Archivo de la etiqueta: populismo y otras hierbas

Decimos que llueve

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Sobre mojado.

A veces llega la lluvia a mojar problemas resecos con el fin de que florezcan como si fuesen nuevos. Es el otoño húmedo de lo penal que en el PP riega el abono de la corrupción. Matas, Bárcenas, Barberá, De Guindos, cada uno en su laberinto de muy distinto reproche, buscando el modo de salir vivos del fin del verano como sale vivo ahora el toro de Tordesillas, quizá sin tanta fortuna. A veces la lluvia refresca cainismos aplazados con el fin de sustituir a la gente por el bando. Es la pelea cismática de Podemos, cuyos partisanos han madurado tan rápido que ya miden lo mismo que la endogamia de sus mayores. A veces llueve también sobre el búnker de Ferraz, impermeable aún a razones que repiquetean monótonas sobre el amianto mental de un líder acartonado. Este aguacero nos trae el recuerdo de su muerte política, aunque no será en París. Y llueve sobre el centro, que más no puede mojarse, y cae sobre Cataluña y Esukadi un ácido granizo identitario.

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14 septiembre, 2016 · 12:01

Ra-Joy Eslava

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Hemiciclo de la Joy.

Con el resultado ya contábamos, pero algo habrá que decir del juego. Y si el candidato jugó una primera parte reservona y plomiza el martes, demasiado consciente de que el partido estaba perdido, ayer Mariano Rajoy salió a la cancha a divertirse. El hemiciclo pasó en 24 horas de biblioteca a discoteca: la Ra-Joy Eslava. Se divirtió él, alborozó a los suyos, lo celebraron sus partidarios en las redes y hasta arrancó sonrisas de la bancada de Podemos, donde alguno no reprime la simpatía intergeneracional que le despierta su perfecto antagonista.

Rajoy desempolvó al parlamentario coñón, dominante y ágil que te mata a la contra cuando más seguro estás de que ya no puede moverse, tal fue la montaña de corrupción y crueldad que Pedro Sánchez había vertido sobre él a la hora del desayuno. El todavía líder socialista articuló una réplica solvente, bien ejecutada y tan dura que amenazaba con achicarle espacio a Pablo Iglesias. Pero cometió el error de parafrasear a Rajoy, intentando la táctica del espejo sin reparar en que el gallego no se refleja en los espejos desde hace varios trienios, seguramente porque los espejos no saben qué hacer con él, como todos los demás. Rajoy desenvainó el florete del sarcasmo y en tres trazos redujo el tamaño de su opositor a una nada pueril y bronceada que carece ya no solo de alternativa, sino también de discurso.

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1 septiembre, 2016 · 9:59

Otro otoño sin épica

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Aquellos veranos previos a la revolución.

Un tópico periodístico de mucha fortuna solía advertir de otoños calientes a la vuelta de veranos pachorreros. El articulista en cuestión avizoraba crisis larvadas y estallidos sociales cerniéndose sobre septiembre como la distancia letal, inexorable, que la ciudad interpondrá con el romance de chiringuito. El otoño se convertía así en el cascabel apocalíptico que agitaba otra serpiente de verano. Y la rentrée se pintaba tanto más tremenda cuanto menos noticioso iba resultando agosto.

Este año, sin embargo, uno no está siendo lo suficientemente alarmado por artículos casandristas, quizá porque ya hay bastante noticia con las negociaciones de investidura y bastante alarma con la perspectiva de unas terceras elecciones. Pero es que además el principal agente agitador de los últimos veranos ya no inspira ese terror mediático de ratón en el tobillo de la Castafiore, sino que vegeta como lagarto entre dos pieles. A los chicos del blitz del maíz se les ha agostado finalmente la revolución, cuya expectativa tantas columnas estivales socorría. Ni tienen los votos, ni la cohesión, ni la fiscalidad al corriente como para soñar octubres rojos, aunque sus cachorros menos domesticables apenas disimulan la gana de volver a montar la quechua en Sol si como parece acaban mandando los de siempre, los que se empeña en elegir el pueblo contumaz.

