Archivo mensual: mayo 2019

El casting de la posteridad

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Leviatán.

-Lo ves, ¿no?

Explicaba lo que para él era evidente y remataba así cada lección para cerciorarse de que para mí también lo era. Blandía la pinza del índice y el pulgar en gesto característico, mientras achinaba los ojos de replicante de regreso de Orión, esos ojos que parecían las ranuras de una persiana por donde se filtrase el crepúsculo de un gran poder. “Lo ves, ¿no?” Y a veces no lo veía, pero tampoco me habría atrevido a interrumpir a Rubalcaba, que estaba sentado a mi izquierda, en el mismo restaurante donde Rajoy se resignó a perder la Moncloa y el partido. Ese Rajoy con el que mi interlocutor había tejido delicadamente el último tapiz del 78, que fue la sucesión en la Corona.

Una tarde de finales del año pasado me llamó Eduardo Madina. Me dijo que Rubalcaba había leído algo mío y quería conocerme. Confieso la ilusión sentida a una edad en que la mitomanía ya no genera excesivas ilusiones, por más que siga apasionándome la actualización diaria de los códigos fijados por Maquiavelo. Crecí bajo la leyenda Rubalcaba, bajo la resonancia temible de aquel apellido que murmuraban en voz baja los etarras en los pisos francos y que maldecían todos los aquejados de manía persecutoria. Lo que no significa que, en efecto, Rubalcaba no los persiguiera alguna vez.

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12 mayo, 2019 · 22:10

Me pareció ver un lindo gatito

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La sonrisa del destino.

A las dos de la tarde de ayer Moncloa distribuyó una foto del encuentro entre Sánchez y Casado que resulta letal para la verosimilitud de la farsa cainita que ambos llevaban ensayando diez meses y cuyo estreno, el último domingo de abril, logró la suspensión de la incredulidad de gran número de abstencionistas. La obra llevaba por título No pasarán esta vez, y versionaba un famoso drama de los años 30 con Pedro Sánchez en el papel de galán antifascista. Un público impresionable que no pisaba el cine desde la Transición se tragó el montaje entero, y las consecuencias se advierten en la inocultable satisfacción con que posa el laureado protagonista. En la foto, Sánchez sonríe como el gato que acaba de comerse al canario y Casado sale de espaldas, aunque no cuesta imaginar que también está sonriendo, porque Casado sonríe cuando ataca, cuando defiende y cuando persigue el empate, que es lo que hace desde que tiene 66 escaños. Pero lo interesante de la foto es la sonrisa de Sánchez, que proclama un relajamiento poscoital, la clase de expresión que no puede impostarse y que solo aflora tras un esfuerzo sudoroso de representación con final feliz. Sánchez ha encarnado al fin la sonrisa del destino que le auguró Iglesias cuando ejercía de profeta ceñudo.

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7 mayo, 2019 · 11:58

María en Príncipe Pío

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Twitter.

Han linchado a María Rey por decir Franco en vez de Napoleón a propósito del 2 de mayo. Hay que reconocer que hemos progresado mucho y ya no te fusilan con nocturnidad al pie de la montaña de Príncipe Pío, pero los que disparan siguen haciéndolo embozados, hurtando el rostro como los pintó Goya para vaticinar que el horror moderno sería industrial y anónimo como lo es la trolería tuitera. Si las redes entrañan un peligro totalitario no es por el grado de violencia sino por la imposibilidad de identificar a sus responsables. Por eso Eichmann en Jerusalén parecía un probo funcionario, una pieza desalmada en un engranaje automático. El fin de la responsabilidad individual es el fin de la civilización.

El tuitero que disfruta haciendo escarnio representa un tipo humano despreciable, pero tan viejo como el público festivo que madrugaba para coger sitio en la plaza donde esa mañana se programaba ejecución y al día siguiente mercado de abastos. La pulsión punitiva, el deseo de castigar al otro -especialmente si el castigado es más famoso que el castigador- supone la oportunidad de aliviar algo la propia irrelevancia mediante el desahogo de un narcisismo imbécil, porque hay que ser imbécil para creer que María Rey ignora de verdad que Franco no existía en 1808. Los trols -salvo los más estólidos- sabían bien que se trataba de un lapsus, pero reconocerlo y contenerse les habría arruinado el goce del ajuste de cuentas ideológico aprovechando que la memoria histórica pasaba por el Manzanares. Otras veces las balas provienen de la trinchera opuesta, la que se presume faro del progreso y resulta más cruel porque a la vesania une la superioridad moral, lo que bloquea cualquier remordimiento. Y así, por el mísero placer de unos parafílicos escondidos, estamos poniendo perdida el ágora del siglo XXI que se suponía que era internet.

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5 mayo, 2019 · 18:48