Archivo diario: 30 mayo, 2016

Las odiosas Once

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Un Lannister en el palco de San Siro, tras la decapitación.

Resulta tentador buscarle un significado a la vida. El Atlético encontró el de la suya y convierte la disputa de un torneo en una epifanía. Nadie le encomendó la misión de redimir a los hombres de buena voluntad a través del fútbol, pero así es como su parroquia afronta cada partido. Lo prueba el tifo que desplegó en la grada de San Siro: «Tus valores nos hacen creer». Es el equipo de las personas piadosas, de los mensajeros de la paz.

El Real Madrid, en cambio, carece de ambiciones trascendentes: es un club existencialista que piensa que ha sido arrojado a este mundo para ganar Copas de Europa. Y a ello se aplica con insidiosa regularidad, partiendo de un lema lacónico: «Hasta el final, ¡vamos Real!». Son los funcionarios de la victoria, y dejan los lujos morales para quien se los pueda permitir. Por qué filosofar si puedes ganar títulos. Para qué reivindicar la justicia si puedes imponer tu dictadura. Por eso las once orejonas del Madrid pasan por ser odiosas al juicio de los moralistas. Que no tienen nada que ver con los madridistas.

Lo curioso es que Madrid y Atleti contradicen en la práctica sus respectivos discursos. El fundador del orgullo colchonero, Luis Aragonés, nunca pidió vocaciones sacerdotales sino solo ganar, ganar y volver a ganar, aunque a la hora de la verdad no lo logra. En tanto que el Madrid ha perdido mucho el tiempo reivindicando señoríos mientras ganaba copas a traición.

Pensé en todo esto cuando descubrí a Jaime Lannister en la sala vip del estadio al filo de las ocho de la tarde. Cuando vi que su intérprete, Nikolaj Coster-Waldau, conservaba ambas manos -una cerveza en cada una- me extrañé, pero no avisé a nadie por no incurrir en spoiler. En lugar de eso recordé el mensaje que me mandó un amigo madridista en mayo de 2014, recién terminada la final de Lisboa: «¡Somos los Lannister!». Y en efecto, el Madrid siempre paga sus deudas. Lo que ocurre es que las tiene contraídas únicamente con su propia historia. Y no ha nacido todavía el matarreyes que lo apee del trono europeo.

Había muchas otras manos ilustres sosteniendo cerveza o champán en la sala vip de San Siro. Al principio impresiona coincidir en la captura del canapé con Lothar Matthäus, con Fabio Capello, incluso con Pier Luigi Collina; pero a todo se acostumbra uno, al champán con bastante rapidez. Ya el autobús que en la tarde del sábado nos conducía al estadio era todo un poema: te encajonan entre Richard Gere, Pedja Mijatovic, Raúl González y Plácido Domingo y tienes que arreglártelas. Pedja me explicó que a dos horas de la final la tensión echa raíces en los nervios del jugador. Más en un año donde no se ha ganado otro título que pueda justificar la temporada. «Me recuerda mucho al 98», se ponía unamuniano el héroe de la Séptima. El más aclamado por los aficionados que esperaban a la comitiva blanca a la puerta de San Siro fue sin embargo Raúl, al que acompañaba su mujer, que grababa con el móvil las manifestaciones del fervor popular. Gritar «¡Raúl, Raúl!» antes de una final de Champions tiene mucho de impetración.

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30 mayo, 2016 · 11:18

¿Populismo? No existe

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“La política es una enfermedad mental”, Beppe Grillo.

Antes del partido almorcé en una pizzería de Milán mientras hojeaba el Corriere della Sera. Me detuve en una noticia sobre Beppe Grillo. Por distraer el nerviosismo futbolístico traté de entablar una conversación sobre política con el camarero en un itañol macarrónico. «Tutti los políticos son igual: sinistra, derecha, centro, tutti», me espetó. Aquí tenemos al cliente ideal del populismo, me dije, y le señalé la foto del cómico que fundó el Movimiento 5 Estrellas. «¿Grillo?», arqueó las cejas. Luego esbozó una sonrisa y fijó en tres palabras la secuencia indefectible de la decepción política: «Grillo, gobernando, igual».

Esta convicción aparentemente tópica entraña una sabiduría de siglos: ya era habitual en Roma que los tribunos de la plebe acabaran mimetizados con la casta patricia. El saludable escepticismo del camarero milanés contrasta con el blindado entusiasmo por la novedad que, según las encuestas, permitirá en España el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE. Es verdad que el partido de Grillo fue el más votado en las generales de 2013 con un 25% de los sufragios, y que sólo el acuerdo de los partidos tradicionales logró relegarlo a la tercera posición. Pero tres años después, el Movimiento 5 estrellas ha devenido en un hostal de carretera donde nadie quiere pernoctar, incluyendo su propio fundador, que ha anunciado su retirada bajo el pretexto de que «la política es una enfermedad mental». Su propia trayectoria lo confirma.

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30 mayo, 2016 · 11:12