Simone y Emmanuel

El olimpismo, como las oposiciones o la selectividad, empieza a no ser de este mundo. Este mundo, medalla de oro en hipocresía, proscribe la competición y rinde culto creciente a la debilidad exhibida. Una farsa de igualdad que queda restringida a las tablas de la comedia humana; entre bambalinas, el personal sigue lo mismo que cuando bajó del árbol, maquinando el ascenso en la oficina, la casa más grande, el programa más visto, el cuerpo mejor operado. Eso somos gracias a Dios, quien por razones estrictamente evolutivas dijo hermanos pero no primos.

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29 julio, 2021 · 12:06

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