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12 agosto, 2016 · 20:47

Es país para viejos

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El padre Monedero, ungiendo a los catecúmenos.

De todos los argumentos que anda sintetizando el laboratorio morado para explicar su fracaso electoral, ninguno acredita la finura que esperaríamos de la complutense estirpe de Maquiavelo. La paranoia del pucherazo es un mero ejercicio de proyección bananera. El recurso al miedo resulta incompatible con los labios de fresa, sabor de amor, pulpa de la fruta de la ilusión que desbordaba al país desde el advenimiento podémico. El cruce de acusaciones entre errejonistas y pablistas a cuenta del infantilismo de unos o el radicalismo de otros no excede los muros de su salón parroquial. En cuanto a la posibilidad de que España esté habitada por ocho millones de criptofachas -una de mis teorías predilectas-, su defensa delata la enfermedad de una mente extremada, que descifra el mundo por el catalejo de un embudo y concluye que es fascista todo aquel que no sea comunista.

Pero hay una razón que los caballeros politólogos de la helada sonrisa arguyen con tanta verdad como escasa sofisticación: que el pasado domingo los viejos acudieron a votar como si lo fueran a prohibir, y que mayormente votaron al PP. «Hay un país real que sigue rehén del pasado y deprime», escribió el padre Monedero en su epístola postelectoral a los podemitas. La frase es una joya de la psicopatología política: «país real», lamenta quien prefiere una utopía irrealizable; «rehén del pasado», deplora el penúltimo profeta de la ideología que despachó aberrantes sacrificios en el altar de la revolución perpetua. Claro que España es un país envejecido, como todos los desarrollados, y claro que el PP primó astutamente a los pensionistas sobre cualquier otra clientela. Pero que en la movilización de los ancianos influyan sentimientos como «el miedo y el egoísmo», en palabras del apóstol Juan Carlos, no condena a esos votantes a la senilidad, así como el voto utópico no absuelve de irresponsabilidad a nuestros niños barbudos más indocumentados. El egoísmo, de hecho, me parece una magnífica manera de tomarse en serio la democracia, pues nadie sopesa tanto su voto como quien lo identifica con un capital confiado a bolsillos políticos, del mismo modo que Adam Smith cargó sobre el ánimo de lucro la riqueza de las naciones.

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Me entrevistan en la televisión Non Stop People por El hígado de Prometeo

Visita el Parnasillo de COPE esta semana el Frankenstein de Mary Shelley

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1 julio, 2016 · 17:29

Democracia ‘Snapchat’

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«Como todos los jóvenes yo vine…»

Que la democracia iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde; como todos los británicos yo vine a llevarme a Europa por delante. Lo recitan ahora los arrepentidos. Yo no quería salir de la Unión, lagrimean. Yo sólo quería castigar un poco a esos burócratas continentales. Farage me engañó, acusan. Si lo llego a saber voto Remain.

No podemos respetar estas reacciones. Farage no engañaba a nadie que no quisiera llevarse a engaño. Las ranas croan, las hienas himplan y los populistas mienten: se trata de un principio básico de zoopolítica, y un votante responsable de un país con libertad de expresión tiene a su alcance medios bastantes para decantar la verdad, so pena de animalizarse él mismo. Pero hay una irresponsabilidad peor que la de los demagogos que atizan la eurofobia a cambio de votos; peor que la de los mayores que atan a sus nietos a la nostalgia estéril de un mundo ido; peor que la de los jóvenes que optaron por marcharse el jueves de festival y ahora deploran el resultado. El irresponsable más enojoso es el arrepentido, porque a la frivolidad del uso arrojadizo del voto añade la cobardía del niñato que no asume el coste de sus decisiones.

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27 junio, 2016 · 14:01

Farlopa ‘pa’ la tropa

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Cada cual se droga como puede.

