Archivo diario: 20 junio, 2018

Fútbol, un vicio individual

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Individuo.

Va cundiendo la impresión de que el Mundial está más nivelado que ningún otro y de que las selecciones favoritas están decepcionando. Pero esa impresión parte de una falacia lógica: la de confundir el pedigrí competitivo con la calidad real y el estado de forma. Los tropiezos de Argentina, Alemania o Brasil sorprenden únicamente porque en la primera juega Messi, al que se le presuponen poderes sobrehumanos capaces de compensar todas las nulidades coordinadas a su alrededor; porque la segunda es la vigente campeona y tiene que soportar el aforismo de Lineker sin permitirse un día de vagancia meridional; y porque la tercera es Brasil, por mucho que Neymar llevara cien días viviendo dentro de una lesión.

Lo de España es distinto, porque no jugó nada mal -como el toro se crece en el castigo, o en el esperpento, que es igual de español- pero chocó contra la inspiración de Ronaldo. De hecho, no me extrañaría nada que si la Selección hace un buen papel, Hierro recibiera una oferta de Rubiales para quedarse, porque para entonces habrá quedado demostrado que el seleccionador es útil mientras selecciona: una vez hecha la selección, regresa a su estricto rol de animador psicológico en la banda. Claro que en una Federación liderada por Rubiales y Hierro luciría tanto la testosterona que correríamos el riesgo de despertar la envidia de Putin y podría terminar anexionándonos.

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20 junio, 2018 · 13:37

La hora de Darwin ha sonado en el PP

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Solo puede quedar un@

Hemos visto la renuncia de un Papa, la abdicación de un Rey y el despido de un seleccionador la víspera del Mundial. ¿Por qué no íbamos a ver a seis candidatos del PP luchar a tumba abierta por el cetro de Génova 13, allí donde toda dedocracia tuvo su asiento y toda férrea disciplina hacía su habitación? De don Mariano criticamos mucho su preferencia por el estar y su desprecio por el ser, pero estar estaba, de un modo tan incorpóreo como inequívoco -algo parecido a la gracia divina o a la Agencia Tributaria-, y todos lo sabían. De manera que durante la década impávida del marianismo (2008-2018), en el PP solo se ha movido la cinta de correr del jefe. Ahora no hay jefe, ni cinta, ni órdenes que seguir ni estribillo que corear: solo un vacío alienante que ha convertido a una tropa regular, amante de la geometría y del cuarto mandamiento, en una selva donde se emboscan los capos de guerrillas rivales que ocultan tatuajes feroces debajo de la chaqueta.

“No soy optimista”, me decía esta mañana un dirigente popular. “Ojalá me equivoque, pero esto tiene pinta de que vamos a abrirnos en canal. Entiendo a Alberto: para qué cambiar una vida feliz por semejante fango”. Y es verdad. Pero quien piensa así no es un político de raza, la clase de animal que se ducha cada día pensando en la pausa dramática que guardará entre el quinto y el sexto párrafo de su discurso de investidura. Ese don destructivo, ese instinto letal que le susurra por las noches los mejores trucos para arruinarle la vida a su compañero de partido quizá despierte recelo en la población civil, pero háganme caso: necesitamos gente así. La democracia necesita gente así. Ellos no son culpables de ser como son: tan solo portan una pulsión primaria que selecciona a los más aptos para resistir la erosión de la intemperie política. En el PP ha sonado la hora de Darwin, y solo puede quedar uno. O una. Y cuando lo haga, sabremos que no podía liderar el partido una persona distinta de la que ganó el congreso, porque habrá hecho todo lo imaginable para hacerlo; del mismo modo que hoy ya sabemos que Núñez Feijóo no está hecho del fuego devorador que arde en los líderes genuinos.

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20 junio, 2018 · 13:33