Archivo de la etiqueta: populismo y otras hierbas

El péndulo de Fulano

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Instrumento para medir la alternancia política en España.

Una implacable ley del péndulo parece regir la alternancia psicológica de los liderazgos políticos en la España reciente. Al carisma solar de Felipe González le siguió la adustez hidalga de Aznar, al que Zapatero opuso su sonrisa automática, depuesta por el retraimiento celta de Rajoy. Cuya contestación más radical la ejerce el prestidigitador de masas Pablo Iglesias.

No pretendo decir que Iglesias vaya a presidir el Gobierno inmediatamente después que Rajoy, aunque del talento político de don Sánchez cabría esperar ese y prodigios aún mayores, sino que la opinión pública española sigue dominada por su vieja afición al fulanismo. Al hombre aproximadamente providencial que borre el rastro del mandamás anterior, calcinado en el ejercicio del poder, al que ansiamos perder de vista sin preguntarnos si tardaremos menos en reprobar a su sustituto. En lo que va de democracia todavía no se ha marchado de La Moncloa un solo inquilino con el prestigio en pie, más allá de que el tiempo termine redimensionando sus legados. Así vemos cómo todas las virtudes que hicieron a Rajoy deseable hasta la mayoría absoluta -la previsibilidad, la seriedad, la sensatez del gestor frente a la liquidez zapateril- son las mismas que hoy lo vuelven aborrecible, y que a su vez hacen atractivo al pirotécnico Iglesias, tan fecundo en ardides como vacío de experiencia.

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Comentario en COPE sobre este olor entrañable a corrupción

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19 febrero, 2016 · 10:42

Nosotros, tan gesteros

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Zamora desde el castillo, en la pureza sin gesto.

España tiene problemas de transparencia. De exceso de transparencia, quiero decir. De impudicia. Que Rajoy y Rivera coincidieran ayer con Sánchez en la necesidad de flexibilizar los objetivos de déficit es un hecho relevante, con consecuencias reales en la vida futura de millones de españoles, y una meta sensata capaz de sumar incluso la voluntad del Iglesias menos bananero; pero reconozco que el asunto no tiene ni media tertulia. Sólo de imaginar a los cuatro líderes de acuerdo, al telécrata de turno le recorre un escalofrío. La concordia televisada es un coñazo, y las cosas de comer resultan un pésimo negocio audiovisual.

-Pero ahora la gente está más informada y se interesa de verdad por la política…

Falso. A los espectadores, hoy como ayer, les interesa el espectáculo, no el aburrido pormenor contable de la maquinaria democrática, tan alejada de la épica como Soto del Real de la Bastilla. Pero la telecracia ha nacido para colmar el deseo de ser piel roja del urbanita alienado, y no emplea a analistas gramscianos sino a jefes de casting que saben el secreto del reality: un villano que garantice bronca. Cómo iba a funcionar Rajoy. Cómo no iba a hacerlo Iglesias.

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A mi chiscón literario de Herrera en COPE invito a don Pío Baroja, de quien acabo de leer El árbol de la ciencia

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12 febrero, 2016 · 10:41

El aprendizaje de la decepción

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Mesianismo Alcampo.

POR MOMENTOS uno desea que gobierne Podemos para acelerar el «aprendizaje de la decepción» en que consiste la misma democracia, según Innerarity. Hay burbujas, como la inmobiliaria o la populista, que no se desinflan gradualmente: se pinchan cuando el principio adulto de realidad perfora el principio adolescente de placer. Atraganta a España una ilusión de cambio tan hinchada que los pedazos de promesa barata acabarán saltando hasta Bruselas como en una de Tarantino. O una de Tsipras.

Los libros de historia y las páginas salmón se inventaron para no tener que escarmentar siempre en carne propia, pero al censo electoral afluyen cada día nuevos ignorantes ayunos de imaginación (vaya si se puede estar peor) y sobrados de utopía. Si fueron precisos 40 años de franquismo para vacunarnos contra el extremismo de derechas, calculo que cuatro de populismo de izquierdas serán suficientes para aprender que las situaciones complejas no se arreglan con soluciones simples. Que «blindar» en la Constitución el derecho a un curro fijo y a una manta de cuadros en invierno no es lo mismo que crear empleo y regular el mercado eléctrico. Que los desahucios no siempre se pueden prohibir sin desproteger al propietario. Que la suciedad no se muda por cambiar el nombre a las calles. Que el paternalismo de Estado es el opio del pueblo en el siglo XXI, y que una economía esclavizada por el reparto de paguitas sustituye el Estado de Bienestar socioliberal por el «ogro filantrópico» que Octavio Paz descubría en los regímenes latinoamericanos.

