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Petricidio sin honor

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Ay de los vencidos.

Para ilustrar su doctrina moral del justo medio, Aristóteles ponía el ejemplo de la valentía, a medio camino entre la cobardía y la temeridad. No concluimos por eso que Aristóteles fuera de centro, pero sí que el PSOE está como está porque, tensionado entre la cobardía de los susanistas y la temeridad de Sánchez, perdió su sitio central en la política española, sin que ningún valiente enderezara a tiempo su escora.

Cobarde ha sido el susanismo arbitrando un atajo estatutario para derribar al secretario general, y rehuyendo el debate político en los términos -oportunistas pero al cabo exactos- en que lo asentó el pedrismo terminal: no a Rajoy o abstención. Incomprensiblemente, Díaz no ha sabido o no ha querido invocar la poderosa razón política que legitimaba su golpe: el PSOE, el partido que edificó la España moderna sobre los planos de la Constitución del 78, no puede formar Gobierno con populistas y separatistas, que era el plan temerario de Sánchez. Tampoco los petricidas han explicado que abstenerse en la investidura del candidato más votado no sólo evita el hundimiento definitivo en unas terceras elecciones y fija el suelo en unos 85 escaños estimables visto lo visto, sino que permite al grupo parlamentario socialista liderar una oposición no ya legislativa sino realmente ejecutiva, dada la minoría popular. Esta afasia cobardica resta sentido el petricidio, cuya pertinencia ya solo discutía el podemismo.

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El bueno (el PSOE), el feo (el PSOE) y el malo (el PSOE) de la semana, a partir del minuto 21 en La Linterna de COPE

Comentario en COPE sobre el petricidio del comité federal

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3 octubre, 2016 · 14:13

Cosecha del 61: maduros, moderados y pragmáticos

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Born to win.

La denostada profesión de demóscopo quedó rehabilitada anoche con honores, tras meses de dura incomprensión, cuando no de chirigota y escarnio. Porque esta vez las urnas han imitado a las encuestas con toda la fidelidad que en junio negaron, y han certificado las victorias de Feijóo y Urkullu sin dar mucho margen al suspense ni demasiado juego al pactómetro. Ambos dirigentes seguirán en el poder, como se preveía, y el hecho de que compartan año y mes de nacimiento -el vasco es ocho días más joven que el gallego- parece fijar en los 55 la edad preferida por los ciudadanos para sus gobernantes. Digamos que la vendimia del 25-S encarece una cosecha de madurez con denominación de origen vasca y gallega mediante la cual el pueblo envía un mensaje: no nos den ni adanismo efebocrático ni sesentones pertinaces. Y más que una edad, lo que se demanda es el equilibrio propio de esa edad, la moderación, otra dosis del pragmatismo con que ambos presidentes, escarmentados de énfasis ideológicos o aventuras identitarias, han conducido sus respectivos ejercicios. Toda una lección para los feligreses menos acríticos del predicador Iglesias, que ayer por la tarde le oyeron sentenciar, en una de esas ceremonias estudiantiles dedicadas al hallazgo de playas bajo los adoquines: «No queremos parecernos a la sociedad, sino transformarla». Que no, don Pablo. La gente no quiere que la transformen, sino que le limpien las calles, le aligeren una lista de espera y le bajen impuestos. Y a poder ser, que no le cambien tanto el callejero, que luego te haces un lío al volver a casa, aunque sea en bicicleta.

Con permiso de Urkullu, a quien el inteligente sistema de investidura del Parlamento de Vitoria le garantiza investidura con el apoyo previsible de los socialistas, el gran triunfador de la noche -y de las noches que vendrán- fue Alberto Núñez Feijóo. Galicia sigue manufacturando hombres de poder en dirección a Madrid como en el siglo de Camba, y ya nadie duda de que el barón de las tres absolutas seguidas en las condiciones más adversas que se recuerdan sale de estos comicios investido mucho más que presidente de la Xunta: sucesor in pectore de Mariano Rajoy. En el partido, por debajo de don Mariano y de su brazo femenino -llámalo Lola-, ya no hay otra voz más autorizada que la de Feijóo, y ese respeto lo ha ganado donde hay que ganarlo: en las urnas, no en maniobras palaciegas al abrigo del poder monclovita. Afinando mucho la extrapolación, la pérdida de un escaño imputable a Alfonso Alonso -un hombre de Soraya– afianza aún más la candidatura orgánica de Feijóo frente a cualquier heraldo futuro de la vicepresidenta. Lo cierto es que bastante voto ha retenido el ex ministro frente a un PNV de lo más votable por parte de una derecha sociológica asustada por la entente populista-abertzale.

