Archivo de la etiqueta: psicopatía sanchista

Arrimadas y los estrábicos

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Centro, centrismo, centreo.

Si la política hace extraños compañeros de cama, la pandemia es capaz de montar orgías multirraciales. No lo creeríais, pero hemos visto este miércoles a Rufián coincidir con el voto de Vox, a Abascal erigirse en encendido defensor de la diversidad sexual, a Casado optando por la abstención con los argumentos del no, a un enviado de Colau poniéndose bajo la advocación de Camus, a Arrimadas desmarcarse del PP abanderando al mismo tiempo sus propuestas, al PNV confluyendo con Cs en la reivindicación del interés general y a Pedro Sánchez comportándose como Pedro Sánchez; es decir, recuperando toda la arrogancia perdida durante las 48 horas en que tuvo perdida la votación y hubo de salir del búnker a pedir ayuda. Ojalá se haya aprendido el camino de salida de su ombligo, porque lo va a necesitar.

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6 mayo, 2020 · 17:48

No mientas, binario

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Él o él.

¿Lo oyes? Es el péndulo que tienes por cabeza. Viaja de una posición a su contraria impulsado por la propaganda, que solo se transmite en el vacío del juicio propio. Pararse a pensar, decimos, porque es difícil pensar en movimiento, pero tu cabeza no para de dar bandazos para acallar esos acúfenos que Aristóteles llamó término medio.

Te pongo ejemplos. Cuestionar el estado de alarma no es fomentar la propagación del virus: hay leyes que permiten gobernar la desescalada sin laminar derechos fundamentales ni deprimir la economía. Llamar asesino al PP por resistirse al chantaje perpetuo no es hacer periodismo: es dártelas de ilustrado cuando estás quemando brujas. Defender que las autonomías recuperen todas sus competencias no significa debilitar la unidad de España: tan solo reconocer que el mando único de Sánchez ha fracasado y que España es la nación que su Constitución dice que es: descentralización administrativa, soberanía indivisible. Desear moderación fiscal no significa subastar el Estado de bienestar: tan solo acotar la tendencia parasitaria de esas clases no productivas llamadas partidos políticos. Creer en el mercado no significa que el Estado no deba comparecer en situaciones excepcionales, siempre y cuando intervenga con eficacia y retroceda con prontitud a sus tasados cuarteles para que renazca la libertad, y con ella la única prosperidad posible.

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4 mayo, 2020 · 19:55

Lo que va de Sánchez a Merkel

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«Es por allí, Pedro».

Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno de España. Su mayor preocupación, quizá porque llegó al poder como llegó, es que a nadie se le olvide que lo es, que lo sigue siendo, empezando por su persona. Quizá porque llegó al poder como llegó, o porque nunca fue un lector empedernido, no ha tenido tiempo de desarrollar un estilo propio de oratoria. Así que sus discursos, como su tesis doctoral, presentan un alto índice de ideas ajenas, de Kennedy a Harari, expuestas preferentemente sin citar.

En la oposición imitaba la indignación antiestablishment de Pablo Iglesias y en el poder ha descubierto las ventajas de la cachaza de Rajoy y su apelación constante al sentido común, sea eso lo que sea. Hay tantos rostros en Sánchez según la conveniencia del momento, que podríamos sentenciar que su estilo más personal es el plagio, si no fuera porque en realidad es la falsa solemnidad.

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4 mayo, 2020 · 11:08

Lágrimas de políticos

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Dolorosa.

La política siempre ha cribado a los sinceros. Siempre ha exigido del aspirante algún talento para la corrupción. No ya la corrupción banal del dinero sino principalmente la de los sentimientos: los propios y los del pueblo al que se dirige. El político guarda una relación poco escrupulosa con la verdad porque la verdad es un poliedro hecho de matices y los matices segmentan al público. Nuestras sociedades cada vez más complejas demandan del político una simpleza creciente. La simpleza es uno de los rostros de la mentira. Y no hay nada más simple que la imagen de una emoción. «El votante primero se emociona y luego piensa», por decirlo con Iván Redondo.

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28 abril, 2020 · 11:00

Se despueblan los guindos

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Infantería.

