Archivo de la etiqueta: todo el pasado del PSOE por delante

Jauría eres tú

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De dioses a animales.

Qué es jauría, dices mientras Màxim clava en nuestra conciencia su dimisión del banco azul: jauría eres tú. Quien no es de izquierdas de joven no tiene corazón y quien no ha sumado su ladrido al coro de canes indignados por la mera existencia de la luna no tiene Twitter. En la calle digital reina la agresividad por defecto y ya no quedan tejados para gatos indiferentes: hoy todos somos perros comprometidos.

Al divino Màxim le ha sucedido, invirtiendo la secuencia darwinista, el zoológico Guirao, que considera a los animales iguales al hombre «en inteligencia, en sensibilidad y en derecho a la vida», con los problemas penales que semejante convicción les crea a los asadores. Si corren malos tiempos para la lírica es por el intrusismo de la política, cada día más cursi, de ahí que el progresismo del ministro supere el del poeta César Vallejo, quien en el poema que titula estas columnas ponía nuestra pena en observación como signo distintivo de lo humano: «Considerando también / que el hombre es en verdad un animal / y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…» A don Guirao no le damos en la cabeza con nuestra tristeza sino con nuestros impuestos (bien sabe Màxim que son lo mismo), y por eso anuncia la solemne bajada del IVA cultural… semanas después de que lo bajara el PP por exigencia de Cs.

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17 junio, 2018 · 23:25

Significante Sánchez

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Cartel electoral.

Hubo un tiempo en que el PSOE ganaba elecciones para formar gobiernos y ahora forma gobiernos para ganar elecciones, sentencia Rodríguez Braun. ¿Pero qué clase de gobierno aproxima una victoria electoral? Pues uno que se cuide mucho de ser socialista. Uno que, sirviéndose de la popularidad de la sigla y la funcionalidad del aparato, cosa la brecha abierta entre partido añejo y votante actual con una descarada operación de vaciado de lo propio y suplantación de lo ajeno. Se queja Iglesias de que este Gobierno es un guiño indisimulado al centro y a la derecha. Y lleva razón.

Pedro Sánchez ha podido culminar esa operación porque es un significante vacío, un político cuántico cuyo exterior admite las posiciones sucesivas de la socialdemocracia tradicional, el populismo anticasta o el liberalismo patriótico mientras en su interior permanece fija la energía de la voluntad de poder. Es la fantasía de cualquier spin doctor, la boca hecha agua de Pigmalión. Pero el triunfo de su ambición no se explica sin la crisis de representación de la socialdemocracia y sin el miedo a las urnas que atenaza a los actores convencionales. Sánchez es presidente porque lo han querido PP -por eso no dimitió el jueves Rajoy-, PSOE y PNV. Si Gustavo Bueno hubiera presenciado su llegada al poder y la composición de su gabinete, quizá habría advertido una maniobra de cierre categorial: la restricción del campo de juego político a los márgenes establecidos en 1978. Dos partidos de turno y un árbitro nacionalista.

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El bueno (Mariano Rajoy), el feo (nuevos partidos) y el malo (separatismo)

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10 junio, 2018 · 23:26

Doblaban por Mariano Rajoy

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Sepelio.

El bipartidismo nos lo dio y el bipartidismo nos lo quitó. Un sistema estable de alternancia que ha favorecido el progreso durante tanto tiempo que el progreso se volvió insoportable. Enterrada la memoria de los años en que los españoles vivimos peligrosamente, estamos condenados a repetirlos en pos de la excitación perdida. Si el mayo francés de 1968 fue la respuesta callejera al tedio de los niños de papá, el mayo español de 2018 será recordado como la respuesta parlamentaria a la caduca letanía constitucional: España es una nación, la soberanía es indivisible, todos los españoles son iguales, las leyes están para cumplirlas… Qué coñazo. Ya no aspiramos a vivir juntos los distintos sino a blindar lo de cada uno al precio de lo de todos. Lo discutible se volvió discutido, y votado: Sánchez preside España no gracias a su partido sino a pesar de él, y no al margen de los hispanófobos sino con ellos.

Pero Sánchez es un personaje menor en toda esta historia. Su peripecia desde luego merece la admiración que despierta todo arribista ciegamente determinado a la victoria después de sonoras derrotas, pero el triunfo de su voluntad no está alineado con las urgencias políticas sino con las estrictamente personales. Sánchez solo es el interludio picaresco entre la dramática muerte de lo viejo y el lírico advenimiento de lo nuevo. La trayectoria que verdaderamente explica el cambio de época es la de Mariano Rajoy. Un hombre que a estas horas todavía no comprende su desalojo, ni lo comprenderá jamás. Aficionado a refugiarse en la advertencia de Ortega que al final de La rebelión de las masasanuncia la venganza de toda realidad ignorada, no escuchó nunca el doblar de las campanas que doblaban por él. Pero así como la ignorancia de la realidad de la crisis se vengó de Zapatero, la ignorancia de dos realidades insidiosas se rebeló al fin contra el superviviente gallego: la corrupción y el nacionalismo. Con ambas quiso contemporizar Rajoy, en la más pura tradición del cambalache setentayochista, y ambas le han traicionado. No solo a él sino probablemente a su partido, pues la regeneración y la unidad son los dos vientos que hinchan las velas naranjas de su rival.

