetúa la misma chusma que reía desdentada en los autos de fe, que madrugaba para pillar sitio en primera línea de hoguera o de cadalso. El animalismo va convirtiéndose en la mayor amenaza del humanismo. Mentes estragadas por la incultura y la emocionalidad más primaria proyectan su abyección sobre los aficionados, como si el tendido no ofreciera una escuela de criterio para el que sepa sentarse en uno sin prejuicios. Se puede ser antitaurino cabal, como Pla o Wenceslao, y se puede ser la clase de abogado corrompido que avergonzaría a su cliente, en este caso el propio toro. Que la militancia en el PP de la viuda contribuyera a avivar la llama diabólica de Twitter, según me informó mi compadre Rubén Amón, es algo que produce arcadas en cualquier conciencia aún no podrida.

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Y París fue una fiesta

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Historia.

Las finales nunca son bonitas ni falta que les hace, porque a menudo son el feudo de la suerte, y ya se sabe que la suerte de la fea la bonita la desea. Francia ponía el músculo negro y Portugal una melancolía mal peinada que todo lo fiaba a su comandante. Payet, que lo sabía, aplicó el manual de las finales feas y taló el muslo de Cristiano, ese que creíamos blindado como los pernos del puente de Brooklyn. Lo que no calculó Payet es que Portugal es la tierra de la saudade, y con su entrada criminal acababa de abastecer al adversario del combustible de la nostalgia: debían ganar por su héroe caído, como aquella final de basket que España ganó sin Gasol y por Gasol.

Francia, sobrada de fuerzas, no supo capitalizar la baja de la estrella lusa. Sí, reincidió en el duelo tribal entre Sissoko y Rui Patrício, pero nunca se mascó el gol con verdadera fatalidad, y el principito permanecía escondido en el lado sombrío de su planeta. En cambio Portugal se ahormó sin CR como tropa de resistencia, aunque no parecía capaz de meter un gol ni jugando hasta la tercera venida de Obama a España.

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Obama en Hispania

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De un comandante en jefe a otro.

La visita del emperador siempre pone a prueba el saber estar de las provincias, que suelen reaccionar a ella con dos actitudes opuestas y un solo aldeanismo verdadero. Porque tan paleto es el camarero interior -un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo- que nos dobla el espinazo y nos prepara el espíritu para la propina, según el canon berlanguiano, como ese españolito de mucho progreso que chasquea la lengua ante el lisonjeo institucional e improvisa una lección en Twitter sobre las fallas de la democracia americana. La única actitud decorosa ante la presencia de Obama en nuestro país aconseja la buena educación de raíz hidalga, la discreción cervantina y la gratitud sin alharacas por todo lo que nos han dado los romanos, desde la HBO y el fact-checking a la protección contra los bárbaros propios y ajenos, los de este lado del muro y los de la otra acera del telón, por no hablar de los degolladores mahometanos.

No es malo que el adolescente de provincias pase su sarampión antiyanqui en asambleas prodemocráticas y visionando cine posmarxista mientras no olvide que no hay nada más americano que todo eso. Siempre he pensado que la mayor garantía de superioridad moral del americanismo es el antiamericanismo, que Estados Unidos tolera o promueve desde su misma industria audiovisual, la más autocrítica del planeta desde su nacimiento. Por eso creo que las manifas anti-Otan de los muchachos de Garzón y otros altermundistas de djembé deberían organizarlas los propios agentes de la CIA, de modo que quedaran más lucidas y la cacerola se acompasase mejor con el silbato. Pero comprendo que no pueden estar en todo.

Morón y Rota son plazas estratégicas para el despliegue militar americano. Obama viene básicamente a pasar revista a su tropa acantonada y a marcar paquete ante el ruso, que es lo que hace un emperador, y si la balacera de Dallas no le ha dejado tiempo para el atrezo lúdico del tablao sevillano y el pescaíto frito, qué se le va a hacer. No hay chovinismo ninguno en recordar que es Obama el que se queda sin Sevilla y no Sevilla la que se queda sin Obama. Solo apuntamos lo obvio cuando se nos pone la red social perdida de papanatas insomnes. Nunca falta aquí el cosmopolita de guardia que se empina al menor estímulo y tiene el índice acalambrado de señalar un facha por cada español no completamente avergonzado de serlo, sin sospechar que el mismo rancio casticismo iguala al que presume y al que condena.

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De animales y hombres

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Dos ciudadanos.

Sigo con científica pasión el proceso de convergencia entre hombres y animales que patrocina nuestra vibrante era de la igualdad. No parece lejano el día edénico en que se derrumbe la última diferencia entre unos y otros. De momento los madrileños ya podemos viajar en metro con nuestro perro, o con nuestra perra, aunque la ordenanza municipal no explicita aún si los ciudadanos bien educados debemos ceder el asiento a las perritas embarazadas en caso de que así nos lo solicite con una caída de ojos o un ladrido aclaratorio, ya que no todas las razas de cánidos evidencian su gravidez a simple vista.

Cualquier cliente de Inditex ya puede acceder con su mascota a cualquier establecimiento de la compañía siempre y cuando ‘no impida que el resto de clientes se sienta cómodo en nuestras tiendas’, informa el departamento de comunicación con franciscana permisividad. ¿Pero a qué clase de humano desaprensivo puede incomodarle la irrupción de un mastín en el probador? ¿No mejorará decisivamente la mecánica experiencia del consumo con la presencia en el local de exóticas boas, atentos azores e inquietantes iguanas, de modo que uno se sienta como Noé con solo probarse unos gayumbos? Se anuncian, en fin, hoteles con servicios específicos, desde spa hasta psicólogo de mentes caninas, cuya titulación incluye el mismo número de asignaturas que la de mentes humanas, si no más.

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8 julio, 2016 · 10:57