Archivo diario: 25 septiembre, 2015

Adiós, Artur Mas

La bandera mirando al traidor de soslayo, y no al revés.

La bandera mirando al traidor de soslayo, y no al revés.

Pequeño burgués miserable, dios de los espíritus castrados. Tu epitafio político está a punto de escribirse, quizá con la pluma de tus propios aliados -quien traiciona a un traidor ya se sabe-, y tu lápida lúgubre que borrará la Historia exhala hacia el cielo, en fétidas volutas que esquivan las águilas, el olor untuoso de la descomposición. Si nos acercamos a tu tumba ya cavada descubriremos una leyenda que reza: «El hombre que rompió».

Rompiste primero con tu palabra de aplicado contable, cuando escribiste que la independencia era un anacronismo. Rompiste con tu destino estrictamente autonómico. Rompiste tu programa, el mandato de los votantes, la representación de todos los ciudadanos de Cataluña. Rompiste con la vergüenza, con la responsabilidad, con las funciones profesionales que estipulaba tu contrato con el Estado.

Cuando el vértigo de la ruptura terminó de poseerte, decidiste romper con todo. Quebrar la Constitución, partir tu partido, desanudar los afectos con el resto de españoles, introducir la división en las familias catalanas. Encabezaste un frente antisistema: ¡tú, burgués canónico, que eres el puro Sistema! Que has vivido en él y de él toda tu vida, y que no sabes hacer otra cosa.

Con tal de seguir rompiendo cosas te internaste tan hondamente por la vía de la impostura que extraviaste el camino de regreso a la verdad. Confundiste la izquierda y la derecha, la historia y la propaganda, España con tus vesículas biliares, la audacia con la impunidad. En tu delirio de caballero de mesa cuadrada inventaste gigantes opresores donde solo había aspas de molino girando al 3%, y pagaste a pintores de corte feudal que tienen los santos cojones de llamarse periodistas. Aprendiste a llorar con el alma vacía, a pordiosear sin dejar de amenazar. Perfeccionando una lucrativa tradición, te reivindicaste para los restos como el amo del chantaje victimista, de la lágrima pasivo-agresiva en la que se mojan y revuelven los papeles de colonia y de metrópoli, de pobreza y de riqueza, de egoísmo y de solidaridad. La moral que la justeza semántica protege se fue un día por el inodoro de Sant Jaume junto con tus escrúpulos marrones.

El cinismo se volvió compatible con el sentimiento más húmedo. El cosmopolitismo con las miras paletas de un desertor del arado. El ombligo nacional de la prosperidad con el culo desgarrado del ultraje.

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25 septiembre, 2015 · 12:58