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26 septiembre, 2016 · 11:38

Albert el Incontestado

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Rivera delante, Ana Rosa detrás.

Me pregunto por qué Albert Rivera es el único de los cuatro líderes que no tiene contestación interna. No será porque el centro carezca de tradición cainita desde la conjura contra Suárez. Tampoco porque Rivera no haya desafiado la resistencia de su tripulación con un pilotaje casi temerario, maniobrando de izquierda a derecha a gran velocidad por la autopista atascada del bipartidismo, lo cual suele dejar en la cuneta a algún perplejo de lengua larga o a despechados con cuentas pendientes. Quia: si algo se censura en C’s es su presidencialismo, pero nadie ha podido encontrar en la sigla naranja las disputas de liderazgo que estos días marcan las informaciones sobre PP, PSOE y Podemos, en un rango de gresca que va de lo cenacular a lo verdulero.

Miremos a don Mariano: alto, incombustible y pétreo como un hórreo, que acaba de sofocar -«Me siento con fuerzas, con ganas, con ilusión y con determinación»- cualquier urgencia en sus disciplinados renovadores de boca de piñón. Sin embargo, el dedazo retráctil del affaire Soria y la pringosa terquedad de Barberá nos enseñó una reacción más transparente que de costumbre en la derecha española, a cargo de los vicesecretarios menos comprometidos generacionalmente con el marianismo. Y Feijóo posa a solas en los carteles, muy consciente de los beneficios electorales de su soledad cuando la alternativa es la mala compañía.

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Me tocó pinchar esta mañana en Herrera en COPE y elegí estas cuatro canciones

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23 septiembre, 2016 · 11:14

Rajoy: haberlo, haylo

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«Con dinero y sin dinero, hago sieeempre lo que quiero…»

De Rajoy dicen algunos lo mismo que de las meigas: haberlo, haylo. Otros -quizá por darse importancia- afirman que lo vieron una vez, y juran que se movía como un hombre, y que hablaba un idioma muy parecido al castellano. Los más audaces sentencian que en realidad no existió nunca, y que convendría dar crédito de charlatanes a los visionarios que lo han situado últimamente en la China popular.

A mi juicio de aficionado a la marianología, que es una rama de la ufología, lo más probable es que Mariano Rajoy sea una criatura de Cunqueiro, para quien el gallego era un pueblo ahistórico que no guarda memoria de los hechos sino de las leyendas, razón de su rica tradición oral. A los gallegos, sostenía, les aburre la historia y en cuanto pueden la sustituyen por la fantasía, por no hablar de lo que hacen con las promesas electorales. Don Mariano, como el sochantre de Cunqueiro, cuenta con que nada de lo que haga o diga será entendido exactamente como sucedió, sino fabulado por cronistas hiperbólicos, debatido por hechiceros de tertulia y más pronto que tarde condenado al lluvioso olvido. Por eso ni se afana en conferir verosimilitud a sus compromisos.

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5 septiembre, 2016 · 11:33

Ra-Joy Eslava

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Hemiciclo de la Joy.

Con el resultado ya contábamos, pero algo habrá que decir del juego. Y si el candidato jugó una primera parte reservona y plomiza el martes, demasiado consciente de que el partido estaba perdido, ayer Mariano Rajoy salió a la cancha a divertirse. El hemiciclo pasó en 24 horas de biblioteca a discoteca: la Ra-Joy Eslava. Se divirtió él, alborozó a los suyos, lo celebraron sus partidarios en las redes y hasta arrancó sonrisas de la bancada de Podemos, donde alguno no reprime la simpatía intergeneracional que le despierta su perfecto antagonista.

Rajoy desempolvó al parlamentario coñón, dominante y ágil que te mata a la contra cuando más seguro estás de que ya no puede moverse, tal fue la montaña de corrupción y crueldad que Pedro Sánchez había vertido sobre él a la hora del desayuno. El todavía líder socialista articuló una réplica solvente, bien ejecutada y tan dura que amenazaba con achicarle espacio a Pablo Iglesias. Pero cometió el error de parafrasear a Rajoy, intentando la táctica del espejo sin reparar en que el gallego no se refleja en los espejos desde hace varios trienios, seguramente porque los espejos no saben qué hacer con él, como todos los demás. Rajoy desenvainó el florete del sarcasmo y en tres trazos redujo el tamaño de su opositor a una nada pueril y bronceada que carece ya no solo de alternativa, sino también de discurso.

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1 septiembre, 2016 · 9:59

Heráclito no era español

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«Es lo que hay, chicos».