Yo igual que Suárez, pienso que el comunismo debe ser legalizado como cualquier otra droga. La clandestinidad solo empeora la calidad de la mercancía, sea química o ideológica. Ahora bien, el drogadicto químico destruye su vida y la de su familia, mientras que una sobredosis de voto comunista intoxica las arterias de toda la nación. Si tu descarriado vecino se mete colectivismo en vena por debilidad o por frecuentar malas compañías, todas ellas con derecho a voto, al final será contigo con quien terminen cebándose los impuestos, por mucho que desayunes zumo de naranja a las siete cada mañana. Y por toda estimulación, un café cargado.

Kiko Veneno desconfiaba de la cocaína porque persuadía al artista de que lo trivial es genial, que es una confusión muy propia de nuestro tiempo. El comunista, que tiene tanto de artista, está convencido de que su mierda devolverá la energía al pueblo. Y sin embargo no hay constancia de ningún drogadicto que haya triunfado a causa de su adicción -sino más bien a pesar de ella- ni de ningún pueblo que haya prosperado gracias al comunismo. El providencialismo histórico de Marx contiene tanta sustancia opiácea como la religión tradicional que don Karl se creyó llamado a abolir, sin sospechar que únicamente la remedaba.

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24 junio, 2016 · 11:17

Libres e Iguales, Teatro Calderón, artículo 12

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Victoria Vera y yo, en el teatro Calderón.

[Reproducimos a continuación el texto que escribí para el acto en defensa del acuerdo constitucional que, convocado por Libres e Iguales, tuvo lugar del 21 de junio de 2016 en el teatro Calderón. Mi pareja constituyente fue Victoria Vera (V-), que interpretó conmigo lo que sigue, bajo una apoteósica y consensuada salva de aplausos]

AQUÍ, vídeo completo del acto

J- Título I. De los derechos y deberes fundamentales

V- Capítulo primero. De los españoles y los extranjeros

J- Artículo 12. Los españoles son mayores de edad a los dieciocho años. Damas y caballeros, urge reformar la Constitución ya solo por este artículo, a todas luces desfasado. La sociedad española ha cambiado y hoy la mayoría de edad, en el sentido kantiano de tan alta condición, no puede ya predicarse de los congéneres que han cumplido los 18 años.

V- Ni de muchos que tienen más, ya que estamos.

J- Kant identificó la mayoría de edad del hombre con la era ilustrada, es decir, con la primacía rectora de la razón universal sobre cualquier sentimentalidad identitaria, parcial, subjetiva. Sin embargo, hoy la razón está completamente desacreditada en nuestra vida pública. En tanto que la emoción más primaria, patrimonio como se sabe del adolescente a falta de otra claridad, cabalga contradicciones caminito del sorpasso, que como saben ustedes significa adelantamiento.

V- La razón es de paso lento, pero la niñez se caracteriza por la impaciencia, y hay niños con barba que no pueden esperar. Quieren el poder y lo quieren ya. Ya pensarán después.

J- Hay que reformar el artículo 12 de la Carta Magna, pero en el sentido opuesto al que reclamó, en esta ominosa y fugaz legislatura, una moción de Esquerra Republicana que contó con el apoyo entusiasta de Podemos e IU, el respaldo lerdo del PSOE, el sí efébico de Compromís y la afirmación vergonzante de Democracia, Andorra y Libertad, antigua Convergencia. Se trataba de una propuesta cosmética, pues no había ejecutivo que la aplicara. Pero el gesto enseña un cálculo y una rendición. El cálculo es desde luego astuto: Unidos Podemos sabe que es la primera fuerza de largo entre los menores de 40 años. Su popularidad entre los de 15 a 25 años ya resulta directamente propia de una Kardashian o un Justin Bieber.

V- Para qué trabajar un programa si puedes forrar una carpeta. Pero aparte del puro cálculo electoral, esta reivindicación de la izquierda pueril comporta una rendición: la de quien confía ya muy poco en su capacidad para seducir a mentes adultas y ha de conformarse con excitar los humores del parvulario. Lágrimas melancólicas llora la vieja, la genuina socialdemocracia.

