Archivo del Autor: jorgebustos1

Hacerse un Nerón

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Padres e hijos.

El constitucionalismo va yéndose al carajo por el tironeo rapaz de tres fuerzas centrífugas: una izquierda que juzga traidor a Carrillo, una derecha que juzga traidor a Suárez y todo el nacionalismo que juzga traidor a Roca. Y con razón, pues los tres traicionaron las esencias más puras de sus respectivas ideologías en aras de la convivencia entre diferentes. Pero igual que la primera causa del divorcio es el matrimonio, la primera causa del populismo es la democracia. España acaba de ser incluida por The Economist entre las únicas 20 democracias plenas del planeta, lo que aquí se ha tomado como la enésima afrenta de la Leyenda Negra: quiénes son esos arrogantes anglosajones para venir a decirnos que no estamos tan mal. Esto es una charca de comunistas, franquistas, feminazis y etarras, y quien diga lo contrario miente como un bellaco.

Pero ha llegado la hora de drenar el pantano del 78, españoles. ¿Qué ha hecho el 78 por nosotros? De acuerdo, nos ha dado paz, estabilidad y progreso sin necesidad de un dictador que vele por nosotros. Pero la tolerancia es una virtud de pobres. El primer lujo que uno se permite en cuanto asciende es dejar de soportar a los demás, que por algo son el infierno para Sartre, y cambia el pisito por el chalé, según el camino de nuestro feminista semental. Y el segundo lujo del primermundista es la nostalgia de un mito heroico que lo redima de su tedio feliz. Si como explica Latorre el nacionalismo es una enfermedad por la que los ricos se creen menesterosos, el cainismo es una enfermedad por la que demócratas de sofá y Netflix escuchan la llamada de la revolución en nombre de la Clase o la Nación, cuando no del Género. Y así tenemos a Torra persiguiendo la república imaginaria -la república no existe, idiota-, a Iglesias guillotinando reyes en sus juegos de tronos mentales, a Montero cavando trincheras de llanto frente al terror patriarcal y a Santiago y cierra España reconquistando una unidad de destino en lo globalista. ¿Qué tímido partidario del consenso constitucional puede competir con tan santas misiones?

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14 enero, 2019 · 9:50

Camisetas blancas, chalecos amarillos

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Héroes cansados.

A un equipo que no se respeta a sí mismo le termina perdiendo el respeto hasta la tecnología. Eso le ocurre al Madrid, por más que el aficionado sienta la tentación de buscar consuelo en el más justificado de los ataques al VAR. El error en el penalti a Vinicius -¿germen de Robinho, Savio o Romario?- es peor que un escándalo: es prevaricación. Pero aunque el Madrid hubiera empatado el partido, condenar al madridista a no subestimar los empates es mucha condena cuando se viene de ganar cuatro Champions en cinco años. O quizá esta saciedad de gloria explique precisamente la agonía de sentido del juego y de sentido de la vergüenza que vemos jornada tras jornada. Son camisetas blancas pero parecen chalecos amarillos protestando sin jefes ni programa contra el orden y la razón.

Señalar un culpable individual de un problema complejo es una ordinariez propia de vagos mentales y de populistas, valga la redundancia. Errores hay muchos, desde la planificación de la plantilla a las decisiones de Lopetegui pasando por el caciquismo de los mandamases del vestuario o la degeneración de jóvenes geniales en viejos abúlicos: Isco y Asensio pugnan por el papel protagonista en la segunda parte de Benjamin Button. Solari solo es culpable de aceptar un reto envenenado sin la colaboración de demasiados de sus jugadores, que asumen su autoridad pero no la respetan.

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8 enero, 2019 · 10:37

Jinetes del cromosoma Y

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Vuelve el hombre.

La irrupción de Vox dibuja un pentapartidismo cuyo centro geométrico y político ocupa Cs, en buena medida gracias a los ataques simétricos de sus rivales: dos por la izquierda y dos por la derecha. A Rivera le ataca el PP por los votos que robó a Rajoy, el PSOE por los que roba a Sánchez, Podemos por paranoia anticapi y Vox por una entrañable mezcla de paranoia masónica y rencor práctico, pues Cs impide que Casado se diluya en el abrazo del oso de Abascal. Rivera tiene hoy la ocasión de demostrar dos de sus frases favoritas: que a la idea insólita de un centro español le ha llegado su momento y que a la política se viene llorado de casa.