¿Necesitaremos pasar por eso para renegar de mesías comprados en Alcampo? ¿Logrará la democracia domesticar al populismo o embrutecerá este a las instituciones? Serán incógnitas divertidas de despejar si don Sánchez, elegido por las bases y por ello el más básico de los líderes socialistas, persevera en su pacto de regreso.

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Esta semana en el Parnasillo de COPE hablamos de Cela, pero del escritor inmortal, no del personaje totémico.

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29 enero, 2016 · 10:27

Democracia con acné

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Predicador de ‘Deadwood’ clamando contra la casta.

Hasta Cospedal habla ya de una segunda transición cuando lo urgente sería repetir la primera, a ser posible corregida, no empeorada. La inmadurez de la democracia española se manifiesta en esta ansia retórica de novedades combinada con una intransigencia pomposa, ridícula. Si un adolescente es un ser inconcluso que divide el mundo entre cofrades de una determinada idolatría pop y herejes comercialones, nuestros acneicos partidos acreditan una incapacidad cargante para persuadir o para ser persuadido, en la estúpida creencia de que ceder es de débiles y de que la sigla prima sobre el país. En todos los parlamentos de Europa, excepto Malta, se han dado ya gobiernos de coalición. Pero aquí queremos ser halcones malteses y no palomas de Alberti.

Del ansia de novedad política que padecemos no encuentro mejor prueba que la fascinación, incluso excitación, que las circenses evoluciones de Pablo Iglesias despiertan en el oficio. Lo advertía Jabois el día después del numerito del vicepresidente zumbón y sus ministros mágicos, más propio de una banda de rock de camerino caprichoso que de un partido coherente con sus principios, los que les queden. Ni los tertulianos de derechas disimularon cierto estupor admirativo ante el espectáculo, y ya la prensa militante no tiró sostenes al atril de puro milagro. Yo, que siento por Iglesias la misma admiración que por el predicador de Deadwood, sólo me explico estos desmayos por la aridez informativa a que la tecnocracia marianista ha sometido sus crónicas durante cuatro larguísimos años. El brusco contraste predispone a divertirse un poco, así como a agradecer al bufón sus andanzas e industrias.

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25 enero, 2016 · 12:02

Rastas versus corbatas

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«¡Como diputado vuestro que soy…!»

Este Parlamento se parece más a la gente, ha dicho Íñigo Errejón. Y su eco se propaga por las tertulias con ese reverbero automático y ful con que las mejores intenciones cristalizan en tópicos vulgares. Que lo diga Errejón tiene lógica, porque como teórico del populismo debe esforzarse por instalar en la opinión pública esta sinécdoque: mis votantes son el pueblo, mis diputados la asamblea legítima. Al final de ese camino mil veces fatigado en el siglo XX siempre hay un demente que confunde su ansia de poder con la voluntad popular. Y a los lados yace un reguero de escrupulosos.

Para que esa perversión poética de la lógica que es la sinécdoque allane el camino del despotismo, es importante que la anécdota suplante sistemáticamente a la categoría. El desaliño indumentario, la toma de un bebé o la negritud de una diputada son tratados por el populismo no como lo que son, circunstancias de la condición humana, sino como la sustancia del debate político. El mecanismo de la propaganda opera como un sombrero de prestidigitador donde entra un hecho y sale un eslogan. Según ese birlibirloque, un mayor pintoresquismo implica una mayor representatividad.

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16 enero, 2016 · 19:28

La democracia en pañales

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Las lágrimas del Pueblo.

Claro que la política está hecha de símbolos. Pero no sospechaba Bescansa hasta qué punto el uso político de su bebé simbolizaba el adanismo del partido de la madre. Los diputados de Podemos tomaron ayer posesión de sus escaños como los niños toman posesión de su juguete el Día de Reyes. Los adultos inventaron la democracia precisamente para protegerse de los nenes, que son las criaturas totalitarias por excelencia. Madurar consiste en ir alejándose del niño interior y anterior, en proscribir su tendencia al sectarismo en el patio, en aprender a no despreciar al distinto -¡incluso al votante del PP!-, en descubrir que el mundo preexiste a sus caprichos, como la democracia parlamentaria existía antes de la llegada de Podemos. Los más pesimistas dicen que veremos si existe después.

Ayer el patio del Congreso fue más patio que Congreso, con tanta joven señoría correteando de excitación: mira mamá, un escaño. Las sonrisas las pusieron Patxi López, que pronto sería presidente del parvulario, y Albert Rivera, satisfecho por la habilidad demostrada en el primer acto político de la legislatura, que es la conformación de la Mesa. Ahí ha probado el líder naranja su cintura negociadora y la propia utilidad de su partido, mucho más libre que cualquier otro por ideología y por talante para alcanzar acuerdos. Si el símbolo es la gracia de Podemos, el pacto es el fuerte de Ciudadanos. Los que criticaron la cortedad de su resultado deberán reconocer ahora que le ha bastado para madrugarle la iniciativa política a Iglesias, quien retrató su frustración en el programa de Herrera.

