Archivo de la etiqueta: populismo y otras hierbas

Frankenstein en la UCI

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Profilaxis básica.

No recordamos cómo empezó, pero sabemos que la política española consiste ya básicamente en prorrogar estados de alarma. Se debate sobre la prórroga, se prorrogan los debates sobre la prórroga, se especula con su caída, se caen las especulaciones, se vuelve a empezar. No tenemos tiempo de aburrirnos porque aún hay muchas prórrogas que pedir, debatir, maldecir y finalmente aprobar.

Para Sánchez llegar a la mañana misma del debate sin los apoyos atados es pura rutina. Yo he llegado a la conclusión de que la estabilidad le molesta. Su corto plazo es esta mañana, su medio plazo es la semana que viene y su largo plazo es el mes que toque ir a Bruselas. Fuera de ahí se desorienta completamente, como cuando se perdió yendo a Washington en coche una vez. No sabría vivir guardando lealtad al mismo aliado sin ponerle los cuernos la misma noche de la boda, ni soportaría aplicar su propio programa de no poder abandonarlo en el acto si la pasma -su realidad aritmética- le pisa los talones, como diría De Niro en Heat. Si a Sánchez lo pones frente a un espejo no se refleja, pero no porque sea un vampiro, sino porque el reflejo es más lento que sus principios. Cuando se asoma ya se han ido a otra parte, preferentemente al lado contrario de donde estaban: de ERC a Ciudadanos, por ejemplo. Como es el piloto y lleva a todo el pasaje de rehén, ya le apoyará alguien. A él le sobra con saber que esa noche volverá a dormir en La Moncloa; con quién, y me refiero a compañías políticas, es lo de menos.

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20 mayo, 2020 · 18:05

Revolución en mocasines

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Revolucionario.

La equívoca categoría del pijo la inventó Tolstoi cuando escribió esa estupidez de que todas las familias felices se parecen pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. Siempre hubo variedades exóticas en la felicidad, mientras que hoy recorre el mundo una misma desgracia matando a ricos y pobres antes de ponerse a igualarlos por abajo. El resentimiento de clase que mueve el pequeño corazón de la izquierda cañí tiende a confundir la clase con la ideología, y por eso no repara en que hay pijos de derechas como pijos de izquierdas, ni en que estos segundos a menudo tienen más dinero y viven en mejores barrios que los primeros, cuando no en los mismos, culpa que los atormenta y que purgan votando a Podemos o lamiéndole la alarma a Sánchez, cuya ideología conocida es la sanchista. En cuanto a Podemos, no ha sido más que el atajo que tomó el hatajo de Somosaguas para escalar de clase sin abrazar la coherencia ni renunciar a la ideología.

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17 mayo, 2020 · 23:07

Arrimadas y los estrábicos

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Centro, centrismo, centreo.

Si la política hace extraños compañeros de cama, la pandemia es capaz de montar orgías multirraciales. No lo creeríais, pero hemos visto este miércoles a Rufián coincidir con el voto de Vox, a Abascal erigirse en encendido defensor de la diversidad sexual, a Casado optando por la abstención con los argumentos del no, a un enviado de Colau poniéndose bajo la advocación de Camus, a Arrimadas desmarcarse del PP abanderando al mismo tiempo sus propuestas, al PNV confluyendo con Cs en la reivindicación del interés general y a Pedro Sánchez comportándose como Pedro Sánchez; es decir, recuperando toda la arrogancia perdida durante las 48 horas en que tuvo perdida la votación y hubo de salir del búnker a pedir ayuda. Ojalá se haya aprendido el camino de salida de su ombligo, porque lo va a necesitar.

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6 mayo, 2020 · 17:48

No mientas, binario

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Él o él.

¿Lo oyes? Es el péndulo que tienes por cabeza. Viaja de una posición a su contraria impulsado por la propaganda, que solo se transmite en el vacío del juicio propio. Pararse a pensar, decimos, porque es difícil pensar en movimiento, pero tu cabeza no para de dar bandazos para acallar esos acúfenos que Aristóteles llamó término medio.

Te pongo ejemplos. Cuestionar el estado de alarma no es fomentar la propagación del virus: hay leyes que permiten gobernar la desescalada sin laminar derechos fundamentales ni deprimir la economía. Llamar asesino al PP por resistirse al chantaje perpetuo no es hacer periodismo: es dártelas de ilustrado cuando estás quemando brujas. Defender que las autonomías recuperen todas sus competencias no significa debilitar la unidad de España: tan solo reconocer que el mando único de Sánchez ha fracasado y que España es la nación que su Constitución dice que es: descentralización administrativa, soberanía indivisible. Desear moderación fiscal no significa subastar el Estado de bienestar: tan solo acotar la tendencia parasitaria de esas clases no productivas llamadas partidos políticos. Creer en el mercado no significa que el Estado no deba comparecer en situaciones excepcionales, siempre y cuando intervenga con eficacia y retroceda con prontitud a sus tasados cuarteles para que renazca la libertad, y con ella la única prosperidad posible.

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4 mayo, 2020 · 19:55

Lágrimas de políticos

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Dolorosa.