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2 junio, 2018 · 10:56

La pasión según Cifuentes

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Un político representando.

La pasión de Cristina Cifuentes es idónea para considerarla en frío, imparcialmente, porque ilustra la peripecia triste del político que adopta el verso suelto y acaba por no rimar en estrofa alguna. Desde su llegada al poder, consciente de la ciénaga sobre la que apenas emergía su partido, la todavía presidenta madrileña se esforzó por cultivar un perfil propio, inmune a herencias indeseables, nimbado por un carisma autosuficiente. Como la única manera de hacer eso en España es tomando el carril izquierdo, doña Cristina, que venía nada menos que de domar el 15-M a golpe de carga policial, puso todo su empeño en hacerse perdonar la pertenencia a esa estirpe condenada a cien años de soledad mediática llamada PP. Había salvado la vida de milagro pero ella se declaraba agnóstica -amén de republicana-, y sobre estas coquetas herejías ingenió una identidad proteica que aparcaba en todas partes y a nadie pertenecía. Ella era la nueva derecha a base de ocupar el centro por el lado zurdo, y el efecto final despistaba mucho al periodismo, cuyo nivel de nostalgia en sangre dobla el del simple civil. El periodista hispano necesita un orden de combate, a poder ser el de toda la vida, y si no existe se lo inventa, de ahí que la prensa zurda atizara a Cifuentes como si encarnara la derecha clásica, y como si ese sintagma existiera fuera de la fantasía del antifranquismo milenial. Y sin embargo su caída será celebrada con sinceridad por la izquierda, que propone a don Ángel Gabilondo sin reparar en que pretende sustituir a una progresista del PP por un conservador -casi un escolástico- del PSOE. Porque la divisa importa más que las hechuras.

Lo que quiero decir y a ver si lo digo es que la imparable superación de las ideologías no se traduce en un reposicionamiento correlativo de dianas y baterías. Los mismos siguen disparando contra los mismos pese a que nosotros, los de entonces, ya no seamos los mismos. Pese a que todos sospechemos que entre PP, PSOE y Cs no existen mayores discrepancias que la cuantía y el destino de las partidas de gasto, y pese a que entre esas tres siglas y Podemos apenas medie una cierta experiencia de la vida. Y está bien que así sea.

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El bueno (Felipe VI), el feo (Cifuentes) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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7 abril, 2018 · 21:24

Pensiones: un agujero negro en busca de divulgador

Congreso debate pensiones

Rajoy jugando en casa.

Inventaron la divulgación científica porque la ciencia, literalmente, no hay Dios que la soporte. O sea, lo mismo que un pleno sobre pensiones, asunto donde el equilibrio presupuestario ejerce de ciencia y las calles agitadas por yayos indignados se encargan de la divulgación. En homenaje a Hawking, que hizo bastante bien las dos cosas, Mariano Rajoy se propuso descifrar el principal problema de la física constitucional, que es el agujero negro de las pensiones. Un enigma planteado en sus exactos términos por el veterano taxista que me llevó al Congreso: «Quieren subir las pensiones y bajar los impuestos. Y eso sólo se puede hacer de una manera: engañándonos». No hay más preguntas, señoría.

Pero las hubo, y todas retóricas. El clima entre prelectoral y poscensor que impera en la política española no admite ya la altura moral exigida por los creadores del Pacto de Toledo. Todos y cada uno de los portavoces deploraron retóricamente el perjuicio que el partidismo causa a los derechos de nuestros abuelos mientras procedían a la minuciosa demonización del adversario. Es que un pleno sobre pensiones no sirve para nada, del mismo modo que la ciencia no se hace en platós: se hace en la aséptica serenidad del laboratorio, que un día fue el Pacto de Toledo.

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14 marzo, 2018 · 15:05

Es el nacionalismo, estúPPidos

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«¿Pero de qué se quejan, Aitor?»

Nos tenían dicho que la belicosidad era cosa de la izquierda, pero también ese tópico vamos a tener que revisarlo. Hoy el antagonismo más virulento de la política española lo desempeñan Ciudadanos y el PP, mientras Pedro Sánchez se abraza melancólico a Felipe y Pablo Iglesias se abraza enmudecido a su iPhone. Los de Rivera y los de Rajoy se sacuden ya sin mesura, llegan al escaño con el botiquín de campaña y alguno hasta se arremanga antes de pedir la vez. Ya se sabe que las guerras más encarnizadas se las declaran los presuntos aliados. Si algo acredita Ciudadanos es cintura, pero ya no es solo ideológica sino también geográfica: condiciona el Gobierno y al mismo tiempo ejerce la más dura oposición. Y todos los partidos, a su vez, se oponen a Cs. Los ciudadanos con minúscula lo ven y según los sondeos se identifican. Ahora es Cs el partido anticasta.