La violencia de género se ha convertido en caballo de batalla -nunca mejor dicho- de Abascal para hacerse valer en el cambio andaluz. Está bien elegido porque encarna la mayor guerra cultural de nuestro tiempo, y ya se sabe que la primera víctima de la guerra -y el último verdugo del populista- es la verdad. Es tan cierto que Cs criticó la asimetría penal por machismo como que se cayó rápido de ese caballo pardo -hace cuatro años ya- y ha trabajado decididamente en favor del Pacto de Estado, aprobándolo por cierto con un voto particular que exigía el carácter finalista de todas las subvenciones. Este giro que en realidad reclama el nombre de madurez sirve a la acusación de veletismo pero también a la reconciliación con el arte de lo posible ajeno a fanáticos de nicho: la pureza ideológica solo se la puede permitir el irrelevante, el comentarista, el trol. Cuando Vox se presenta como partido de principios inmutables y refugio de hombres maltratados se condena a la marginalidad o a la traición, porque tendrá que retratarse votando medidas de apoyo a la mujer: si las rechaza conservará el fervor minoritario de su votante macho más movilizado al precio de no participar en cambios legislativos reales. Abascal siempre puede asumir la legislación feminista y abrirse a negociar una ley complementaria de violencia intrafamiliar, pero entonces estaría sumando con Rivera y no chocando con él, que es lo que le da fama. Al tradicionalismo el pacto no le sienta tan bien como al liberalismo.

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6 enero, 2019 · 18:37

Despótica Navidad

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Belén urbano.

La Navidad es una fiesta despótica porque cuando llega, y llega puntualmente cada año, no hay manera de sustraerse a su omnipresencia. La astucia publicitaria del mercado, la demagogia lumínica de un alcalde o la mala salud de hierro de las tradiciones familiares obligan lo mismo al creyente que al ateo. Que nuestro tránsito por el recuerdo ritual del nacimiento de Jesucristo lo sobrellevemos con una mueca de fastidio preventivo o incluso con serias meditaciones sobre la oportunidad del suicidio no cambia nada: odiar la Navidad es parte del canon navideño desde que Dickens ideó su Scrooge, cuya amargura anti nos resulta tan entrañable como un concurso de figuritas napolitanas. Por eso digo que la Navidad es despótica: porque no consiente la indiferencia hacia ella.

Podemos apretar los dientes aguardando a que la prosa de enero nos rescate de la lírica de diciembre o podemos rendirnos a lo navideño en la curiosidad o la esperanza de encontrarle algún significado nuevo. Si algunos aún fatigan guerras galácticas o juegos de tronos para extraer conceptos políticos o morales, quizá no sea una estupidez regresar a la paradoja de la eternidad degradada a historia, de la divinidad encarnada en un muladar que funda el relato de nuestra cultura. Eso hizo Borges, que no era precisamente un meapilas: «Dios quiere andar entre los hombres / y nace de una madre, como nacen / los linajes que en polvo se deshacen, / y le será entregado el orbe entero, / aire, agua, pan, mañanas, piedra y lirio. / Pero después la sangre del martirio, / el escarnio, los clavos y el madero».

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31 diciembre, 2018 · 15:01

Mi reino por un cordón

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Vuelve el hombre.

El partido Vox está descubriendo a muchas personas de orden un placer que creían reservado al adversario: la épica de la resistencia. Se caracteriza a la derecha como amante de la estabilidad que favorece los negocios, pero Marx y Engels, que por algo eran burgueses, tenían razón: la burguesía siempre fue el verdadero sujeto revolucionario. ¡También el Barrio de Salamanca quiere adornarse con los sacos terreros del No pasarán! Sin este excipiente emocional no se comprenderá la efervescencia de Vox entre los niños bien, que sienten llegada la hora de la revancha histórica en que el miedo cambia de bando -ahora le toca temblar a la izquierda- y a los apacibles conservadores se les confía la excitante misión de escandalizar al establishment. Si los desheredados de ayer viven hoy en mansiones serranas, a ver por qué los urbanitas de pista de pádel no van a poder echarse al monte.

Todo populismo exitoso empieza por ofrecer una retribución moral antes que una económica. Vox ofrece una emoción nueva, que podríamos bautizar como el malismo: frente al buenismo de los que insisten en visibilizar a los transexuales y acoger a los refugiados, los malistas proclaman que ya está bien del narcisismo moral de la pequeña diferencia, que vuelve el hombre, que ha de resurgir la gran identidad integrada por los nativos heterosexuales blancos católicos. A este amplísimo conjunto de ciudadanos Vox les oculta su posición hegemónica y les catequiza en la condición de minoría perseguida, un orgullo de catacumba que es lo más cristiano que cabe rastrear en la estrategia de Abascal. Por eso no desaprovecha una ocasión de denunciar el cordón sanitario: porque necesitan saberse acordonados para crecer. Porque su sentido tribal de pertenencia se alimenta del rechazo del mainstream. Porque el primer combustible político de nuestro tiempo es el victimismo, que puede atizarse contra los españoles como contra los antiespañoles. «A mí me beneficia el pacto PP-Cs, pero prefiero otras elecciones para que castiguen a Rivera», escribía ayer un tuitero. He ahí la expresión cabal de la esencia punitiva del populismo: antes joder a la tribu rival que beneficiarnos todos del cambio.