La política siempre ha cribado a los sinceros. Siempre ha exigido del aspirante algún talento para la corrupción. No ya la corrupción banal del dinero sino principalmente la de los sentimientos: los propios y los del pueblo al que se dirige. El político guarda una relación poco escrupulosa con la verdad porque la verdad es un poliedro hecho de matices y los matices segmentan al público. Nuestras sociedades cada vez más complejas demandan del político una simpleza creciente. La simpleza es uno de los rostros de la mentira. Y no hay nada más simple que la imagen de una emoción. «El votante primero se emociona y luego piensa», por decirlo con Iván Redondo.

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28 abril, 2020 · 11:00

Calienta que sales, español

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Confinados.

Hay que ver qué bien se confina el español. Soporta con senequismo el encierro más largo y estricto del mundopese a los resultados más desmoralizadores del mundo. Para romper esta disciplina prusiana hace falta ir como el alcalde de Badalona.

Oímos estos días encendidos elogios a la cívica mansedumbre de un pueblo al que el tópico quiere bravo como el toro. Aquí no hay libertarios que salgan con la segunda enmienda en la boca y el Winchester en la mano a pagar el estúpido precio del contagio a cambio de una romántica autonomía; aquí solo hay tímidos pensionistas que empiezan a asomarse a los medios a decir que serán ancianos pero no imbéciles, que ya saben lo que hay fuera y que si les permiten salir a pasear sabrán cuidarse como han cuidado de la generación que hoy ejerce el mando. Si el latín define al imbécil (im-becillis, diminutivo de baculum) por la falta de bastón, alguien sin apoyo para sostenerse y avanzar, parece evidente que los imbéciles etimológicos están en el Gobierno y no en la sociedad. Sujetos tan fatuos que se dirigen a los ciudadanos como si fueran infantes -etimológicamente: los sin voz-, convencidos de su inmunodeficiencia moral porque solo ella justifica el sometimiento. La premisa del populismo dicta que el pueblo siempre es inocente porque así siempre necesitará un conductor, aunque cojee. Sin responsabilidad para qué la libertad, según reconoció el ídolo genocida del ministro de Consumo. Por eso se les ve felices encadenando estados de alarma, momento schmittiano donde el mediocre arribista puede sentirse soberano. Imbécil y debacle, por cierto, comparten etimología.

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26 abril, 2020 · 22:43

Una pandemia de cursilería

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Un cursi.

La cursilería debería ser la próxima víctima del coronavirus. No lo es todavía, conectada como está a los respiradores artificiales de la política sin moral y del periodismo sin independencia. Porque la cursilería es el condimento de la propaganda, la levadura que infla el discurso desmigado de Moncloa hasta que un globo de cháchara tape una ringlera de ataúdes y un cerro de negligencias. La retórica de Sánchez estos días es hija ilegítima de un Churchill comprado en los chinos con una miss universo recién coronada. Guerra y amor, Marte (bufo) y Venus (recauchutada), el enemigo letal contra que el presidente nos enrola cada finde a toque de corneta y los ángeles sanitarios a los que, a falta de mascarillas, les entrega su más sentida gratitud.

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14 abril, 2020 · 11:57

El escudo de Pablo Iglesias

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El poder.

Cada vez que Pablo Iglesias habla del escudo social me lo imagino subido a él como Abraracúrcix, soportado por dos mucamos de Galapagar. Ese escudo desde el que habla le sostiene en la cumbre de la jerarquía política y de la clase burguesa, encaramado a ella en virtud del mismo sistema que detesta. La economía de mercado y la democracia parlamentaria premiaron su innegable talento para el espectáculo con nómina mullida, hogar amplio y prole numerosa. Un español afortunado que capeará la recesión mejor que la mayoría.

A la irreductible tribu que comparte sus supersticiones -pero no su posición- se dirige un vídeo entrañable que culpa al neoliberalismo unicornial, a Amancio Ortega, a Pablo Casado y a Tutatis de que España se haya convertido en la mayor morgue de Europa, solo por detrás de otro país cogobernado por el populismo, y de que ambas economías se enfrenten al tsunami financiero con los cimientos arenosos de una deuda colosal mientras el capitalismo coreano da ejemplo al mundo de la única eficiencia posible. El vídeo es tan zafio, apela a una emocionalidad tan primaria que hasta podría funcionar, como funcionan la pornografía o los memes de skaters chocando contra cosas, pero algo falla ahí. A poco que el galo confinado en su piso de barrio se pare a pensar, empezará a enfadarse. Reconoce el sermón, la letanía de los de arriba y los de abajo, pero años después el predicador ya no le habla desde la plaza sino desde un ministerio. Nuestro currante varado en un ERTE agudiza ahora el oído y descubre que Yolanda Díaz está celebrando entre risas la misma flexibilidad laboral que le enseñaron a odiar cuando la defendía Fátima Báñez. Y entonces siente la tentación de cagarse en el escudo. Y si a la depresión por confinamiento le sumamos la esquizofrenia de un Gobierno que pretende ejercer el poder y encabezar la agitación, escondiendo su recorte de mañana en el recorte de ayer, entonces en este manicomio estallará pronto la revolución. Y no será la de su vídeo retro.

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5 abril, 2020 · 22:33