Confesaré un secreto regocijo en medio de este desastre. Como otros llevan un diario de la pandemia -algunos terapéuticos, la mayoría víricos-, yo llevo una contabilidad privada de las deserciones mediáticas en el sanchismo. Cada día cae una nueva palada de muerte y de ruina sobre nuestras confinadas cabezas y cada día anoto yo una nueva baja en la fiel infantería del poder. Años de sacerdotal entrega al periodismo de opinión me han avezado la sensibilidad para detectar las sutiles señales del desamor de tertulia, los tímidos repliegues del fervor tuitero. Uno llega a desarrollar un oído de delfín para captar los ultrasonidos que anuncian una mutación en la opinión pública, la señal que autoriza la defección y decreta que ya no es de fascistas criticar a este Gobierno. Hacerlo incluso desde la tele, que es donde abrevan las masas horizontales y por tanto donde más se sienten las presiones verticales. La veda ha debido de abrirse ya, porque las ovejas que se creen pastores empiezan a balar en consecuencia.

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20 abril, 2020 · 11:05

¡Pedro, Pedro, encadénanos!

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Madera de autócrata.

Al final el pobre Sánchez no va a tener más remedio que aprovechar la pandemia para instaurar una autocracia. Se lo está pidiendo el pueblo español a gritos, dice Tezanos en esa carta del tarot pagada con nuestros impuestos que antes llamábamos barómetro del CIS. En ella el partido culpable de la peor gestión por número de muertes del planeta le saca diez puntos a la oposición. Y en ella dos de cada tres españoles ruegan a Sánchez e Iglesias que los salven de sí mismos, de esa estúpida credibilidad que les lleva a zamparse bulos reaccionarios como indios precolombinos que cambian el oro de su confianza por el cristal coloreado de la posverdad. Los encuestados suplican que se les expropie la libertad de información y la centralice papá Estado, igual que a los niños se les tapan los enchufes, no se vayan a llevar una descarga.

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16 abril, 2020 · 10:16

Una pandemia de cursilería

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Un cursi.

La cursilería debería ser la próxima víctima del coronavirus. No lo es todavía, conectada como está a los respiradores artificiales de la política sin moral y del periodismo sin independencia. Porque la cursilería es el condimento de la propaganda, la levadura que infla el discurso desmigado de Moncloa hasta que un globo de cháchara tape una ringlera de ataúdes y un cerro de negligencias. La retórica de Sánchez estos días es hija ilegítima de un Churchill comprado en los chinos con una miss universo recién coronada. Guerra y amor, Marte (bufo) y Venus (recauchutada), el enemigo letal contra que el presidente nos enrola cada finde a toque de corneta y los ángeles sanitarios a los que, a falta de mascarillas, les entrega su más sentida gratitud.

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14 abril, 2020 · 11:57

Nuestra pasión según Sánchez

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Getsemaní.

Yo estaba deseando equivocarme. Estaba deseando que del interior de Pedro Sánchez la pandemia extrajera un pedacito insospechado de Adolfo Suárez. Y que sobre ese pedacito, a falta de mayor estatura, se pudiera edificar no unos Pactos de La Moncloa, que solo son el indicio retórico de que Iván Redondo ha cambiado El ala oeste por Cuéntame, sino al menos un proyecto de ley compartido, una legislación de emergencia que prepare mejor a España para sobrevivir a la devastación económica que está a punto de conocer.

Pero un perro loco no es un oso amoroso ni lo puede ser. Todo lo que ha conseguido Sánchez en su vida política se lo debe al sectarismo. La dimisión antes que abstenerse ante Rajoy, el sometimiento antes que la magnanimidad con el susanismo, la genuflexión ante Torra antes que romper el cordón sanitario a la derecha, el abrazo al neocomunismo antes que el acercamiento al centro. Y en estas llegó el Covid-19. Y yo pensé que adonde no lo impulsaba la virtud podría empujarle la peor tragedia nacional desde la Guerra Civil. Y me senté a ver el debate con una nube de esperanza. Pues bien. Ya sé que tampoco 50.000 muertos y siete millones de parados serán suficientes para cambiar a Sánchez. Vista la intervención de esa neófita en lecturas y catedrática en odios de la que Javier Fernández tan justificadamente se avergüenza hoy, ya podemos ir concluyendo que no solo nos iremos al carajo, sino que durante la debacle todas las energías del Gobierno se concentrarán en machacar a la oposición. El alacrán solo quiere picar a la rana que le vadea el río, aunque nos hundamos todos.

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9 abril, 2020 · 20:45