Por eso cuando Margarita Robles llama camastrón a don Mariano a primera hora de la mañana, suena antes a pellizco maternal que a la diatriba de la portavoz –portavoza para Lastra– de la primera fuerza opositora, u opositoro. «¡Despierta usted!», gritaba doña Margarita, pero su grito nos despertó a todos menos a Rajoy, que cabeceaba aún más aburrido que antes. Vedado el tema catalán por la entente del 155, el PSOE trata de arañar la piel de kevlar del presidente con el enfoque social, la precariedad, la brecha, la pobreza. Pero Rajoy recurre a la memoria ruinosa de Zapatero y todavía le funciona.

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La generosa reseña de Jesús F. Úbeda en Zenda sobre Vidas cipotudas

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14 febrero, 2018 · 13:36

La izquierda inmóvil

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Inmóviles.

La izquierda está desmovilizada, quién la movilizará. ¿Será Pedro Sánchez el movilizador que la movilice? ¿Será Pablo Iglesias? Sospecho que no será ninguno, porque para moverse es imprescindible saber al menos dos cosas: el punto de partida y el punto al que se quiere llegar. Iglesias viene del comunismo del siglo XX, pero de momento no ha podido cruzar 1989. Y Sánchez viene de Pozuelo y se dirige hacia donde gire en ese momento la brújula del deseo de Jack Sparrow, de rumbo tan tornadizo como la ocasión de Maquiavelo.

Nos tenían dicho que la derecha es inmóvil y la izquierda móvil. El marianismo mineral se encarga de corroborar lo primero. Las encuestas, de desmentir lo segundo. Movilizar a la izquierda es un lema preocupante porque debería formar un pleonasmo y sin embargo reconoce una derrota. El simple hecho de que gobierne la derecha debería bastar para mantener movilizada a la izquierda, pero eso no sucede, quizá porque contra el irritante Aznar se vivía mejor que contra el cachazudo Rajoy. Los politólogos arguyen que la mejoría económica y el patriotismo reactivo tras la agresión separatista componen un escenario desfavorable para el discurso de izquierdas; pero en lugar de cambiar su discurso, don Pedro y don Pablo tratan de cambiar el escenario, es decir, la escaleta de las tertulias y los temas de las portadas. El argumento de los politólogos es cruel, porque presupone que la izquierda española no tiene sentido fuera de una recesión galopante, un colapso institucional o una corrupción africana. Que la catástrofe es la zona de confort de la izquierda. Y que a poco que mejoren las cosas o se ondee la rojigualda, los indignados abandonan la plaza y regresan apesadumbrados al sofá de la abstención.

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El bueno (Báñez), el feo (Roger Torrent) y el malo (Ernest Maragall) en La Linterna de COPE

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22 enero, 2018 · 12:41

«En ocasiones veo fascistas»

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Femenino socialista de triunvirato.

Recuerdo la primera vez que oí la palabra fascista. Se la decía un compañero de EGB a otro que no le prestaba un boli, que ni siquiera era un boli rojo. Desde entonces hasta que Adriana Lastra confundió a Albert Rivera con José Antonio, el término ha conocido un imparable proceso de banalización. Ahora bien, sé que aquel compañero mío podría pasar por politólogo danés en sesiones como la de este miércoles en que el PSOE, preocupado por el auge de Arrimadas, se empeña en la húmeda fantasía de presentar a su socio de Gobierno en Andalucía como una troqueladora de yugos y flechas.

La estrategia es tan impúdica que convendría emitirla codificada. Aunque el pleno está pensado para controlar al Gobierno, de las seis preguntas que el grupo socialista dirigió a los ministros cuatro estaban formuladas contra Ciudadanos, abusando del calzador. Quien mejor entendió que aquello no iba con él fue el propio Gobierno, hasta el punto de que Rajoy ni siquiera compareció y la vicepresidenta se personó en salto de cama. Está bien, era un quimono. Se lo puso para aleccionar al pequeño saltamontes Domènech en la diferencia entre el yin constitucional y el yang independentista; pero este contraste resulta demasiado nítido para los comunes, que afrontan cada día la ardua misión de conciliar el nacionalismo de sus líderes con la indiferencia terruñera de sus votantes, pendientes todavía de las añejas promesas que auparon a Colau, como los desahucios. Que, como es natural, se siguen produciendo. En Cataluña y en la China popular.

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29 noviembre, 2017 · 17:53