Don Mariano contra el runrún

“Se dice por ahí que intentas joderme.”

Es posible que granice en junio y que Rajoy haga una crisis de Gobierno. El primero de los prodigios ya se ha registrado y el segundo podría copar los noticieros antes de que concluya el mes, según el runrunismo tertuliano. Uno de don Mariano espera tanta novedad como de la doctrina sexual de la Iglesia, pero la afirmación de Soraya de que nadie se explica como el presidente ha venido a levantar una sospecha de ironía anticipatoria, de venda antes de una herida que podría ser propia: su destitución como portavoz. Eso dice el runrún, que incluye en el baile fulanista para ese puesto a Núñez Feijóo y a Alfonso Alonso.

Nada gusta tanto al pueblo como un nombre que va y otro que viene, como bien saben mis compañeros de Marca, pero el más famoso de sus lectores no puede consentir que la gente se entusiasme demasiado, por lo que ayer se apresuró a cerrar el bar alegre del periodismo de anticipación:

-Que no se genere tanta expectativa. He dicho que no vamos a cambiar las políticas.

Preguntado por la vicepresidenta, elogió el trabajo de su más fiel colaboradora con la mayor efusividad de la que es capaz. Al quinielista mediático se le ha de quedar entonces cara de niño sin piñata, por no hablar de sus fuentes, que suelen ser mandos intermedios del PP en los que prendió la codicia del pescador en río revuelto: aguardadores de escalafón en espera de mejor destino.

-La noticia es que no hay noticia, más allá de lo que ha dicho el presidente -le insisten a uno desde Moncloa.

Preside España un hombre peleado con la emoción y con el gesto, que son argumentos imprescindibles en la liza política, pero respetado por el FMI, que nos augura un crecimiento del 3,1%

He aquí un ejemplo perfecto de la política de comunicación del Gobierno, que no encuentra el modo de que le den un Ondas: su mensaje es cristalino -lo importante no son los nombres sino las políticas, y no pensamos cambiarlas, por mucho que nos castiguen los votantes-, pero pasa por opaco. Es la falacia célebre del fallo de comunicación, cuando se quiere decir fallo de estimulación. Rajoy, como dice Soraya, se explica perfectamente cuando le da la gana; otra cosa es que su matraca económica sea tan poco sexy que no garantice un solo retuit. Claro que el último que aunó sex appeal y economía fue Varoufakis, y hoy no tiene caída de ojos que le abra la puerta del Eurogrupo.

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Entrevista-coloquio (de las mejores en lo que va de promo) en Capital Radio, a partir del 0:37:50.

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