
El misterio de la identidad judía consiste en la eternidad de un dolor injusto. La conciencia nacional más antigua del mundo es la de un pueblo elegido para sufrir como ninguno a causa del odio que ha despertado, despierta y despertará su terco deseo de prevalecer. A la maldición antisemita, que en el siglo XX alcanzó las condiciones industriales de posibilidad del exterminio, los supervivientes de la Shoah respondieron por fin con la creación de un Estado propio. Y asumieron la necesidad de la autodefensa por la fuerza a la que habían renunciado hasta la fecha. La roca de Israel no volvería a ser quebrada.