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27 diciembre, 2018 · 11:34

Puente aéreo

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Tarradellas y Suárez.

Resulta descriptible mi entusiasmo por el redondismo, pero debo rendirme a don Iván si suya ha sido la idea de rebautizar El Prat con el nombre de Josep Tarradellas. Estamos ante un nuevo brote cuántico de sanchismo, un nuevo desafío metafísico al principio de no contradicción por el cual el Sánchez real, el que firma la calculada omisión de la Constitución con sus agresores, se opone al Sánchez simbólico: el que adjudica al aeropuerto de Barcelona la identidad del enemigo encarnizado de Jordi Pujol.

Tarradellas fue el primero en denunciar la «dictadura blanca» de aquel milhombres corrupto -«iguana epiléptica» le llamó Federico, orfebre del denuesto, en una de las cumbres de su repertorio- de cuyos hispanófobos legatarios depende hoy el Gobierno de España. He aquí otro hito de la bipolaridad sanchista: reivindica con gesto solemne a un patriarca de la Transición mientras dinamita su obra por la vía clamorosa de los hechos. Tarradellas fue leal a Suárez, y de esa lealtad nació el Estatuto de Cataluña. Pero pronto llegaría Pujol, procedente de Andorra, y sus coletazos de iguana descargaron durante años sobre las bases de aquel pacto de caballeros, hasta que no han quedado en pie más que un Torra y un Sánchez midiéndose mano a mano la profundidad de sus traiciones respectivas.

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24 diciembre, 2018 · 11:59

En nombre de Laura Luelmo

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Instagram.

Era previsible que nuestros diputados se volcaran sobre el cadáver aún tibio de Laura Luelmo para velarlo mejor que el adversario en el mejor de los casos; para lanzárselo en el más infame y tentador. Vosotros queréis quitar la permanente revisable. Vosotros queréis pactar con los enemigos del feminismo. En algún recodo del final del siglo XX perdimos la capacidad de culpar a los asesinos de los asesinatos; fue en el mismo instante en que descubrimos que el daño que la vida les hace a los demás es un valioso combustible político, y que no pensábamos renunciar a llenar nuestro tanque con la indignación que sigue al sufrimiento convenientemente segmentado, manufacturado, etiquetado con arduas etiologías estructurales y servido para consumo del elector. No se priva ni Dios de esta impudicia.

Las horas posteriores al asesinato de Luelmo han vuelto a demostrar que hoy no hay nada más poderoso que el cuerpo muerto o vivo de una mujer. Digo hoy, pero Helena de Troya ya justificó una guerra, que no es más que la continuación de la política por otros medios, así que no parece que la politización de la mujer haya tenido principio ni vaya a tener final. Ante una chica asesinada habría que permanecer unos días mudo, sumido en un horror respetuoso, o bien componer una tragedia griega, o al menos leerla; pero las recias costumbres antiguas ya fueron derogadas. Ahora todo cristo corre a explotar la crucifixión de otro. De otra. Todos pontifican en su nombre.

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19 diciembre, 2018 · 14:37

Entrevista en El Catalán

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El entrevistado.

[Reproduzco a continuación la entrevista que me hacen los chicos de El Catalán, en la que doy respuestas muy poco equidistantes]

En un artículo se refería al nacionalismo como una ideología “intrínsecamente perversa”.

Claro. El nacionalismo es una enfermedad moral que te convence de que eres más que los demás por el hecho casual de haber nacido en una localización geográfica determinada, a la que revistes de mitos legitimistas. Luego habrá nacionalistas encantadores, claro. Pero portan una ideología que los empeora como animales políticos: les tienta permanentemente hacia la exclusión, el egoísmo, y en los casos más extremos, el supremacismo y la limpieza étnica. El nacionalismo es el machismo de los pueblos.

También ha señalado que el procés es una “gigantesca apropiación indebida”.

Es un robo. “Vosotros, andaluces o murcianos, que vinisteis como emigrantes a currar de lo que no querían los catalanes puros y labrasteis como obreros la prosperidad de Cataluña, ahora os quedáis sin derecho de propiedad sobre la tierra que habéis hecho rica a no ser que comulguéis con el separatismo”. Eso es el procés. Robar la soberanía de todos es infinitamente más grave que robar dinero público con tarjetas black; primero, porque es mucho más dinero; y, segundo, porque es mucho más inmoral, porque es el dinero que la solidaridad estatal redistribuye entre los más necesitados. El Estado es de todos y la nación también.

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19 diciembre, 2018 · 8:44