J- Por todo ello pienso que el debate constituyente debería plantearse en torno a la conveniencia de elevar la edad del votante, no de rebajarla más. Si ahora dicen que los 30 son los nuevos 20, si las discotecas están llenas de canosos interesantes y tersas maduritas, si la ciencia estira la vida que es una barbaridad, ¿por qué la política no va a reconocer en la ley lo que ya es normal en la calle? Pongamos a los 20 años, señorías. Para entonces es posible que un español ya haya experimentado algún choque con la realidad:

V- Unos cuernos, una resaca histórica, un susto con la moto, un José Luis Rodríguez Zapatero, un Alexis Tsipras; una de esos serios avisos con que la vida nos concede la oportunidad de madurar.

 J- Y de votar con el cerebro, no con el intestino. Bromas aparte. No hay criatura más totalitaria que un niño. Un niño no entenderá la Constitución, ni mucho menos el crítico contexto en que hubo de tejerse. Un niño necesita catálogos con dibujitos, eslóganes de nana dulce, corazones y sonrisas. Yo no comprendo a esas casandras que nos avisan del suicidio demográfico.

V- En realidad el país se nos ha puesto perdido de infantes. Y no van a dejar vacante una sola plaza de guardería en el Estado. Todo lo cual solo nos deja una salida.

J- Damas y caballeros: pongámonos a hacer pedagogía.

La cortesía de Albert de Paco

Y en el Parnasillo esta semana el premiado Richard Ford, maestro de novelistas (y de periodistas deportivos)

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23 junio, 2016 · 14:14

La dieta de la alcachofa

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Un hombre feliz.

Parece que a los españoles no les emociona que a don Mariano le emocione un campo de alcachofas. En cambio debería emocionarles la carta a sus padres de una bióloga molecular cuya pupila desaguaba orinocos al cierre de cada capítulo de Espinete, lo cual no le impide integrar la generación más preparada de la historia, lo cual no le impide votar a Unidos Podemos. Desde luego cada quien se emociona con lo que puede, pero entre las moléculas populistas y las alcachofas tudelanas uno considera más noble conmoverse ante las segundas. La química sentimental del gabinete del doctor Iglesias de momento ha deparado un revival de Llach y un documental de Aranoa, mientras que la agricultura mediterránea inspiró las Geórgicas de Virgilio y las odas al beatus ille de Fray Luis, a quien sin sospecharlo cita don Mariano cuando confiesa: ‘Ya me gustaría a mí vivir en el campo’. Para combatir el sobrepeso telecrático don Mariano nos propone la dieta de la alcachofa.

La diferencia entre la emoción podémica y la emoción marianista es que la primera está sostenida por la expectativa y la segunda se apoya en la realidad. En Rajoy habita ese instinto materialista de la provincia que desconfía de los ideales abstractos. Algo se ablanda dentro de él cuando acaricia la tierna cabeza de una alcachofa española que terminará en la boca de un comensal neoyorquino, viaje fabuloso que la globalización ha despojado de misterio. La bióloga podemita, en cambio, cuando sale del laboratorio se entrega a platonismos tan vagos como ‘valores’, ‘principios’, ‘ola de cambio’, ‘ilusión’ y un improbable sorpasso que la ‘I+D+i’ le va a infligir a ‘la juerga’ en España. Semejante fe en la política revela una simpleza dramática como la que ha descubierto Richard Ford en los votantes de Trump: ‘Intentaría hacer sus vidas más llevaderas, si pudiera. Les falta el consuelo de la imaginación. Y las novelas pueden aportar eso’. Claro que pueden: un adulto es precisamente alguien que distingue una novela de un programa electoral.

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Los cuatro machos alfa de la literatura mundial -Pynchon, McCarthy, Roth, DeLillo- a examen en el Parnasillo de COPE

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17 junio, 2016 · 16:35