¿Pero qué es la constitución de la Mesa del Congreso al lado de una madre que amamanta al niño en el centro del Hemiciclo? La nueva política se ha traído de la tele su obsesión teatral -no trae otra cosa-, y durante toda la mañana se entregó a ella para pedir foco como el nene llora para pedir teta. ¿Que los fotógrafos se le distraían enfocando a Rajoy? Iglesias agarraba el bebé y lo mecía como un San José laico. ¿Que Rivera se levantaba a votar? Iglesias tomaba el sonajero -adelantándose a Errejón, que quizá lo miraba con deseo- y se ponía a agitarlo como el paleontólogo de Spielberg atraía al Rex con la bengala roja. Y Spielberg emocionado, claro.

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En tiempos de parlamentarismo agitado, traemos al Parnasillo de COPE al mejor cronista en Cortes de nuestro periodismo: Wenceslao Fernández Flórez

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14 enero, 2016 · 12:30

Pablo Iglesias, el ‘outsider’ que a cambio del poder aparcó la ideología

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Iglesias, por Ricardo.

Algún desván de Vallecas guarda el retrato del hombre que será Pablo Iglesias dentro de muchos años, cuando -como le advirtió Zapatero– la democracia le haya cambiado más de lo que él haya podido cambiar la democracia. Bastante más. Lo único que espera Iglesias para entonces es que, al descorrer el velo que protege el lienzo de miradas inocentes, no aparezca la imagen bronceada y próspera de Felipe González. Ese «decrépito moral», según declaró nuestro hombre en el foro de EL MUNDO esta semana. Un Dorian Gray cuyo carisma de luchador por el cambio, piensa Iglesias, ha quedado desfigurado en el mareo suntuoso de las puertas giratorias.

Y sin embargo los analistas, en su previsible ejercicio de analogía, no se cansan de señalar las semejanzas que Albert Rivera pretende con Suárez y que Pablo Iglesias guarda con Felipe. A quien sus padres votaron con el entusiasmo del 82: el mismo que desmiente que le bautizaran por casualidad con el nombre del fundador del PSOE, ya que el apellido lo tenía. La historia es tan recurrente como los lemas electorales, y el líder de Podemos no sólo desea abanderar el cambio en España, sino que cambia él mismo por el camino. De blandir el mazo con que hacer saltar el «candado de la Constitución» a pedir un retorno al «espíritu de la Transición»; de la Unión de Juventudes Comunistas de España, donde entró con 14 años, a la socialdemocracia nórdica que ahora reivindica tras desencantarse de lo bolivariano; de los escraches que cimentaron su predicamento en la izquierda callejera al cuero brillante del escaño que ocupará tras el 20-D; de la ruptura a la reforma; del asalto al timbre. De Juego de Tronos a Borgen. Mutaciones meteóricas que va registrando el cuadro simbólico del desván vallecano.

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30 noviembre, 2015 · 17:15

La grulla atómica

La mano del hombre enturbiando el esplendor del girasol manchego.

La mano del hombre enturbiando el esplendor del campo de girasol manchego.

Todo el mundo sabe que la energía nuclear es de derechas, como los toros, el petróleo y los ministerios de defensa. Así que a nadie le puede extrañar que la ola de ternurismo roussoniano que bate España se proponga devolver al contribuyente al estado de naturaleza, edén previo a la explotación capitalista en la teología de Marx. Y aunque don Page no da la cara de un Rousseau, sino más bien de Sancho Panza en su Barataria, ha decidido ampliar el paraíso de la grulla en 24.000 hectáreas, con la correspondiente sorpresa de los vecinos, quienes no sospechaban que llevaban toda la vida habitando semejante vergel. Mediaset ya se plantea rodar el próximo Supervivientes en Villar de Cañas.

Se ventila aquí una derivada graciosamente literal del adanismo de la izquierda, que ya no sólo cree haber venido a estrenar una democracia sino un ecosistema completo.

– ¡Pero si todo el pueblo quiere el ATC!, se desespera el alcalde, que sería el primer mutante en caso de accidente.

Calle, hombre, no se ponga escrupuloso. ¿Qué puede importar la democracia cuando se trata de salvar el planeta? La democracia es fetén cuando se ejerce en la plaza Sintagma, pero cuando se ejerce en Villar de Cañas es un puto engorro. Vas a comparar un poblachón manchego -éste sí- con el romántico glamour de la Acrópolis.

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31 julio, 2015 · 13:09