España tiene el único río donde Heráclito podría bañarse dos veces sin temor a que lo mojase una sola novedad. Se trata del ancho cauce de la irrelevancia, cuyo primer síntoma es la repetición: lleva 300 días bajando de las altas montañas del sectarismo. A sus dos orillas se encuentran apostados los francotiradores purasangre que claman por el desbloqueo pero que, al descubrir un pacto entre distintos asomando su tímida cabeza entre la corriente, amartillan el rifle, cantan ¡corrupción!, o ¡pasteleo!, y disparan gozosos sobre los negociantes como si fueran pianistas.

Eso es lo que veremos esta semana en el Congreso. Y lo que veremos la semana que viene en las televisiones. Y lo que veremos cuando reine Leonor, si nos ponemos chulos. Pero, entretanto, hay que cebar las tertulias y para eso hay que petar el Parlamento de reporteros como si hubiera algún acuerdo grande que cubrir desde 1978. Todos descontamos el gatillazo de esta investidura estival. Sonreía don Pedro camino de su escaño con esa felicidad un poco macabra que nos escala por el estómago cuando nos vengamos.

Antes de la sesión, revoloteo de diputados saludándose como niños con el libro recién forrado. Ninguno se acerca a saludar ni a Montoro ni a Morenés: son los profesores. Soraya Sáenz de Santamaría y Ana Pastor no sólo compiten por el favor del candidato, también por la blancura de sus respectivos vestidos. El diputado rasta de Podemos se ha hecho la permanente y las lleva recogidas: a eso se le llama higiene democrática. Cañamero busca su escaño, perdido como temporero en palacio. Rajoy rompe a hablar e Iglesias apoya la cara en las manos, preparando la siesta. Errejón teclea. Felisuco, neófito, se concentra en el orador. Rivera toma apuntes, lo mismo que Sánchez, que quizá continúa sonriendo por dentro, pues es muy capaz de anotar y sonreír a la vez.

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31 agosto, 2016 · 15:55

Mucha investidura, poca diversión

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Plomo a discreción.

Una expectación digna de mejor causa ponía el patio del Congreso como la acera del Primark a primera hora de la tarde. No cabía un periodista, un senador, un pokemon más. Ni que fueran a investir a alguien. Todos los periodistas anticipamos, salvo conjura romana, el desenlace de esta semana parlamentaria que cursará con gatillazo en dos actos: primera y segunda votación, primer y segundo no del PSOE. Y los que hagan falta, se diría viendo sonreír a don Pedro camino a su escaño, seguido de la también sonriente doña Meritxell. Es la felicidad un poco macabra que nos escala por el estómago cuando nos vengamos.

Y sin embargo allí estábamos todos, pendientes de las palabras del candidato, que colmaron 36 páginas de texto y hora y media de paciencia. Si dura otra hora más, se rumoreaba en los pasillos al finalizar la sesión, gana el sí hasta de Podemos en pura súplica de clemencia. Mariano Rajoy sabe hacerlo mejor, pero no le dio la gana de emplearse a fondo en una intentona condenada de antemano. Su discurso fue deliberadamente plúmbeo, al modo en que aquellos miércoles de mayoría absoluta anestesiaba toda oposición salmodiando datos estadísticos de buena mañana.

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30 agosto, 2016 · 19:49

Becerrada en San Jerónimo

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El pacto está hecho, carguen las carabinas.

El Tratado de los Toros de Guisando sirvió hace cinco siglos y medio para investir a Isabel la Católica frente a su adversaria Juana la Beltraneja, candidatas ambas al trono de Castilla; pero el pacto suscrito ayer entre don Mariano y don Albert en la Carrera de San Jerónimo no servirá para investir a nadie, por lo que proponemos que se le conozca a lo sumo como Jura de los Bueyes en Funciones. Pero con estos bueyes hay que arar, y si no llegan a toros, quizá sea por culpa de algún cabestro.

Contra el PP se vuelven las palabras como bumeranes en este bucle de bloqueo clueco, si disculpan la aliteración, y aquí es cuando de bueyes descendemos a marmotas. Acusó Rafael Hernando a Patxi López de someter la Presidencia de las Cortes al capricho partidista por emplazar el discurso en la soledad de la media tarde, y he aquí que Ana Pastor copia la mediática jugada; tildó Rajoy el Pacto del Abrazo entre Sánchez y Rivera de rigodón solemne con pretensiones de Caspe o de Guisando, y he aquí que se le acaba de poner cara de granítico becerro. O mejor, de cordero llevado al matadero del hemiciclo. «Como oveja muda ante los trasquiladores», añade el versículo bíblico, pero este no es el caso, pues Rajoy aún cuenta con el turno de palabra, y en esa Cámara suele saber aprovecharlo mejor que en cualquier plató.

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29 agosto, 2016 · 11:26