
Lo primero que llama la atención de Auschwitz-Birkenau es el orden. La llanura rasa, el cielo bajo, la rectitud de las alambradas, la perfecta geometría de los barracones. Hasta ese momento el terror había sido producto del caos. La orgía revolucionaria, el fuego arrasador, el torbellino de la artillería, la carne trinchada por las bayonetas, los terrones destripados por las bombas.






